La picazón de antes del salto la reconozco. A mí me duró casi dos años antes de dejar la programación, y cuando por fin me fui se sintió más como bajar un escalón que como saltar.
Comienzos y finales
Pensamiento
La picazón de antes del salto la reconozco. A mí me duró casi dos años antes de dejar la programación, y cuando por fin me fui se sintió más como bajar un escalón que como saltar.
Contenido de la publicación
No hay nada que nos ataje del salto final. El cambio se siente adentro antes del arrojo, aunque la duda cale los pies. Antes del paso a lo incierto, hay una cierta picazón, una especie de inquietud, a veces clara, a veces no, que anticipa la acción. El cambio aparece cuando algo andentro ya comenzó a gestarse. El momento del arrojo, de la aceptación de la incomodidad, es la llave del motor en marcha. Ni siquiera vale pelearse con aquello que de todas maneras está cambiando.
Pienso en algo arrojado al agua calma. Cuando cae mueve sutilmente la superficie. Ese es un primer movimiento notorio. Sin embargo, el efecto de lo que toca el agua no termina ahí, sino que una vez sumergido se une a todo lo demás en el fondo. Ahí empieza un segundo movimiento, que a simple vista no se ve, y que nisiquiera enfocando los ojos puede verse. Para mirar es necesario sambullirse. Lo que adviene de afuera significa algo nuevo, que se hace parte de un mundo interior que no necesariamente lo esperaba. Si bien somos permeables por el mundo, no de todo lo que ingresa en nosotros se sigue que nos pueda transformar. Requiere una actitud y acción de nuestra parte. Sin embargo, en un sentido, el mundo nos involucra a cambiar. Nos conmueve, más allá de la superficie del agua. Esa conmoción provoca un movimiento inadvertido e inevitable. Todo lo que expresamos nace de adentro, pero también es del mundo, y en este sentido somos creadores de nosotrxs mismxs, en una trama que involucra un más allá de nosotrxs. Porque el mundo nos atraviesa, nos constituye en relaciones múltiples de afectación con todo lo existente. La experiencia del cambio es la experiencia de la vida. Y no hay nada que nos ataje inclusive de nuestro cambio máximo, que es morir.
Hay una etapa que para mi es la más disfrutable, y es esa en la que nos damos cuenta que cambiamos. ¡Qué bien hicimos al dar ese paso! La contemplación de un ciclo, la expresion viva de un cambio, la sensación de arrojo, la acción de dar un salto. Entonces nos celebramos, nos admiramos por hacer posible lo desconocido. Entonces somos artistas.
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No hay nada que nos ataje del salto final. El cambio se siente adentro antes del arrojo, aunque la duda cale los pies. Antes del paso a lo incierto, hay una cierta picazón, una especie de inquietud,…