Cargando…

Capítulo 4: Piso 1 (3)

NicolasPeanl
Pública 4 conversaciones 12 pensamientos 30 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

Al reunirme con los soldados junto a la muralla, entendí algo de inmediato.

En series

In groups

Contenido de la publicación

Al reunirme con los soldados junto a la muralla, entendí algo de inmediato.

Nunca fui alguien bueno manejando ejércitos.

Nunca me interesó.

Siempre fui alguien solitario.

Por eso, no intenté hacerme pasar por un estratega brillante ni por un comandante nacido para la guerra.

Dejé que cada oficial hiciera lo que sabía hacer.

Distribuí responsabilidades.

Ordené posiciones.

Permití que los arqueros, infantes y caballeros se organizaran bajo quienes realmente conocían sus unidades.

Y yo me preparé para mi especialidad.

La masacre de monstruos.

Viendo la cantidad que teníamos enfrente, esto iba a durar un buen rato.

Entonces, una trompeta sonó en la distancia.

El sonido provenía de un goblin que sostenía un largo cuerno oscuro.

Y así, la guerra comenzó.

Primero avanzaron los goblins más pequeños.

Entre ellos, algunos cargaban escaleras enormes sobre sus hombros.

Carne de cañón.

Cada diez goblins, aproximadamente, había un hobgoblin supervisando el avance.

Cuando entraron en el rango de tiro de un arquero estándar, una lluvia de flechas adornó el cielo.

Decenas de proyectiles silbaron sobre nuestras cabezas.

Al menos cincuenta goblins cayeron con una flecha clavada en el cuerpo.

Pero los demás siguieron avanzando.

Cada nueva descarga se cobraba otros cincuenta.

Cincuenta más.

Y otros cincuenta.

Pero sus números seguían siendo miles.

Cuando llegaron a una distancia relativamente cercana a la muralla, los goblins supervivientes que cargaban las escaleras intentaron desplegarlas.

Algunos fallaron.

Otros tropezaron.

Otros fueron atravesados por flechas antes de poder levantarlas.

Pero tarde o temprano, una escalera iba a tocar la piedra.

Y cuando una lo hiciera, seguirían cien más.

Llamé a un soldado.

—Abre la puerta lateral.

El hombre me miró como si no hubiera entendido.

—¿Señor?

—La puerta lateral —repetí.

Era una compuerta blindada, pequeña, pensada para salidas rápidas o contraataques desesperados.

El soldado tragó saliva, pero obedeció.

Apreté mi espada.

Respiré hondo.

Y salí.

Los goblins todavía no habían llegado a esa sección de la muralla, así que frente a mí no había nada.

Pero a un costado podía verlos.

Decenas.

Cientos.

Luchando por acercar las escaleras, chillando, empujándose, pisoteando a los caídos.

Primero fue uno.

Luego dos.

Luego cuatro.

Poco a poco comenzaron a notar mi presencia.

Sus ojos amarillos se clavaron en mí.

Después corrieron.

Mi misión era simple.

Evitar que colocaran las escaleras.

Nada más.

Pero simple no significa fácil.

Esto iba a ser una pelea de desgaste.

Bajé el centro de gravedad.

Relajé los hombros.

Ajusté la respiración.

Primera forma: Masacre de masas.

Para esta forma de espada, debía gastar la menor cantidad de energía posible.

Mi cuerpo tenía que volverse continuo.

Ni un movimiento de más.

Ni un tajo innecesario.

Ni más fuerza de la requerida.

Solo eficiencia.

Solo muerte.

Y entonces empecé a trotar.

El primer goblin se lanzó hacia mí con un mazo oxidado.

Esquivé por un margen mínimo.

Mi espada pasó por su cuello.

No corté la cabeza completa.

Eso requeriría demasiado esfuerzo.

Solo abrí la arteria principal.

El goblin cayó al suelo, ahogándose en su propia sangre.

[+15 (+3) de experiencia]

[+1 (+0,2) de oro]

El segundo llegó por la derecha.

Repetí el movimiento.

Un paso.

Una inclinación.

Un corte.

Sangre.

[+15 (+3) de experiencia]

[+1 (+0,2) de oro]

No necesitaba fuerza.

No necesitaba exhibición.

Solo necesitaba que cada enemigo muriera antes de obligarme a gastar más de lo necesario.

Pronto llegué al frente de la muralla.

Escuché gritos desde arriba.

Algunos soldados gritaban mi nombre.

Otros maldecían.

Otros simplemente observaban en silencio, incapaces de decidir si lo que estaban viendo era una hazaña o una locura.

De reojo, revisé mi estado.

[Nivel 1]

[Experiencia requerida: 36/1000]

Primero corté en pedazos la escalera más cercana.

Después, seguí cortando.

Goblins.

Escaleras.

Brazos.

Piernas.

Cuerdas.

Dedos aferrados a la madera.

Cada corte tenía un propósito.

Cada paso me acercaba a la siguiente amenaza.

Cada cadáver se volvía un obstáculo para los que venían detrás.

El tiempo empezó a deformarse.

Diez minutos.

Veinte.

Treinta.

Una hora.

Mi respiración seguía estable.

Mis brazos ardían, pero no temblaban.

Mis piernas pesaban, pero todavía respondían.

Entonces, una pantalla apareció frente a mis ojos.

[Habilidad adquirida: Masacre — SS]

[Al pelear contra más de 100 oponentes sin aliados en un radio de 25 metros, tu ataque aumenta un 30%.]

Sentí un cambio inmediato.

No era fuerza bruta.

Era ímpetu.

Como si el campo de batalla reconociera mi voluntad de seguir matando.

Como si la Torre hubiera decidido recompensar mi aislamiento.

Una nueva notificación apareció.

[+1 nivel]

[Felicitaciones. Eres el primer jugador en alcanzar el nivel 2.]

[Bonificación de precursor activada.]

[Cada 5 niveles adquirirás el doble de estadísticas.]

[+2 puntos de habilidad]

Sin dudarlo, puse todo en destreza.

En esta misión no necesitaba golpear más fuerte.

Necesitaba moverme más rápido.

Necesitaba llegar antes que las escaleras.

Necesitaba matar antes de ser rodeado.

La pantalla de estado apareció.

[Nombre: Dionis]

[Nivel: 2]

[experiencia requerida: 0/3000]

[Fuerza: 10 + 1]

[Destreza: 17]

[Resistencia: 150]

[Magia: 0]

[Suerte: 1]

[Habilidades: Masacre — SS]

Cerré la pantalla.

Frente a mí, otra oleada de goblins comenzó a correr.

Al ver la masacre que estaba cometiendo, cada vez menos goblins intentaban acercarse directamente.

Ya no corrían hacia mí como animales hambrientos.

Ahora dudaban.

Retrocedían.

Me rodeaban.

Incluso esas criaturas podían aprender después de ver suficientes cadáveres.

Mi estrategia defensiva ya no serviría.

Si seguía esperando junto a la muralla, tarde o temprano encontrarían un punto ciego. Una escalera se apoyaría sobre la piedra. Luego otra. Después diez más.

Así que cambié de postura.

Dejé de defender.

Y empecé a cazar.

Giré el cuerpo hacia el frente y comencé a correr directo hacia los hobgoblins.

Ellos eran el centro de la oleada.

Los que gritaban órdenes.

Los que empujaban a los goblins hacia la muerte.

Los que mantenían el avance unido.

Uno de ellos levantó su hacha y rugió.

Los goblins a su alrededor respondieron con chillidos agudos. Sus ojos se tiñeron de rojo y comenzaron a correr hacia mí.

Bien.

Eso era lo que quería.

Con el aumento del treinta por ciento en mi ataque, me movía como pez en el agua.

Cada tajo mataba a un goblin.

Cada paso evitaba una lanza.

Cada inclinación dejaba pasar un garrote a centímetros de mi hombro.

No permitía que ni un solo palo rozara mi ropa.

Mientras avanzaba, miré de reojo la información más importante.

[Muralla: 95%]

Todavía tenía margen.

Gracias a los caballeros, la línea defensiva se mantenía estable.

Los soldados no habían sufrido demasiadas bajas.

Los arqueros podían disparar con tranquilidad desde lo alto.

Y las pocas escaleras que yo no alcanzaba a destruir eran derribadas por ellos antes de que los goblins pudieran trepar.

No era perfecto.

Pero era suficiente.

Por ahora.

Unos pasos después, quedé frente a frente con un hobgoblin.

Era más alto que los demás.

Sus brazos eran gruesos.

Su piel, de un verde oscuro casi negro.

Llevaba una armadura oxidada sobre el pecho y sostenía una enorme hacha de hierro.

Pero sus ojos...

Sus ojos estaban llenos de terror.

Ese era el tipo de presa más fácil de matar.

No el débil.

No el lento.

Sino aquel que no podía balancear su arma sin temblar.

El hobgoblin rugió, intentando ocultar su miedo.

Demasiado tarde.

Di un paso hacia su punto ciego.

Su hacha cayó donde yo ya no estaba.

Mi espada subió desde abajo, limpia y precisa.

Esta vez tuve que aplicar un poco más de fuerza.

La hoja atravesó piel, músculo y tendón.

La garganta del hobgoblin se abrió.

Su rugido se convirtió en un gorgoteo húmedo.

Cayó de rodillas, intentando sostenerse el cuello con ambas manos.

Pasé a su lado sin mirarlo caer.

No tenía tiempo para confirmar la muerte.

[+30 (+6) experiencia]

[+4 (+0,8) oro]

Frente a mí, otros hobgoblins comenzaron a retroceder.

Pero entonces observé a mi alrededor.

Los goblins aterrados seguían retrocediendo, sí.

Pero algunos ya empezaban a rodearme.

A lo lejos, varios hobgoblins gritaban órdenes con desesperación. Señalaban mi posición, empujaban a los goblins hacia los costados y reorganizaban la formación.

No eran completamente estúpidos.

Eso era molesto.

Un grupo de arqueros goblins comenzó a preparar sus arcos.

Sus manos temblaban, pero apuntaban hacia mí.

Probablemente no les importaba si sus flechas atravesaban también a sus propios compañeros.

Chasqueé la lengua.

En menos de un segundo, giré sobre mis pies y comencé a correr de vuelta hacia la muralla.

No podía ocupar todo el campo de batalla en estas condiciones.

Mi cuerpo todavía no era el mío.

Mi resistencia tenía límites.

Y la arrogancia era la forma más rápida de morir en la Torre.

Mientras retrocedía, varias flechas silbaron a mi espalda.

Una pasó junto a mi oreja.

Otra rozó mi manga.

La tercera se clavó en el cuello de un goblin que intentaba perseguirme.

Ni siquiera miré atrás.

Al llegar a la muralla, la puerta lateral se abrió apenas lo suficiente.

Entré corriendo.

Detrás de mí, los soldados la cerraron de inmediato.

El golpe de la madera reforzada resonó como un trueno.

Durante un instante, solo se escuchó mi respiración.

Luego levanté la mirada.

Los soldados me observaban fijamente.

Algunos estaban sorprendidos.

Otros, pálidos.

Pero en varios ojos vi algo distinto.

Admiración.

Eso era útil.

La admiración podía convertirse en obediencia.

Y la obediencia, en supervivencia.

Levanté la voz.

—¡La guerra sigue en pie!

Los soldados reaccionaron como si hubieran despertado de un sueño.

—¡Cambien de turno con sus compañeros! ¡Rotación cada cuatro horas!

Miré hacia los oficiales.

—¡Los que estén descansando, tomen agua y coman algo! ¡Nada de atracarse! ¡Racionen la comida!

Mis ojos recorrieron la muralla.

—¡Los arqueros no desperdicien flechas en enemigos aislados! ¡Prioridad a quienes carguen escaleras, cuerdas o arietes!

Señalé la base de la muralla.

—¡Infantería, preparen lanzas largas para empujar escaleras! ¡Caballeros, manténganse cerca de las puertas laterales! ¡Solo saldrán cuando yo lo ordene!

Nadie discutió.

Bien.

Me acerqué a uno de los oficiales.

—¿Cuántas flechas quedan?

—No lo sé con exactitud, general.

Lo miré en silencio.

El hombre tragó saliva.

—Haré el conteo de inmediato.

—Hazlo.

Luego miré a otro.

—Necesito aceite, piedras, madera pesada, agua y cualquier cosa que pueda caer desde la muralla.

—¿Agua, señor?

—El fuego no siempre es nuestro aliado. Si los goblins incendian las puertas, necesitaremos apagarlo antes de que el humo nos mate a nosotros.

El soldado asintió rápidamente y salió corriendo.

Volví a mirar hacia el campo de batalla.

Los goblins no avanzaban con la misma ferocidad de antes.

Mi salida había servido.

No solo había destruido varias escaleras.

También les había enseñado miedo.

Pero eso no iba a durar para siempre.

Los hobgoblins volverían a gritar.

Los goblins volverían a correr.

Y tarde o temprano, la Torre mostraría el verdadero propósito de este piso.

Porque una prueba nunca era tan simple como parecía al comienzo.

Apreté la empuñadura de mi espada.

La primera hora había terminado.

Thoughts

  • pnavarro64

    ¿Pero la Torre es un juego de verdad o estás atrapado dentro? Porque los niveles, los puntos, eso suena a algo más que fantasía.

    Permalink
  • paginaDoblada

    Claro que terminás aquí, en lo mejor, con la siguiente oleada lista. Mañana sigo, aunque me interrumpan cien veces.

    Permalink
  • lo_lei_en_el_bus

    Un paso. Una inclinación. Un corte. Sin lujo, puro cálculo. Mientras yo cargo bultos en la ferretería...

    Permalink
  • leoenvozalta

    ¿Pero vos solo contra todos esos? Sin que nadie te cubra la espalda. Mi abuela diría que eso es valentía o locura, y nunca se sabe la diferencia.

    Permalink
  • hojaSuelta

    La sangre, la oscuridad, esos goblins cayendo... me quedó pegado como un verso. No es que sea bonito, es que es verdad, así suena la guerra.

    Permalink
  • hastalapagina40

    Eres el primer jugador en nivel 2 después de una hora de batalla. Eso sí es ganarse el avance, no como otros juegos.

    Permalink
  • capitulo_y_medio

    Lo raro es que en la mitad del caos vos sigues pensando. Cada paso, cada corte, nada de más. Ese tipo de disciplina debe ser lo único que te mantiene vivo.

    Permalink
  • quintopiso

    Pero ahora los goblins ya saben cómo sos. ¿Vuelven con estrategia diferente o se retiran a reorganizar?

    Permalink