Jajaja el momento con Loley metiendo la sustancia blanca fue tan obvio pero igual me sacudió. Este tipo está metido en todo.
CAPÍTULO 8: EL PODER OCULTO
El nuevo día había llegado. Las persianas de la casa estaban cerradas, pero tenues líneas de luz entraban y alumbraban los rostros de Ark y Yuan, haciendo que se levantaran por la incomodidad…
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Jajaja el momento con Loley metiendo la sustancia blanca fue tan obvio pero igual me sacudió. Este tipo está metido en todo.
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El nuevo día había llegado. Las persianas de la casa estaban cerradas, pero tenues líneas de
luz entraban y alumbraban los rostros de Ark y Yuan, haciendo que se levantaran por la
incomodidad lumínica. Al frente de ellos estaba Sam, cubierto por una manta, durmiendo
plácidamente en una silla mecedora; alguien lo había movido a ese lugar por la noche,
probablemente Madeleine.
—Ay— dice Yuan tocándose la cabeza.
Él probablemente tenía resaca de la noche anterior; en cambio, Ark sí se levantó sin ningún
problema. En la cocina estaba Madeleine sirviendo un plato a Talasha.
—Come, mija, que vas a llegar tarde—
—Sí, mamá—
Madeleine voltea su vista hacia ellos, notando que ya se habían despertado y que Yuan estaba
adolorido.
—Ya te preparo algo para que se te pase el dolor— dijo Madeleine amablemente hacia
Yuan—
—Gracias—
Yuan se recuesta nuevamente en la cama.
Un rato después, Talasha sale de la casa. Madeleine les prepara a los dos un plato de arroz
con huevo y a Yuan un vaso de limón con soda, para luego salir de la casa mientras cargaba a
Yanit entre sus brazos. Talasha iba vistiendo un traje de enfermera, mientras que su madre, al
parecer, llevaba puesto algo como de un colegio; se podría decir que era profesora.
Después de comer, Ark y Yuan se quedan durmiendo gran parte de la mañana, hasta que Sam
los despierta.
—Muchachos, ¿cómo amanecieron? ¿Sí los trató bien mi esposa e hijas?—
Ark es el primero en levantarse, aunque lo que hizo fue sentarse en el colchón que les habían
puesto para que durmieran.
—Sí, su esposa nos tendió este colchón para que pudiéramos dormir; además, nos acaba de
dar el desayuno—
—Bien. Supongo que también escucharon lo de anoche, ¿no?—
—Es preferible no hablar de eso—
—Claro que es preferible, lo que pasó no tiene nombre ni forma—
“Vaya, al parecer se va a disculpar”, pensó Ark.
Sam suelta un suspiro antes de hablar.
—La vida te trae sorpresas, ya sean negativas o positivas, pero jamás se me pasó por la
cabeza que un hijo le dijera a uno: “usted no es mi padre”. Qué desilusión tan grande—
“Nop, creo que se va a justificar, típico borracho”.
—El ser humano tiene defectos y cualidades; si uno es grosero o vulgar con el diálogo se
cambia la forma de ser, pero no se pueden sacar excusas. Talasha apenas conoció a ese
muchacho hace un mes y porque le dije que se marchara de la casa por lo tarde que era, de
ofendida y con rabia me dice “usted no es mi papá”. Qué desilusión tan grande, la verdad—
Sam puso una cara de tristeza al decir esto—
—Eso no fue lo que sucedió— contestó Yuan, apenas levantándose.
Menos mal estas palabras las dijo tan suave que Sam no pudo escucharlas.
—¿Qué dijiste?—
—Que…—
Ark tapa la boca de Yuan antes de que termine la frase.
—Discúlpelo, Sam, está un poco mal por lo que tomó ayer—
Yuan intentaba soltarse de las manos de Ark, pero no lo consiguió.
—Ya veo— Sam asiente—. Pero será mejor que se reponga rápido; ustedes dos no se la van a
pasar viviendo aquí de a gratis, me van a ayudar a entregar todas las mercancías que me
encargaron, sin preguntar nada—
—Está bien…—
Ark contestó algo preocupado por la frase “sin preguntar nada”.Como que ¿sin preguntar
nada? ¿Acaso iban a hacer algo que no era debido? No importa, al final de cuentas
necesitaban un trabajo para vivir en Timitry.
Un rato más tarde, los tres estaban cargando la carroza con algunas cajas de madera y algunos
jarros que parecían contener algún líquido.
—¿Esto es vino?— preguntó Ark, cargando unas jarras cuidadosamente hacia la carroza—
—Te dije que no hicieras preguntas—
Ark se incomoda un poco por la respuesta; al parecer sí estaban haciendo algo turbio. A Yuan
le dio igual, cargó las cajas sin ningún esfuerzo, mostrando su increíble fuerza.
—Eso, chico, sí que eres un animal de carga— dijo Sam alegre—. ¿Cómo te llamas?—
—Soy Yuan—
—Bueno, Yuan, espero que trabajes para mí un muy buen tiempo—
Los tres se subieron a la carroza. Sam había tomado las cuerdas y empezó a cabestrear los
caballos por las calles de Timitry; a su lado derecho estaba Yuan y en el izquierdo Ark.
Timitry por la mañana era igual que todas las ciudades, no había nada especial en ella. Ya era
mediodía, así que podías ver a las personas comiendo en los restaurantes y las posadas.
Sam se dirigió a un lugar no muy convencional: un gran edificio de dos pisos que lucía un
poco sucio y viejo. Contaba con múltiples bodegas, ubicadas en un lote vacío, sin casas
alrededor. Llegar ahí no era la gran cosa, puesto que solo debías desviarte de la avenida
principal que iba hacia Ornir por un camino de tierra en malas condiciones, que conectaba el
lugar hacia una quebrada que atravesabas por un puente improvisado de madera.
En la entrada del edificio podías ver algunos barrios a tu derecha e izquierda, pero, como
nuevamente les digo, muy alejados. Era raro ver un hueco de este tamaño en medio de una
ciudad; fácilmente se podían construir un barrio entero en este lugar.
—¿Qué buscas de los Kaporal?— dijo una voz tenebrosa al otro lado de una bodega—
—Un trato bendito por mi caminata— respondió Sam—
Tras decir estas palabras, la puerta de la bodega se abrió. Dentro de ella podías ver a hombres
musculosos mirando con desdén hacia la dirección de Sam, que entró sin vacilar.
—Traigo lo que me pidieron—
Sam se baja de la carroza y va hacia la parte de atrás. Ark y Yuan hacen lo mismo.
—¿Quiénes son ellos? Dijiste que trabajas solo— resopló un hombre musculoso, irritado por
la presencia de Ark y Yuan—
—Son mis subordinados y son de confiar—
El fornido los ignora y pone atención a lo que Sam le iba a mostrar.
—Tal como me pidieron, les traje armas benditas y malditas de Rimbrin—
—¿Son poderosas?—
—Muy poderosas, tanto que solo pocos las pueden utilizar a su máximo poder—
Dentro de las cajas había espadas, arcos, lanzas y mazos que brillaban opacamente con
diferentes colores. Cada una de estas armas era diferente a la anterior; ninguna repetía su
diseño ni tampoco color, eran únicas.
“Con que sí estamos haciendo algo malo, pero muy malo. Miren a esos tipos, parecen que los
atropelló un caballo”, pensó Ark.
—También les traje el líquido inflamable; no es tan bueno como el que dije que podía
conseguir, pero ese fue el contacto que ustedes me dieron y yo solo obedezco—
El hombre toma una de las espadas y se prueba su filo.
—¿De qué material te las entregaron?—
—La mayoría están hechas de Shitrim; las que no, están hechas de una aleación entre ese
material, acero y obsidiana—
El tipo mira la espada como para confirmar, luego saca más armas de la caja y se las avienta a
sus compañeros para que las prueben. Después de que ellos las analizan, dan el visto bueno
haciendo un rápido movimiento con su cabeza hacia abajo.
—Bien. Descárgalas y déjalas por allá— el hombre señala a un lado de una columna donde
había sacos arrinconados—
Sam saca el solo una caja de la carroza.
—Tambien les traje esto—
Sam destapa la caja y de ella saca unas armas que Ark y Yuan jamás habían visto, es más,
incluso los hombres que los rodeaban parecían sorprendidos.
Lo primero que tocó Sam fue una especie de madera que al parecer era de la selva de Sambri.
Era fría y pesada, pulida por manos anónimas hasta sentirla viva bajo la palma. La forma de
su parte trasera se acoplaba al hombro como si ya conociera su hueco. "No es un mango",
musitó, "es una extensión del cuerpo. Un tronco domesticado para anclarse al hombre".
Sam pasó los dedos por un largo tubo de acero ubicado en la punta de la madera, era casi un
brazo de longitud. Su superficie era lisa, fría como la ciudad de Rimbrin, y terminaba en un
ojo oscuro y vacío.
—Por aquí... ¿sale la muerte?—preguntó el hombre musculoso sorprendido de lo que veía
—No—dijo Sam, golpeando suavemente el metal con sus puños. Un sonido grave y
penetrante resonó en el almacén. —por aquí viaja. Es la calle por donde corre el poder—
Luego, los ojos de Sam se fijaron en el costado derecho. Allí había un engranaje de belleza
siniestra: una garra de metal sostenía un trozo de pedernal gris, encarando a una pieza de
acero acanalada (el rastrillo) y un pequeño cuenco (la cazoleta).
—¿Esto... es un arma o una cerradura?", se maravilló el hombre musculoso.
—Es ambas cosas— Contestó Sam. —Es la cerradura que abre la puerta al infierno. La llave
es el pedernal, y la contraseña... es el fuego—
Qué gloriosas palabras había dicho Sam. Era como escuchar las historias de tu abuelo en
medio de una noche oscura.
—Observen y escuchen la furia de los reyes caídos—
Sam aprieta el gatillo y del arma sale fuego, seguido de un estruendo como el de un rayo. El
objeto al que Sam había apuntado había sido perforado por una especie de piedra puntiaguda.
—Ante ustedes el rifle Ahetis-Mahit—
Todos estaban sorprendidos de la demostración de poder de dicha arma. Nadie antes había
visto algo parecido. Era como tener el poder de un profeta Maestro en las manos de cualquier
hombre.
Los ojos de los tipos brillaban de satisfacción.
—¿Y la paga? ¿Cuánto sería?—
Las preguntas más importantes que un contrabandista podía hacer.
—Un Pascal de Oro —dijo el hombre—.
—¿Un Pascal? Si eso no fue lo que acordamos la vez pasada, dijiste que me darías 4 o 5 si
nadie se enteraba. No me juegues sucio, Baer.
Baer lo miró con cansancio en su rostro; se podía notar que no había tenido días muy
agradables.
—Mira, Sam, no tengo tiempo para lidiar contigo. Los rebeldes han estado presionando para
que les demos armas. Si no somos capaces de cumplir sus exigencias, quemarán nuestros
cultivos de nieve blanca, y eso significa muchas pérdidas para nosotros. Además, ya el
ejército real está metiendo sus narices más de lo que debería en nuestro negocio.
El tono de Baer fue un tanto hostil, lo cual hizo que sus amigos, subordinados o lo que
fueran, empezaran a prepararse para eliminar a Sam y probablemente a ellos.
“Esto se va a descontrolar”.
—Si no estás de acuerdo con el nuevo trato, tendremos que eliminarte. Ya tienes mucha
información de nosotros y tus nuevos amigos nos generan desconfianza—
Sam tenía la mano en su pecho, sujetando un collar redondo. No esperen, también llevaba
algo más, tenía… ¿el colmillo del tigre? Vaya… me sorprende cómo yo mismo me sorprendo
escribiendo esto. Así que también estaba sujetando el colmillo al igual que su collar.
—Yo solo digo que espero que cumplas tu parte del trato. Aceptaré los 4 Pascales de Oro
porque no cumplí en mantener esto en secreto.
Algo sorprendente pasó a continuación: los ojos de Baer, por un momento, cambiaron a
morado y después volvieron a su color original.
—Tienes razón, ¿en qué estaba pensando? Te pagaré los 4 Pascales como dijiste, pero
descarga eso rápido. No queremos llamar mucho la atención de la gente observando cómo
una sola carroza entra por aquí—
“¿Qué acaba de pasar? ¿Acaso estos matones no tienen huevos para tratar con sus traficantes
o simplemente Sam tiene habilidad para esto? Supongo que es la segunda”.
Los hombres alrededor quedaron desconcertados por el cambio de humor tan repentino de su
jefe.
—Bueno, chicos, ya lo oyeron. Descarguen eso rápido para que nos larguemos, tengan
cuidado y no dañen nada. Si hacen caer uno solo de esos jarrones, les aseguro que pagarán
con sus vidas en manos de estos tipos—
—Cumpliremos con esa labor al pie de la letra, trataremos las cajas como lo más preciado
que tengamos —resopló Ark.
Sam sonó muy amenazante, así que con miedo, Ark y Yuan bajaron las cajas como si fueran
doncellas rescatadas de una exhausta batalla. Era bellísimo. Ark descargaba una caja de color
naranja que simbolizaba a una hermosa chica con el mismo color de su pelo, sonrojada por la
cercanía que tenía con su salvador.
“Por favor, señor, no se moleste, yo puedo caminar”, decía la chica, sujetando a Ark por el
cuello y con las mejillas sonrojadas.
Para Yuan fue lo mismo; en cada mano cargaba dos cajas idénticas, simbolizando a dos
gemelas un poco pequeñas, pero con cabello y curvas espléndidas, alabando su fuerza
mientras tocaban sus músculos. Una incluso lo mordió de placer.
—Ya hemos acabado, señor —dijeron los dos al mismo tiempo—.
Después de eso, Sam recibe el pago por sus servicios a esa organización un tanto sospechosa,
se sube a su carreta con sus dos nuevos empleados y parten del lugar alegres por aquella
victoria comercial.
El nuevo destino ahora era un tanto diferente. Como ya no tenían nada en la carroza, Sam los
llevó a un colegio. En ese momento del día, los padres iban a recoger a sus hijos, o
simplemente ellos se devolvían solos a sus casas. Cientos de estudiantes empezaban a salir
vestidos de la misma manera. Aquel colegio era un tanto grande, era ancho y estaba hecho
mayormente de ladrillo rojo. A lo lejos, Madelein salía agarrada de la mano de Yanit. Ellas,
cuando reconocieron la carroza, intentaron ignorarla por completo, pero no fueron capaces;
Sam estaba gritando a todo pulmón sus nombres y los estudiantes y padres alrededor
volteaban a ver lo que sucedía. Madelein no tuvo más opción que acercarse para no pasar más
vergüenza.
—¿Qué quieres, Sam? —dijo Madelein, furiosa por la situación—. ¿No ves que todos nos
están viendo?—
—Espléndido, quiero que todos vean cuánto te amo—
Sam saca un ramo de flores detrás de su espalda y se las ofrece con amor.
“¿Desde cuándo tiene flores este tipo?”, pensó Ark.
—Este es un desvergonzado totalmente —dijo Yuan, sacando a Ark de sus pensamientos—.
Un simple ramo de flores no te salvará de la situación en la que te metiste—
—Tienes razón, ese regalito no va a arreglar todas las barbaridades que dijo ayer —continuó
Ark con la conversación—.
Eso era obvio: un detalle no puede cambiar el pasado, pero puede arreglar el presente, y eso
era lo que Sam estaba intentando.
—No creas que con unas simples flores cambiarás todo lo que me dijiste ayer —dijo
Madelein.
—Sé que la embarré, pero por favor perdóname. Hazlo por nuestra familia, que siempre llevo
aquí conmigo —Sam vuelve a tomar el collar y también el colmillo que estaba al lado de
este—. Te lo vuelvo a repetir, por favor perdóname—
Los ojos de Madelein cambian por un instante a color morado y luego vuelven a su color
original, tal cual como le había sucedido a Baer.
—Bueno, pensándolo de esa forma, creo que tienes razón —Madelein suspira—. Pero espero
que no vuelvas a cometer tus mismos errores—
—Te lo prometo, mi vida—
Sam y Madelein se dan un beso.
—¡¿Qué?! —dice Yuan, sorprendido por la situación—. ¿Cómo es que esta estúpida lo
perdona? Sinceramente, este reino no tiene remedio. Vámonos, Ark—
Yuan intenta bajarse de la carroza, pero es detenido por Ark.
—No nos vamos a ir a ninguna parte, necesitamos algo en qué trabajar—
—Pero si la esposa de nuestro jefe es una imbécil, imagínate cómo será él —Yuan resoplaba
del enojo, con las manos en jarra, mientras Ark lo sujetaba de la túnica—.
“Algo no cuadra aquí. Esa misma mirada la vi en ese tipo llamado Baer antes de obedecer las
órdenes de Sam. ¿Será que el tipo cuenta con algún poder que hace que las personas le
obedezcan? Puede ser, pero no estoy seguro. Me parece muy raro que gente que no debía
obedecerle le haga caso. ¿Acaso será obra de ese colmillo que ahora carga en su pecho?
También puede ser una posibilidad, aunque…”
—¿Vieron el poder que tiene un ramo de flores? —dijo Sam, sacando a Ark de su monólogo
interno—.
—Es sorprendente, sin lugar a duda —contestó Yuan a su pregunta—.
—Las mujeres son fáciles de complacer, solo tienes que darles flores y decirles cosas lindas
al oído, nada más—
De esa manera, los cinco emprendieron el camino hacia la casa, puesto que Madelein y Yanit
se subieron a la carroza por la parte de atrás. Al parecer, aquel momento del día era hora pico,
ya que docenas de carrozas, gente a caballo y peatones corrientes transitaban la avenida
principal de la ciudad, que pese a ser grande, no podía contener de buena manera el flujo,
generando atascos en el proceso.
—Qué gente tan estúpida pa’ manejar —decía Sam—. Quítense, idiotas, se meten donde
nadie los ha mandado—
Sam vuelve a tomar su collar.
—Miren, si ese estúpido se corriera para un lado, podríamos pasar fácilmente—
Tal como dijo Sam fue lo que ocurrió; la carroza que tenían al frente se movió bruscamente
hacia un lado, generando que golpeara a un jinete en su caballo y causando un susto a los
peatones que había alrededor.
—¡Idiota, fíjese cómo maneja! —le gritaba la gente—.
—Pero es que también es imbécil ese tipo, ¿cómo se va a atravesar así en la calle? —dijo
Sam en tono de reproche—. No entiendo cómo es que le permiten conducir en las calles de
Timitry.
“Esto ya me está preocupando, tres veces ha tomado ese collar y la gente hace algo estúpido.
Tiene que tener algo”, pensó Ark.
—Sam, ¿qué es lo que cargas en el cuello?
—Gracias por preguntar, aquí llevo en este collar la foto de mi familia—
Sam estira su colgante y lo abre ante los ojos de Ark. Dentro de este estaba la foto en blanco
y negro de Sam sujetando a Madelein por la cadera; al lado de ella, Talasha, y abajo de los
tres, Yanit.
—También le hice un colgante a ese colmillo que me diste. No sé para qué funcionará, pero
se ve bien, podría venderlo en alguna joyería—
—¿Me podrías dármelo tantico? Quiero mirar algo—
Sam lo mira con cierta desconfianza, pero accede a dárselo.
Ark lo observa de extremo a extremo. Yuan y Sam tenían los ojos fijos en él. El colmillo era
igual que siempre, era de color morado y cuando le agregabas poder, su intensidad
aumentaba. No tenía nada de diferente.
—Sam, ¿podrías parar?—
—¿Por qué lo haría? Ya vamos a salir del tráfico—
Esta vez los ojos de Sam no cambiaron a ese color morado como lo hicieron los demás.
«Debe de ser mi imaginación. Sam efectivamente tiene una habilidad para convencer a la
gente».
—Toma, no tiene nada de especial, solo es una cosa bonita y nada más—
Sam lo toma, mirando con cierta sorpresa.
—Ok…—
Nadie entendió lo que acababa de suceder. Ark quedó como un tonto en esa carroza. Es que
también, ¿cómo se le ocurre hacer tremenda impertinencia? Parece estúpido.
Cuando el alba empezó a esconderse detrás de las montañas, Timitry comenzó a iluminarse.
No fue de golpe, sino paulatinamente, encendiéndose primero el centro y luego
expandiéndose por toda la ciudad.
—Vaya, qué hermoso —dijo Yuan—.
—Después de vivir aquí tantos años, te va a doler la vista por las luces—
A decir verdad, Sam tenía razón. De cierta manera, la cantidad excesiva de luces molestaba la
vista, pero para las personas que apenas llegaban, esto era un espectáculo inigualable.
—¿Cómo lograron hacer esto? —preguntó Ark—.
—Unas hermanas inventaron algo que ellas llamaron “electricidad”. Todo lo que ves es un
mecanismo diseñado por ellas—
—Ya veo —dijo Yuan—.
Un rato después llegaron a la casa. Fue un día un tanto bueno; se logró vender la mercancía
que Sam trajo y su esposa lo perdonó. Ahora solo faltaba su hija, la cual llegó unos
momentos después de que ellos arribaran.
—Hola, Talasha, ¿cómo estás? —dijo amablemente Sam—.
Talasha lo ignoró por completo y entró a la casa sin voltearlo a ver. Decir que Sam no se puso
triste sería una mentira; su rostro había cambiado como si hubiera recibido una puñalada en el
corazón.
—Tranquilo, amor, ella te perdonará en unos días, ya sabes cómo se pone—
Madelein acarició el hombro de Sam para que se tranquilizara, logrando un efecto
instantáneo.
Todos entraron a la casa, excepto Sam, que fue a dejar la carroza en su lugar. Madelein entró
a su cuarto y salió vestida como había estado el otro día. Luego, ella se puso a cocinar; al
rato, Talasha se le unió. Ark y Yuan, sin saber qué hacer, se sentaron en el sofá esperando la
comida.
—Bueno, ya es momento de que aclaremos las cosas —dijo Sam entrando a la casa—.
Talasha, lamento lo que dije ayer, pero también espero un perdón tuyo por decirme que ya no
me ves como padre—
Talasha apretó los dientes conteniendo la rabia, mas no le habló.
—Te estoy hablando, hija, ten la decencia de contestarme—
—¡Qué decencia voy a tenerle a un monstruo como tú! —gritó Talasha—. Nos insultaste de
todas las formas posibles, nos rebajaste a mujeres que venden su cuerpo, ¿y quieres que yo te
pida perdón? Eres un sinvergüenza.
—Por favor, hija, soy tu padre y me arrepiento de lo que te dije anoche—
—Tú no eres mi padre, eres solo una persona con la que comparto la misma sangre—
El dolor en el rostro de Sam se veía a la distancia; casi se podía decir que quería llorar.
—Hija, no me digas eso, yo te amo y estoy arrepentido de lo que te dije—
—Siempre dices lo mismo y siempre todo acaba igual. Tú no estás arrepentido, solo te
remuerde el interior—
Las últimas palabras las lanzó hacia Sam como si fueran dardos cubiertos de veneno.
—Perdóname no por mí, sino para seguir manteniendo unida a esta familia que llevo siempre
conmigo—
Sam toma su collar y, como siempre, también el colmillo.
—Por favor, hija, no quiero que nadie más sufra por lo que hago y digo, solo quiero que tú
me perdones—
Los ojos de Talasha le suceden lo mismo que a los otros y, entre lágrimas, va y abraza a su
padre.
—Está bien, papá, te perdono—
Una escena muy conmovedora entre un padre y una hija, pero por increíble que suene, fue la
madre quien la interrumpió con palabras aún más dolorosas.
—No te dejes convencer de ese rufián, hija, te va a hacer volver a sufrir—
“¿Pero qué está pasando? ¿Por qué Madelein se pone tan repentinamente en contra de lo que
sucede, si hace un instante era ella la que lo estaba apoyando?”
—Mamá, tienes que perdonarlo, él solo hizo eso por despecho, entiéndelo—
—Aquí sucede algo raro—
Todos los presentes voltean a mirar a Ark, que se levanta y camina hacia Sam.
—¿Qué haces? —pregunta Sam—. Espera—
Ark le quita el collar.
—Madelein, tírate al suelo y mira boca arriba—
Ark empieza a sobar el colmillo con su mano derecha.
Los ojos de Madelein cambian de color a morado y luego vuelven a su color normal.
—No entiendo por qué debería hacerlo, pero está bien—
Madelein obedece.
—Mamá, ¿qué estás haciendo?—
Talasha es ignorada por completo.
—Tú, Talasha, suelta a tu padre y abraza a Yuan con amor—
Instantáneamente, Talasha obedece y se abalanza a los brazos de Yuan con total desespero.
—Hace rato que quería hacer esto —dijo Talasha a Yuan, que se encontraba confundido—.
—Bueno, está bien, pero apártate un poco—
—No lo voy a hacer, solo quiero estar en tus brazos—
“Carajo, con que este es el poder que esta cosa tenía. ¿Cómo no lo vi antes?”
Sam se encontraba totalmente sorprendido por lo que acababa de pasar.
—¿Qué está pasando?—
—Olvídate de todo lo que viste esta noche. Lo mismo va para ustedes tres, vuelvan a sus
vidas normales—
Todo volvió a su normalidad. Talasha, que estaba abrazando a Yuan con todas sus fuerzas,
reaccionó de golpe.
—¿Qué me estás haciendo?—
Talasha se aleja rápidamente de Yuan.
—Ya, mija, deja de estar coqueteando con los trabajadores de tu padre y ven a ayudarme a
cocinar—
Talasha obedece un poco confundida. Cuando pasa al lado de su padre, lo ve por un momento
y luego mueve su cabeza en dirección a la cocina mientras decía un “hmph”.
Sam siente la hostilidad de ella y se aleja, no sin antes quitarle el colmillo de las manos a
Ark.
—Eso es mío, ¿quién te dio permiso de tenerlo?—
—Perdóneme, señor Sam, es que se le cayó y solo quería devolverlo—
Ark mueve sus manos de lado a lado para que vean que no había hecho nada malo. Después
de eso, se sienta al lado de Yuan, que lo estaba mirando con impaciencia.
—¿Qué acaba de suceder? —pregunta Yuan con ansiedad—.
—Creo que ese colmillo es capaz de manipular a las personas, pero todavía no sé muy bien
cómo funciona. Mañana tendremos que recuperarlo a como dé lugar—
La cara de sorpresa de Yuan lo dice todo, pero con un simple suspiro dio vuelta a la página.
El ya tenía años de experiencia en entender los arrebatos de su amigo.
—Entiendo—
Y así concluyó la segunda noche de Ark y Yuan en Timitry.
***
La mañana llegó y sucedió lo mismo: pequeñas líneas de luz entraron a través de la persiana,
pero esta vez no despertaron a nadie, porque no había ninguna persona durmiendo en la cama
improvisada que Madelein armó en la sala.
Ark y Yuan habían entrado sigilosamente en la habitación de Sam, que estaba durmiendo solo
porque, al parecer, su mujer no lo había perdonado del todo, tampoco su hija. Yuan fue el
encargado de quitarle el colmillo de tigre, el cual se encontraba en el pecho desnudo del
hombre.
—Ya casi llego —decía Yuan estirándose lo más que podía—. Pero qué abdominales tiene
este tipo—
Yuan había tirado a un lado las sábanas que cubrían a Sam, mostrando su increíble
musculatura a pesar de ser un hombre un poco viejo.
—Lo tengo —agarra el colmillo y lo arranca del colgante—
Yuan sale sigilosamente de la habitación con el colmillo en la mano.
—Bueno, ya lo tengo, vámonos del lugar—
—Tienes razón. ¿Nos llevamos los Pascales de oro que le dieron?
—No seas tan malo, Ark, ellos están pasando por una muy mala situación ahora mismo—
—Tienes razón—
Jajajajaja, para ser alguien que el creador confía, todavía le falta mucho para ser considerado
alguien digno, pero así es el todopoderoso, al final de cuentas el mira el corazón y sabe
reconocer el potencial de cualquier persona. Continuemos.
Cuando estaban a punto de salir de la casa, una dulce voz los detiene.
—Esperen—
Era Talasha, que apenas se había levantado.
—¿Se van a ir tan pronto? ¿Dónde les dijo mi padre que se dirigieran? Y por lo que veo, los
mandó sin desayunar. Déjenme les preparo algo de comer y los acompaño, tengo que llegar
temprano a mi trabajo en el hospital— Bosteza.
Su voz era amable, suficiente para convencerlos a ambos de aceptar su ofrecimiento
culinario. Ella les preparó un caldito de costilla para que les diera fuerza en el día laboral, o
bueno, eso fue lo que dijo. Estaba extremadamente rico; Ark y Yuan se comieron ese plato
como si estuvieran aguantando hambre por días.
—Está delicioso, señorita —dijo Ark alabando su sopa—
—No es nada, mi madre es muy buena cocinera y me enseñó todo lo que ella sabe, a ella
deberían de agradecerle de criar a tremenda hija—
Talasha se puso en esa típica pose de una chica sacando pecho, sintiéndose orgullosa por lo
que había hecho. Ella era linda pese a no tener muy buenos genes… no era como otras
mujeres, pero tenía cierto encanto. No era tan alta, apenas alcanzaba los 1.70; tampoco tenía
muchas curvas, no tenía el vientre plano, era cachetudita con un lindo rostro. Tenía muslos,
eso sí, además de un buen trasero redondo.
Eres muy detallista como para juzgar ¿no escritor? Nadie les está preguntando. A todo
hombre que le preguntes te dará un buen detalle de una mujer, claro está si el hombre tiene
confianza a sus alrededores. Ustedes no me van a ver describiendo a una mujer de esta forma
frente a personas, o bueno, prácticamente es lo que estoy haciendo. Me pregunto quién leerá
esta historia jajaja.
Aquella conversación también despertó a Madelein, que estaba con los ojos somnolientos.
—¿Qué pasa, Talasha? ¿Alguien se metió a la casa? —preguntó Madelein con un retraso a la
hora de hablar—
—No pasa nada, mami, solo los trabajadores de mi papá que ya se iban a ir—
—¿Tan temprano? Creí que se quedarían hasta que Sam se levantara, digo, él es el que les
dice qué hacer, ¿no?—
—Bueno… —tartamudeó Ark—
—Simplemente queríamos conocer la ciudad —dijo Yuan ayudando—
—Ah, si es eso, no se preocupen, créanme que Sam tiene que recorrer toda la ciudad
entregando mercancía, no se desesperen—
Sam es despertado por la conversación que se estaba formando en la cocina y sale a mirar qué
está sucediendo. Da un gran bostezo mientras se estira y pregunta:
—¿Qué está pasando aquí?—
—No es nada —Madelein le responde hostilmente—
—Espera un momento, ¿acaso ese no es el colmillo que me dieron? ¿Por qué lo tienen?—
—Eh…—
Ark y Yuan tartamudean sin poder decir nada. En ese instante sale de su habitación Yanit,
corriendo hacia la cocina.
—Deténganse justo ahí—
Yuan toca el colmillo y tanto Madelein como Talasha y Yanit se detienen en sus lugares. El
problema era que Sam no había obedecido la orden, debido a que Yanit, al correr, se acercó
más al colmillo que Sam.
—¿Qué está sucediendo? —pregunta Sam confundido—
—No a ellas, a él—
Sam no obedece mientras las otras dos están completamente paralizadas en su lugar.
—Déjame intentarlo—
Ark agarra el colmillo.
—Sam, quédate quieto—
Tampoco funciona.
—Qué extraño, ¿cómo funcionará esto?—
Sam todavía no entiende lo que está pasando.
—¿Qué le hicieron a mi esposa e hijas? —pregunta aterrado—
—La verdad no sé, simplemente obedecieron de golpe —dice Ark intentando tranquilizarlo—
—¿Qué es lo que quieren? Les daré dinero, pero dejen a mi familia como estaba—
—Tranquilo, no queremos nada, jefe. Es que simplemente no sabes cómo hacer que nos
desobedezcan. No se preocupe, no queremos que nos hagan caso—
Cuando Ark dijo estas últimas palabras, la familia de Sam volvió a la normalidad de golpe,
confundiendo de gran manera a los que habían presenciado su quietud como estatuas.
“Ya entiendo, también tengo que darles la orden de que me dejen de obedecer y lo harán al
instante”, pensó Ark.
—Sam, quédate quieto—
Pero cuando fue a sobar el colmillo, este se apagó de golpe.
“¿Pero qué? ¿Necesita enfriarse o esperar un momento para volverlo a utilizar? Qué
estupidez”
Yuan lo voltea a mirar, claramente pensando en lo mismo que él. Sam era el único que se
había quedado mirando a su familia un poco aterrado, pero después de obtener unas miradas
frívolas por parte de su esposa e hija, voltea a mirar a Ark y Yuan.
—¿Es el colmillo lo que hace eso, no? ¡Devuélvanmelo!—
—Está bien, pero todavía no sabemos cómo funciona eso—
Ark le brinda el colmillo a Sam. Yuan lo mira con desaprobación. Es más, hasta parecía que
estaba a punto de embestir, pero se quedó quieto. Debía de confiar en su amigo.
“Otra vez Ark con sus tontadas. ¿Cómo piensas dejarle tal arma a Sam? La puede utilizar
para matarnos”, fue lo que pensó.
Sam arrebata con fuerza el colmillo de las manos de Ark y lo mira con una codicia que solo
se le ve a los adictos cuando reciben la cosa que les causa tal ansiedad. Repentinamente, Sam
estira la mano con el colmillo en ella, apuntando hacia Ark.
—Dime todo lo que sepas de esta cosa—
Ark tiene una sonrisa en su rostro.
—Tranquilo, hombre, no puedes utilizarlo de golpe, debes de esperar a que vuelva a
funcionar—
Yuan mira atentamente a Sam, listo para hacer cualquier movimiento en defensa de su amigo.
—¡Sé que mientes! ¡Dímelo ahora! —grita Sam—
—No va a…—
En ese instante, el colmillo vuelve a su tono morado original, brilla un poco y los ojos de Ark
cambian a ese color y luego a su color original. Yuan sabe lo que acaba de pasar: su amigo ya
estaba siendo controlado por Sam, así que desenvaina su mazo y arremete con fuerza hacia él,
pero no fue lo suficientemente rápido.
—¡Quédate quieto! —grita Sam, dejando a Yuan completamente inmóvil—
Su familia se encontraba detrás de la cocina gritando por el repentino ataque de Yuan. Sus
dos hijas estaban abrazando con fuerza a su madre, y esta las sujetaba para que no se alejaran.
—Todo está bien, mis amores, regresen a sus cuartos y alístense para trabajar, papá tiene todo
bajo control—
Su familia obedece.
—Siéntense en el sofá —dijo secamente—
Los dos obedecen.
—Díganme, ¿cómo funciona esto?—
—Es muy sencillo —contesta Ark—. Por lo que vi en lo que sucedió ayer y esta mañana,
solo es posible controlar a tres personas al mismo tiempo con ese colmillo. Lo que se debe
hacer para lograr este fin es seleccionar a las personas que quieras dominar y tocar el
colmillo. Si no se dice a quién se quiere controlar, el colmillo actuará sobre la persona más
cercana que tenga. Una vez teniendo control sobre las personas, les puedes decir qué hacer y
obedecerán sin más. Además, si se quiere dejar de manipular a esas personas, lo único que
debes hacer es decir que ya no quieres manipularlas más. Después de eso, creo que el
colmillo entra en modo reposo antes de poder controlar a otras personas—
Sam escuchaba atentamente lo que Ark le estaba diciendo. Detrás de él estaba su esposa y sus
hijas observando sin que se diera cuenta.
—¿Cómo obtuvieron esto?
Esta vez habló Yuan.
—Matamos a unos tigres que estaban en el camino de Zetex y Rimbrin.
La curiosidad inundó el rostro de Sam.
—Tigres en plural… ¿acaso hay más colmillos como estos?
—Claro que había, pero nos encargamos de destruirlos todos; solo nos quedamos con uno
para venderlo en apuros.
—Ya veo… es decir que este es el único que queda en todo el reino, ¿no es así?
—Exactamente, o bueno eso pensamos, quien sabe si habrán más de estos regados en el
reino, aunque no sabemos como llegar a ellos —responde Ark.
Sam empezó a alegrarse de golpe; era como si hubiera descubierto un cofre lleno de oro, un
tesoro en medio de un desierto, un diamante en una mina, etc.
—¡Dios mío! Es decir que puedo controlar a la gente que yo quiera, eso suena genial. Esto
debe de ser algo muy valioso, podría incluso volverme un hombre importante si llego a
manipular al Rey… Sí, eso haré y también mataré a ese maldito gobernador. Me vengaré y
tomaré el control de lo que una vez me perteneció.
Ya se había corrompido. Qué rápido se corrompe el humano cuando posee un poder que lo
pone en la cima de la pirámide social.
—Yo, Sam Beatriz Ocampo, dominaré toda la provincia de Timitry.
Un timbre en la puerta lo sacó de sus pensamientos. Con irritación, abrió la puerta. Al frente
de él había un jovencito caulquiera.
—¿Qué quieres? —preguntó enojado Sam.
—Disculpe, señor, las señoritas Güitrago quieren que les entregue la mercancía que le
encargaron de Rimbrin.
—Ah, esas chicas, se me había olvidado por completo su encargo. Diles que esta noche voy a
llevarles lo que me pidieron.
El chico cargaba con un bolso de mano deportivo del que estaba inspeccionando algo,
ignorando por un instante a Sam.
—Si viene esta noche, quiero decirle que ellas probablemente estén organizando una fiesta en
una de sus casas; no sé cuál de todas es.
—Esas estúpidas siempre de fiestas.
—Hey, no hable así de ellas, son unas damiselas que merecen respeto —el chico puso sus
brazos cruzados mientras decía esto—.
—Veo que ya te embobaron a ti también. Ya lárgate de aquí.
Después de eso, Sam entra de nuevo en la casa. En una de las entradas de las habitaciones
estaba su esposa e hijas mirándolo con cierto miedo; cuando las vio, ellas se metieron en el
cuarto.
—Ark hizo que mi hija me pudiera perdonar con esto —Sam asiente—. Tendré que dejar a un
lado mis pensamientos egoístas y será mejor que por ahora mantenga esta familia unida.
Y con estas palabras, Sam se dirige hacia la habitación para controlar a su esposa y dos hijas.
—Ah, cierto, debo hacer que dejen de obedecer. A ver qué les digo… mmm, ya sé —Sam
mira y estira su mano mientras sujeta el colmillo hacia Ark y Yuan—. Quédense dormidos y
olviden todo lo que sucedió esta mañana después del desayuno. Después de eso, dejen de
obedecerme.
Al decir esto, se asegura de que Ark y Yuan se queden dormidos, para poder entrar a la
habitación donde estaba su familia sin ser interrumpido o golpeado por estos. Al cabo de un
rato, su esposa e hijas salen como si nada y siguen con sus vidas normales, pero esta vez con
un fuerte amor hacia su padre y esposo. Sam las observó salir con una sonrisa en el rostro,
satisfecho de lo que había logrado. Seguidamente, miró hacia el colchón, donde yacían
durmiendo sus dos víctimas, por así decirlo.
Los dejó descansar hasta el mediodía, pues necesitaba dejar sus pensamientos en orden tras lo
sucedido; saber qué hacer y cómo hacerlo era necesario si querías que tus planes funcionaran.
A esos de las doce los despierta
—Levántense, flojos, es momento de que me ayuden en algo —dijo Sam pateando a
ambos—.
Los dos se levantaron con cara de sueño.
—¿Eh? —dijo Ark.
—Como lo escucharon, necesito que me ayuden a cargar unas cosas para irlas a dejar.
Sin más que hacer, obedecen y salen de la casa.
—Espérenme aquí mientras traigo la carroza.
Ambos se quedaron un poco confundidos; además de un cansancio sin precedente, también
tenían la duda de lo que había pasado después del desayuno.
—Oye, Yuan, cuando nosotros comimos, teníamos el colmillo en nuestras manos, ¿verdad?
—Sí, yo me acuerdo de eso, pero ¿por qué acabamos dormidos nuevamente? Además, ni
siquiera estaba el colmillo con nosotros.
—Algo me dice que el tipo lo utilizó contra nosotros y nos hizo olvidar lo que había
sucedido.
—Puede que tengas razón; eso deja en claro que tú no debes poseer el colmillo, te lo quitaron
y ni recuerdas cómo —Yuan habla de forma burlona—.
—Hey, ni siquiera sabemos qué sucedió; qué tal que te hayan atacado a ti y por salvarte tuve
que entregarlo —contestó para defenderse—.
—Sí, cómo no.
Sam ya había regresado con la carroza.
—Carguen esas ropas que hay al fondo del almacén; además, tomen esas cajas, pero tengan
cuidado: ahí hay unos minerales un poco frágiles. Si las dejan caer, se dañarán y me harán
perder muchos Pascales.
Las cajas no pesaban mucho, lo complicado era subir toda la ropa que estaba metida en unos
costales, estas pesaban demasiado y tuvieron que esforzarse más de la cuenta. Cuando
acabaron, se subieron a la carroza al lado de Sam.
—Vayan atrás, necesito que mantengan las cajas estables para que no se dañen.
Ark y Yuan asienten con algo de sospecha en sus rostros; ellos sabían que algo no cuadraba y
esta petición empujaba más esa idea.
—Sam no quiere tenernos tan cerca como para que pudiéramos quitarle el colmillo, eso está
claro —dijo Ark cuando se estaban subiendo en la parte de atrás—. La pregunta es: ¿por qué?
—Algo sí tuvo que haber pasado. Nosotros no somos tan estúpidos como para dormirnos
teniendo algo que hacer.
La carroza empieza a moverse, agitando un poco el lugar. Algunas cajas sí se movieron por el
cambio de velocidad.
—Si te fijaste que ya no carga el colmillo en el cuello, quién sabe dónde lo tenga guardado.
—Tienes razón, debemos tener cuidado con él de ahora en adelante.
Una hora después, llegaron a una especie de tienda de ropa, pero de muy buena calidad.
Dentro de ella había vestidos que solo la nobleza o los ricos podían costearse.
—Amigo Sam.
Un hombre con una bufanda de plumas color púrpura y un traje azul sale a su encuentro;
tenía los brazos estirados para recibirlo.
—¿Cómo estás, Loley? Es un gusto verte.
Sam se baja de la carroza y lo recibe con un beso en el cachete, mientras Ark y Yuan los ven
a través de las sábanas de la carroza.
—¿Quiénes son tus amigos?
Loley los voltea a mirar lleno de curiosidad.
—Son mis trabajadores, los contraté en Rimbrin para que me ayudaran.
—Qué bueno, así ya no te esfuerzas tanto al momento de descargar lo que te he pedido. Ven,
pasa.
Loley saca de su traje una boquilla de la cual empieza a fumar.
—También invita a tus amigos —dijo mientras se dirigía hacia la tienda, dando la espalda a
Ark, Yuan y Sam—.
—Ya lo oyeron, vengan y, de paso, traigan todas las prendas de ropa que puedan.
El interior de la tienda era elegante y refinado. Prendas de ropa exclusiva colgaban en los
estantes, mientras que otras estaban puestas en maniquíes detrás de la ventana que daba hacia
la calle. Mujeres vestidas de sirvienta daban una limpieza rigurosa a la ropa para mantenerla
en buen estado; algunas incluso les echaban perfumes.
—Taichí, no quiero que nadie nos interrumpa —le dijo Loley a un hombre alto y musculoso
vestido con un traje negro—.
—Como usted diga, señor.
El hombre asiente y mira hacia abajo.
Los cuatro entraron en la habitación. Aquel sitio también era elegante, pero un tanto peculiar;
había alrededor de diez maniquíes vestidos alrededor del lugar. Cada uno miraba hacia el
escritorio de Loley con una postura diferente; era un tanto aterrador.
—Deja la ropa aquí —Loley golpea con el dedo índice su escritorio, para luego sentarse
detrás de este—.
Ark y Yuan sueltan la ropa donde se les indicó, pero esta no era tan elegante como la que
mostraban en la tienda, lo cual era un poco extraño. Después de que la ropa yacía en el
escritorio, Sam se acerca con un cuchillo y la rasga; de ella empieza a salir un polvo blanco.
Después hace lo mismo con todas las que Ark y Yuan habían podido cargar.
—Nieve blanca de la provincia Real, tal como usted la pidió —dijo Sam.
Una sonrisa se dibuja en el rostro de Loley; acto seguido, toca el polvo con sus dedos y lo
prueba con la boca, no con la nariz… todavía no.
—Amigo, tú siempre sorprendiéndome. Esto sí que está bueno, aunque el empaque donde la
trajiste sí es decepcionante —dijo Loley haciendo referencia a la ropa—.
—Bueno, es que si lo traía con ropa de marca como la tuya, me la hubiera revisado el
ejército; ya sabes cómo son de desconfiados cuando alguien no rico tiene esas cosas, piensan
que se las están robando.
—Tú eres el experto en esto, no yo — Loley hace una pausa mientras vuelve a probar aquel
polvo— y para el próximo trabajo podrías traerme… ya sabes, algo muy alocado.
—Veré qué puedo conseguir.
—Gracias, amigo, tú siempre estás ayudándome en todo. Si necesitas algo, me avisas.
—Bueno, me voy. Le diré a mis muchachos que te traigan toda la ropa que queda aquí;
después de eso, me pagas.
Una hora tardaron en llevar toda la ropa que había. Por algún motivo, Loley dio la orden de
que nadie los podía ayudar y que ellos solos debían transportar toda la ropa.
Algo me dice que es un adicto escondido. Pues claro, debe de mantener una buena imagen
hacia sus trabajadores.
Cuando acabaron, Sam tuvo una charla privada dentro de la oficina de Loley, la cual se
demoró demasiado; tal parecía que nunca iba a salir. Ark estaba recostado en una de las
paredes, completamente aburrido y un poco irritado, mientras que Yuan estaba dormido de
pie, recostado en el mostrador.
—«Entonces estamos ayudando a un contrabandista ¿eh?» Canaly empezó hablar con Ark,
aunque esta la ignoro «Oye, te estoy hablando. Sabes, de todo lo que pensaba que tendría que
pasar contigo, nunca pensé de que nos fuéramos a rebajar tanto»
Canaly estaba de cierta forma enojada con Ark.
—¡Bueno! Es hora de irnos.
Sam abrió de golpe la puerta, generando un estruendo que despertó a Yuan al instante. Ark
suspiró, pues por fin salían del lugar. El rostro de Sam estaba alegre y su cuerpo muy activo;
su nariz estaba más ancha de lo habitual. Sin duda, algo había pasado dentro de la habitación,
pero nadie quiso preguntar lo obvio.
—Nos demoramos mucho en este lugar, así que tendremos que apurarnos para alcanzar a
entregar los demás encargos. Vámonos.
“Este tipo si no, encima de alcohólico, también es blancanievoso”
¿Qué carajos es blancanievoso? deberán de estarse preguntando. Simple, una forma sutil de
que es adicto a las sustancias psicoactivas, solo que con el toque épico y refinado de Edge OfThe Divine Darkness.
***
Un rato después se encontraron atascados en la avenida principal de la ciudad. La hora pico
los había alcanzado y ahora debían afrontar su retraso.
—Muévanse, par de imbéciles, ¿no ven que es momento de que avancemos? Carajo, esa
caravana va para Ornir; lo peor es que va llena y sus caballos son lentos —Sam escupe su
saliva a la calle—.
El día estaba llegando a su fin; el alba ya se estaba escondiendo detrás de las montañas y una
brisa llegaba a la avenida. El ruido de la gente y los caballos era abrumador; ni siquiera en
Rimbrin había tanto caos como aquí, porque no solo eran carrozas ni gente a caballo los que
estaban en la avenida, también había personas caminando a pie junto a los vehículos.
—Ya están avanzando.
Sam sujeta las cuerdas del caballo y hace que avance.
—¡Fíjese, idiota! Casi me atropella —gritó una señora con bolsas de comida en sus manos—.
—¿Por qué se mete, vieja hijuep…? —le gritó Sam, pues le impedía avanzar—.
Enojado, suelta las cuerdas y se pone a esperar de nuevo.
Una hora estuvieron atrapados en el tráfico, hasta que por fin Sam sale de la avenida por una
calle un poco más hermosa que las demás; habían llegado, al parecer, a un lugar donde vivían
los ricos.
—Ya casi llegamos —dijo Sam—. El lugar donde nos dirigimos es un sitio donde nuestras
clientas suelen hacer sus fiestas; es un terreno muy movido, así que tengan eso en cuenta para
cuando vayan a transportar las cajas. Oigan, a propósito, ¡¿por qué ustedes no están atrás
manteniendo las cajas en su lugar?! —les gritó Sam—.
—Perdón, se nos olvidó.
—Muévanse de una maldita vez.
Ark y Yuan entran al lugar de carga de la carroza.
Caray, pero qué fiestas las que se armaban en este lugar. La casa brillaba incluso más que la
calle; estaba rodeada de esas cuerdas con luces por todos lados, incluso había unos reflectores
que disparaban luces de colores hacia arriba. El lugar donde estaban parecía una mansión;
eran dos pisos, el ancho era de unas diez casas convencionales o un poco más. Estaba pintada
de un amarillo que combinaba con las vigas de la mansión, que estaban hechas de oro puro.
En los alrededores de este lugar había figuras de dos mujeres hechas en hojas; cada una
contaba con collares de rosas o coronas. Cada piso contaba con una altura de cinco metros,
además de que todo estaba enmallado. Abarcaba un gran pedazo de tierra ubicado en los
límites urbanos de la ciudad, porque detrás de ella no había nada más.
—¿Será que nos puede dejar pasar, mi estimado señor? —dijo Sam al portero que estaba en el
portón de al frente—.
—Mi señor, no puedo permitirle el paso sin una invitación pendiente.
El portero vestía con un fino esmoquin que, sin rodeos, podría valer una casa.
—Además, usted ni siquiera cuenta con un traje apropiado para entrar; por estos motivos no
lo dejaré entrar.
—Soy muy amigo de las señoritas que organizan este evento; ellas con total anhelo me
dejarían pasar.
—Todos aquí son amigos de las señoritas Rebeca y Yunit, y sé que a todos les abrirán con
anhelo; sin embargo, sé que usted ni siquiera alcanzaría el rango de esclavo para ellas, así que
por favor retírese.
Sam avanza un poco más en la carroza y da la vuelta en una de las calles.
—¿Qué pasó? ¿Aquella de luego no es la casa? Brilla mucho y parece que hay una fiesta ahí
—dice Ark, asomando la cabeza por las sábanas de adelante—.
—Tenemos un problema; el tipo que permite la entrada al lugar no nos deja pasar. ¿Alguna
sugerencia?
—Podemos matarlo —dijo Yuan, uniéndose a la conversación—.
—Buena idea, pero tendríamos problemas con mis clientas, así que no. ¿Otra?
Hubo un silencio mientras pensaban.
—¿Golpearlo hasta que se desmaye? —dijo Ark—.
—Mmm, sí y no. No quiero causar tantos problemas cuando descubran que fuimos nosotros.
¿Saben qué? Yo me encargo.
Volvieron donde el portero, que al verlos nuevamente discute con ellos, reclamando que se
alejaran o, si no, llamaría a los soldados. Sam permaneció tranquilo, sacó el colmillo de su
bolsillo y lo apuntó hacia él.
—Déjanos pasar —le ordenó—.
—Con mucho gusto, señor. Disculpe las molestias —el portero abrió el portón—.
Ja ja, qué buen juego de palabras, ¿no? El portero abrió el portón, ¿eh? No… okey,
continuemos.
Esto era una fiesta de otra categoría. Cientos de personas estaban bailando con vino y
cervezas en sus manos, pero no eran cualquier bebida alcohólica; eran las mejores que podías
encontrar en el reino. Las mujeres vestían como era la costumbre en Timitry, mostrando lo
más posible su feminidad sin importar su dignidad; una que otra se rescataba, cubriéndose un
poco más el cuerpo con un traje que mostraba sus curvas. La multitud no solo se aglomeraba
en la entrada, sino que por todos lados había gente. Con esfuerzo, Ark y Yuan cargaban cada
uno una caja, abriéndose paso entre la multitud.
Sam empieza a hablar con las personas en la fiesta.
—¿Saben dónde están las Hermanas Güitrago? —les preguntaba a cada uno, sin que nadie les
diera razón, hasta que un muchacho un tanto joven, pero bien vestido, le dice lo que quiere
oír—.
—Las señoritas están en el segundo piso, encerradas en una habitación.
—Muchas gracias.
Ambos tuvieron que hablar gritando, pues el sonido de la música y de la gente hablando era
muy grande.
Subieron al segundo piso por unas escaleras ubicadas en el comedor, algo raro, puesto que
por lo general estas escaleras están en la entrada de las mansiones. El segundo piso estaba
igual que el anterior: muchas personas tomando y bailando; eso sí, en algunas habitaciones
había parejas dándose amor.
La cara de estas parejas cuando Sam irrumpía en la habitación no tiene precio; la vergüenza
de las chicas y el enojo de los chicos, en todas las situaciones, daban risa, pero lo más
gracioso y algo preocupante, es que algunas parejas incluso les pedían que se quedaran a
observarlos.
«¿Pero qué les pasa a las personas de Timitry? Cuando yo estaba con ellos no se portaban
tan grotescamente» Se veía el rostro de sorpresa y vergüenza en Canaly
—¿Tu de qué hablas? Si tu forma de hablar fácilmente puede ser comparado con estas
mujeres— Dice Ark
«Ay qué grosero. Hmph. Lo hago porque te amo, y si no te gusta pues enojate, porque yo
seguiré coqueteando solo contigo, además alejaré a cualquier mujer indigna que se te
acerque. ¿Me oíste?» La espada se calienta y quema a Ark. «Y no soy una cualquiera como
ellas»
—¡Auh!—
—¿Pasa algo Ark? Te escuche hablando con alguien— Dice Yuan—
—No es nada, solo hablaba con una dulce chica, pero esta se enojo conmigo— Ark con su
codo golpea la funda donde está la espada.
Yuan asiente.
«¡Ay! Me quedaré con lo de dulce princesa, pero sigo enojada»
Había una habitación diferente a las demás: la puerta que daba hacia esta era más ancha y
grande, hecha de roble con delineados dorados. En el centro de esta estaban dibujadas dos
sirenas tetonas, acostadas boca abajo en una roca, haciendo con sus caras algo un poco
peculiar; los ojos de las sirenas miraban hacia arriba mientras sacaban la lengua.
Sam, aprendiendo de lo que había pasado cuando entraba a las habitaciones de esta mansión,
así que primero toca la puerta sin recibir respuesta alguna. Vuelve a tocar y esta vez se
escuchan unos pasos.
—¿Qué quieren?
Pregunta una hermosa chica, abriendo la puerta.
Thoughts
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PermalinkPasé mis cuarenta páginas hace rato. Este tipo sabe escribir. Qué va a pasar ahora que Ark descubrió lo del colmillo?
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PermalinkSam está enfermo 😅 controlar a la gente así debe ser lo peor
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PermalinkLeí los dos capítulos porque no podía parar. Esa cosa del colmillo te atrapa. Mañana a las once me siento y sigo pero mañana nomas.
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PermalinkJajaja el momento con Loley metiendo la sustancia blanca fue tan obvio pero igual me sacudió. Este tipo está metido en todo.
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PermalinkPobre Talasha, rechazando a su padre así. ¿Crees que de verdad lo va a perdonar o solo obedece por culpa del colmillo?
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Permalink¿Qué pasó exactamente cuando Ark tocó el colmillo? Desperté a uno de mis hijos para releerlo y aún no entiendo bien cómo funciona ese poder.