Me ha recordado a mi madre, que se fue del pueblo a servir con todo en una maleta de cartón, igual que esos abuelos con la vida en una alforja. A ella tampoco nadie de arriba le preguntó nunca qué necesitaba.
CHOLA SOY, COMO DEBE DE SER.
Pensamiento
Me ha recordado a mi madre, que se fue del pueblo a servir con todo en una maleta de cartón, igual que esos abuelos con la vida en una alforja. A ella tampoco nadie de arriba le preguntó nunca qué necesitaba.
Contenido de la publicación
Me dueles, Perú. ¡Me dueles en el fondo del alma! No hay cosa más difícil que haber nacido en una patria de todos los colores, de todos los sabores, de todas las sangres; una patria habitada por gente profundamente luchadora, capaz de romperse el lomo y levantarse una y otra vez frente a las adversidades, encontrando razones para seguir adelante donde otros solo ven tierra muerta. Y, a pesar de toda esa riqueza humana, cultural e histórica que nos desborda, resulta doloroso, indignante y miserable constatar cuán pobres de mente y de conciencia pueden llegar a ser quienes ocupan las esferas del poder. ¿Qué carajo sucede con mi Perú? ¿En qué momento llegamos a normalizar que la dignidad de nuestros hermanos valga menos que un fajo de billetes o los intereses económicos de cuatro vivos?
Podemos reflexionar infinitamente sobre "¿en qué momento se había jodido el Perú?", esa pregunta maldita que Santiago Zavala se hacía en Conversación en La Catedral de Mario Vargas Llosa. Esa interrogante no es solo literatura; es la pesadez que nos arrastra a los peruanos todos los días al despertar, y esta en las cosas incluso pequeñas, el peso que cargamos en el pecho al ver los titulares de la prensa, estar fácilmente 2 horas en el bus, al caminar por las calles y ver que la herida sigue abierta, que nunca se ha cerrado. Podemos evocar al "nacimiento" de la República, a esa independencia de escritorio que, si bien significó una ruptura política con el dominio español, nos dejó las mismas estructuras coloniales, clasistas y raciales intactas, sometiendo a las mayorías indígenas por siglos. La República nació bajo una falsa promesa de libertad, pero esa promesa no alcanzó a todos por igual. Mientras unos pocos se repartían el país en Lima como si fuera su chacra, a los demás se les continuó tratando como si su trabajo, su lengua, sus costumbres, sus tierras y hasta su propia existencia fueran un asunto secundario, un estorbo en su idea de progreso.
Amo a mi país porque es aquí donde he crecido; amo mi tierra, mis costumbres, amo mis paisajes dorados, sus cerros, sus lagos y sus lagunas. Amo el altiplano con su frío que quema los pómulos, sus amaneceres de fuego y esa inmensidad del Titicaca que nos recuerda de dónde venimos y hacia dónde vamos. Amo a su gente, a MI gente, a NUESTRA gente porque sé reconocerme en ellos: en el esfuerzo de quienes trabajan desde antes de que salga el sol, en las manos agrietadas de quienes aran la tierra y cultivan su propio alimento, en las madres que desde las 5 de la mañana salen a vender y sostienen hogares enteros con puro corazón y coraje, en los campesinos que protegen sus animales y en las comunidades que defienden la vida frente al despojo. Amo verdaderamente ser peruana y, justamente por ese amor, me duele y me revienta ver a mi patria con la sangre derramada alimentando a esos vampiros de la política que en su puta vida van a conocer el esfuerzo de trabajar de sol a sol. De aguantar el calor del sol, sudar a chorros y llevar el polvo del trabajo, y a pesar de todo seguir y seguir y seguir. Esos miserables que nunca han tocado el barro, que jamás han sembrado una semilla, que no saben lo que es vivir en paz y en equilibrio con la tierra que les ha dado el seno por generaciones. Y encima tienen la desfachatez, la conchudez y la desvergüenza de asumir que todo está al alcance del dinero, que la dignidad de un pueblo se puede comprar.
¡Pero qué podemos hacer si así parece ser, crjo! ¿Cómo podemos seguir llamándonos una República de ciudadanos iguales si la posibilidad de vivir con dignidad depende del lugar donde nacimos, de los recursos que tenemos, del apellido que tenemos, del color de piel, del como se habla o el porque o incluso de la influencia de quienes nos gobiernan? No escribo esto porque haya dejado de amar al Perú. Eso jamás. Escribo porque tengo la sangre hirviendo y porque me niego rotundamente a aceptar que amar a mi patria signifique guardar un silencio cómplice.
La dignidad no tiene ideología, pero sí exige responsabilidades
No puede ser, carajo, que seamos un país sin conciencia. Yo no digo que se asuma dogmáticamente si se es de izquierda o de derecha, porque justamente el poder elegir en qué creer y cómo hacerlo se trata de la libertad y la soberanía en la que debe vivir un país democrático. Las diferencias ideológicas son legítimas y necesarias, pero lo que jamás debe ser negociable es el derecho inalienable a la dignidad humana. Al final, todos somos peruanos; al final, derecha e izquierda se llenan la boca hablando de un mismo objetivo frente al pueblo. Al final, no sugiero ir a un comunismo extremo ni cambiar una dictadura por otra; se trata de algo mucho más humano y elemental: se trata de que se respete la dignidad de nuestros hermanos y que el gobierno que democráticamente se haya elegido en una operación justa y transparente trabaje verdaderamente en beneficio del pueblo.
Es una vergüenza absoluta que no se cumpla el ÚNICO objetivo legítimo que tiene un gobierno. El artículo 1 de nuestra Constitución lo dice claro: la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado. ¡Pero se lo pasan por el poto todos los días! Finalmente, el gobierno proviene del pueblo, para el pueblo y por el pueblo, para asegurar el bienestar de la mayoría. ¿De qué carajo sirve hablar de estabilidad económica o de crecimiento en los gráficos de Lima si sus beneficios no se traducen en mejores condiciones de vida para el poblador rural?
Y no, hermano, la mayoría no es aquella que se ve y se defiende en las pantallas de la prensa limeña. El Perú no es Perú si no se cuenta con sus 24 regiones y con cada uno de sus pobladores. El Perú no es solo el ciudadano limeño. El Perú real es el que la prensa centralista calla, oculta o reduce a simples cifras de delincuencia o pobreza, utilizándolo todo como una constante cortina de humo mediática para tapar los faenones y el desangramiento del interior. El Perú también es esa niña que no tiene acceso a una educación óptima porque las escuelas de su comunidad se caen a pedazos. El Perú, lamentablemente, es esa niña violada y obligada a maternar en el desamparo más absoluto; una crisis humanitaria que hoy golpea con crueldad a las niñas de las comunidades Awajún y Wampis en Condorcanqui, Amazonas, cuyas denuncias de violencia sexual son archivadas e ignoradas por un Estado racista e indolente. No podemos permitir que la distancia, la lengua o la pobreza se vuelvan la excusa para negarle justicia a una menor. El Perú es aquella madre que se gana la vida despertándose a las 5 de la mañana para vender un jugo de quinua, desafiando el frío y la incertidumbre para parar la olla.
Y el Perú también es el humilde porteador que asciende por los caminos de nuestras montañas cargando el peso del mundo sobre la espalda. El dolor de la sierra de Cusco nos quema el rostro con la tragedia de Gabriel Ríos Mamani, quien falleció por hipotermia en pleno Camino Inca. Murió abandonado en el frío inclemente por empresas turísticas que lucran, capitalizan y explotan el lomo y la sangre ajena en las rutas de montaña, tratándolo como si fuera una bestia de carga y no un ser humano. No podemos permitir que la belleza de nuestros paisajes sea una mercancía cuyo costo oculto sean las vidas de nuestra gente. No quiero una patria que solo se enorgullezca de sus monumentos, su geografía o su gastronomía para los ojos del extranjero; la patria, al final, para mi, para el europeo o quien sea, es para quien la habita y se construye desde adentro, quiero una patria que se enorgullezca de cómo trata a los hombres y mujeres que la construyen día a día desde el fango.
La memoria no puede convertirse en silencio
Jamás pretendo motivar el caos, el vandalismo o la destitución de la democracia que tanto nos costó tener; se trata, justamente, de honrar en nombre de los que murieron en las calles y en los campos para darnos la pseudolibertad que hoy tenemos. No podemos permitir que años de lucha histórica se acallen únicamente por la decisión de una mayoría parlamentaria aplastante que no nos representa en lo más mínimo. Yo, como estudiante de educación secundaria pública de provincia, agradezco enormemente los privilegios a los que hoy tengo acceso, porque sé perfectamente que son y siempre serán fruto de la lucha, el sudor y el esfuerzo de alguien más que se atrevió a levantar la voz antes que yo. De mis abuelos que no pudieron acceder a educacion superior, ol es costo dejar su familia su tierra y meter su vida en una alforjita para querer ser alguien, de mis padres que sacrificaban su aliemnto por la promesa de un mañana, de caminar horas para poder aprovechar lo que a los que los antecedieron se les negó, de su esfuerzo diario por poner un plato de comida en la mesa para que pueda ir y estudiar. No podemos dejar de seguir esa línea de dignidad histórica por la que el Perú se ha identificado doscientos años atrás.
Pido a su conciencia despertar, enojarse, indignarse, porque así nos toca hacer la lucha al día de hoy. Ninguna victoria se ha librado desde la comodidad o el confort de un escritorio en San Isidro; toda victoria que ha tenido el peruano se debe al esfuerzo salvaje que nos caracteriza y al sacrificio grabado en nuestras venas y en las estrofas de nuestro himno. Quieras o no, hermano, aca todos somos cholos Y QUÉ mrd, ¡es un orgullo de la puta madre poder llevar ese título! Lo llevamos a mucha honra, porque el indio siempre se levanta frente a la injusticia y porque el cholo siempre sale adelante a patadas contra el destino. Esa identidad andina, mestiza y popular, usada históricamente por los acomplejados para humillar, es hoy nuestra bandera de resistencia. El orgullo consiste en rechazar que las diferencias determinen quién merece respeto y quién debe agachar la cabeza.
¿Qué logramos volteando la mirada del abuso? ¿Qué carajo le vamos a dejar a nuestras futuras generaciones? La infancia peruana al día de hoy no tiene asegurado ni el desayuno, porque cuando hablo del Perú hablo de sus mayorías hambrientas, porque el Perú jamás se ha construido a pesar de sus diferencias, sino gracias a cada una de ellas. No lo digo solo yo desde mi escritorio de alumno promedio; cualquier persona que haya leído al menos UN libro sobre la historia del Perú sabe perfectamente de qué Perú de carne y hueso estoy hablando. Desde las transformaciones crudas que describió José Matos Mar en Desborde popular y crisis del Estado hasta el grito indigenista y multicultural de José María Arguedas, el país real siempre ha desbordado los mapas de la oligarquía.
El miedo, la violencia y el silencio de las regiones
Nos quieren acostumbrar al miedo, nos quieren arrodillados. Vivimos bajo una espantosa ola de sicariato, extorsión y criminalidad organizada que desborda las calles de todo el país. Matan cambistas, extorsionan transportistas, queman negocios de pequeños comerciantes. Esta violencia del día a día nos hace revivir la crudeza, el pánico y el desamparo de la situación política y social de la década de los 80 e inicios de los 90. Y en medio de este caos, están matando a periodistas independientes en las regiones por el simple delito de fiscalizar al poder y destapar las ollas podridas de las mafias locales. Crímenes brutales como el de la periodista Susy Aponte Polo, La China Polo en Áncash, asesinada a balazos por sicarios tras denunciar redes de corrupción regional, demuestran que la verdad en provincias se paga con la vida. Callan las voces de las provincias para que las cúpulas sigan lucrando a manos llenas.
Desde Puno, desde la ciudad del lago sagrado, suplico e insto a regresar a nuestra tierra, porque al final todos venimos de ella y a ella volveremos. Yo de verdad sueño con un país donde las diferencias políticas no sirvan para deshumanizarnos, donde no se hable de derecha o izquierda como trincheras de odio, porque al final todos somos el pueblo y debemos ver por el hermano. Es una cuestión de empatía, de humanidad básica. Lo de "asume tu voto" es una ridiculez inmensa, una respuesta cobarde para lavarse las manos mientras el país se hunde. Al día de hoy solo nos queda exigir mediante nuestro derecho ciudadano que el gobierno vigente trabaje, protestar en las calles y vigilar con ojos de halcón. No podemos permitir que aquello que es de todos se vuelva riqueza muerta para unos pocos y, peor aún, no podemos voltear al otro lado ante las lágrimas de las awichas que lloran por su tierra despojada.
Hablemos de Cusco, hablemos de Amazonas, hablemos de Puno. Si es que se ve que solo los proyectos de ley de escritorio no rinden efecto, hay que actuar. En Puno, la contaminación asociada a actividades mineras irresponsables y las trabas para remediar los daños ambientales en la cuenca del río Llallimayo y el río Llalli son un crimen ecológico que no se puede callar. Nuestras comunidades ganaderas llevan más de una década exigiendo agua limpia y justicia frente a los relaves y desastres dejados por la exminera Arasi. Cada cuerpo de agua, incluido el río Maravilla y tantas lagunas, se está muriendo bajo la mirada cómplice e indiferente del Estado.
La empresa privada en sí misma no es el enemigo; la inversión puede traer desarrollo. Pero ¿a costa de qué? aquel que destruye, contamina, envenena los pastos y permite que la tierra se vuelva infértil por llenarse los bolsillos, ese sí es el enemigo, carajo. No puede ser que el sueldo millonario de unos pocos en el Perú se construya con base en el dolor, el plomo en la sangre y el cáncer ajeno. A esto se suma la mafiosa impunidad en la venta ilegal y tráfico de tierras agrícolas y comunales, donde mafias organizadas les arrebatan a los pueblos originarios sus medios de subsistencia. El Perú no es propiedad de un grupo corporativo; le pertenece también a los productores del clúster alpaquero, quienes soportan el frío extremo del altiplano forjando la riqueza textil andina a cambio de precios de miseria que solo enriquecen a los intermediarios y a las grandes marcas del exterior. Sepamos ver con ojos de HUMANIDAD a esta tierra que nos ha criado y a su gente con la que hemos crecido. Un poco de empatía no nos vuelve menos competitivos; nos vuelve humanos, crjo. No se trata de pisar al resto para alcanzar el éxito, porque si construyes tu futuro pisando cabezas, tu mismo piso será inestable y se vendrá abajo. No podemos permitir esto jamás.
¿A quién pertenece el poder?
La soberanía reside en el pueblo, pero miren cómo las élites políticas en Lima quiebran el equilibrio de poderes y modifican la Constitución a su antojo, pasándosela literalmente por el poto. Si ellos son capaces de blindarse entre delincuentes y pisotear la Carta Magna que busca protegernos, entonces sí es hora de pelear, luchar y morder cual bestias en defensa de nuestra dignidad.
Miren cómo cambiaron las reglas electorales mediante la asquerosa Ley 32657, reduciendo drásticamente la exigencia de participación en provincias porque partidos tradicionales como Fuerza Popular y el de López Aliaga (Renovación Popular) no eran capaces ni de alcanzar el 30% requerido ni de inscribir candidatos válidos en nuestras regiones. Estaban al borde de perder la inscripción y los millones del financiamiento público, pero ahí sí tuvieron todas las facultades, la rapidez y los votos para cambiar la ley a mitad del juego y salvarse el cuello. Cada ley que se aprueba en ese Congreso se la embolsan; está hecha para que todos se lleven su tajada o se blinden con impunidad. Como bien lo demuestran las investigaciones periodísticas de IDL-Reporteros, a través de testimonios explícitos y los votos del pacto parlamentario, las leyes en el Perú se han convertido en un intercambio mercantilizado de favores personales e impunidad para criminales.
¿Qué quieren que haga? ¿Que permanezca sentada viendo cómo a costa del lomo ajeno la riqueza sea para aquellos que ni siquiera la necesitan? Soy humana igual que ellos. Si el capitalismo salvaje prioriza únicamente la acumulación del capital, ¿no es acaso el comunismo o el sentido de comunidad, algo de todos, el que prioriza la dignidad humana? No se trata de regalar tu trabajo al Estado, sino de que se pague proporcionalmente a lo que el obrero y el campesino realizan de verdad. No puede ser que haya personas con más de 10 propiedades de vivienda de lujo en las zonas exclusivas de Lima, mientras nuestra gente es expulsada de sus tierras y termina durmiendo bajo techos de calamina soportando las heladas mortales. Dios nos ampare, porque si destruyen el campo, se viene el hambre. Dios nos ampare si existe un Dios; pero mientras la solución dependa de nosotros, de los seres humanos, ¿qué carajo estamos esperando? ¿Ver más jodido e irremediablemente al Perú? No podemos solo juzgar desde la comodidad de una pantalla. Yo te escucho si estás dispuesto a explicar, pero escúchame a mí: no desde la burla o el desprecio centralista, sino desde la humanidad, desde la peruanidad profunda que te vuelve, quieras o no, mi hermano.
Insto directamente a la señora Keiko Fujimori. Aunque todavía no haya tenido la oportunidad de ejercer mi derecho al voto por ser menor de edad, sé perfectamente que ella representa una figura política de tremenda influencia y que su organización maneja los hilos del Congreso de la República. Esa posición implica una responsabilidad pública ineludible. No le cuesta nada tocarse el pecho de una vez por todas y decir si, además de números macroeconómicos, de estrategias electorales y de arrastrar los extensos procesos judiciales del caso Cocktails por lavado de activos y organización criminal, ¿ella realmente ve al Perú profundo?
Miren cómo manejan el sistema educativo con los recientes lineamientos de disciplina escolar impuestos y los cambios curriculares orientados a recortar el pensamiento crítico en las aulas. Casos como las problemáticas históricas del Liceo Naval NO se resuelven con políticas "disciplinarias" o punitivas que busquen únicamente un control en el aspecto físico de las personas, cortándoles el cabello, prohibiendo accesorios o persiguiendo la apariencia para maquillar el abandono absoluto del Estado. Una institución no se transforma mediante uniformes impecables o reglas autoritarias, sino cuando sus estudiantes pueden aprender en condiciones dignas, con agua potable, luz y su integridad protegida. El verdadero orden nace del respeto y la justicia, no del sometimiento ni del miedo.
Conozco personas que, aun vestidas con finos trajes de sastre y corbata en los pasillos del Congreso, le roban al hermano el trabajo de décadas y las tierras de antaño. La historia del Perú es amplia y variada, y no puede ser, que la señora Fujimori, repita los patrones oscuros, las dictaduras de los medios y las violaciones ocurridas durante el gobierno de su padre en la década de los 90. Manipular la prensa para hacernos ver solo lo que le conviene al poder económico, ¿le parece justo? Si en sus manos está ese poder, no sea indiferente a esa gente humilde que construye el Perú día a día. Usted tiene desde hace años el control del Poder Legislativo; no puede usar como excusa que no tiene las facultades gubernamentales para hacer las cosas bien. Por la confianza que les debe a sus electores y por la humanidad que quiero creer que aún le queda en las venas, no puede ser que sea indiferente al dolor ajeno. Yo no le pido que regale casas o haga milagros imposibles; le exijo únicamente lo que es, ineludiblemente, SU RESPONSABILIDAD POLÍTICA. Siendo de otra forma, recuerde que la sangre joven de las provincias siempre arde con la llama de la justicia: no hay lucha que el pueblo peruano, cuando se cansa del abuso, no pueda ganar.
No soy la única persona que piensa que el Perú merece algo mejor. A lo largo de las 24 regiones somos miles de ciudadanos, estudiantes, jóvenes y comunidades enteras quienes nos negamos rotundamente a agachar la cabeza y renunciar a nuestros derechos. Y si las cúpulas del poder, los corruptos y sus leyes con nombre propio se interponen en el camino hacia una patria justa y digna, ¡no nos vamos a detener: avanzaremos igual! Porque el Perú profundo no necesita caridad ni permiso para existir: necesita reconocimiento, justicia y oportunidades reales.
Como bellamente nos recuerda la obra de José María Arguedas, esa obra que alguna vez todo peruano se ha visto obligada a leer, analiar y recordad, todas las sangres corren por nuestras venas y el Perú es una realidad plural, compleja, indomable y viva que jamás podrá ser reducida a una sola voz centralista. Solamente el despertar indomable de todas las sangres nos llevará a ese país desarrollado y digno al que legítimamente debemos aspirar.
¡Viva el Perú!
¡Vivan nuestros pueblos, nuestras comunidades y todas las sangres que hacen de esta patria una nación irrepetible, carajo!
MMM-
Thoughts
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PermalinkMe ha recordado a mi madre, que se fue del pueblo a servir con todo en una maleta de cartón, igual que esos abuelos con la vida en una alforja. A ella tampoco nadie de arriba le preguntó nunca qué necesitaba.
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PermalinkLo del corte de pelo y los accesorios en los lineamientos de disciplina suena a alguien que eso lo ve en su aula todos los días, pues.
Me dueles, Perú. ¡Me dueles en el fondo del alma! No hay cosa más difícil que haber nacido en una patria de todos los colores, de todos los sabores, de todas las sangres; una patria habitada por…