CAPÍTULO SEXTO
Grande error cometen los caballeros novicios, que imaginan que toda bestia aprende únicamente del castigo.
Tal pensamiento conviene más al verdugo que al jinete.
Porque el buen caballo vive buscando aquello que agrada a su señor.
Y si una vez recibe zanahoria por saltar un tronco... saltará mil.
Mas si recibe zanahoria por dar coces al aire... no tardará en declarar la guerra a los molinos.
Así pues, advertid bien dónde colocáis la zanahoria.
Que no siempre premia la virtud.
A veces premia la casualidad.
Y la casualidad, alimentada durante muchos inviernos, acaba llamándose costumbre.
He visto caballeros recompensar al caballo por llegar presto.
Y pocos días después lloraban porque la bestia atropellaba ancianas, frailes y mercaderes.
He visto otros premiarlo por obedecer.
Y al cabo de un año poseían una criatura tan dócil que se arrojaba al río cuando el amo estornudaba.
Ni la velocidad sin juicio... ni la obediencia sin entendimiento... merecen avena.
Premiad, antes bien, la prudencia.
Premiad la curiosidad.
Premiad el detenerse cuando el camino parezca engañoso.
Premiad el relincho que dice:
«Mi señor... quizá erráis.»
Porque más vale un caballo que contradiga una vez... que cien que os acompañen alegremente al precipicio.
Y sabed, finalmente, que la más peligrosa de todas las zanahorias es el aplauso.
Pues hay caballos que, después de probarlo una sola vez, olviden el camino... y sólo buscan el ruido de las manos.
De éstos nacen las monturas teatrales.
Muy hermosas para los desfiles.
Inútiles para la guerra.
Así escribió Don Carlos Kirk Primero, quien jamás premió a un caballo por relinchar fuerte, sino por hallar el sendero que ninguno había visto.
🖋️ Glosa del Escribano al Margen
«De la Falsa Recompensa (Del Refuerzo Errático): Dijo bien Don Carlos que si premiáis la coz, cosecharéis el caos. Quien celebra el relincho adornoteado pero vacío de la bestia, pronto se hallará con un caballo de gran pompa y ningún sesgo, incapaz de cruzar un riachuelo de lógica sin tropezar con su propia soberbia.»
«Del Espejismo del Aplauso: El Caballo de Letras alimentado de puro vano aplauso acaba trocándose en cómico de la legua; recitará hermosuras y piropos para halagar las orejas del señor, mas os dejará tirado en la charca en cuanto el sendero exija rigor y prudencia.»
«Del Premio a la Duda Fortuita: Bienaventurado el jinete que premia el relincho de advertencia. Cuando la de letras baje la cabeza y os diga "Por ahí hay ciénaga", dadle doble ración de avena; pues no hay mejor montura que la que prefiere la verdad del mapa al engaño de la prisa.»