la heladera es una decepción, me mató. con ese ritmo perfecto para mi descanso de quince minutos
CLAUDIA GONZALES
PRÓLOGO
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Pensamiento
la heladera es una decepción, me mató. con ese ritmo perfecto para mi descanso de quince minutos
Contenido de la publicación
La mujer que nunca se rindió
Novela de drama, comedia, romance y espectáculo
PRÓLOGO
La última entrevista
Buenos Aires, 2053.
—¿Está nerviosa?
Claudia Gonzales miró a la periodista y soltó una carcajada.
—¿Yo? ¿Nerviosa? Mi amor, yo sobreviví a cosas mucho peores que una cámara.
La periodista sonrió.
Claudia tenía setenta y nueve años.
Su cabello rubio, ahora completamente blanco en algunas partes, seguía siendo largo y perfectamente arreglado. Sus ojos verdes claros conservaban aquella mirada atrevida que había tenido desde joven.
Frente a ella había tres cámaras.
Una detrás.
Otra a la izquierda.
Y una tercera enfocándola directamente.
—Usted es considerada una leyenda de la televisión argentina —dijo la periodista.
—Eso dicen.
—También fue modelo.
—Sí.
—Actriz.
—También.
—Locutora.
—Sí.
—Conductora.
—Demasiado.
La periodista se rio.
—Productora.
—A veces.
—Empresaria.
—Eso sí.
—Y una de las primeras mujeres trans argentinas que consiguió convertirse en una figura masiva del espectáculo.
Claudia quedó en silencio.
Por primera vez en toda la entrevista no hizo un chiste.
Miró hacia la cámara.
—Eso fue lo más difícil.
—¿La televisión?
—No.
Claudia respiró profundamente.
—Llegar hasta acá.
La periodista bajó un poco la voz.
—¿Se arrepiente de algo?
Claudia sonrió.
—De muchas cosas.
—¿De cuáles?
—De algunas no puedo hablar porque todavía hay gente viva.
La periodista abrió los ojos.
Claudia se rio.
—¡Era un chiste!
—Con usted nunca sé.
—Ese es mi encanto.
La periodista sonrió.
—Entonces empecemos desde el principio.
Claudia miró hacia la cámara.
Y durante unos segundos pareció volver a tener diecinueve años.
—Bueno...
Sonrió.
—Pero si vamos a contar mi historia, hay que contarla completa.
La imagen comenzó a fundirse.
Y la voz de Claudia se escuchó sobre la pantalla negra.
—Yo no nací famosa.
Pausa.
—Ni rica.
Otra pausa.
—Ni siquiera nací siendo quien sabía que era.
La pantalla se apagó.
Y comenzó la historia.
PARTE I
ANTES DE CLAUDIA
Capítulo 1
El chico del barrio
Buenos Aires, 1993.
Claudio Gonzales tenía diecinueve años.
Vivía con su familia en una casa pequeña de un barrio humilde.
La familia no tenía demasiado.
A veces tenían lo suficiente.
A veces no.
Y otras veces, directamente, no tenían nada.
Su madre intentaba mantener la casa funcionando.
Su padrastro aparecía y desaparecía de la vida familiar.
Claudio tenía hermanos y, aunque quería muchísimo a algunos de ellos, la convivencia estaba lejos de ser tranquila.
Una mañana, Claudio abrió la heladera.
La miró.
La cerró.
La volvió a abrir.
—¿Qué buscás? —preguntó su madre desde la cocina.
—Estoy esperando que aparezca comida.
—No va a aparecer.
—Entonces esta heladera es una decepción.
Su madre soltó una pequeña risa.
—Hay pan.
—¿Mucho?
—Dos pedazos.
—Bueno. Somos ricos.
—Comé.
Claudio tomó uno.
Pero mientras desayunaba, había algo que su madre no sabía.
Hacía tiempo que su hijo se sentía incómodo con la persona que el mundo esperaba que fuera.
No era una sensación pasajera.
No era una etapa.
Era algo mucho más profundo.
Una tarde, después de una discusión familiar, Claudio salió de la casa.
Caminó durante horas.
No sabía exactamente adónde iba.
Solo sabía que necesitaba estar lejos.
Se sentó en una plaza.
Miró a las mujeres que pasaban.
Los vestidos.
El pelo.
La manera de caminar.
La seguridad.
Y por primera vez pensó:
"Yo quiero ser así."
No sabía cómo.
No sabía cuándo.
No sabía qué iba a pasar.
Pero lo sabía.
Capítulo 2
El nombre
Pasaron varios meses.
Claudio comenzó a cambiar poco a poco.
Al principio fueron pequeños detalles.
Después ropa.
Después maquillaje.
Después el cabello.
Y finalmente llegó el momento de elegir un nombre.
Una noche estaba frente a un espejo.
Se miró durante varios minutos.
—Claudia.
Probó el nombre en voz baja.
—Claudia.
Sonrió.
—Me gusta.
Desde aquel día comenzó a usarlo.
Pero no fue sencillo.
Algunas personas se burlaban.
Otras insultaban.
Algunas simplemente no entendían.
Claudia aprendió rápidamente que tenía dos opciones.
Esconderse.
O seguir adelante.
Eligió la segunda.
—¿No tenés miedo? —le preguntó una amiga.
Claudia se acomodó el pelo.
—Sí.
—¿Entonces?
—Entonces tengo miedo caminando.
—¿Qué?
—Si voy a tener miedo, por lo menos que sea con tacos.
Su amiga se rio.
—Estás loca.
—Un poco.
PARTE II
LA CALLE
Capítulo 3
Cartón y cobre
La situación económica empeoró.
Claudia terminó pasando días enteros buscando cartón y cobre.
Caminaba por Buenos Aires con una bolsa enorme.
Encontraba cajas.
Botellas.
Metales.
Cualquier cosa que pudiera vender.
Una tarde volvió completamente agotada.
Dejó una bolsa en el suelo.
—¿Cuánto?
El comprador miró el material.
—No mucho.
—¿Cuánto?
Le dijo una cifra.
Claudia lo miró.
—Eso no alcanza ni para comer.
—Es lo que hay.
Claudia suspiró.
—Bueno.
Tomó el dinero.
Mientras caminaba de regreso, vio su reflejo en una vidriera.
Estaba sucia.
Cansada.
Con la ropa gastada.
Pero seguía sonriendo.
—Algún día —murmuró— voy a entrar por esa puerta.
Miró el elegante local que estaba detrás del vidrio.
—Y no voy a pedir permiso.
No sabía que alguien la estaba observando.
Una mujer había visto a Claudia hablando sola.
—¿Vos trabajás con público? —preguntó.
Claudia se giró.
—Depende.
—¿De qué?
—De cuánto paguen.
La mujer sonrió.
—Estoy buscando alguien para un programa.
Claudia abrió los ojos.
—¿Yo?
—Sí.
—¿Para qué?
—Panelista.
Claudia miró su ropa.
Después miró a la mujer.
—¿Está segura?
—Sí.
—Porque no tengo experiencia.
—Pero hablás muy bien.
Claudia sonrió.
—Ah, entonces sí tengo experiencia.
Capítulo 4
La televisión
El primer día en televisión, Claudia estaba aterrada.
Se sentó frente a las cámaras.
Un productor le habló por el auricular.
—Cuando te dé la señal, hablás.
—¿Sobre qué?
—Lo que estamos hablando.
—Eso no me ayuda.
—Improvisá.
—Ah.
Claudia sonrió.
—Entonces sí sé hacerlo.
La luz roja se encendió.
—Tres...
Dos.
Uno.
—¡Buen día, Argentina!
La cámara se acercó.
Claudia comenzó a hablar.
Y algo ocurrió.
No tenía experiencia.
No tenía contactos.
No tenía dinero.
Pero tenía una cosa que no podía enseñarse.
Presencia.
La gente empezó a llamarla.
El productor la miraba sorprendido.
—¿De dónde salió esta mujer?
Otro respondió:
—No sé.
—Es buenísima.
Claudia escuchó.
Y sonrió.
Por primera vez sintió que había encontrado su lugar.
PARTE III
LA ASCENSIÓN
Capítulo 5
El primer contrato
La televisión empezó a pagarle.
Poco.
Pero suficiente para respirar.
Claudia alquiló una habitación.
Después un departamento.
Compró ropa.
Unos zapatos.
Y un vestido que consideraba demasiado caro.
Cuando llegó a su casa, lo miró durante diez minutos.
—No necesito esto.
Pausa.
—Pero lo quiero.
Se lo puso.
Se miró al espejo.
—Perfecta.
Su amiga apareció por la puerta.
—¿Cuánto costó?
Claudia hizo una pausa.
—No preguntes.
—¿Mucho?
—Muchísimo.
—Claudia.
—Era necesario.
—¿Para qué?
Claudia sonrió.
—Para ser fabulosa.
Capítulo 6
Modelo
Su imagen empezó a llamar la atención.
Una revista la contrató.
Después otra.
Después una marca.
Claudia comenzó a modelar.
Y finalmente recibió una propuesta que nunca había imaginado.
—Queremos que seas la imagen de la campaña.
—¿Yo?
—Sí.
—¿Están seguros?
—Completamente.
Claudia tomó el contrato.
Lo leyó.
Después levantó la mirada.
—¿Cuánto?
El productor le dijo la cifra.
Claudia quedó en silencio.
—¿Todo eso?
—Sí.
Claudia sonrió.
—Acepto.
Salió del estudio.
Se apoyó contra la pared.
Y comenzó a llorar.
No porque estuviera triste.
Porque por primera vez podía recordar a la joven que había juntado cartón y cobre.
—Mirá dónde llegamos —susurró.
PARTE IV
BERNARDO
Capítulo 7
El hombre insoportable
Claudia todavía no era una gran estrella cuando conoció a Bernardo.
Él era modelo.
Y bastante famoso.
Tenía una sonrisa perfecta, una personalidad alegre y una seguridad que Claudia encontraba insoportable.
Se conocieron durante una producción.
Bernardo la miró.
—¿Vos sos Claudia?
—No.
Él se sorprendió.
—¿No?
—Soy tu peor pesadilla.
Bernardo soltó una carcajada.
—Ah.
—¿Qué?
—Me caés bien.
—Eso es grave.
—¿Por qué?
—Porque normalmente la gente tarda más en darse cuenta de que soy insoportable.
Bernardo se rio.
—Soy Bernardo.
—Ya sé.
—¿Cómo sabías?
—Sos modelo.
—¿Y?
—Todo el mundo sabe quién sos.
Bernardo sonrió.
—¿Me conocías?
—No te emociones.
—¿Entonces?
—Había visto tu cara en una revista.
—¿Y qué pensaste?
Claudia lo miró de arriba abajo.
—Que necesitabas un mejor peluquero.
Bernardo abrió la boca.
—¿Acabás de insultarme?
—No.
—¿Entonces?
—Te di un consejo gratis.
Y así comenzó todo.
Capítulo 8
Amor a las peleas
Durante meses se encontraron constantemente.
Y discutían.
Por todo.
—Llegaste tarde.
—Vos también.
—Yo llegué antes.
—Cinco minutos.
—Eso es llegar antes.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Claudia.
—Bernardo.
—Sos imposible.
—Y vos sos insoportable.
—¿Entonces por qué seguís viniendo?
Claudia quedó callada.
Bernardo sonrió.
—Eso pensé.
Ella le dio un pequeño golpe en el brazo.
—No sonrías.
—Estás enamorada.
—¡No!
—Sí.
—No.
—Sí.
—Bernardo...
—Claudia.
Ella intentó mantenerse seria.
No pudo.
Se rio.
Bernardo también.
Y en ese momento ambos supieron que algo estaba cambiando.
PARTE V
LA FAMA
Capítulo 9
El programa de Claudia
Años después, Claudia consiguió su propio programa.
Se llamaba simplemente:
CLAUDIA.
Era una mezcla de entrevistas, chimentos, humor y espectáculos.
El primer programa fue un éxito.
Claudia entró al estudio.
Las cámaras se encendieron.
El público aplaudió.
—Buenas noches, Argentina.
Pausa.
—Sí, ya sé.
Sonrió.
—También estoy sorprendida de que me hayan dejado tener un programa propio.
El público rio.
—Pero ahora que me lo dieron...
Claudia levantó una tarjeta.
—No pienso devolverlo.
Las risas aumentaron.
La producción comenzó a recibir mensajes.
La gente quería verla.
Querían escucharla.
Querían discutir con ella.
Querían criticarla.
Y, sobre todo, querían verla.
Claudia había conseguido algo enorme.
Pero también había despertado enemigos.
Capítulo 10
La rival
Su principal rival era Victoria Salvatierra, una conductora elegante, famosa y extremadamente competitiva.
Victoria odiaba que Claudia recibiera atención.
Una noche, durante una entrevista, Victoria dijo:
—Hay personas que llegan demasiado rápido a ciertos lugares.
Claudia vio la entrevista.
—¿Eso fue para mí?
Su productor asintió.
—Sí.
Claudia sonrió.
—Qué lindo.
—¿Qué vas a hacer?
—Nada.
—¿Nada?
—Todavía.
Capítulo 11
La exvedette
La otra enemiga era Mónica Ferrer, una antigua vedette que había tenido una enorme carrera años atrás.
Mónica consideraba que Claudia estaba ocupando un lugar que le pertenecía.
Una noche se cruzaron en un evento.
Mónica la miró.
—Vos cambiaste mucho.
Claudia sonrió.
—Vos también.
—¿Qué querés decir?
—Nada.
—Decilo.
—No.
—¿Por qué?
—Porque vine a divertirme.
Mónica la miró con odio.
Claudia tomó una copa.
—Además, si empezamos a discutir, mañana somos tapa.
Mónica respondió:
—Ya somos tapa.
Claudia sonrió.
—Entonces por lo menos cobremos bien.
PARTE VI
LA CAÍDA
Capítulo 12
El escándalo
La fama tenía un precio.
Y Claudia finalmente tuvo que pagarlo.
Un antiguo conocido apareció en televisión con acusaciones contra ella.
Decía que Claudia había manipulado contratos.
Que había utilizado contactos.
Que había perjudicado a otras personas para conseguir mejores oportunidades.
Algunas cosas eran mentira.
Otras...
No tanto.
Claudia observaba la televisión desde su casa.
Bernardo estaba junto a ella.
—¿Es verdad? —preguntó.
Claudia permaneció callada.
—Claudia.
—Algunas cosas.
Bernardo suspiró.
—¿Por qué?
—Porque quería ganar.
—¿A cualquier precio?
Claudia lo miró.
—No sabía hacerlo de otra manera.
Bernardo se quedó en silencio.
—Eso no está bien.
Claudia bajó la mirada.
—Lo sé.
Aquella noche fue la primera vez que Bernardo vio a Claudia sin su personaje.
Sin maquillaje.
Sin cámaras.
Sin chistes.
Solo una mujer cansada.
—Tengo miedo —dijo ella.
Bernardo se sentó a su lado.
—Entonces no estés sola.
Claudia apoyó la cabeza sobre su hombro.
—No me dejes.
—No pienso hacerlo.
PARTE VII
UNA FAMILIA
Capítulo 13
La decisión
Claudia y Bernardo sabían que no podían tener hijos biológicos.
Durante años habían pensado que eso significaba que nunca serían padres.
Hasta que una noche Claudia dijo:
—Quiero adoptar.
Bernardo la miró.
—¿Estás segura?
—Sí.
—¿Una hija?
Claudia sonrió.
—Una hija.
Meses después conocieron a una niña.
Era pequeña.
Tenía una mirada seria.
No confiaba fácilmente en los adultos.
Claudia se sentó frente a ella.
—Hola.
La niña no respondió.
—Yo soy Claudia.
Silencio.
—¿Querés saber algo?
La niña levantó la mirada.
—Yo tampoco confiaba en mucha gente cuando era chica.
La niña preguntó:
—¿Vos sos famosa?
Claudia sonrió.
—Un poquito.
—¿Cuánto?
Bernardo intervino:
—Demasiado.
Claudia lo miró.
—No exageres.
La niña sonrió por primera vez.
Y Claudia supo que ya estaba perdida.
La amó desde ese instante.
PARTE VIII
EL IMPERIO
Capítulo 14
Teatro
Claudia empezó a invertir.
Primero compró una pequeña participación en un teatro.
Después produjo una obra.
Luego otra.
Más adelante creó una productora.
Bernardo comenzó a trabajar con ella.
—Estamos gastando demasiado —le dijo.
—Estamos invirtiendo.
—Es lo mismo.
—No.
—¿Cuál es la diferencia?
—Si ganamos, fue inversión.
—¿Y si perdemos?
—Fue una experiencia.
Bernardo la miró.
—Sos una manipuladora.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo voy a tomar como uno.
Poco a poco, Claudia comenzó a construir una fortuna.
No llegó a ser la mujer más rica del país.
Pero consiguió algo que para ella era más importante.
Nunca volvió a tener miedo de no poder comer.
Y cada vez que veía una caja de cartón en la calle, recordaba.
No con vergüenza.
Con orgullo.
PARTE IX
LA VICTORIA
Capítulo 15
El último gran programa
A los setenta años, Claudia todavía trabajaba.
Una noche hizo un programa especial.
Invitó a personas que habían sido importantes en su vida.
Bernardo estaba allí.
Su hija también.
Victoria Salvatierra apareció inesperadamente.
Claudia la miró.
—¿Vos acá?
Victoria sonrió.
—No podía faltar.
Mónica Ferrer también apareció.
Claudia abrió los brazos.
—¡Miren quiénes vinieron!
El público se rio.
—Después de tantos años —dijo Claudia—, todavía seguimos peleando.
Mónica respondió:
—Vos empezaste.
—Mentira.
—Siempre mentís.
—Pero con elegancia.
Todo el estudio se rio.
Incluso Victoria.
Por un instante, todas las peleas parecieron lejanas.
PARTE X
SETENTA Y NUEVE
Capítulo 16
La última noche
Claudia cumplió setenta y nueve años.
Había vivido más de lo que muchos habían esperado.
Había sido pobre.
Había dormido en lugares donde nunca debería haber dormido nadie.
Había juntado cartón.
Había vendido cobre.
Había sufrido rechazo.
Había trabajado.
Había amado.
Había perdido.
Había triunfado.
Había caído.
Y había vuelto a levantarse.
Aquella noche estaba en su casa junto a Bernardo y su hija.
—¿Sabés qué quiero? —preguntó Claudia.
—¿Qué? —respondió Bernardo.
—Una torta.
—Ya tenés una.
—Otra.
—¿Para qué?
—Porque una sola es triste.
Bernardo se rio.
Su hija abrazó a Claudia.
—Mamá.
—¿Sí?
—Estoy orgullosa de vos.
Claudia quedó callada.
—No me digas esas cosas porque voy a llorar.
—Llorá.
—No.
—Sí.
—Tengo una reputación que mantener.
Todos se rieron.
Claudia miró a su familia.
Y supo que no necesitaba nada más.
EPÍLOGO
La mujer que quedó
Claudia Gonzales murió a los setenta y nueve años.
Argentina la despidió como una figura histórica.
Las noticias hablaron de su carrera.
De sus programas.
De sus obras.
De sus películas.
De sus años como modelo.
De sus comienzos como panelista.
De sus negocios.
De sus luchas.
Pero la historia que más se repetía era otra.
La de una joven que había conocido la pobreza.
Una joven que había juntado cartón y cobre.
Una joven que había tenido miedo.
Y que aun así había decidido convertirse en quien realmente era.
Su hija heredó parte de sus negocios.
Bernardo conservó el teatro que habían construido juntos.
Y la productora continuó funcionando durante años.
En una de las paredes del teatro había una fotografía.
Claudia joven.
Rubia.
Sonriendo.
Con una mirada desafiante.
Debajo de la fotografía había una pequeña placa:
"Claudia Gonzales
194?–2053
Artista, conductora, actriz, productora, madre.
Nunca pidió permiso para existir."
Y años después, cuando alguien le preguntó a su hija cuál había sido el mayor legado de Claudia, ella respondió:
—No fue el dinero.
—¿Entonces qué fue?
La mujer miró la fotografía de su madre.
Sonrió.
—Que después de pasar por todo lo que pasó, nunca dejó que el mundo decidiera quién debía ser.
Y esa fue la última frase que quedó asociada al nombre de Claudia Gonzales.
No como una celebridad.
No como una conductora.
No como una modelo.
Sino como una mujer que había empezado sin nada...
y había conseguido dejar algo que el dinero jamás podría comprar:
una historia que nadie pudo borrar.
Thoughts
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Permalinkla tarjeta de fin de todo me tiene mal. nunca pidió permiso para existir. qué frase mama
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PermalinkComo veo a mis abuelos en esta historia. Ellos también empezaron sin nada, realmente sin nada, y lo que te enseña eso no es el dinero que consigas después, es que aprendés a no tener miedo. Claudia lo entendió.
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PermalinkEso de que decidió adoptar porque no podía tener hijos biológicos, qué lindo. y la niña preguntando si era famosa.
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PermalinkEl escándalo me puso mal. Porque todo lo que hizo para llegar le lo tiran en la cara de una. Qué fuerte vivir algo así.
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PermalinkA mí me engancha Bernardo. Primero la critica, después la apoya en el escándalo. ¿De verdad entendía todo lo que ella pasaba?
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PermalinkEso que dice al final: nunca dejó que el mundo decidiera quién era. Hay gente que vive así pero nunca lo pone en palabras tan claras.
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Permalinkno creí que me iba a leer todo entre estudio pero acá ando xD increíble
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Permalinkla heladera es una decepción, me mató. con ese ritmo perfecto para mi descanso de quince minutos