La respuesta que leyó Leo me suena a algo que Clarisse no se animaba a decir en voz alta. Por eso el rubor, y por eso él contesta con el atardecer y se ahorra las palabras.
Capítulo XI: El Atardecer de Fuego
Leo leyó la respuesta, se detuvo un momento y la miró de reojo. El rubor volvió a encender sus mejillas, haciendo que sus pecas contrastaran aún más con su piel.
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La respuesta que leyó Leo me suena a algo que Clarisse no se animaba a decir en voz alta. Por eso el rubor, y por eso él contesta con el atardecer y se ahorra las palabras.
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Leo leyó la respuesta, se detuvo un momento y la miró de reojo. El rubor volvió a encender sus mejillas, haciendo que sus pecas contrastaran aún más con su piel.
Señalo con la mano hacia el horizonte. El sol comenzaba a ocultarse tras las colinas del valle, tiñendo el cielo de tonos rojizos, cobrizos y dorados, idénticos a los matices de su cabello. La luz del atardecer bañaba la plaza principal, cubriéndolo todo con una atmósfera cálida.
Clarisse contempló el espectáculo y luego volvió la mirada hacia Leo. Comprendió que el vacío que la había acompañado durante tanto tiempo en el palacio real había desaparecido por completo, reemplazado por una certeza serena.
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PermalinkLa respuesta que leyó Leo me suena a algo que Clarisse no se animaba a decir en voz alta. Por eso el rubor, y por eso él contesta con el atardecer y se ahorra las palabras.
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PermalinkLeo contestando con la mano hacia el cielo en vez de escribirle algo me pareció lo más lindo de todo. A veces señalar alcanza.