—Habitación de Aoi — noche —
El sonido seco del casco al desconectarse rompió el silencio de la habitación.
Aoi retiró lentamente el visor de realidad total y lo dejó sobre el escritorio, aún con la mente atrapada en el calor sofocante de aquel volcán que había abandonado apenas unos segundos atrás. El contraste era extraño: en el juego el aire quemaba los pulmones, mientras que en su habitación solo había el frío suave del ventilador girando en el techo.
Se dejó caer hacia atrás sobre la cama.
Durante varios segundos no se movió.
El techo blanco frente a sus ojos parecía demasiado normal para todo lo que había pasado.
—…esto no puede estar pasando —murmuró.
Todavía podía recordar el peso del huevo entre sus brazos. El calor de la lava reflejándose en las escamas del dragón. La voz que lo había llamado madre sin ninguna duda.
Aoi se cubrió el rostro con ambas manos.
—Un jefe final… —susurró—. ¿Cómo se supone que alguien termina siendo el jefe final de un juego?
Giró la cabeza hacia el escritorio.
El casco seguía allí.
Inocente.
Como si no acabara de cambiar todo el mundo dentro del juego.
Después de unos segundos más de silencio, Aoi se incorporó lentamente y caminó hasta su computadora. El sistema del juego permitía revisar el perfil del personaje incluso fuera de la inmersión completa, algo que normalmente solo servía para ver estadísticas o administrar inventario.
Pero ahora…
Ahora Aoi necesitaba comprobar algo.
Encendió la pantalla.
El monitor iluminó la habitación con un brillo azulado.
La interfaz de Eidralys Online apareció de inmediato.
En el centro de la pantalla se mostraba su personaje.
La misma chica que había visto en el espejo del juego.
Cabello plateado cayendo sobre los hombros. La armadura ligera que había conseguido recientemente, con las placas metálicas y la falda reforzada que tanto lo avergonzaba. La postura tranquila, casi inocente, como si no fuera consciente de la tormenta que acababa de provocar.
Aoi tragó saliva.
—Sigo siendo yo…
Desplazó el panel de información.
[Nombre: Aoi Mizuchi
Nivel: 8
Clase: Domadora]
Sus ojos descendieron lentamente.
Hasta llegar al título.
Antes, el espacio estaba vacío.
Ahora no.
Allí, justo debajo de su nombre, una nueva línea brillaba con un color dorado intenso.
[Título: Madre de los Dragones]
Aoi se quedó completamente inmóvil.
No era un error visual.
No era algo temporal.
Era oficial.
El título que había aceptado frente al dragón estaba ahora grabado en el perfil de su personaje.
—…de verdad lo hice.
La silla crujió suavemente cuando se dejó caer en ella.
Recordó el momento exacto en la cueva.
La ventana de decisión.
La barra flotando frente a él.
[Aceptar / Rechazar]
Y la forma en que había presionado Aceptar sin pensar en nada más.
Aoi dejó escapar un largo suspiro.
—Ahora todo el mundo en el juego me está buscando…
La pantalla seguía abierta frente a él.
Pero algo más llamó su atención.
El inventario.
Movió el cursor.
Una cuadrícula de objetos apareció en el monitor.
Materiales de monstruos. Pociones. Núcleos de energía. Fragmentos de piel. Objetos comunes que había ido acumulando durante las últimas horas de cacería.
Pero en el centro del inventario había algo diferente.
Un icono brillante.
Un huevo.
Su superficie parecía hecha de magma solidificado, con pequeñas grietas luminosas recorriendo la cáscara como venas de fuego. Incluso en la pantalla estática se sentía… vivo.
Aoi lo seleccionó.
—Huevo del Dragón de Fuego Antiguo
Estado: Dormido
Vínculo: Establecido—
Aoi apoyó los codos sobre el escritorio.
—Así que no fue un evento… —murmuró.
Era real dentro del sistema del juego.
El dragón se había convertido en ese huevo.
Y ahora estaba en su inventario.
Pero cuando estaba a punto de cerrar el panel, algo más le llamó la atención.
Debajo del espacio ocupado por el huevo… había más ranuras.
Vacías.
Cuadrículas que antes no existían.
Aoi acercó más la cara a la pantalla.
—¿Qué…?
Pasó el cursor por encima.
Una pequeña ventana emergente apareció.
Espacios disponibles para Núcleos Dracónicos: 1 / 7
El corazón de Aoi dio un pequeño salto.
—…siete.
La palabra quedó flotando en su mente.
Recordó la voz del dragón.
El calor de la cueva.
Las palabras que había escuchado antes de aceptar el título.
"Mis hermanos… los siete dragones…"
Aoi apoyó la espalda en la silla lentamente.
—No puede ser…
Volvió a mirar el inventario.
El huevo ocupaba el primer espacio.
Los otros seis estaban vacíos.
Esperando.
—El dragón dijo que eran siete…
La comprensión llegó poco a poco.
Pesada.
Inevitable.
—Entonces esto significa…
Aoi tragó saliva.
—Que todavía quedan seis.
Seis dragones antiguos.
Seis criaturas legendarias.
Seis posibles encuentros como el que acababa de vivir.
Se llevó una mano al rostro, completamente abrumado.
—Esto no es solo un título…
Miró otra vez el perfil de su personaje.
El nombre.
La armadura.
El título brillante.
Madre de los Dragones
Y por primera vez desde que empezó a jugar, Aoi comprendió algo que lo dejó helado.
Ese título no era solo una recompensa.
Era una responsabilidad.
Y si el primer dragón había esperado quinientos años para volver a verla…
Entonces los otros seis…
Probablemente también lo estaban esperando.
En algún lugar del mundo de Eidralys.
La habitación permanecía en silencio.
Solo el zumbido suave del ventilador y el brillo tenue del monitor iluminaban el rostro de Aoi mientras seguía observando la pantalla frente a él. El huevo del dragón ocupaba el primer espacio del inventario, brillando con un tono rojizo que parecía latir lentamente, como si algo dentro respirara con paciencia infinita.
Debajo de él, los otros seis espacios permanecían vacíos.
Esperando.
Aoi apoyó la barbilla sobre una mano mientras pensaba en lo que el dragón había dicho dentro de la cueva. Las palabras seguían resonando con una claridad incómoda en su memoria.
"Encuentra a mis hermanos."
Quinientos años.
Había esperado quinientos años.
Aoi se llevó una mano al rostro, frotándose los ojos con cansancio.
—Esto es absurdo… —murmuró.
Era solo un juego.
Un mundo virtual lleno de misiones, monstruos y eventos programados. Los jugadores derrotaban jefes, completaban historias y seguían adelante.
Nada de eso debía sentirse tan… real.
Sin embargo, cuando recordaba la voz del dragón, aquella mezcla de alivio y nostalgia que había sentido al verlo… algo dentro de su pecho se tensaba de nuevo.
Aoi dejó escapar un suspiro largo.
Luego tomó su teléfono.
No tardó mucho en marcar.
La videollamada se conectó después de un par de tonos.
La pantalla del teléfono mostró primero el techo de una habitación… luego el rostro de Hina apareció de golpe frente a la cámara.
—¿Aoi? —dijo, todavía con el cabello ligeramente despeinado—. ¿Pasó algo?
Aoi dudó un segundo ante de responder.
—Necesito hablar con ustedes.
—Eso suena serio.
Un movimiento en el fondo reveló a Kaede acercándose también a la cámara. Ella llevaba su pijama habitual y sostenía una taza de algo caliente, probablemente té.
—¿Tiene que ver con lo que pasó en la cueva? —preguntó con calma.
Aoi asintió.
—Sí.
Hina frunció el ceño.
—¿El huevo hizo algo raro?
—No exactamente.
Aoi giró el monitor de la computadora para que ambas pudieran ver la pantalla.
El perfil del personaje apareció frente a ellas.
La figura de Aoi en armadura ocupaba el centro del panel.
Y debajo de su nombre brillaba el título que ya conocían.
Madre de los Dragones
Kaede dejó escapar un pequeño suspiro.
—Así que no desapareció…
Hina cruzó los brazos.
—No esperaba que lo hiciera.
Aoi movió el cursor hacia el inventario.
El huevo apareció.
Luego desplazó la pantalla hacia abajo.
Hasta mostrar los espacios vacíos.
Uno ocupado.
Seis vacíos.
Hina inclinó la cabeza hacia un lado.
—¿Eso estaba antes?
—No —respondió Aoi.
Kaede entrecerró los ojos mientras observaba la interfaz.
—¿Cuántos espacios son?
—Siete.
El silencio que siguió duró unos segundos.
—…claro —murmuró Hina—. Los siete dragones antiguos.
Aoi asintió.
—El dragón de fuego dijo que eran siete hermanos —explicó—. Si esto está aquí… entonces significa que el sistema espera que encuentre a los otros seis.
Hina soltó un pequeño suspiro.
—Aoi.
—¿Sí?
—Eso es solo parte del lore del juego.
Kaede asintió suavemente.
—Los MMORPG hacen esto todo el tiempo —añadió—. Crean historias largas para enganchar a los jugadores.
Aoi bajó la mirada hacia el huevo.
—Lo sé.
Hina continuó hablando con tono más relajado.
—Podrías simplemente ignorarlo.
—Exacto —añadió Kaede—. No tienes que seguir esa historia.
—Aceptaste el título, sí —dijo Hina—. Pero eso no significa que estés obligado a cumplir nada.
Aoi guardó silencio.
La luz rojiza del huevo seguía pulsando suavemente en la pantalla.
—Muchos jugadores obtienen títulos raros —continuó Hina—. Después dejan el personaje ahí y el sistema eventualmente lo reemplaza o lo adapta.
Kaede dio un pequeño sorbo a su taza.
—Además, ahora eres el objetivo principal del servidor. Buscar dragones legendarios solo hará que sea más difícil esconderte.
Hina señaló la pantalla.
—Si quieres sobrevivir en el juego ahora mismo, lo mejor que puedes hacer es lo contrario.
—Evitar dragones.
—Evitar jefes.
—Evitar cualquier cosa que llame la atención.
Aoi escuchó todo en silencio.
Cada palabra tenía sentido.
Todo lo que decían era lógico.
Racional.
Seguro.
Pero aun así…
Aoi volvió a mirar el huevo.
Recordó la cueva.
Recordó las lágrimas evaporándose sobre las escamas ardientes del dragón.
"Esperé quinientos años para volver a verla."
Aoi respiró lentamente.
—No quiero ignorarlo.
Hina levantó una ceja.
—¿Eh?
Aoi volvió a mirar la pantalla del teléfono.
—Quiero encontrarlos.
Kaede inclinó ligeramente la cabeza.
—¿A los otros dragones?
Aoi asintió.
—Sí.
Hina suspiró con cansancio.
—Aoi… es solo un juego.
—Lo sé.
—No tienes que tomarte la historia tan en serio.
Aoi apoyó los brazos sobre el escritorio.
—Tal vez no debería.
El huevo brilló suavemente en la pantalla.
—Pero si los otros dragones están como él…
Guardó silencio un momento.
—Si también están esperando…
Hina abrió la boca para responder… pero no dijo nada.
Aoi continuó hablando con voz tranquila.
—Entonces quiero encontrarlos.
La habitación quedó en silencio durante unos segundos.
Kaede fue la primera en reaccionar.
—…sigues siendo igual que cuando eras niño.
Aoi levantó la vista.
—¿Eh?
Kaede sonrió levemente.
—Siempre te tomas demasiado en serio las cosas que te importan.
Hina suspiró, frotándose la nuca.
—Sabía que dirías algo así.
Aoi sonrió con un poco de vergüenza.
—Lo siento.
Hina negó con la cabeza.
—No te disculpes.
Luego cruzó los brazos nuevamente.
—Pero si vas a hacer algo tan absurdo como buscar dragones legendarios…
Miró directamente a la cámara.
—No pienses hacerlo solo.
Kaede asintió con tranquilidad.
—Después de todo —dijo—, fuiste tú quien nos arrastró a este problema.
Aoi parpadeó.
—¿Eso significa que…?
Hina sonrió.
—Significa que tendremos que ayudarte.
Kaede levantó la taza con calma.
—Porque si el objetivo del servidor resulta ser nuestro hermano…
Entonces lo mínimo que podemos hacer es asegurarnos de que sobreviva.
Aoi se quedó mirándolas en silencio.
Luego sonrió.
Por primera vez desde que había salido del juego, el peso en su pecho se sintió un poco más ligero.
—Academia Aokigahara — mañana —
El día siguiente amaneció con una energía distinta.
Desde el momento en que Aoi cruzó el portón principal de la academia pudo sentirlo.
No era algo visible.
Era más bien una especie de vibración colectiva, como cuando todo el mundo habla de la misma noticia y el ambiente se llena de fragmentos de conversaciones que nunca terminan de desaparecer.
El patio estaba más ruidoso de lo habitual.
Grupos de estudiantes se reunían en pequeños círculos, muchos con sus teléfonos en la mano, otros mirando pantallas flotantes proyectadas desde tablets portátiles donde corrían páginas del foro oficial de Eidralys Online.
—Te digo que si aparece en una zona volcánica seguro deja caer materiales de fuego legendarios.
—No, no, lo importante no es eso. Si es un jugador, entonces puede moverse distinto cada vez.
—Imagínate derrotarlo… tu nombre quedaría en la historia del juego.
Aoi pasó entre ellos con la cabeza ligeramente baja, intentando no prestar atención.
Pero era imposible.
La conversación lo perseguía en cada paso.
—Los siete dragones antiguos siguen vivos en el lore.
—Sí, pero nadie ha podido derrotarlos.
—Ese es el punto, ¿no? Si alguien obtiene ese título significa que todos los dragones podrían aparecer.
Aoi apretó ligeramente la correa de su bolso.
Sabía exactamente de qué estaban hablando.
Y sabía algo más.
Sabía que ese “jugador” que todos buscaban… caminaba justo entre ellos.
El pasillo del edificio principal estaba igual de lleno de murmullos.
Algunos estudiantes revisaban guías del juego.
Otros comparaban estadísticas.
Incluso había quienes ya discutían rutas completas de progresión.
—Si vas a enfrentar algo así necesitas equipo de raid.
—Yo voy a farmear en las cavernas de hielo.
—Dicen que el jefe final se va a fortalecer con cada dragón que aparezca.
Aoi pasó frente a un grupo que revisaba el foro oficial en una pantalla grande.
En el centro del portal se veía el anuncio fijado por los desarrolladores.
Evento Global Activo
La Madre de los Dragones ha sido nombrada
Debajo del mensaje, miles de comentarios se acumulaban sin parar.
Estrategias.
Teorías.
Conspiraciones.
Aoi sintió un pequeño nudo en el estómago.
—Esto es más grande de lo que pensé…
Continuó caminando hasta su aula.
Pero incluso dentro del salón el ambiente era el mismo.
Unos estudiantes revisaban builds de combate.
Otros hablaban de crear grupos de raid.
Algunos simplemente discutían emocionados sobre la posibilidad de enfrentar al primer jefe final real controlado por un jugador.
Para muchos…
Era un sueño.
Un desafío que ningún otro juego había ofrecido antes.
Aoi se sentó en su asiento junto a la ventana.
Desde allí podía ver el patio.
Decenas de estudiantes seguían hablando del mismo tema.
—La Madre de los Dragones… —murmuró para sí mismo.
Una parte de él se sentía extraña al escuchar ese nombre repetirse tantas veces.
Porque todos hablaban de ello con entusiasmo.
Como si fuera una historia lejana.
Un enemigo del juego.
No como una persona.
No como alguien sentado en un aula normal.
Mientras tanto…
En otra parte del edificio.
—Sala del Consejo Estudiantil —
La atmósfera era completamente distinta.
Más ordenada.
Más silenciosa.
Pero incluso allí, el tema no podía evitarse.
Reina estaba de pie junto al escritorio central revisando una pila de documentos que acababan de llegar esa misma mañana. Varias carpetas estaban abiertas frente a ella, cada una marcada con solicitudes distintas.
Reika se encontraba sentada detrás del escritorio principal, revisando los informes con su habitual calma.
Reina dejó caer uno de los papeles sobre la mesa.
—Esto se está saliendo de control.
Reika levantó la vista.
—¿Qué ocurrió ahora?
Reina giró el documento para que pudiera leerlo.
—Solicitud para crear club oficial de Eidralys Online.
Reika observó la hoja.
—Eso no parece extraño.
Reina señaló la pila detrás de ella.
—Ese es el problema.
No era una solicitud.
Había muchas.
Demasiadas.
Reika revisó rápidamente los títulos.
Club de Estrategia Eidralys.
Club de Investigación de Lore.
Club de Combate de Raid.
Club de Dominadores de Dragones.
Reina suspiró.
—Desde esta mañana no han parado de llegar.
Reika cerró lentamente la carpeta.
—Supongo que el evento del juego ha tenido más impacto del esperado.
Reina apoyó los brazos sobre la mesa.
—¿Más impacto?
Miró el documento nuevamente.
—Toda la escuela está hablando de lo mismo.
Reika recordó los murmullos que había escuchado en los pasillos al llegar.
—No me sorprende.
Reina suspiró con resignación.
—Un jefe final controlado por un jugador…
Se encogió de hombros.
—Supongo que es la clase de cosa que hace historia en los videojuegos.
Reika guardó silencio unos segundos.
Luego apoyó suavemente la mano sobre uno de los informes.
En la pantalla de su tablet todavía seguía abierto el anuncio global del juego.
Las palabras seguían allí.
La Madre de los Dragones ha nacido
Reika observó el mensaje con atención.
No sabía por qué.
Pero desde que lo había leído por primera vez…
Había algo que no dejaba de inquietarla.
Algo en su interior le decía que ese evento no era simplemente una noticia del juego.
Era el comienzo de algo más.
Algo que todavía no podían ver.
Reina dejó caer otro documento sobre la mesa.
—Bueno, presidenta —dijo con una pequeña sonrisa—. Parece que este año tendremos más trabajo.
Reika cerró la pantalla con calma.
—Sí.
Miró por la ventana hacia el patio de la academia.
Los estudiantes seguían hablando emocionados del evento.
Sin saberlo…
La persona que todos buscaban estaba sentada en un aula cualquiera del mismo edificio.
Y mientras el mundo entero comenzaba a moverse para encontrar a la Madre de los Dragones…
Aoi Mizuchi apenas estaba empezando a entender lo que significaba ese título.
Porque lo que había comenzado como una simple decisión dentro de un juego…
Pronto se convertiría en una historia que cambiaría todo el mundo de Eidralys.
—Sede central de Eidralys Systems — noche —
La sala de control estaba llena de pantallas.
Decenas de monitores iluminaban la habitación con gráficos en constante movimiento: mapas de servidores, registros de conexión, estadísticas globales y columnas interminables de datos que cambiaban segundo a segundo.
En el centro de todo, un enorme panel mostraba el número de jugadores conectados.
El contador subía.
Y seguía subiendo.
—…increíble.
Una voz masculina rompió el silencio.
Las luces de la sala permanecían bajas, lo suficiente para que los rostros de quienes observaban las pantallas no pudieran distinguirse con claridad. Solo sus siluetas eran visibles frente al brillo azul de los monitores.
En la pantalla principal apareció un nuevo informe.
Usuarios activos: +312%
Otra voz habló desde el otro lado de la sala.
—No esperábamos un impacto así.
Los números seguían aumentando.
Servidores completos.
Colas de acceso.
Solicitudes de conexión desde regiones que antes apenas tenían actividad.
—Triplicamos la cantidad de jugadores en menos de doce horas.
Una tercera sombra apoyó las manos sobre la mesa de control.
—Los foros están explotando.
—Las redes también.
—Los streamers están transmitiendo el juego sin parar.
Una risa baja recorrió la sala.
—Un jefe final controlado por un jugador… —murmuró una de las sombras—. Nadie ha hecho algo así antes.
Otra pantalla mostró una proyección del mundo de Eidralys.
Las zonas activas brillaban como estrellas.
—El evento funcionó mejor de lo que esperábamos.
—Mucho mejor.
Durante un momento, el único sonido en la sala fue el zumbido constante de los servidores.
Luego una de las figuras cruzó los brazos lentamente.
—La verdadera pregunta ahora es otra.
Las demás sombras se quedaron en silencio.
La pantalla central cambió.
En ella apareció el anuncio que todos los jugadores habían visto.
[Evento Global Activo
La Madre de los Dragones ha nacido]
La voz volvió a hablar.
—¿Cuánto tiempo sobrevivirá?
Nadie respondió de inmediato.
Finalmente otra silueta dejó escapar una pequeña risa.
—Eso dependerá de ese jugador.
La primera figura inclinó ligeramente la cabeza.
—O de los otros jugadores.
El mapa del mundo virtual seguía iluminado frente a ellos.
Millones de jugadores.
Todos buscando lo mismo.
—De cualquier forma —dijo una última voz desde la oscuridad—, el juego acaba de empezar de verdad.
Las pantallas continuaron parpadeando.
Y en algún lugar del vasto mundo de Eidralys…
la Madre de los Dragones aún no sabía que el mundo entero había comenzado a cazarla.