Sale una espesa bocanada,
de la boca que prefirio no decir nada.
El humo arrevató tus palabras,
antes que al olor te acostumbraras.
Blanco como sus intenciones,
adictivo como su mirada,
pero dañino como sus acciones,
que cortan como una espada.
Sus palabras son ceniza,
caen sin peso ni verdad,
pero su voz aun hipnotiza,
y me ata en su oscuridad.
Sus besos saben a tabaco,
y los robo todos en un atraco,
me hago uno solo con su humo,
y como su sabor, no hay ninguno.