Ante el inevitable cliché de ver la vida como un libro, me he atrevido pensar en ello, pero a través de los ojos ajenos.
Hay personas que forman parte solo de algunos capítulos en nuestra vida y, como si este libro estuviera escrito por un escritor novato y poco habilidoso, es una amalgama de géneros sin mucha coherencia. Solo porque, en algún momento, al autor le pareció más interesante así.
Es por eso que hay personas que se quedan con un concepto sobre nosotros que ya hemos dejado atrás. Es por eso que me atrevo a preguntarte:
¿En qué estante me pondrías?
Depende, supongo, del año en que pregunte.
Al principio, seguro en el de romance y aventura
En los años siguientes, probablemente en drama histórico.
¿A la mitad del camino? Fantasía alternativa
Al final, sin dudas en una sección de fábula y ficción.
Y aunque el género no me guste, admito, por esta ocasión, que me gustaría algún día estar en el estante de auto superación.
Pero esas decisiones te las dejo a ti. Clasifícame.
Una de las ideas que más abundan en los textos de escritores “poetosamente” pretenciosos, es la de ver la vida misma como una historia donde uno mismo es el protagonista.
Permítanme, por esta ocasión, validar su idea.
Pero no aquella donde yo sea el protagonista; sino aquella donde los acepto como el personaje principal de su novela.
¿Creerme un secundario es incluso demasiado atrevimiento? Quizá un personaje de relleno. Aquel que se disculpa por chocar entrando en la cafetería. -un café americano sin azúcar- es la línea que me permiten decir cómo ruido de fondo para darle naturalidad a la escena y ya no aparezco mucho más.
Según el estilo, me diseñarán. Quizá con una gabardina por si en la historia estaba lloviendo.
Con pantalones cortos si es un romance de verano adolescente.
Tengo curiosidad por saber cómo he sido imaginado por aquel escritor que vive lo que tipea. ¿Será congruente el diseño que el ilustrador freelancer me hizo a comisión de la editorial a cargo?
No lo sé, pero adelante. Diséñenme.
Y todo este vaivén de ideas solamente para recordarme a mí mismo que todos los demás, al igual que yo, son tan periféricos para mí como yo lo soy de ellos.
Claro, hay personajes secundarios importantes sin los que la trama que compone mi vida no habría tenido estos desenlaces.
Me atreveré a pensar que mi presencia también tuvo una repercusión similar en la historia de alguien. Una o dos personas, tal vez. Probablemente más, pero por ahora fingiré modestia.
Aún así, este guión genérico carece de villanos. Por alguna razón, el personaje que encarno se asume responsable de sus propios nudos dentro de este Slice of Life.
Ojalá se me permita confesar el deseo de que la máquina de escribir -porque me parecen más románticas que una hoja en Word- plasmara un poquito de Shōnen o fantasía épica entre sus líneas, pero por ahora y agradablemente, ha sido suficiente el ligero realismo mágico que de vez en cuando aparece.