Infinito el toque de tus ojos mojados. Ojos ya de
madera, dóciles y hechos a la medida de tu hacienda.
Olvídate de este nacimiento y de la tierra negra que titila.
No vas a recordar mi alarido rajando la madera. Cuando te dejen flores grises como el vapor craneal, abandonaré la ciudad y
escalaré tus pechos que no laten. Pasaré a la hora cero, luego de saludar al
amarillo del cielo. Solo había una tristeza entre los tristes carnívoros
lactantes. Si mi voz está ciega. ¿De qué temes?
Tu hacienda de madera oirá el
llanto. Tú no.
3/09/2026