Tener una química enorme con alguien y después tener que borrarlo todo, como si nunca hubiera pasado, es una de las cosas más tristes que existen.
Porque no estás borrando solamente conversaciones, fotografías o recuerdos.
Estás intentando borrar las pequeñas pruebas de que alguna vez hubo algo que te hizo sentir muchísimo.
Y quizá eso es lo que más cuesta.
Aceptar que todo aquello que un día parecía tan natural, después tiene que convertirse en algo que ya no puedes mirar. Que las conversaciones que antes esperabas con ilusión ahora son parte de un pasado al que intentas no regresar. Que las fotografías que alguna vez te hicieron sonreír terminan siendo demasiado difíciles de conservar.
Y mientras borras todo, una parte de ti quisiera detenerse.
Porque sabes que al eliminar cada cosa no estás haciendo que deje de haber sucedido.
Sucedió.
Hubo una conexión. Hubo confianza. Hubo momentos que hicieron que dos personas se sintieran especiales la una para la otra. Hubo palabras, risas, miradas, conversaciones interminables y recuerdos que, por un tiempo, parecieron destinados a quedarse.
Pero después algo cambió.
Y llega ese momento extraño en el que tienes que mirar todo lo que construiste con alguien y decidir qué hacer con ello.
Yo también quise guardar algunas cosas.
No porque quisiera regresar, sino porque me costaba aceptar que algo tan importante para mí tuviera que terminar convertido en una carpeta vacía, una conversación inexistente y un nombre que ya no aparecía en mi pantalla.
Parecía injusto.
¿Cómo podía algo haber significado tanto y terminar reducido a nada?
Pero después entendí que borrar las huellas no significa borrar la historia.
No necesito conservar cada fotografía para demostrarme que fui feliz en algún momento.
No necesito volver a leer las conversaciones para recordar lo que sentí.
Y tampoco necesito mantener abierto un espacio para alguien que ya no forma parte de mi presente solamente porque me da miedo aceptar que terminó.
Lo vivido no pierde valor porque haya terminado.
Algunas personas llegan, nos hacen sentir cosas que no sabíamos que podíamos sentir y después se van.
Y sí, duele.
Duele muchísimo tener que guardar una historia que todavía tiene significado para ti en un lugar al que ya no puedes volver.
Pero quizá sanar también consiste en dejar de pensar que borrar significa negar.
A veces borras porque necesitas espacio para seguir adelante.
Y no porque quieras fingir que nunca pasó.
Porque sí pasó.
Fue real.
Fue importante.
Fue parte de mí.
Solo que ahora pertenece al pasado.
Y aunque alguna vez tuvimos una química enorme, también tuve que aprender que no todo lo que se siente increíble está destinado a durar para siempre.