Transcurren los días y cada latido ha de marchitarse en mis ansias por decirle que le extraño.
Insistiendo en su presencia quizás puedan asi mis ojos dejar de llorarle, solo existirán para adorarle.
Usted quien ha llenado de anhelo a todos mis sentimientos, reprimidos en este corazón carente de olvido.
En cambio, si deja a este ser quien culpable es solo por quererle ¿en quien se inspirarán mis versos sedientos por la musa de sus besos?
Desdichados, sin nada que expresarle a su mirada distante de una flor que se desangra.
Desgastado, abandonado, queda todo en la añoranza, llorando por el desconzuelo de su presencia en mis versos.