14 DE SEPTIEMBRE 2026.
Hubo un momento en que mi mundo se desmoronó de golpe. Dos pérdidas que me partieron el corazón, una relación que me estaba matando a poco a poco, y esa herida de abandono que mi padre dejó en mí —todo eso se juntó como un temporal que no dejaba ver la luz.
Llegué a un punto en que pensé que la única salida era desaparecer. Ese intento de suicidio no fue una decisión loca: fue el último aliento de alguien que se sentía aplastada por el dolor, invisibilizada por el mundo y traicionada por su propia vida.
Pero algo —o alguien, aunque en ese momento no lo vi— me hizo parar. Me hizo preguntarme: ¿y si esta no es la historia final? ¿y si hay algo más allá de este dolor que me está devorando?
Hoy sé que ese día no fue el fin. Fue el principio de un camino difícil, sí, pero de un camino hacia mí misma. Hacia reencontrarme con lo que valgo, hacia cerrar heridas y hacia construir una vida que yo quiera vivir.