La capucha y el cubrebocas de vuelta al salir de la enfermería. Ese gesto pequeño me pesó más que todo lo que dijo Minori.
Capítulo 39: No estás solo
Yuuto estaba mucho más tranquilo. O, al menos, todo lo tranquilo que podía estar tras haber revivido de golpe recuerdos que durante tanto tiempo había intentado mantener enterrados.
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La capucha y el cubrebocas de vuelta al salir de la enfermería. Ese gesto pequeño me pesó más que todo lo que dijo Minori.
Contenido de la publicación
Yuuto estaba mucho más tranquilo. O, al menos, todo lo tranquilo que podía estar tras haber revivido de golpe recuerdos que durante tanto tiempo había intentado mantener enterrados.
Se encontraba en la enfermería, recostado en una de las camillas. Las cortinas estaban cerradas formando un pequeño espacio privado. Por primera vez, no llevaba puesta la capucha ni el cubrebocas; su cabello caía desordenado sobre la frente. Entre sus manos sostenía una taza caliente que Minori-sensei le había preparado. Todavía temblaba, aunque con menos fuerza; sus dedos se cerraban con suavidad alrededor de la cerámica.
Minori estaba sentada frente a él, sosteniendo el folleto que lo había provocado todo. Lo miró unos segundos y luego dijo con firmeza:
—Esto es una tontería. Y no solo porque esté mal redactado. Lo es porque alguien tomó algo ocurrido hace tiempo, lo sacó de contexto y decidió convertirte en el villano de turno.
Yuuto bajó la mirada. Sus dedos volvieron a temblar levemente. Minori lo notó y suavizó el tono:
—Sé que tienes heridas que aún no sanan. Y entiendo perfectamente por qué esto te ha afectado tanto. Antes… habría sido más fácil de entender. Porque estabas solo.
Yuuto guardó silencio. Aquellas palabras pesaban mucho.
—Pero esta vez no estás solo —dijo ella dejando el folleto en la mesa—. Piénsalo: Airi estuvo contigo. Kaito se puso delante sin dudarlo. Goro también. Reika y Ayaka ya están haciendo lo suyo.
Yuuto cerró los ojos un instante. Era verdad. Lo había visto. Lo había sentido. Y aun así… seguía siendo difícil.
Sacó su cuaderno y escribió despacio:
«Lo sé. Pero es difícil.»
Minori asintió tras leerlo.
—Lo sé. Nada es fácil, eso es obvio.
Se levantó, se sentó a su lado y apoyó suavemente la cabeza sobre su hombro.
—Pero al final depende de ti cómo enfrentas el mundo. Y se hace mucho más fácil cuando no tienes que hacerlo tú solo.
Yuuto se quedó inmóvil. Tras años creyendo que debía soportarlo todo en soledad, aquella idea todavía le resultaba extraña. Escribió una última línea:
«Gracias, Minori-sensei.»
Ella sonrió.
—No tienes por qué agradecérmelo.
Mientras Yuuto sostenía la taza entre sus manos intentando recuperar la calma, aún no sabía que, en ese preciso instante, otros tres estaban comprobando lo que Minori acababa de decir.
Porque en la biblioteca… la paz había terminado.
—¡¡SUÉLTENME!!
—¡Shiori, tranquilízate!
—¡NO ESTOY TRANQUILA!
—¡Eso ya se nota!
Airi, Kaito y Goro sostenían a Shiori, que avanzaba hacia la salida con una determinación capaz de detener un ejército entero. Kaito la sujetaba de un brazo, Airi de la otra mano, y Goro la retenía por los hombros desde atrás. El problema era que Shiori tenía una fuerza que ninguno había previsto.
—¡Voy a encontrar a Sakura!
—¡Shiori, espera!
—¡Y cuando la encuentre le voy a romper la cara!
—¡Eso no arreglará nada!
—¡ME IMPORTA POCO!
Tiró con fuerza y los tres retrocedieron medio paso. Kaito abrió los ojos, sorprendido:
—¿De dónde sacas tanta fuerza?
—¡De mi indignación!
—¡Eso no tiene sentido!
—¡A mí me funciona!
Airi intentó razonar con ella:
—¡Shiori, Yuuto está bien!
—¡No importa!
—¡Sí importa!
Shiori se detuvo un instante y miró a todos con los ojos brillantes de furia:
—¡Esa chica se metió con mi hermanito!
Kaito y Goro parpadearon. Airi preguntó:
—Pero… técnicamente no es tu hermano.
Shiori giró la cabeza lentamente hacia ella.
—No importa. Aunque no sea mi hermano de sangre… sigue siendo mi hermanito. ¡Y nadie hace llorar a mi hermanito!
Volvió a tirar.
—¡Shiori, detente! —insistió Kaito—. ¡Si haces algo ahora, todo empeorará!
—¡Me importa poco!
—¡Sí, ya lo dijiste!
—¡Pues te lo repito!
Goro, detrás de ella, recibía de vez en cuando algún golpe accidental.
—¡Auch…!
—¿Estás bien? —preguntó Airi preocupada.
—Sí… —respondió él frotándose la mejilla—. Estoy empezando a replantearme mi definición de amistad.
—¡Sakura se pasó de la raya! —insistió Shiori.
—¡Lo sabemos! —dijo Kaito—. Pero Reika y Ayaka ya fueron a buscarla. Déjalas encargarse.
Aquello la detuvo. Shiori se quedó quieta.
—¿De verdad?
—De verdad —confirmó Airi asintiendo rápidamente.
—Y creo… —añadió Goro recuperando el aliento— que será mejor que sean ellas.
Poco a poco Shiori fue relajando los hombros y dejó de luchar. Los tres soltaron el aire al mismo tiempo.
—Uffff…
Airi se apoyó en una mesa. Goro se frotó la cara. Kaito cerró los ojos. Habían sobrevivido. Por ahora.
Pero entonces Shiori levantó de nuevo la mirada. Una sonrisa inquietantemente tranquila apareció en su rostro.
—Pero… si ellas no lo solucionan… le voy a romper la cara a Sakura.
Silencio.
Kaito suspiró. Goro miró al techo. Airi sonrió nerviosa.
—Bueno… al menos ya no intenta ir corriendo ahora mismo —dijo ella.
—Eso sí —asintió Kaito.
—Ya es un progreso —añadió Goro.
Los tres se miraron, luego miraron a Shiori… y la biblioteca recuperó su silencio. Aunque todos sabían que, muy probablemente, aquella calma sería solo temporal.
Tras unos minutos más en la enfermería, Yuuto se levantó. La taza estaba vacía y el temblor de sus manos había disminuido. No se sentía completamente recuperado, pero aquella sensación de estar atrapado en el pasado había desaparecido. Se acomodó la ropa y volvió a cubrirse: capucha sobre la cabeza, cubrebocas ocultando su rostro.
Minori lo miró con ternura y preocupación:
—¿Seguro que quieres volver?
Yuuto asintió.
—Está bien —suspiró ella—. Pero si vuelves a sentirte mal, regresas de inmediato. Y no intentes hacerte el fuerte conmigo.
Yuuto bajó lentamente el pulgar que había levantado en señal de afirmación. Sacó su libreta y escribió: «Lo intentaré.»
—Eso es lo máximo que voy a conseguir de ti, ¿verdad? —sonrió Minori.
Él asintió de nuevo y salió al pasillo. Caminaba despacio, con cierta tensión en los hombros, pero mucho más firme. Dio un paso. Dos. Tres. Y antes del cuarto…
—¡Yuuto!
Alguien se abalanzó sobre él y lo rodeó con fuerza entre sus brazos. Yuuto se quedó inmóvil un instante, pero reconoció aquel aroma al instante.
—…Shiori —susurró apenas, tras el cubrebocas.
Ella lo apretó aún más.
—¡Por fin te encuentro! ¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Te hicieron algo? ¿Alguien te dijo algo?
Yuuto negó rápidamente con la cabeza mientras ella lo examinaba de arriba abajo. Sacó su libreta: «Ya estoy mejor.» Y añadió: «Perdón por preocuparte.»
Shiori le dio un suave golpecito en el hombro.
—No tienes que disculparte. Si estás mal, me preocupo. Es así de simple. Además… eres mi hermanito.
Yuuto cerró los ojos y una pequeña sonrisa apareció bajo la tela. Escribió en voz apenas audible: «Aunque técnicamente no lo soy.»
Shiori lo miró fijamente.
—¿Quieres discutirlo?
Yuuto negó de inmediato.
—Eso pensé.
En ese momento se escucharon pasos apresurados. Kaito, Goro y Airi aparecieron al final del pasillo, sin aliento.
—¡Te dijimos que esperaras! —exclamó Airi.
—Tenía que verlo —respondió Shiori, abrazándolo de nuevo.
Kaito miró a Yuuto con suavidad.
—¿Cómo te sientes?
Yuuto mostró la libreta: «Ya estoy mejor. Gracias por cubrirme en el patio.»
—No tienes que agradecerlo —dijo Kaito.
—Somos amigos —añadió Goro con una sonrisa.
—¡Exactamente! —coincidió Airi.
Yuuto los miró a los cuatro. Todavía dolía, todavía recordaba… pero ya no se sentía solo.
—Bueno —propuso Goro—, si todos estamos bien, vayamos a comer. Es hora.
—¡Y hoy hay ramen especial! —anunció Airi entusiasmada.
—¿Ramen? —Shiori soltó a Yuuto con los ojos brillantes.
—Entonces no hay discusión —decidió Goro.
Los cinco caminaron juntos hacia el comedor. Y por unos instantes, Yuuto logró olvidarlo todo… hasta que entraron. El ruido disminuyó. No por completo, pero sí lo suficiente. Miradas. Murmullos. Curiosidad. Y algo más.
Yuuto sintió aquella presión en el pecho. Bajó la cabeza. Pero antes de ocultarse por completo… alguien tomó su mano. Era Shiori.
—No bajes la cabeza —le dijo con voz tranquila pero firme—. Si lo haces, ellos pensarán que consiguieron lo que querían. No les des ese gusto.
Kaito asintió a su otro lado.
—Tiene razón. No tienes nada que esconder.
—Y estamos contigo —añadió Airi.
Yuuto levantó lentamente la mirada. Las miradas seguían ahí… pero ya no pesaban tanto. Respiró hondo y asintió. Continuó caminando junto a ellos, conversando, riendo, como si nada pudiera tocarlos.
Y entonces ocurrió algo que Sakura jamás había previsto. Los estudiantes dejaron de mirar solo a Yuuto. Empezaron a mirarlo a él rodeado de gente que lo defendía, que lo conocía, que reía con él. Y las preguntas empezaron a cambiar:
—¿Ese es Yuuto?
—Parece bastante normal…
—¿De verdad crees lo del folleto?
—Si hubiera hecho algo así… ¿crees que ellos estarían así de tranquilos?
Nadie tenía una respuesta segura. Y ahí estaba la falla que Sakura no había previsto: ella planteó la pregunta «¿Y si es esa clase de persona?», pero olvidó que otros también podrían preguntarse: «¿Y si no lo es?».
Cuanto más lo veían junto a quienes realmente lo conocían… más difícil resultaba creer una historia construida solo sobre rumores. Sakura logró que todos hablaran de él… pero sin darse cuenta, acababa de darles la oportunidad de conocerlo.
Sakura permanecía sentada frente a su escritorio en la sala del Club de Periodismo. Llevaba varios minutos sin tocar el teclado. Tenía la mirada perdida en la pared, mientras una frase resonaba una y otra vez en su cabeza:
«Has cometido el peor error de tu vida.»
Apretó los labios. Aquella voz de Reika seguía demasiado nítida en su memoria. Había visto a Reika enfadada muchas veces; durante años habían mantenido una especie de guerra rutina: ella publicaba algo, Reika lo desmontaba con pruebas, y el ciclo volvía a empezar. Pero esto… esto había sido completamente distinto.
Había investigado a Yuuto durante días y encontró lo que buscaba: rumores, comentarios, fragmentos sueltos. Juntos formaban una historia. No necesitaba que todo fuera verdad ni mentira: solo darle a la gente piezas suficientes para que ellas mismas llenaran los huecos. Pensó que sería otra provocación más, otra pequeña batalla entre ambas… hasta que Reika apareció.
Todavía sentía la presión de aquella mano sobre su camisa. Y sobre todo, recordaba sus ojos. No era la Reika que conocía: la presidenta paciente que respondía con argumentos. Esa Reika parecía dispuesta a destruir cualquier cosa que se interpusiera en su camino.
Sakura se llevó una mano al rostro.
—Quizás… esta vez sí me pasé.
—Presidenta.
Levantó la cabeza. Sus tres amigas la observaban desde el otro lado de la sala. Nano, la más tranquila, revisaba documentos con las gafas ligeramente ladeadas. Rina, sentada sobre un escritorio, la miraba con los brazos cruzados. Y Kaori, que solía ser incapaz de mantener la seriedad mucho tiempo, tenía una expresión genuinamente preocupada.
Rina fue la primera en hablar:
—¿Qué vas a hacer ahora?
—¿Ahora? —repitió Sakura.
—Sí. Porque la presidenta parecía dispuesta a todo.
Nano asintió.
—Nunca la vi reaccionar así.
—Yo tampoco —se estremeció Kaori—. Estuve cerca y… no era normal.
Sakura soltó una risa nerviosa.
—Créanme, no fue una experiencia que quiera repetir.
—Cuando empezaste a investigarlo —dijo Rina—, pensé que solo buscarías algo para picar a Reika. Ese era el plan. Pero después… creímos que con presión suficiente ella se alejaría. Reika siempre ha sabido separar lo personal de su cargo.
—Pero esta vez no —admitió Sakura en voz baja.
—Esta vez lo tomó como algo suyo —corroboró Nano cerrando su carpeta.
Un silencio llenó la sala. Kaori se sentó frente a ella.
—¿Qué tan importante es ese chico para ella?
Sakura no respondió. Conocía a Reika mejor que nadie: sabía cómo pensaba, cuándo fingía indiferencia, cuándo algo le molestaba de verdad. Pero aquella expresión… nunca la había visto.
—No lo sé —admitió finalmente.
—Eso es lo que más me preocupa —dijo Nano.
Sakura tomó el folleto del escritorio. Lo miró unos segundos y lo dejó de nuevo.
—Pero ya no puedo echarme atrás. Si retrocedo ahora, Reika habrá conseguido intimidarme.
Nano la miró con seriedad.
—Entonces al menos sé cuidadosa.
Hubo un breve silencio. Hasta que Kaori levantó de golpe un dedo.
—¡Pero tengo algo que te va a animar!
Se levantó, caminó hasta un armario y regresó con una carpeta que dejó sobre la mesa.
—Ábrela.
Sakura la abrió. Y su respiración se detuvo un instante.
Fotografías. Una chica caminando por la calle, entrando a una tienda, deteniéndose ante un escaparate… todas tomadas desde cierta distancia. Cabello de un tono inusual. Rasgos delicados. Una presencia que resultaba imposible ignorar.
—Mika… —susurró Sakura reconociéndola.
—La encontramos el fin de semana —dijo Rina sonriendo.
—Nos costó, pero conseguimos varias —añadió Kaori.
Nano acomodó las gafas.
—Y ahora entiendo por qué estabas tan interesada en ella.
—Para ser honesta —rio Rina—, cuando dijiste que habías encontrado algo extraordinario, no te creímos. Pensé que exagerabas.
—Yo también —admitió Kaori.
Sakura sonrió.
—¿Y ahora?
—Ahora quiero saber sus secretos de belleza —confesó Kaori.
—Yo quiero saber de dónde saca ese color de cabello —dijo Rina inclinándose sobre las fotos.
—Yo quiero saber quién es en realidad —dijo Nano tomando una instantánea.
—¡Nano, eso sonó demasiado misterioso! —exclamó Kaori.
—Somos periodistas.
—¡Y podemos serlo sin dejar de admirar su piel!
Todas soltaron una risa. La tensión se disipó de golpe. Sakura sonrió también. Eran ellas tres quienes siempre lograban devolverle la calma. Las únicas ante las que no tenía que fingir.
Sakura cerró la carpeta.
—Pero no se ilusionen demasiado con Mika. Probablemente nunca podremos conocerla cara a cara.
—¿Tan difícil es? —preguntó Rina frunciendo el ceño.
—Mucho. Apareció de la nada y cada pista termina llevándome a otra. Tengo la impresión de que esa chica no quiere ser encontrada.
Nano sonrió con brillo en los ojos.
—Entonces tenemos un misterio.
Sakura devolvió la sonrisa. Algo en su mirada cambió. Reika podía esperar. Pero Mika… Mika acababa de volverse mucho más interesante.
En otra parte de la escuela, la situación tampoco estaba precisamente tranquila.
Reika se encontraba sentada frente a una de las mesas de una sala de reuniones vacía. Sobre ella había varias carpetas abiertas, informes, copias de los folletos distribuidos por Sakura y hojas llenas de anotaciones. A su lado, Ayaka revisaba otro grupo de documentos. Llevaban buena parte del tiempo intentando reconstruir exactamente cómo había comenzado todo.
Ayaka levantó la mirada.
—Te diste cuenta, ¿verdad?
Reika no apartó los ojos del documento que leía.
—Tú también.
Ayaka suspiró.
—Es demasiado obvio.
Reika alzó finalmente la vista.
—Demasiado.
—Quiero decir… —insistió Ayaka— aunque el rumor hubiera sido algo pasajero, ¿cómo pudo Sakura estar tan segura de que las historias que encontró hablaban específicamente de Yuuto?
Reika se quedó pensativa unos segundos.
—No pudo llegar a esa conclusión solo con los rumores que circulaban por aquí.
—Entonces alguien la ayudó.
—Probablemente.
Ayaka no necesitó pensar mucho más.
—El director Aoyama.
Reika asintió lentamente.
—Es una posibilidad bastante razonable.
—¿Entonces él está detrás de todo esto?
—No necesariamente de Sakura —aclaró Reika cerrando una carpeta—. Pero sí es muy posible que él pusiera esa información en sus manos.
Hizo una pausa y añadió con voz grave:
—Aoyama está acorralado.
—¿Por qué? —preguntó Ayaka frunciendo el ceño.
—Porque la situación de Yuuto está cambiando. Su reputación está mejorando. Despacio, sí, pero lo hace. Ya no está solo. Tiene amigos. Se integra. La gente empieza a conocerlo de verdad. Y si esto continúa… el hecho de que lo dejara aislado desde principio de año comenzará a llamar la atención.
Reika señaló los documentos sobre la mesa.
—Y entonces alguien se preguntará por qué la dirección permitió que un estudiante fuera apartado de esa manera sin hacer nada. Eso no solo mancharía el nombre de la escuela… también el suyo. Su propia negligencia quedaría al descubierto.
Ayaka comprendió de inmediato.
—Así que su solución fue intentar arrastrarlo hacia abajo otra vez.
—Parece ser así.
Ayaka negó con incredulidad.
—¿En serio? Es un adulto y se comporta así.
Reika la miró fijamente.
—Un animal acorralado puede ser mucho más peligroso que uno que cree estar a salvo.
—Eso sonó bastante siniestro —dijo Ayaka en voz baja.
—Es una descripción, no una amenaza.
—Contigo nunca estoy completamente segura —respondió ella con una media sonrisa.
Reika ignoró el comentario y tomó otra carpeta.
—Ya envié toda esta información a Minori-sensei. Quiero que ella también presente el caso en la próxima reunión de la junta directiva.
Ayaka sonrió con inteligencia.
—Entonces estás pensando a largo plazo.
—Siempre —respondió Reika cerrando la carpeta con calma.
—¿Qué estás pensando exactamente?
Reika no respondió de inmediato. Miró todos los documentos esparcidos sobre la mesa: los rumores, los folletos, los antecedentes, la información que Sakura había conseguido. Y entonces una pequeña sonrisa apareció en su rostro. No era alegría: era la expresión de quien acaba de encontrar lo que llevaba tiempo buscando.
—Sakura quería iniciar una guerra conmigo. Y para hacerlo, necesitaba información sobre Yuuto. Pero al buscarla… terminó dejando algo al descubierto.
Ayaka se inclinó hacia ella.
—¿Qué cosa?
—Que alguien tuvo que entregarle información que no circulaba públicamente.
Los ojos de Ayaka se abrieron de par en par.
—Aoyama.
—Probablemente —confirmó Reika dejando la hoja sobre la mesa—. Y eso cambia todo. Ahora podemos investigar de dónde salió esa información. Y si demostramos que la dirección alimentó esos rumores a propósito… ya no se trata de una pelea entre Sakura y yo.
Ayaka sonrió al comprenderlo todo.
—Tenemos la pieza que faltaba.
Reika asintió lentamente.
—Exactamente. Sakura creyó que me estaba declarando la guerra. Sin saberlo… acaba de darnos la última pieza que necesitábamos para arrinconar a Aoyama de una vez por todas.
Thoughts
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PermalinkLa capucha y el cubrebocas de vuelta al salir de la enfermería. Ese gesto pequeño me pesó más que todo lo que dijo Minori.
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PermalinkLlevo varios capítulos con la sospecha de Aoyama y ahora cuadra: él le pasó la info a Sakura para tapar que lo dejó aislado todo el año. Apuesto a que Minori ya lo sospechaba antes que Reika.