¿Todo eso pasó de verdad o es lo que ellos dicen que pasó? Porque hay un montón de blood and guts acá y a veces eso es para esconder algo.
CAPÍTULO 5: MISERICORDIA POR AMOR
«Vaya, sí que acabaste rápido esta batalla. ¿Serás igual en la cama?» —Para ser un arma santa, sí que eres muy candente... «¿Y qué mal dije? Te volviste conmigo uno en cuerpo y alma cuando tomaste…
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¿Todo eso pasó de verdad o es lo que ellos dicen que pasó? Porque hay un montón de blood and guts acá y a veces eso es para esconder algo.
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«Vaya, sí que acabaste rápido esta batalla. ¿Serás igual en la cama?» —Para ser un arma santa, sí que eres muy candente... «¿Y qué mal dije? Te volviste conmigo uno en cuerpo y alma cuando tomaste la espada. ¿Luego no es lo mismo cuando una persona tiene sexo?» —Tch… La tranquilidad de un combate terminado fue interrumpida por el sonido del metal. Ante sus ojos, Merodrak y otro oficial estaban luchando contra Yuan y le estaban ganando; incluso se podía observar la sangre que caía del rostro de Yuan mientras él se mantenía en pie. Ark arremete contra ellos. Primero cayó Merodrak, que estaba canalizando poder para formar un gran hechizo eléctrico; fue atravesado por la espada por la espalda. Yuan aún se mantuvo en duelo contra el oficial, pero no duró mucho: aprovechó un momento en que su rival descubrió su estómago y, con un fuerte puño, le sacó todo el aire. El oficial cayó arrodillado; Yuan se ubicó detrás de este y lo desnucó. Después de eso, cayó al suelo. —Yuan, ¿te encuentras bien? —le dijo Ark, asustado, corriendo para ayudarlo. —Estoy un poco cansado —sus palabras tenían dolor—. Voy a estar bien, solo fue un corte en el pie, encima de que me reventaron la boca, un que creo que me electrocutaron el costado, no siento nada ahí— —Entonces estás bien, estúpido. Vente, ayúdame a liberar a los otros. —Ya voy —responde Yuan desde el suelo—. La batalla no duró casi nada. Los rápidos movimientos de Ark y el Guardia Real se neutralizaron en medio del combate, haciendo que lo único que decidiera la pelea fuera la fuerza bruta y una mentalidad serena, por lo que Ark tuvo las de ganar desde el momento en que la espada se posó entre sus manos. Los demás soldados se encontraban amarrados, con algo de miedo. Lo que había sucedido los agarró por sorpresa y algunos todavía no habían asimilado lo ocurrido. Ark y Yuan procedieron a liberarlos con cierta brusquedad para que reaccionaran a lo que había pasado. —Muchas gracias, no sabe cuánto se lo agradezco —un soldado corre a abrazarlo—. Gracias también a ti —le da la mano a Yuan—. «Sabes, me hacía falta ser elogiada por mi trabajo, no como alguien que ni siquiera es capaz de ponerme atención »la chica divina tenía una sonrisa en su rostro mientras cruzaba los brazos, aplastando sus dos grandes pechos. —Bueno, no es para tanto —contestó Ark—. Después de eso hubo un silencio. Todos los presentes sabían lo que había pasado; vieron con sus propios ojos la barbaridad que puede cometer el ejército con tal de llegar a sus objetivos, por lo que no tenían ni la menor idea de qué hacer. Es más, ni siquiera se podía hallar vida en sus ojos. Claro, estaban alegres porque vivirían un día más, pero ¿de qué te servirá si probablemente serás buscado después de esto? La vida no volvería ser la misma si el ejército se enterara de lo que realmente sucedió aquí. —Será mejor que quememos los colmillos y todo lo que quede del campamento —dijo Yuan—. No creo que sea conveniente dejar rastro de lo que pasó aquí. Todos los demás lo voltearon a mirar. Sus rostros se habían relajado un poco; era muy bueno saber que no eran los únicos subidos en el barco. Compartir el crimen, de alguna manera, baja la culpa y ayuda a que todos colaboren bajo un bien común. —Buena idea, pero no lo quememos todo, solo los colmillos. Así pensarán que los tigres los mataron —dijo Cristopher—. —Por fin piensas algo —le respondió Kareli—. Todos asintieron y empezaron a buscar los colmillos. Estos estaban en la tienda de Sir Toper, la cual era muy lujosa y decorada. Algunos incluso pensaron en tomar algo, pero fueron detenidos por Ark, quien les dijo que el lugar debía parecer un ataque de los tigres, no un robo de bandidos. Todos los colmillos se encontraban reunidos en una caja rectangular de 10 x 20 centímetros. Todos brillaban y resplandecían con fuerza. «¡Uh!, ¿me vas a dar uno, verdad? Se ven tan lindos.» Al arrojar el primer colmillo en la fogata, generó una gran explosión que cubrió de humo el cielo. —Será mejor que lo hagamos despacio —dijo Ark—. Uno a uno quemaron los colmillos, hasta quedar solo uno, el cual Ark guardó en su bolsillo. «Sabía que me dejarías uno para mí, eres tan considerado.» —Ya cállate. «Hmph, qué grosero.» —¿Pasa algo, Ark? —preguntó Yuan—. —No, nada. Yuan lo miro con cierta curiosidad. Pues ahora Ark algunas veces hablaba solo. —¿Ya son todos? —dijo Yuan a la multitud—. —Sí —voltea a mirar a los demás—. Busquen en la tienda del Guardia Real y quédense con lo que les parezca valioso; tómenlo y cada quien por su camino. Todos voltearon a mirar a Ark con enojo. Yuan había desacreditado completamente a Ark, así que las personas creyeron que Ark se quería quedar con todo, pero bueno, que se puede hacer. —Suena bien, así conseguiré algo de dinero y no tendré que verlos nuevamente —dijo Kareli—. Pero… les deseo la mejor suerte a todos. Un momento después, el grupo que Ark comandaba estaba reunido para despedirse. Cada uno, excepto Ark y Yuan, tenía en sus espaldas ropas, pascales y algunos objetos de oro que habían tomado de la tienda del Guardia Real y de algunos otros lugares. —Gracias por todo, amigos —dijo Cristopher—. No sé cómo recompensarles por haber salvado mi vida —se pone a llorar, pero no desconsoladamente, sino que suelta solo algunas lágrimas—. Si necesitan ayuda en algo, avísenme. —Chicos, solo espero que no mueran por estúpidos —las palabras de Kareli sonaban con cierto amor—. —Nosotros ya nos vamos —dijo Ark—. Fue un gusto haberlos conocido. *** Ark y Yuan salieron de aquel lugar con las manos vacías. Atrás solo dejaron destrucción y miseria, algo ya normal en ellos. No se llevaron nada, excepto otro mazo para Yuan. También recuperaron sus túnicas de asesino, la vestimenta que los caracterizaba de los demás. Esta vestimenta las habían recuperado entre los objetos de un oficial, al parecer, a este tipo le encantaba robar la ropa de sus soldados, incluso la de las mujeres…. Gente perversa, supondre. Quién sabe qué atrocidades haría con eso, en fin. Ya era de noche cuando partieron y no se podía observar nada pues la luna ya no estaba en el cielo. Tampoco había sonido, solo el viento los acogía con su cántico sereno. A lo lejos, las luces de la finca y del pueblo, generaban una belleza nocturna ajena a cualquier otro momento. —«Qué rico es sentir el viento de nuevo, pero casi no veo nada, debería de ilum…»— La chica fue callada por Yuan —Oye, Ark, ¿este no es el camino de regreso a Zetex? —«No me interrumpas, amigo de Ark.»— —Sí lo es. —Entonces, ¿por qué vamos rumbo allá? Si volvemos, probablemente nos reconozcan, nos investiguen y descubran lo que hicimos —dijo Yuan, preocupado—. —Seremos cautelosos. —No hay nada que nos obligue a volver, ni siquiera estamos en deuda con Raen y no tenemos ni el menor conocimiento de lo que podamos hacer ahí. Te vuelvo a preguntar, ¿por qué vamos rumbo allá? —En ese pueblo hay alguien que nos podrá ayudar —le muestra el diente de tigre—. —¿En serio te trajiste un diente de esos? — Contestó sorprendido, más no convencido—Peor aún, más fácil nos reconocerán. —Nadie lo hará. Se lo mostraremos a ese señor del cráneo de Varuk y lo venderemos a un buen precio. Piensa, Yuan: mandaron a un Guardia Real a conseguirlos, deben ser importantes y, encima, se nota que deben de tener algo especial. Alégrate, obtendremos algo bueno y ya después nos podemos largar. —¿Qué te hace pensar que no nos entregará? Ark no contesta. En el fondo, sabía que esa situación era muy probable. —El que no arriesga no gana. —«Ojalá te arriesgaras así conmigo, precioso» —la chica se muerde el dedo muy coqueta—. —¡Ya cállate! —Cada día te ves más loco —dijo Yuan—. El cansancio de lo que habían hecho en todo el día los golpeó con fuerza y el frío de la intemperie en las planicies les causó sueño. —Aunque caminemos toda la noche hoy no llegaremos al pueblo— Repuso Ark cansado—Será mejor que descansemos un poco— —Tienes razón, todavía tengo entumecido una parte del cuerpo por ese corrientazo que dieron. Yuan se tira al suelo boca abajo —Buenas noches Ark— Y así de la nada, Yuan se encontraba en el mundo del sueño. Es impresionante lo fácil que es para este tipo dormir en cualquier parte. Ark si necesitaba concentrarse para dormir, debía de acomodarse, acoplarse al suelo y sentir placer en recostarse. Fue por esto mismo que decidió, antes de dormir, hablar con la espada, sonaba loco. Y lo era. Pero lo mataba de curiosidad como un ente encerrado en una espada, podía hablar solo con él. —Oye…. entonces eres un arma ¿no?— Ark se había quitado su vaina y la puso al lado de una roca. Al lado de la vaina estaba la espada. —«Pero qué forma tan extraña de iniciar una conversación»— La chica mueve su cabello hacia un lado haciendo un movimiento con su cabeza. Ella estaba en otro plano, por ende Ark no la podía ver, pero si escuchar. —«Técnicamente no soy un arma, soy una chica angelical que brinda cobertura al portador para que el poder del arma no lo mate, en pocas palabras, soy el filtro del poder del arma»— Ark mira la espada sorprendido, para luego voltear a ver a todos lados. Todavía no podía creer que un arma le estuviera hablando. —«¿Qué te pasa? Pareces estupido.» —Es que creí que me estaba volviendo loco, pero al parecer si es verdad que la espada me habla La chica lo mira con cariño. Sus ojos rebosaban de la ternura de alguien que ve a un niño crecer. —«Solo tú me puedes escuchar o también cualquier ser con el que seas uno en cuerpo y alma. Estoy aferrada a tu corazón, lo cual hace que sienta cariño hacia ti» —Oh entiendo, y ¿Qué pasa si muero? —«Yo seguiré existiendo, hasta que el creador diga que ya es hora de volver a su gloría, pero no te preocupes, mi misión es cuidarte de todo, sea sentimental o físico, aunque claro, no puedo hacer todo por ti, si tu no eres bueno peleando, yo no te daré habilidad, por consiguiente sigues siendo igual de débil en combate, pero fuerte en poder» A Ark se le dibuja una sonrisa en el rostro. —«¿De que te ries? Pareces idiota» —Siempre le pedí al creador una estrella que me siguiera y me protegiera. La chica se sonroja mientras se pone a juguetear con su cabello. —Es cómico que te tuviera que bajarte del cielo para que estuvieras conmigo. ¿Cómo te llamas? —«Soy…. Canaly» Ark inclina su cabeza y le muestra respeto —Un gusto canivis, espero ser digno de ser tu portador— Y así la noche transcurrió. Ark no solo obtuvo un arma, obtuvo un compañero más que lo guiará por el buen camino, o bueno eso se espera de un ángel ¿No? El camino que recorran lo dirá todo. Tranquilo Yuan no te pongas celoso, Ark te ama como un hermano. Y creador…. ¿Para mí cuándo? Digo ya ha pasado tiempo…. ¿Como que todavía falta? nahhhh, bueno tendré que seguir esperando. Algún día, algún día…. *** Llegaron a las afueras de Zetex al siguiente día por la tarde. Así que esperaron a que el sol se ocultara para no ser reconocidos con facilidad. Cuando el sol cayó, entraron encapuchados mirando al suelo. Sus rostros iban a ser reconocidos fácilmente si lo mostraban, pero este reconocimiento no era de gloria por ser soldados, sino por ser la burla del pueblo, pues en las calles de Zetex todavía se recordaba aquel día en que recorrieron todo el lugar estando desnudos. Se dirigieron a la tienda del vendedor donde entraron sin más; el hombre todavía no había cerrado. —Buenas noches, viajeros. ¿Qué se les ofrece? Tengo de todo aquí: navajas, espadas, hachas, pociones… de todo. Ark y Yuan se quitan las capuchas. —Ah, son ustedes. ¿Qué quieren? —Queremos saber cuánto nos puedes dar por esto —le muestra el diente de sable—. —Huy, nunca había visto algo así. ¿Qué es? —preguntó intrigado—. —Unos colmillos brillantes que le arrancamos a un tigre que parecía algo extraño —respondió Yuan—. —Pues se ve algo exótico. Podría darles unos cuantos pascales de plata. ¿Puedo tocarlo? Ark se lo avienta. —Vaya… brilla fuertemente —lo mira y lo toca—. Podría darles incluso un pascal de oro. ¿les interesa? —Suficiente para nosotros —dijo Yuan—. —Pero no lo haré. Les daré sólo cinco pascales de Plata —¿Eh? —dijo Yuan, sorprendido— —No me crean ingenuo. Tengo muchos contactos y sé que ustedes fueron llevados por el ejército a una misión en las praderas y, de la nada, vuelven aquí sin el traje de soldados y con un diente extraño. Mínimo, algo raro pasó por allá. Ark y Yuan quedaron intrigados por la información que este poseía. —¿Nos permites un segundo? —dijo Yuan—. Te dije que esto era una mala idea —le reclama a Ark mientras le dan la espalda a ese sujeto—. —Yo qué iba a saber que este sabía —se excusa—. —Ahora estamos contra la pared. ¿Lo matamos? Ark voltea a mirar al hombre, quien los observa detalladamente. —Está bien —réplica Ark, indignado—. —Trato hecho. Otra cosa, me quedo con el colmillo —el vendedor lo guarda dentro del cajón de su escritorio—. Yuan sale del lugar. Ark, por otra parte, nota que en la mesa hay tres pascales de plata. —Tomaré esto como garantía —dice Ark tomando los pascales—. —¡Hey! No te puedes llevar eso —se para de la silla y estira su mano, listo para utilizar su poder. Unos destellos de algo que al parecer era tierra brota de su mano —. Ark desenvaina su espada y, con total rapidez, apunta hacia su rostro. La espada se prende en llamas de inmediato y todo el lugar se apodera de su poder. —«Vaya, sí que eres violento… me gusta».— Dijo Canaly —Está bien —se sienta en su lugar, resignado y sin poder hacer nada—. Llévatelas. Ark sale de la tienda y, afuera, lo está esperando Yuan, quien lo empuja contra la pared apenas lo ve. —Cada vez estás más pendejo. Te dije que no funcionaría. —Pues no perdimos nada intentándolo —dijo Ark, relajado—. —Sí, cómo no. El caso es dónde pasaremos la noche; no sabemos nada de este pueblo. —Con tres pascales de plata podremos quedarnos en una taberna, o bueno, eso valía en La Hoja Marchita. Aquí los precios pueden ser diferentes. Yuan lo mira con envidia, pues le parece un gran privilegio ser así de relajado como Ark lo es. —Está bien, qué más da. ¿Pero de dónde sacaste los pascales? —Los tomé prestados, por así decirlo. Los dos caminan un poco más adentro del pueblo. Ambos estaban atentos a su alrededor, buscando algún lugar donde pasar la noche. En un lugar específico, vieron cómo decenas de aventureros entran a un local. Después de leer el letrero, se dieron cuenta de que era una taberna, y al parecer una muy concurrida. Con el rostro descubierto, se sentaron en la barra, donde los atendió un señor de unos cuarenta años. Su rostro estaba limpio y bien peinado; su cuerpo era ancho, por lo que se suponía que comía bien. —¿Qué se les ofrece, muchachos? —les preguntó amablemente—. —¿Cuánto por estadía? —contestó Ark—. —Tres pascales de plata la noche, con desayuno incluido. Ark pone las monedas sobre la mesa. —Es un placer servirles. Habitación número cuatro, aquí están las llaves —les pone las llaves en la barra—. Y también tomen esto, se ven muy cansados —les da un vasito de jugo de naranja a cada uno—. —Muchas gracias. Los dos estaban sorprendidos; era muy raro encontrar gente amable en las tabernas. Los dos se relajaron y empezaron a observar el lugar mientras bebían. No era alegre ni bullicioso, más bien era triste y opaco. Solo el ruido de la gente bebiendo llenaba el ambiente: todos ahí eran personas que solo iban a olvidar la pena que el día les causó. Nadie miraba a nadie, todos estaban concentrados en su bebida o en algún punto fijo. —El lugar es triste, ¿no? —dijo el barman—. La gente solo viene a pedir cerveza o whisky, como si eso les fuera a llenar el vacío que poseen. Antes esto era más alegre, la gente hablaba, cantaba —suspira—. Ah, qué buenos tiempos. Ni siquiera tenía esto —se toca la panza—. Ese rey lo arruinó todo —les sirve un poco más de jugo—. Y cuéntenme, ¿de dónde son? —preguntó amable—. Ninguno de los dos respondió. —No me extraña que no hablen, ya nadie habla con el barman ahora. Procuren no hacer mucho ruido; la gente aledaña a su habitación se molestará mucho. Ark y Yuan, al acabar sus bebidas, dejaron los vasos en la barra y fueron hacia el cuarto. Era pequeño, con una cama para una sola persona y una mesita de noche que tenía encima una vela y nada más. —Me pido la cama —dijo Yuan rápidamente, aventándose de cara sobre ella—. —Suena justo. —Lo es. Yuan de inmediato se quedó dormido. —«¿Vas a dormir conmigo? Te estuve esperando muchos años con ansias.» Ark cuelga la funda de su espada en una puntilla de la pared. —«Oye, no me dejes sola aquí, es muy grosero de tu parte. ¿Qué haces? No me pongas esa túnica sudada encima. ¡Ark!» Ark se tira al duro suelo y se queda dormido. Yuan, al rato, le avienta una almohada para que apoye la cabeza en ella, pero no lo despierta; simplemente deja ese suave cojín encima de él. *** Al otro día estaban sentados en una mesa de la taberna esperando el desayuno. La noche había sido muy buena, durmieron cómodamente sin interrupciones, o bueno Yuan si durmió bien. No como Ark que tuvo que aguantar las quejas de Canavy, ya que ella discutía en porque tenía que dormir colgada si podía dormir plácidamente en los brazos de Ark, así que este a lo último, la guardó dentro de la mesita de noche. Una linda muchacha de ojos color morado se les acercó para tomar sus órdenes. —¿Qué van a pedir? Tenemos huevo, pan, queso, caldo de pollo y bizcocho —su tono era amable pero afanoso—. —A mí me da huevo con queso y chocolate —respondió Ark—. —Yo quiero un caldito de pollo —dijo Yuan—. —Ya se los traigo —la muchacha salió hacia la barra. Sus caderas atrapaban la vista de muchos en la taberna—. —«Oye, ¿qué estás mirando?» —dice enojada la chica de la espada—. «Yo también tengo caderas, y mejores que ella. Hmph. Todavía no te perdono lo de anoche, yo solo quería dormir plácidamente junto a ti y ahora miras a cualquier chica que se te ponga al frente. Eres un maleducado» En ese instante entra en la taberna un oficial que los había entrenado en el ejército y se sienta detrás de ellos. —Carajo, son ellos —dijo Yuan—. —Sí, ya los vi. No hagas nada raro y sigue como si nada estuviera pasando. Si no levantamos sospechas, no pasará nada. Los guardias empiezan a hablar. —No sabemos nada de Sir Toper desde que salió. ¿No cree que le pudo haber pasado algo, oficial? —dice un soldado que lo estaba acompañando—. —No lo creo. Sir Toper es un gran luchador; nada de lo que fuera a haber hecho lo podría matar. En cualquier momento sabremos algo de él. Por ahora, preocupémonos de que todo esté en orden cuando regrese. Ya sabes cómo se pone si no ve todo tal cual lo dejó. Agathary—Grito— que queremos algo. La muchacha deja los platos de comida en la mesa de Ark y Yuan. —Ya voy, señor oficial. Ark y Yuan comen sin mirarse el uno al otro. Al acabar, dejan la llave de la habitación encima de la mesa y salen del local. Mucho más relajados, los dos empiezan a caminar por el pueblo. Ya todo había pasado y ahora se encontraban libres… Bueno, más o menos. Cuando se supiera lo que pasó, puede que sospecharan de algo, pero probablemente muriera ahí, habían dejado el campamento intacto y era fácil pensar que los soldados hubieran muerto por el ataque de los tigres. Ellos estarían bien, si es que nadie de los que había sobrevivido metía la pata hablando más de lo que debía. —Menos mal todavía no saben lo que pasó afuera —dice Yuan, más tranquilo—. —Tienes razón, eso nos da un poco más de tiempo, dos días a lo mucho.— Ark se veía relajado— Sabes que, Vamos donde ese señor a presionarlo; si no obtenemos nada, nos largamos del pueblo y le dejamos ese colmillo. No debemos de ser tan avariciosos y es mejor cinco pascales que nada. Ambos caminaron hacia la tienda delcomerciante. Zetex esta vez no se encontraba tan lleno como la primera vez en que llegaron. Ya no había tanto tránsito inundando la carretera, la gente ya no se presionaba para llegar a cualquier lugar. Estaba muy tranquilo, parecía ser incluso un pueblo diferente. Cuando llegaron a su destino, encontraron al hombre subido en una escalera acomodando algunas cosas en un estante. El hombre al verlos siente un desagrado como si hubiera probado heces de animales, al parecer la presencia de esos tipos estaba arruinando algo —Al fin volvieron, chicos —baja de la escalera—. Les tengo buenas noticias: partiremos ahora mismo con una socia mía que va a mirar el colmillo. Le comenté su hallazgo y está dispuesta a comprarles el diente siempre y cuando la lleven a salvo hasta su casa. Así que alístense, porque ya lo vamos a dejar—se pone a empacar algunas cosas en una maleta que tenía a la mano—. "Pero qué suerte tienen estos miserables de aparecer ahora. Ya me iba a largar para quedarme con el colmillo", pensó el tipo mientras alistaba lo que necesitaba. Él no tenía deseos de compartir el colmillo; de hecho, quería largarse sin que ellos lo supieran, pero Ark y Yuan aparecieron de la nada y ahora tenía que encontrar una forma de deshacerse de ellos. Podía entregarlos al ejército, pero obviamente lo harían caer con él. Podía simplemente huir mientras las multitudes de las calles estorbaban el paso y dificulta seguir el ritmo. Sí, simplemente haría eso. Un poco desconcertados, Ark y Yuan lo siguen hacia afuera, donde este se monta en un caballo. —Síganme. La casa de la madame queda en la parte norte de Zetex. Es una casa muy bonita, algo que ustedes nunca tendrán, jajaja. Ark y Yuan caminaron como escoltas detrás de él. Las calles estaban en constante movimiento. Lo que les pareció sumamente extraño, hace un instante no había casi nadie por el pueblo y ahora este estaba estallando en gente Multitudes se aglomeraban y dificultaban el avance de Ark y Yuan en el camino hacia el norte del pueblo. Fue entonces cuando el vendedor intentó escaparse aumentando el paso del caballo. —Hey Yuan, ¿dónde estará este man? —pregunta Ark—. —No sé, no lo veo. Más alejado de la multitud, el vendedor baja el ritmo a su caballo. —Jajaja, qué chicos tan estúpidos —suspira—. —¿Quiénes son estúpidos? —pregunta Ark—. El vendedor se asusta. —Yo, por supuesto. ¿Cómo es posible que los haya perdido? Solo a mí me pasan estas cosas. Ya estamos cerca. "Uy, pero qué difícil es escaparme de estos tipos. ¿Qué hago ahora? A ver, a ver…" Ya en la parte norte se podían observar casas más bonitas, mejor cuidadas, más coloridas y con vida. "Ahora mismo salgo cabalgando rápido de aquí. En cualquier momento se enterarán de que esto es una mentira." De una casa sale una señora vestida muy elegante, con un paraguas rosa para cubrirse del sol. A su lado está su sirvienta, que lleva una regadera para darles agua a las plantas. —¿Es ella, cierto? —pregunta Ark—. —No, no es ella —dice el vendedor rapidamente—. —Deja de mentirnos, ni creas que nos vas a robar —dice Yuan, enojado—. Yuan levanta la mano intentando llamar la atención de la señora. —Baja la mano —le dice el vendedor—. Harás que nos maten. La señora los voltea a ver y se va acercando lentamente. —Ay, no… —el vendedor se baja del caballo y con total elegancia y respeto saluda a la señora—. Madame Miraf, es un gran honor poder saludarla. —Hola, Corul. Tiempo sin verte. ¿Vienes a pagarme lo que me debes? Veo que trajiste a cierta gente —los mira de reojo—. —Señora Miraf, me falta un poco más de tiempo para juntar todo el dinero. No se enoje, en poco tiempo ya estaré aquí con lo que usted desea. La señora Miraf, directora y jefa de la organización de comerciantes que dominaba el noroccidente del reino, dicha organización se llama Comerciantes de Volto. Una de las más grandes e importantes del reino, aunque había perdido cierto prestigio desde que ella llegó al poder. Aun así, seguían siendo poderosos y respetados. —Creo que el hombre se confunde, señora —dice Ark—. —Cállate —lo dice con los dientes apretados mientras intentaba fingir una sonrisa—. —El hombre aquí presente dijo que usted estaría dispuesta a comprar uno de nuestros colmillos —No estoy entendiendo. —Yo tampoco. Ellos están locos, permítame retirarlos de su vista. Corul intenta empujarlos fuera, pero Ark saca rápidamente el colmillo del bolsillo de Corul, quien se sorprende por la agilidad de Ark. —Este colmillo, madame —se lo muestra—. —Ah, ya veo —lo analiza—. Ahora sí estoy entendiendo y, por lo que veo, se ve como algo muy particular, señor Corul. Con gusto les ayudaré. —¿En serio, madame Miraf? —sus palabras sonaban con un odio reprimido—. Pero no vale la pena perder el tiempo, podría… —Yo soy la dueña de mi tiempo, señor Corul —dice con un tono discriminatorio—.En cuanto a ustedes, con gusto les compraré el colmillo, pero deben de entender algo, aquí en este pueblo no hay nadie que quiera cosas como esta, por lo que tendrán que esperar a que yo vuelva de la capital con el dinero en mis manos o me acompañen ustedes a ella como uno de mis mercenarios. Ark y Yuan se miran entre sí, luego les dan la espalda y comienzan hablar “¿Qué opinas Yuan? ¿Será buena idea confiar en esa señora?” “No lo se Ark, pero parece poderosa y decidida” “Nos está ofreciendo ir a la capital del reino como uno de sus mercenarios Yuan” Hablo Ark todo emocionado “No nos está diciendo que la acompañemos a cualquier pueblo o asentamiento sucio, sino que nos invitó a la capital, ¡A la capital!” “Si carajo vamos, no todos los días tienes el privilegio de ir hacia un lugar tan histórico e importante como ese lugar” Emocionados se dan la vuelta —Sí señora, la podemos acompañar hacia la capital— Contesto Ark intentando disimular su emoción —Si ese es el caso, Corul llevelos a la fonda de mis arrieros—Le avienta un pascal de bronce—. —Sí, señora Miraf —con odio obedece—. Los tres salen del lugar. Corul esta vez estaba muy enojado, no lo podía creer ni entender. ¿Cómo era posible que, de tantas mujeres que vivían en esa parte del pueblo, justo la que no necesitaba que apareciera, apareciera? Apretaba los dientes mientras pensaba en esto. Le había salido muy caro no haber madrugado más para salir temprano. Sus manos temblaban. Qué le costaba haber salido esa misma noche en que le dejaron el colmillo. Esa cosa se notaba de lejos que mínimo valía tres pascales de oro. No sabía para qué funcionaba, pero había obtenido información de aventureros sobre ello: —En las afueras de Zetex han aparecido un grupo de tigres cuyos colmillos son extremadamente valiosos— dijo uno de ellos. Les vendió buenas espadas y algunos cebos; fue un buen negocio. Luego llegó otro cliente, un oficial del ejército que necesitaba armaduras resistentes a mordeduras de animales. Sin duda era para lo mismo. Volteó a mirar a Ark y Yuan. Esos chicos habían llegado una semana después en la noche con uno de esos colmillos. Nunca supo si eran parte del ejército; solo lo supuso. Seguro habían sabido de su valor y vinieron a vendérselo. Al menos eran inteligentes. En su interior quería matarlos, pero ahora no podía. La señora Miraf lo mataría o, peor aún, le quitaría la tienda para luego meterlo a la cárcel. Ella tenía la autoridad para hacer lo que quisiera en ese pueblo. —Malditos suertudos de mierda —dijo enojado—. —¿Dijiste algo? —pregunta Ark—. —No, nada. Solo pensaba en la suerte que tienen. Mientras tanto, la señora Miraf se queda observándolos mientras se alejaban. —Patricia, envía ya un mensajero al almacén. Diles que partiremos mañana en la mañana hacia la capital. —Sí, mi señora. —Hemos encontrado oro, algo que pondrá a los Comerciantes de Volto en el mapa del Rey. Sin saberlo y en un arrebato de ingenuidad, Ark y Yuan mostraban y entregaban algo poderoso, algo clamado por los grandes. Sin querer, Ark y Yuan caminaban por el camino elegido por el creador para que descubrieran quienes eran. —Es aquí —dijo Corul—. Ark y Yuan estaban al frente de una gran casa que cubría toda la calle de la cuadra. —Idiotas —dijo Corul antes de dejarlos solos—. Los dos estaban sorprendidos, pues se veía que era un lugar muy grande. Despacio caminaron hacia la entrada. La puerta no estaba cerrada, así que entraron. Era un lugar común, sin nada de lujo; estaba sucio y las paredes tenían manchas. —¿Qué quieren? —les habla un hombre no mayor de treinta años—. —Eh, la señora Miraf nos mandó a este sitio —contestó Ark—. —Ah, más mano de obra. Ya nos hacía falta. La cosecha de maíz y frijol está en su auge y necesitamos a muchos hombres fuertes. Sigan hasta el fondo y volteen a mano izquierda. Otra cosa: casi no tenemos espacio, así que tendrán que dormir encima de lo que encuentren. Ark empuja a Yuan, que estaba a punto de alegar. No lo malinterpreten, Yuan podría dormir casi al instante en cualquier lugar, pero eso no significaba que le gustara descansar en todas partes, él tenía sus límites, y su espalda también se resentía. —Gracias —responde Ark—. El lugar tenía corredores no muy amplios, apenas como para pasar dos personas. A cada lado había una habitación. Cada cuatro habitaciones había un bloque pequeño donde se encontraba gente tomando y fumando, rodeados de bultos y cajas. Eso sí, todo estaba sucio. Había mucho barro en los corredores y las paredes estaban desgastadas. Si me preguntan a mí, me parece una cárcel. Más adentro, Yuan habla: —¿En qué nos metimos ahora? Cada vez llegamos a un lugar peor. Mira a ese tipo —señala a un hombre que estaba vomitando—. Ark no le hace caso y sigue hasta donde los mandaron. El lugar era prácticamente un establo al lado de las habitaciones. Allí se encontraron con otros cuatro hombres: dos estaban parados, uno estaba sentado en un bloque de viruta comiéndose un mango y el otro dormía encima. Ark y Yuan se recostaron sobre la viruta. —Qué tontada con esa señora. De la nada ahora quiere que nos larguemos mañana para la capital. Nos puso a parir borugos esta tipa —hablaban los dos hombres que estaban parados—. —Encima de todo llegó mucha mercancía de Bagatishi, me duele todo el cuerpo de descargar cajas, encima de que estaban tan pesadas, en cualquier momento me voy a atrofiar la espalda. —Espero que nos acompañen soldados o mercenarios. He escuchado rumores de que los soldados que salieron del pueblo fueron encontrados muertos cerca de la montaña de ascenso hacia la capital. —Uy, nea, yo también. Algunos dicen que fueron esos revolucionarios. Los tipos se percataron de la presencia de Ark y Yuan tras verlos como se recostaban en la viruta. —¿Y estos quiénes serán? No los había visto —señala con la boca a Ark y Yuan—. —Deben de ser unos muertos de hambre. "«¿No me vas a hacer dormir acá, cierto, Ark? Supongo que tú sí sabes cuidar a una princesa como yo ¿Cierto?»" Esta vez, Ark abraza la espada en vez de dejarla en medio de la viruta. Tenía miedo de que alguien se la quitara mientras dormía, por eso la abrazó con fuerza. "«¡Ah! Qué brazos tan fuertes y qué pecho tan fornido. Me siento tan segura entre ellos, por favor no me sueltes nunca.»" —Duerme un rato mejor. "«Y yo que quería hablar un rato contigo, pero bueno, tendré que obedecer»" Las palabras cesaron y el sueño llegó. *** Una agradable y cálida noche transcurrió hasta que se vio interrumpida por el bullicio de la gente moviéndose a toda prisa. —Ah… ¿qué está pasando? —preguntó Ark, somnoliento—. ¿Cómo pueden dormir con tanta bulla? Mucha gente se encontraba alistando los caballos del establo. Algunos limpiaban el estiércol y otros los amarraban a las carrozas. —Despiértense, princesas —les gritó un hombre cerca de ellos—. ¿Qué esperan? ¿Que les dé un besito y les traiga el desayuno? —Si se puede, sí, pero que el beso no sea largo, sería algo raro —contesta Yuan acomodándose en la viruta para volver a dormir—. El hombre lo agarra y lo levanta. Yuan todavía no sabe qué está pasando, pues todavía estaba asimilando las cosas, así que el hombre le da una cachetada para despertarlo. —Despierta, imbécil. El golpe fue muy fuerte, tanto que despertó a Yuan al instante y lo hizo cargar cosas sin razon aparente —Si señor ya colaboró— Ark, al ver esto, se levanta de un solo, no quería recibir un golpe como el que le habían propiciado a Yuan. “«¿Qué pasa amor mío?» La chica también se estaba despertando. «Quién es ese que ha interrumpido nuestro sueño. Pagaras tu atrevimiento. Ark has algo. No puedes permitir que todos hagan lo que quieran conmigo.» Ark empieza a guardar la espada en su funda mientras está reclama con fuerza. —¿Quiénes son ustedes? —les pregunta el hombre—. —Ark y Yuan —contesta Yuan señalando a sí mismo y a Ark—. —¿Qué hacen ustedes acá? —La señora Miraf nos dijo que la acompañaríamos a la capital como mercenarios. —Ah, son mercenarios. Su grupito está por allá —señala a un grupo de 20 hombres—. Vayan. Los dos obedecieron. El grupo los miró con cierto desprecio. Ellos parecían un palo de escoba al lado de los demás. Los otros se veían fuertes; vestían de tal forma que sus músculos se mostraban más que sus propias armaduras. Sus armas, grandes y pesadas, colgaban en sus cinturas o descansaban sobre sus hombros. —¿Ustedes son guerreros? —dijeron en tono despectivo—. Parecen más unas locas sacadas de un bar. Echa pa'lla y no estorben. Los empujaron hacia un rincón. —¡Ya todo está listo, señor! —gritó alguien—. —Vayan al almacén y llenen las carrozas con todo el cargamento asignado —se acerca a los mercenarios—. Necesito unos hombres que me acompañen a recoger a la señora Miraf. —Llévate a estos —empujan a Ark y Yuan—. —¿Sí son de confianza? —pregunta el hombre— Nunca los había visto, la señora Miraf fue quien los contrató, confío en su palabra y su experiencia como luchador. —Sí —sus palabras sonaron pesadas, como intentando decir: llévatelos rápido—. El hombre sale del lugar y Ark y Yuan lo siguen a sus espaldas, como escoltas. —Súbanse en unos caballos y espérenme en la entrada de la fonda. Ambos asintieron y obedecieron. Se dirigieron donde un arriero que estaba ensillando caballos. —Señor, ¿nos podría dar un par de caballos? —preguntó Ark—. —Ya todos están pedidos. Solo quedan unos cuantos, pero son de lo peor. ¿Les sirve? —Sí, con tal de no caminar. El arriero suelta la silla y los dirige un poco más allá del establo. En el camino se podían observar caballos enfermos y flacos; uno renqueaba, pues su pierna estaba estropeada. —Este se ve bueno —Ark señala un caballo de color vinotinto oscuro—. Su tamaño era normal, no era grande ni imponente. Tenía orejas pequeñas, estaba algo flaco y descuidado. —¿Seguro? Este caballo es lento y desganado, nadie lo escoge por eso. El último que lo montó le dio una golpiza porque no pudo seguir el trote de los demás. Ark, observando al animal, confirma su decisión. —Como quieras. Por allá hay unas sillas, ve y ponle una. Ya se encuentra errado. Yuan se quedó con un caballo que era el mejorcito entre los peores. No era muy diferente al de Ark, simplemente no tenía un ojo, por lo que lo degradaron a ese lugar. —¿Cómo te parece mi caballo? —preguntó Yuan, agrandado—. —No tiene un ojo —respondió Ark—. —Por eso. ¿No se ve chimba? —Sí… Los dos estuvieron esperando en el lugar asignado. A lo lejos vieron una carroza blanca, pintada con flores y con el logo de comerciantes de Volto. Esta estaba siendo jalada por unos caballos de color café; eran grandes, imponentes y fuertes, todo lo contrario a los de Ark y Yuan. El conductor, que era el hombre que estaban escoltando, los vio y sintió cierta repugnancia al verlos. —¿No pudieron encontrar algo mejorcito? Vamos a ver a la señora Miraf y la presencia debe retumbar en su vivienda— —Es lo que quedaba —respondió Ark—. El hombre suspira y volvió a poner la mirada al frente para continuar su camino. Ark y Yuan se pusieron cada uno a un lado. La gente en las calles los miraba y se burlaba de ellos. —¿en esto se acabó convirtiendo Volto? Ni siquiera pueden darles a sus guardias personales algo digno en que montar— Decían la gente en las calles. La cara de disgusto se podía observar en el hombre. Al cabo de un rato llegaron a la casa de la señora Miraf. La señora ya se encontraba afuera; y junto a ella estaban tres maletas y su sirvienta. El hombre se baja con total elegancia y le da la mano a la señora. —Súbase, Madame, ya está todo listo para que partamos. Solo falta recoger algunas cosas del almacén y partiremos de inmediato— —Gracias, mi Santer —la señora se sube con toda gracia femenina hacia la carroza—. —Suban las maletas, sin dañar nada— Ark y Yuan intentan levantar una cada uno, pero no pueden. —Uy, está muy pesado —dice Yuan—. —Tengan cuidado, son cosas delicadas —dice la sirvienta, enfadada con ellos—. —Venga, Yuan, ayúdame con esto —dijo Ark—. —Ya voy —suelta la maleta y va y ayuda a Ark a subir una maleta a la carroza—. Al acabar, todos salen del frente de la casa, dejando a la sirvienta sola, la cual entra a la casa. El interior del lugar estaba oscuro; podías observar algunos objetos de decoración, pero nada más. Al fondo se podían observar tres sombras que miraban a la sirvienta fijamente. —¿Ya partieron? —pregunta un hombre encapuchado—. —Sí, junto a ella va el colmillo —dice la sirvienta—. El hombre hace el mismo gesto del encapuchado del bosque de Lino Blanco y sale del lugar. —La revolución triunfará —dice la sirvienta, mostrándose imponente y decidida—. Al cabo de un rato llegan al almacén, el cual era grande y se veía hermoso por fuera. Era de dos pisos, pintado de azul, decorada la entrada con antorchas de lujo. La puerta estaba hecha de roble y encima de esta estaba el logo de comerciantes de Volto. —Señor, ya casi acabamos de cargar las carrozas, solo falta cargar el cacao de Tachiap— Alrededor del almacén se encontraban unas 24 carrozas cargadas a más no poder de suministros. Cada una era empujada por unos tres caballos; junto a ellas se encontraban los mercenarios. La gente pasaba observando; al frente había unas casas de segundo piso decoradas con macetas de flores. Era un espectáculo bonito de ver, no por lo que hacían, sino por el lugar en el que estaban, era muy hermoso como para ser tratado de almacén. Santer toca un cuerno de vaca llamando la atención de todos. —Señores, nos organizaremos de la siguiente manera: cada mercenario estará defendiendo una carroza. La de la señora Miraf será especial, puesto que dos serán los que estarán al lado de ella. Los arrieros y los espalda de burro irán en las carrozas. Dicho esto, es momento de partir— Los arrieros eran los que manejaban los caballos. Los espalda de burro, eran las personas que descargaban o cargaban la mercancía que llevaban las carrozas. En total había 25 carrozas: 24 de carga y la de lujo donde estaba la señora Miraf. Ella iba en el medio, pues era la posición más segura. A Ark le tocó de último en la retaguardia; a Yuan le tocó más arriba. Llegar a la capital no era tarea sencilla. Se tenía que escalar una serie de montañas antes de llegar a la sabana en donde fue construida. Su altura, medida por los matemáticos del rey, era de aproximadamente 2600 metros sobre el nivel del mar, un lugar frío y de difícil acceso para las personas que desean ver la ciudad. Su punto estratégico la convertía en un lugar fácil de defender, pero complicado de hacerla prosperar. Muchas personas estuvieron en disputa con el rey Peter, el quinto rey de Ahet-Mit, pues fue quien propuso construir la capital ahí. Siempre le exigían que construyera un lugar de fácil acceso para comerciar con los pueblos: “Quédate en Timitry, un lugar fácil de llegar para todos”. Dijo un hombre que los acompañaba en la caravana. Este había notado que Ark era un tipo que nunca antes había ido o escuchado de dicha ciudad. Por eso empezó actuar como un guía historiador Cabe resaltar que The Uty todavía no era parte del reino. Con lo que Ahet-Mit Todavía no tenía el poder ni los recursos necesarios para construir una gran ciudad digna de que la habite el Rey. Además se estaba empezando a rumorear de una guerra contra Mercon, la provincia al norte de aquí que antes era un reino independiente. Por ende, la capital se encontraría en medio del conflicto. Pero, pese a todas las dificultades, la ciudad creció de forma exorbitante, pues su problema principal no era su ubicación en un lugar tan remoto, sino que casi no había caminos que conectaran la ciudad con los demás pueblos. Cuando solucionaron este problema, terminó convirtiéndose en emblema de poder en todo Ahet-Mit. Rimbrin es muy grande, definitivamente superior a todas las demás ciudades. Tiene vías que conectan con la mayoría de ciudades capitales de provincias en el reino: tiene vía para Ornir, para la ciudad de Ahet, Timitry y el Alto de la Esperanza, por lo que puedes encontrar cantidad de cosas en Rimbrin que es el nombre de la ciudad, además de que su arquitectura es única y majestuosa. Deberías visitar la sala de flores, es muy lindo y siempre hay mujeres hermosas. También podrias ir…. —Ja, veo que sabes mucho —interrumpe Ark—. —Lo suficiente para saber que este reino en poco tiempo se volverá un mierdero —le respondió el hombre cambiando completamente el tema—. Han depravado el valor humano a más no poder; no cabe duda de que algunos se levantarán y serán derrotados, para que otros, con más fuerza, logren acabar con lo que empezaron— Ark dejó de prestarle atención. Él sabía que llevarle la contraria al rey solo traía la muerte; tenía en su mente muchos ejemplos de esto. Este tipo de gente moría joven bajo la ira de un rey pecador. “¿Qué le pasa a este tipo? Estamos hablando de ciudades y termina dando un sermón del reino” Pensó Ark disgustado por el cambio de tema tan brusco y sin sentido. *** Los días pasaron y el frío empezaba a entumecer a la gente. Las fuertes brisas provenientes de las montañas azotaba la caravana. Habían empezado el ascenso hacia la capital. Las noches eran peores que los días: el frío era más intenso y la niebla cubría todo el lugar. Además, a veces llovía y se volvía aún más complicado resistir las bajas temperaturas. —Pero qué frío hace por acá —hablaba Yuan—. —Había escuchado que la capital era fría, pero tampoco creí que fuera así de salvaje —Ark estaba envuelto en cobijas—. —¿Cuándo llegaremos? —preguntó Yuan—. —Faltan tres días más —le respondió el hombre lleno de cultura e historias—. Dos para escalar las montañas y llegar a la sabana, y un día más para llegar a la ciudad— —Qué bueno —dijo Yuan—. Mientras los tres se calentaban en la fogata, llega el que al parecer era el jefe de los mercenarios. —Hoy a ustedes les toca la guardia nocturna —dijo, y se fue, como si cada segundo que pasara con ellos fuera un insulto—. Ark y Yuan lo miraron con fastidio. Podrán ser vistos como débiles, pero no se iban a dejar ver pequeños por esos grandes, musculosos y sexis mercenarios. Carajo, esos tipos deben de tener regados hijos por todas partes. Cualquier mujer desearía estar con ellos, digo si ellas querían descendientes fuertes, estos eran el mejor partido. ¿Pero qué estoy diciendo? Volvamos a la novela. —Ay no, y yo quería dormir calentito en mis sábanas —reprochó Yuan—. —Tuche —dijo Ark—. Ambos se levantaron y fueron a rondar por el campamento. El frío era severo: te hacía estremecer los huesos y mantenía tus músculos rígidos, y a pesar de que rara vez nevaba, era suficientemente tenaz para acabar con cualquiera que no fuera fuerte. —Vamos, solo unas horas más —se decía Ark, casi vencido por el frío—. Eran las 12 de la noche cuando escuchó un ruido peculiar proveniente de la tienda de la señora Miraf. Con cuidado se acercó sin hacer tanto ruido Él pensaba que podía ser algún animal o monstruo de las montañas, más no era así. En medio de la noche aparece Santer, quien se tropieza con él. —¡Qué te pasa, hombre, mira por dónde andas! —dijo enojado—. —Perdón, solo patrullaba— —Pues ya estás viendo que no hay nada, vete— Ark se aleja despacio y desaparece de entre las ramas. Santer entra a la tienda de la señora Miraf, quien lo está esperando con una taza de café. —¿Qué pasa, mi Santer? Te veo estresado—dijo la señora—. —Es ese imbécil flacucho que está como mercenario; no entiendo por qué lo contrataste, habiendo gente mejor capacitada— —Él posee algo que me interesa, Santer, algo que solo será para mí —saca el colmillo de tigre—. Tenía en sus manos esto, un colmillo de esos tigres que soltaron en el camino hacia la capital. Algunos plantean que fue una bruja quien los modificó, otros que aparecieron como castigo, pero yo sé la verdad —toma un sorbo de café lentamente—. Fueron los rebeldes que empezaron a hacer todo esto. Creían que podrían acabar con la poca moral que le queda a la gente enviando esos monstruos, pero fallaron en algo: el poder empleado para modificarlos se almacenaba en los colmillos, dejando estos como un almacén de magia que se puede emplear para otros medios. Se volvieron valiosos de la noche a la mañana. El rey los quería para sí, así que mandó un pelotón a cazarlos; ellos no han vuelto todavía, por ende no los podía tener. Pero luego llegó ese tipo con uno de estos pidiendo que se lo ayude a venderl… pero qué ingenuo. Obviamente le dije que sí, pero mi plan es matarlo después de que me diga dónde puedo encontrar más y quedarme con todo —sus palabras eran calculadoras y frías—. —Eso será fácil. Los mercenarios no los quieren; estarían contentos de acabar con ellos. Después nos inventamos algo para que queden como criminales— —Eso suena bien, pero antes necesito saber dónde lo encontraron y si quedan todavía más. Así que cuando lleguemos a la capital los invitaré a mi casa para hablar. Les endulzaré el oído para que me digan lo que quiero y, después de obtener la información, los matamos sin más y me quedaré con todo. Así le daré al rey lo que quiere y le pediré que deja a Volto en la grandeza que mi padre me dejó— —Eso suena bien— —Ya hablamos mucho, ¿no quieres pasar un buen rato? —pregunta la señora Miraf, coqueta—. —Si la señora me lo permite, con gusto— Ambos se entregan apasionadamente a sus instintos reproductivos, no diré nada más de eso, aunque la señora no parecía disfrutarlo, diría más bien que lo hacía como para perder el tiempo en algo. Pero Ark, que los estaba escuchando siempre detrás de la tienda, sale de aquel lugar enojado de sí mismo y también un poco excitado para que les miento. El motivo de su enojo era simple, él creía que era su culpa llevar a Yuan siempre a un lugar donde deseaban la muerte de ambos. Derrotado por sí mismo, camina sin nada en mente, un blanco total que solo logras cuando sabes que no vales para nada. Sus pasos lentos lo llevaron hacia un árbol, en donde se recostó y miró al cielo. No deseaba hablar, solo quería ver la majestuosidad de un cielo que jamás iba alcanzar. No había luna; era todo oscuro, iluminado solo por las antorchas del lugar. Era tétrico por así decirlo. —¿Por qué creador mío? ¿Por qué no destruyes a este mundo tan malévolo? ¿Qué te impulsa a seguir esperando un cambio? No valemos para nada. Somos gente estúpida que no merece tu misericordia. Todos somos corruptos, malos, llenos de pecado, no existe motivo para seguir siendo amados. ¿Cuál es el motivo detrás de todo esto? Si lo único que veo es miserableza en cada momento. Soy un hombre bueno para nada lleno de resentimiento. No veo nada en mi pasado que me de la dignidad de llevar tu testamento. Dime creador ¿Qué quieres de este reino? Si nadie aquí vale la pena de ser llamado hijo del altísimo — Una voz imponente habló desde el cielo, seguida de un relámpago que iluminó todo el firmamento. —De cierto te digo que no deseo que nadie perezca. Más tú tendrás que ver la verdad que azota mi pueblo, para que entiendas la desgracia que lo amenaza. No te preocupes de quien eres ahora, pues yo soy el alfarero que moldea tu futuro— —No te pongas triste, cariño. Estoy aquí para consolarte— Hablo Canaly tras sentir su dolor La chica calienta el mango de la espada, que es la única parte que está en el exterior de la vaina, y toca la cabeza de Ark como si fuera un beso cálido de una mujer. Ark solo suelta una sonrisa, pues esas palabras lo calmaron. Yuan entonces pasa y lo observa. Se acerca a él y se recuesta también en el árbol. —Qué frío hace acá —dijo Yuan, temblando—. —Tengo una buena y una mala noticia, ¿qué te apetece escuchar primero?— Yuan suelta un suspiro. —Cuando no… a ver, cuenta la buena— —La señora Miraf sí nos va a ayudar a vender el colmillo— —¿Y la mala?— —Nos quiere matar y quedarse con todas las ganancias— —Maldita sea esa señora, siempre los de arriba abusando de todos. ¿Tienes algo en mente? — Yuan se pone a jugar con un cuchillo, aventándolo de arriba hacia abajo—. —Estoy en esas— —Hagámoslo simple: huyamos ahora y dejémosle el colmillo. No creo que se nos dificulte mucho llegar a la capital por otro camino— —No nos iremos sin el colmillo. Ellos lo piensan llevar al Rey; antes de que eso pase es mejor que lo destruyamos— —¿Qué tiene que ver el Rey con todo esto? —dijo Yuan sin importancia—. Pues déjaselo, que haga lo que quiera con eso— —Nah, pon atención a lo que vamos a hacer…— Después de un rato, Ark y Yuan vuelven a sus respectivas posiciones a seguir con la guardia nocturna. No pasó nada, excepto lo ya mencionado. El alba apareció y empezó a iluminar las majestuosas montañas que yacían a cada lado. Era hermoso y grandioso; algunas eran tan altas que ni siquiera las nubes cubrían su majestuosidad. Pero aunque era lindo ver el lugar, llevar 25 carrozas en un camino de tierra donde un día antes había llovido complicaba extremadamente el paso. Algunas carrozas se enterraban en el barro y debían ser empujadas por hombres o jaladas por más caballos. La señora Miraf los miraba desde su carroza con desdén, como diciendo: “Miserables, idiotas, háganme llegar rápido a la capital”. Esta situación los retrasó un día entero, pues aparte de luchar contra el barro, también tenían que maniobrar en estrechas carreteras al lado de un precipicio, donde un paso en falso te condenaba a la muerte. Tras tres días de lucha constante para que la caravana avanzara. Llegaron a la hermosa planicie de la sabana, un lugar mágico oculto entre montañas. Era verde, llena de árboles pequeños. El sol pegaba fuertemente en la piel sin causar calor, algo raro para ellos, pero común para los otros. Todavía había barro en el camino, pero no tuvieron problemas con ello, estaban en un lugar plano, lo cual favorecía de gran manera el avance de las carrozas. Al cabo de un día más, vieron a lo lejos los primeros edificios de la capital, diferentes a los de los pueblos que habían visitado, pues eran altos, torres gigantes donde vivía gente o avivaba el comercio. Más todavía no habían visto lo verdaderamente especial de la capital; eso lo verían más adelante. Entre más la caravana se acercaba a Rimbrin, más la capital mostraba su resplandor. Los edificios construidos en ladrillos y pintados de blanco se alzaban imponentes. Una estructura parecida a un tazón se alcanzaba a divisar: era el Coliseo de la Miseria, que mostraba su grandeza. —Wow, no había visto nada parecido —dijo Yuan—. —Mira qué hermosura —decía Ark, mirando la ciudad—. —«Sí que ha crecido Rimbrin desde la última vez que la vi. No era tan grande. Tendrás que llevarme de paseo por toda la ciudad cariño. » —dijo Canaly—. —Sorprendidos, ¿no? Una maravilla construida lentamente. La entrada es hermosa y sus calles bien hechas, pero cuando vean el palacio se van a asombrar aún más. Aunque claro, no todo es bello: las casas de la gente común sí que son horribles, casi al borde del degenero—. Aquel hombre que les había contado la grandeza de la ciudad se veía alegre al ver los rostros sorprendidos de sus nuevos compañeros. *** El hombre dijo la verdad. La entrada contaba con casas de tres pisos muy elegantes, decoradas con faroles en cada una de ellas para iluminar la noche. Además, había flores colgando en cuerdas sobre ellos. Estas cuerdas estaban amarradas a cada casa y atravesaban las calles. Las calles estaban limpias y gente con trajes elegantes caminaba por las aceras. Carrozas muy finas pasaban junto a ellos. La avenida era muy grande y atravesaba toda la ciudad. —Lleven la mercancía a las bodegas de Volto —dijo Santer, bajando de su caballo—. Santer empieza a manejar la carroza de la señora Miraf y se va por otro camino. Mientras tanto, la caravana se fue metiendo un poco más dentro de Rimbrin. Las casas de cuatro pisos empezaban a asomarse, y también los grandes edificios, los cuales Yuan y Ark se fascinaban al mirarlos. Unos 20 minutos después llegaron a un gran lote en el cual se encontraba una casa muy bien decorada, de esas que solo ves pocas veces. Al lado de esta había una gran bodega con el logo de comerciantes de Volto. La entrada de la casa estaba decorada con árboles ornamentales y un camino que a los lados tenía flores azules. Era muy hermoso. La caravana entró por la puerta que los dirigía a la bodega, donde se pusieron a descargar la mercancía. —Qué lindo espectáculo —dijo el hombre que siempre los mantenía hablando—. La asociación de comerciantes de Volto suministraba un buen porcentaje de recursos a la capital. Ahora ha perdido esplendor; los comerciantes de The Uty han empezado a tener más privilegios por parte del Rey, pues su lejanía exige mejores precios para que sigan cooperando con la realeza. Pero aun así no basta para acabar con la grandeza que tuvimos—. El hombre hablaba mientras ayudaba a descargar las cajas de las carrozas, con melancolía en su rostro. Dos horas después ya habían terminado. Estaban sudados y sucios; el cansancio de bajar 24 carrozas se les podía notar en el rostro. —Es hora de ir a descansar. Tomen sus tiquetes y vayan a la posada de la asociación —dijo un joven que estaba repartiendo unos papelitos—. Ark y Yuan los reciben. Eran de plata, tallados a fuego con el logo de Volto. A cada uno le daban dos. —Son tiquetes para pedir una habitación en la posada. Cada uno equivale a una noche con cena y desayuno incluidos. Es una buena forma de incentivar a la gente. Tienen dos noches aseguradas antes de partir, así que aprovechen para salir a pasear por Rimbrin —dijo el hombre—. —Está genial. ¿A dónde queda la posada? —preguntó Ark—. —No está tan lejos de acá, solo es caminar por la avenida principal unas cinco cuadras y voltear a mano derecha, camino hacia la salida para The Uty— —Ah… —decía Ark, sin entender—. —Yo los guío para que no se pierdan— Justo en ese instante aparece Santer en su caballo. —Muchachos, la señora Miraf quiere hablar con ustedes. Los espera en su casa, vamos —les dijo—. Ambos se miraron, sabiendo lo que iba a pasar, mas no se asustaron, pues ya estaban preparados. Salieron del lugar y fueron hacia la izquierda. Poco a poco, las casas se ponían más hermosas y las calles más decoradas; a lo lejos se podía observar el palacio del Rey, una maravilla arquitectónica de arte gótico. Las calles eran más amplias, llenas de jovencitas caminando con sus compras. Al parecer, era una zona de comercio. —Qué lindas chicas hay en Rimbrin —dijo Yuan—. —Tienes razón, míralas —decía Ark, emocionado—. «Puedo oírte, tonto». No te pongas brava Canaly, si yo estuviera en el lugar de Ark, claro que me deleitaba mirando dichas preciosuras, no vestían mostrando su cuerpo, sino más bien tapadas por el frío, algunas llevaban sacos de cuero y otras vestían como princesas. No encontrabas ninguna mostrando más de lo que se debía y esto para mi, les daba muchos más puntos. —Es aquí —dijo Santer—. Estaban enfrente de una casa llena de color y de flores, la más hermosa de las que estaban en el barrio. Todos se bajaron de sus caballos y los amarraron en los postes. —Antes de entrar, límpiense los pies—. La casa estaba bien decorada, con figuras de mármol en cada parte; un reloj decoraba el corredor que llevaba a la sala. ¿en donde se encontraba ella? Pues en la mismísima sala de la realeza, o bueno, así lo parecía. Se notaba el dinero que esta mujer poseía solo mirando al suelo, que estaba hecho con una especie de vidrio que te dejaba ver debajo del suelo, y ahí había unos trozos de bambú de lado a lado, haciendo que la casa pareciera un lugar campestre. Ella estaba sentada en un mueble de tela con diamantes incrustados. La mesita de la sala tenía frutas, de las cuales la señora estaba comiendo. —Es un gusto tenerlos aquí, siéntense —señala un sillón igual al de ella—. Vamos a hablar de lo que nos interesa: los colmillos. Tengo algunas preguntas que espero que me puedan responder—. —Con gusto, pero ¿nos podría decir cuántas Pascales nos puede dar por el colmillo? —preguntó Ark—. —Claro, tomen —les da un pascal de oro—. ¿Podrían decirme dónde consiguieron el colmillo? —preguntó tiernamente—. Ark recibe el pago con mucha emoción, esta era la primera vez que tenía en sus manos algo de tanto valor. —Nos atacó un tigre con un aspecto peculiar en las afueras de Zetex. Era muy agresivo, pero no nos complicó tanto —dijo Yuan tras ver a Ark perdido observando el pascal—. —Ya veo… ¿y qué hicieron con el otro colmillo? Por lo general, los tigres tienen dos—. —Lo destruimos en un golpe que le dimos —respondió Ark—. Aunque no se preocupe por eso, encontré la forma de llegar a más de ellos—. —Vaya, ¿en serio? —se emociona Miraf—. —Sí, mi señora. Si usted me permite el colmillo, aquí mismo le doy la ubicación de todos los que quedan—. La señora Miraf, incrédula, voltea a ver a Santer, que de cierta forma desaprueba lo que Ark pedía. —Está bien—. La señora Miraf se levanta y va a un clóset ahí en la sala; de este saca una caja de madera, de la cual retira el colmillo y lo lleva donde el resto. —Toma—. Ark lo toma y lo mira, asegurándose de que sea el colmillo verdadero. —Estos colmillos emanan magia de sí mismos; son capaces de almacenarla y expulsarla—. En ese instante, Ark piensa: “Creador mío, que esto salga bien”. —Pero también me di cuenta de que pueden guardar la información de su ubicación; es decir, se puede saber dónde ha estado—. La señora Miraf se mantenía mirando a Ark como una niña pequeña que ve algo que le gusta. —Lo único que se debe hacer es aplicar poder en él para que muestre su verdadero ser—. Ark, con el poder que le habían dado, ilumina el colmillo de un color rojo. En ese instante en que todos le estaban prestando atención al colmillo, Yuan actúa y, de forma rápida y agresiva, tumba a Santer en el suelo. Ark desenvaina su espada y rápidamente se posiciona en la espalda de la señora para someterla sin que haga ningún ruido. Santer logra recuperarse y empieza a pelear con Yuan; los golpes de Santer, precisos y devastadores, alcanzan el rostro de Yuan, quien ya no pudo bloquear más. Ark, al ver a su amigo en desventaja, suelta a la señora y ataca de lleno a Santer, quien cae sin cabeza. La señora Miraf no puede gritar, pues está petrificada por lo que está pasando. Fue en ese instante que Ark la voltea a ver y se va acercando poco a poco a ella; la señora retrocede de miedo hasta donde la pared se lo permite. —Aléjate —le susurra—. Ark se para firme delante de ella y la mira sin misericordia. Con la punta de la espada la apunta hacia la garganta casi tocándola y justo ahí, en ese momento donde se decidía la vida o la muerte, su mente es llenada de una luz cegadora que lo saca de sí. Podía observar que estaba en un campo verde con flores; sentía una sensación familiar, como si aquel lugar le trajera paz. Alcanzó a divisar un camino de tierra que llevaba a lo que al parecer era un altar; en él había un hombre que llevaba una niña en los brazos. —¿Papi, qué hacemos acá? —le preguntó la niña—. —Venimos a dar una ofrenda a nuestro padre, mi cielo—. Su voz era suave y dulce. —¿A nuestro abuelo?—. —No, linda, jajaja, al Creador—. De su saco sacó un fósforo y prende una vela aromática—. Él ha sido tan bueno con nosotros, mi pequeña Miraf…—. —¿Qué ha hecho por nosotros, papi?—. —Nos lo ha dado todo, tanto que yo también le daré todo—. Ark, en ese instante, vuelve en sí, sabiendo lo que el Creador le quiso decir. —«¿Lo viste, verdad? Sentiste lo que siente todo padre al cuidar a sus hijos. ¿Estás dispuesto a matarla sabiendo que el Creador la ama? Su padre se la entregó delante del altar y Él la aceptó con todo y error».— Dijo Canaly con el mismo tono que utilizó en el cielo con Ark. A Miraf no la podía tocar; no podía juzgar algo que le pertenecía al Creador. Resignado y frustrado por no poder cobrar su venganza corta una parte del rostro de Miraf como consuelo, dejándola sin un ojo. —Para que recuerdes a quién perteneces—.
Huy huy huy, ¿Cómo te pareció esto creador? Le cortó un ojo a tu hija, deberías castigarlo por eso.
No lo voy hacer
¿Por qué no? Corto el rostro de tu hija por venganza.
Ella se lo merecía, ha sido muy dejada con mis cosas, incluso sabiendo que la amo.
Vaya y yo que creí que la ibas a proteger de ese asesino despiadado como lo es Ark
Jajajaja, odias mucho al personaje que tú mismo creaste ¿no? Además yo soy un Dios de justicia, la protegí de todo y esto que le acaba de pasar la hará volver hacia mi, Todo salió bien.
Lo que tú digas.
Thoughts
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Permalink¿Este capítulo cambió algo importante o es más de construcción para lo siguiente?
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Permalink¿Qué sigue? Porque Yuan está hecho un desastre y Ark se ve que le importa más de lo que admite. ¿Acá termina el capítulo o hay más?
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Permalink¿Todo eso pasó de verdad o es lo que ellos dicen que pasó? Porque hay un montón de blood and guts acá y a veces eso es para esconder algo.
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Permalink¿Ark y Yuan van a quedarse juntos? Porque por cómo se miran no es solo arma y dueño. ¿Querés que sufra o que sea feliz?
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PermalinkLa parte donde dice que se volvieron uno en cuerpo y alma cuando tomó la espada se me quedó. ¿Eso pasó de verdad o es metáfora?
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Permalink¿Cuándo sigue? Porque esto quedó justo cuando la cosa se pone interesante entre Ark y Yuan.
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PermalinkMe sacaste del trabajo por un capítulo entero, eso es lo máximo que puede ofrecer una historia.
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PermalinkLa batalla se resolvió en un soplo pero Yuan quedó para mal. ¿Va a poder pelear de nuevo?
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Permalink¿De dónde son estos? No reconozco el mundo. ¿Es un reino de fantasía clásica o algo distinto?