No sé cómo nombrarte, pero te estoy viendo en cada parte. Ahora ya no estás solo en mi cabeza, sino a mi alrededor, donde se supone que puedo ver el sol y caminar sin miedo. Ya no sé qué nombre ponerte porque existías en mi mente, pero no en mi vida. Ahora te puedo ver sin tocarte y sin mirarte a los ojos. ¿Por qué mi mente podía ver tus ojos y ahora no? ¿Cómo se supone que puedo verte si no existías? ¿Será esto pura cobardía para no enfrentar lo que tenía?
Si estás aquí, ven y sálvame de esta agonía que se ha vuelto una falsa ilusión hecha realidad. Estoy a punto de explotar. Se supone que ya no estabas: te forcé a escapar de mi mente, pero solo te ocultaste y ahora me mientes. Si esto es un sueño, sácame de aquí; porque si antes vivía por ti ya deseo morir, hoy solo quiero que esto pare. Ya no quiero que sea así: aléjate de mí. El pavimento ya no se siente como un sustento, sino como un derrumbamiento en este cruel silencio, donde mi voz es apenas el lamento de este triste cuento.