La plaza del Segundo Piso seguía en pleno alboroto.
—¡Por allá va!
—¡La Domadora!
—¡No la dejen escapar!
—¡Solo una pregunta, por favor!
Aoi apenas había logrado despedirse de sus compañeros cuando la nueva oleada de jugadores se abalanzó sobre ellos.
—¡Corre, Fern, rápido!
El enorme lobo no necesitó más. Con un potente impulso salió disparado entre la multitud, dejando atrás nubes de polvo.
—¡Se escapó!
—¡Síganla! ¡No la pierdan de vista!
Durante varios minutos la escena fue digna de verse: Fern corría a toda velocidad por las calles mientras detrás de él iba una verdadera procesión: algunos montaban bestias aladas, otros usaban habilidades de velocidad, y varios periodistas transmitían en directo la persecución.
—¡Seguimos tras ella! ¡Abandona la ciudad! ¡Parece ir hacia la salida norte!
Aoi se abrazó con fuerza al cuello del lobo.
—Lo siento mucho... no estoy nada acostumbrada a esto...
Fern soltó un gruñido suave, como si se riera de la situación, y aceleró aún más.
Poco a poco los edificios quedaron atrás, los jugadores se fueron quedando sin aliento y finalmente solo quedó el viento y la inmensidad de los campos que llevaban hacia el Tercer Piso.
Aoi soltó un suspiro larguísimo.
—Uf... por fin... silencio.
Lyn se posó suavemente en su hombro y emitió un suave kiii.
—Sí —sonrió Aoi—, yo también prefiero esto mucho más.
Regulus rugió alegremente y Puddle rebotó una vez sobre su cabeza, feliz de estar lejos del ruido.
Sin embargo, Fern no siguió directo hacia el siguiente piso: hizo una pequeña desviación hasta detenerse junto a una carreta de madera con un cartel que decía: Alquimia - Pociones - Materiales Especiales.
Kyouka levantó la vista y sonrió nada más verlos.
—Sabía que terminarías pasando por aquí.
Aoi bajó del lomo del lobo.
—Hola... ¿tienes un momento?
—Todo el que quieras —ella se apoyó en el mostrador—. ¿Vienes a comprar, a vender, o ambas cosas?
—Un poco de las dos —respondió Aoi sacando materiales de su mochila: cristales, hierbas raras, minerales y fragmentos de monstruos recolectados durante la exploración.
Kyouka los revisó rápido y asintió:
—Todo esto es de gran calidad. Te daré el mejor precio posible.
Pero aún quedaban dos objetos sobre la mesa. El primero era la esfera metálica del tamaño de una cabeza humana, llena de runas antiguas: el núcleo de Argos.
—Jamás pensé que vería uno así —murmuró Kyouka tomándolo con cuidado—. Todavía conserva toda la energía del laberinto... es una pieza única. Si decides venderlo, te ofrezco una cifra muy alta.
Aoi asintió con tranquilidad.
—Justamente por eso lo traje. No tengo uso para él ahora mismo, así que sí, me gustaría venderlo.
—Buena decisión —sonrió ella, anotando la transacción—. Te servirá para conseguir todo lo que necesites.
Luego Aoi sacó el segundo objeto: un anillo de plata con un cristal claro en el centro.
Kyouka lo tomó y lo observó detenidamente, revisando cada detalle de sus propiedades.
—Vaya... esto sí que es interesante —dijo devolviéndoselo—. Es un Artefacto Adaptativo. No tiene una función fija: se transforma según la imaginación y la voluntad de quien lo usa. En tus manos... podría convertirse en algo increíble.
Aoi lo hizo girar entre sus dedos.
—¿Podría usarlo para crear cosas? —preguntó de repente.
—Exactamente —respondió ella entendiendo al instante—. Actúa como catalizador: amplía tu voluntad y te permite materializar estructuras, formas y diseños tal como los imagines. Sin él podrías hacer muy poco, pero con este anillo no hay límites más allá de lo que se te ocurra.
Aoi sonrió, y luego señaló a Puddle, que descansaba plácidamente sobre el mostrador.
—Pues tengo una idea muy especial para él.
Kyouka lo miró, luego miró el anillo, y finalmente abrió los ojos de par en par al recordar lo que Aoi le había contado antes.
—Espera... ¿te refieres a que...?
Aoi asintió y abrió la ventana del sistema para que ella la viera:
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Nuevo Título obtenido
Maestro del Laberinto
Otorgado a: Puddle
Efecto: Puede convertirse en el núcleo de una mazmorra personalizada.
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—¡Así que es verdad! —exclamó Kyouka—. Puede ser el centro de tu propia mazmorra... y el anillo te permite construir todo lo demás tal como tú quieras.
—Exactamente —dijo Aoi con brillo en los ojos—. Sin el anillo solo podría hacer cosas muy simples, pero con él podré diseñar pasillos, trampas, zonas de entrenamiento, todo lo que se me ocurra. Y con Puddle como núcleo, la mazmorra vivirá y cambiará con nosotros.
Kyouka negó con la cabeza, maravillada.
—Cualquier otro pensaría en usarla para ganar dinero o fama. Pero tú... —sonrió— tú solo quieres un lugar seguro para entrenar y crecer juntos.
—Es lo más importante —respondió Aoi con sencillez—. Así no tendremos que depender de mazmorras ajenas, y podremos prepararnos para lo que venga sin correr riesgos innecesarios.
Kyouka guardó el núcleo y le entregó el dinero y los suministros que había pedido.
—Entonces es mejor que te guardes muy bien ese anillo —dijo con complicidad—. Nadie tiene algo así, y menos aún la visión para usarlo de la forma en que tú lo harás.
Aoi se lo puso en el dedo, y sintió cómo una energía suave y cálida recorría su mano. Miró a sus compañeros, que lo esperaban impacientes, y sonrió con más fuerza que nunca.
Por primera vez, no solo sabía hacia dónde iba: sabía que podría construir su propio camino, paso a paso, junto a su familia.
Aoi guardó el anillo con mucho cuidado en su inventario, y luego se dedicó a revisar y ordenar todo lo que acababa de adquirir: frascos de maná, pociones de recuperación, materiales de alquimia, cristales de afinidad elemental y hierbas medicinales. Todo quedó perfectamente clasificado en su almacenamiento.
—Creo que con esto tengo para un buen tiempo —comentó satisfecho.
Kyouka cerró su libro de cuentas con una sonrisa.
—Aunque conociéndote... no creo que dure demasiado.
Aoi soltó una risita.
—Probablemente tengas razón.
Hizo ademán de despedirse, pero se detuvo antes de dar el primer paso.
—Ah, casi lo olvido —murmuró, volviendo a abrir su inventario.
Buscó unos segundos hasta sacar una pequeña caja de madera oscura, tallada con precisión con símbolos alquímicos antiguos, y la dejó sobre el mostrador.
—¿Qué es esto? —preguntó ella con curiosidad.
—Es para ti. Un regalo.
Kyouka parpadeó sorprendida, y abrió la caja despacio. Dentro había un conjunto completo y exquisito: frascos de cristal reforzado, pinzas de precisión, un mortero de piedra blanca pura y un pequeño horno portátil del tamaño de una palma. Al aparecer la información del objeto, sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Un... Kit de Alquimia Avanzada? —susurró—. Esos equipos son extremadamente raros...
—Permiten crear pociones de mucha mayor calidad y extraer la pureza máxima de los materiales —explicó Aoi—. Sé que te dedicas a esto, y muy bien por cierto. Precisamente por eso pensé que te serviría mucho más que a mí.
Señaló a Puddle, que rebotó alegremente sobre el mostrador.
—Puede procesar casi cualquier material dentro de su propio cuerpo —añadió—, así que yo no lo aprovecharía al máximo. Pero tú sí. Además... quería darte las gracias.
—¿Las gracias? —inclinó la cabeza Kyouka.
—Claro. Si no me hubieras explicado cómo funcionan los slimes de agua, nunca habría descubierto todo lo que Puddle es capaz de hacer. Y sin él... jamás habría logrado derrotar a Argos.
La comerciante miró la caja un momento, luego a Aoi, y sonrió con mucha ternura.
—Entonces lo acepto —cerró la caja con cuidado—. Pero con una condición: si vuelves a encontrar objetos tan especiales como este, vienes primero a verme a mí.
—Trato hecho —respondió Aoi sonriendo, mientras estrechaban la mano.
Hubo unos segundos de silencio tranquilo. Kyouka se apoyó en el mostrador con los codos y lo miró con curiosidad.
—Tengo una duda que me ronda desde la batalla —dijo—. ¿Cómo se te ocurrió usar miles de abejas como sensores de alerta? Todavía no le encuentro sentido.
Aoi se quedó pensativo un instante y luego soltó una risa suave.
—La verdad... no era para eso.
—¿Eh? —Kyouka se quedó totalmente confundida.
—Las llevaba por si la ecolocalización de Fern fallaba —explicó mientras dibujaba rápidamente un laberinto en un trozo de papel—. Mi plan original era mucho más simple: si no podíamos orientarnos con el eco, soltaría a todas las abejas. Cada una tomaría un camino distinto, y yo solo tendría que seguir a las que regresaran por la salida.
Kyouka abrió la boca poco a poco.
—¿Ese era tu plan de respaldo?
—Sí. Pero al final la ecolocalización funcionó mucho mejor de lo que esperaba, así que pensé que ya no las necesitaría.
Hizo una pequeña pausa y señaló el dibujo.
—Pero cuando llegué cerca del núcleo... vi que todas seguían pegadas a las paredes. Recordé que las abejas perciben las vibraciones mucho antes que nosotros. Y entonces pensé: "Tal vez puedan avisarme antes de que Argos ataque".
Kyouka negó con la cabeza mientras se reía.
—Increíble... Otra vez hiciste lo mismo.
—¿Lo mismo qué?
—Llevabas un plan B por si fallaba lo principal... y terminaste convirtiéndolo en la clave que te dio la victoria.
Aoi reflexionó un segundo y asintió con naturalidad.
—Supongo que sí... Solo me gusta tener otra opción por si algo sale mal. No me siento tranquilo confiando en una sola cosa.
Kyouka miró entonces a Fern, que esperaba paciente detrás de él, a Lyn en su hombro, a Regulus y a Puddle. Y entonces lo entendió del todo: esa era su verdadera fortaleza. Aoi nunca dejaba de pensar, nunca dejaba de prepararse, y siempre tenía una nueva idea lista para cuando las cosas cambiaran. Quizá esa fuera la razón por la que llegaba tan lejos: porque para él, no existía un único camino, sino todos los que pudiera imaginar.
Kyouka se quedó unos segundos observando cómo Aoi guardaba con sumo cuidado los últimos objetos en su inventario, y luego sonrió.
—Bueno... supongo que hoy ya no puedo enseñarte mucho más.
Aoi negó con una risita suave.
—No digas eso. Cada vez que paso por aquí aprendo algo nuevo que no sabía.
Kyouka cruzó los brazos con aire de complicidad.
—Entonces procura seguir con vida y cuidándote mucho. Porque si desaparece mi mejor cliente, tendré un problema serio con las cuentas.
Las dos soltaron una carcajada ligera.
—Gracias por todo —dijo Aoi haciendo una pequeña reverencia.
—Y gracias a ti por este regalo tan especial —respondió ella levantando la caja de alquimia—. Le sacaré el máximo provecho posible, te lo aseguro.
—Me alegra mucho escuchar eso.
Fern ya había empezado a caminar despacio, como si quisiera ir abriendo el camino. Lyn revoloteaba suavemente sobre la cabeza de Aoi; Regulus se entretenía mordiendo con cuidado una de las correas del arnés del lobo; y Puddle descansaba plácidamente en su hombro, cálido y suave como siempre. Todo se sentía tranquilo, natural, como debía ser.
—Nos vemos pronto, Kyouka.
—Hasta la próxima. Y cuídate mucho.
—Lo haré.
Aoi dio media vuelta, pero apenas dio dos pasos, una luz azul brilló frente a él.
Ding.
Se detuvo en seco. Otra ventana apareció, y luego una tercera. Sus ojos recorrieron el texto rápidamente, y poco a poco se quedaron clavados en la pantalla.
—¿Ocurre algo? —preguntó Kyouka al verlo inmóvil.
Aoi no respondió al instante. Solo leyó una vez más, y sus palabras salieron casi en un susurro:
—No puede ser...
Giró una de las ventanas para que ella pudiera verla:
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Compañero: Fern
✅ Condiciones cumplidas.
Evolución disponible.
Ruta recomendada: Fenrir Menor
"Descendiente extremadamente raro del lobo del invierno eterno. Su fuerza y su instinto se han despertado por completo."
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Kyouka abrió mucho los ojos.
—¿Fern... va a evolucionar?
Aoi asintió lentamente, pero justo en ese momento apareció una segunda ventana debajo:
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Compañera: Lyn
✅ Condiciones cumplidas.
Evolución disponible.
Ruta inicial: Ave Escarlata Ancestral
"Su forma definitiva dependerá por completo de su entrenamiento, sus lazos y las decisiones que tomen juntos."
Posible evolución máxima detectada: Fénix
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Esta vez fue Kyouka quien se quedó completamente muda. Leyó el titular una, dos y tres veces, antes de levantar la vista con incredulidad.
—¿Acabo de leer bien... Fénix?
Aoi seguía igual de sorprendido.
—Parece que sí... pero no es seguro.
—¿Qué dice exactamente? —preguntó ella acercándose más.
—Que su futuro no está escrito —leyó Aoi despacio—. Dependerá de todo lo que vivamos juntos, de cómo la entrenemos y de las decisiones que tomemos.
Kyouka soltó una risa llena de asombro.
—¡Eso es tan tú! —dijo—. Ni tus compañeros tienen un camino fijo. Su futuro será el que vosotros construyáis paso a paso.
Aoi volvió a mirar las ventanas brillantes: Fern, el lobo que podría llegar a ser un Fenrir; y Lyn, que tenía ante sí la posibilidad de renacer como un Fénix. Una sonrisa llena de orgullo y esperanza se le dibujó en los labios.
—Parece que todavía nos queda un camino muy largo por recorrer —murmuró.
Al escuchar su nombre, Fern giró la cabeza y soltó un gruñido suave. Aoi se acercó y le acarició detrás de las orejas, donde más le gustaba.
—¿Lo oíste? Pronto serás aún más fuerte —le dijo con ternura.
El enorme lobo apoyó entonces la cabeza sobre su hombro, sin entender las palabras, pero sintiendo todo el cariño que había en ellas.
Lyn bajó el vuelo hasta posarse en su brazo, inclinando la cabeza con curiosidad.
—Y tú también —le dijo Aoi acariciando su plumaje rojo—. Tienes ante ti algo maravilloso.
Kyouka los miró a todos: a Aoi, a Fern, a Lyn, al pequeño Regulus y a Puddle, y luego volvió a mirar las palabras brillantes en la pantalla.
—Cada día estoy más convencida —dijo suavemente— de que algún día, todo este mundo girará alrededor de vosotros.
Aoi negó con una risita tímida.
—Eso sería demasiado...
Pero Kyouka no respondió. Solo se quedó mirando esas dos palabras: Fenrir y Fénix. Porque en su corazón sabía que esto no era el final de nada. Era solo el comienzo de algo que nadie había visto nunca antes.
Tras despedirse de Kyouka, Aoi volvió a tomar asiento sobre el lomo cálido y firme de Fern.
—¿Listos para empezar?
—¡Grr! —el lobo golpeó el suelo con la pata, impaciente.
—¡Kiii! —Lyn batió las alas sobre su hombro.
—¡Rrr! —Regulus movió la cola con fuerza.
—¡Pui! —Puddle vibró lleno de energía.
Aoi sonrió.
—Entonces... allá vamos.
Fern comenzó a avanzar con paso ligero hacia el gran laberinto. Aunque la estructura había sido restaurada por el sistema, todo se sentía distinto: ya no había tensión en el aire, ni el silencio pesado de antes. Decenas de jugadores recorrían los pasillos, charlando, entrenando, preparándose para enfrentarse a Argos por primera vez. Cuando algunos reconocieron la figura de la Domadora, los murmullos se extendieron suavemente:
—Es ella... ¿volverá a retarlo? ¿Busca un récord?
Aoi solo hizo una pequeña reverencia con la cabeza. No venía por eso.
Al llegar ante la puerta monumental, la ventana del sistema apareció clara:
Mazmorra: Laberinto de Argos
Estado: Completada
✅ Volver a desafiar al jefe
✅ Acceder al Tercer Piso
Aoi miró las opciones un instante. Sabía ya todos los trucos, cada movimiento, cada debilidad. Pero negó despacio.
—Todavía no —murmuró acariciando el cuello de Fern—. Volveremos cuando todos hayamos crecido mucho más.
Pulsó la segunda opción.
La puerta se abrió lentamente, y una corriente cálida empujó hacia ellos. A diferencia del aire seco y pétreo del Segundo Piso, este traía consigo el olor intenso y vivo de tierra húmeda, musgo, hojas recién caídas y flores silvestres: el aroma de una naturaleza que nunca duerme.
—Qué olor tan rico... —susurró Aoi.
Fern dio el primer paso al otro lado. Una luz envolvió al grupo, y el mundo se transformó.
Cuando la visión se aclaró, Aoi se quedó sin aliento.
Frente a él se extendía un océano de verde sin fin. Árboles inmensos, con troncos tan anchos como torres, se elevaban decenas de metros hacia el cielo; sus copas entrelazadas formaban un techo denso que tamizaba la luz en manchas doradas y sombras profundas.
A lo lejos, montañas cubiertas de selva se perdían entre nubes suaves. Más cerca, un río ancho como una avenida corría en silencio, sus aguas cristalinas reflejando el follaje como si fuera un espejo verde. Se escuchaba el murmullo constante del agua, mezclado con cantos de aves que nadie había oído antes, y el crujir leve de la vida que se movía entre la hierba.
Hacia el norte, una cascada gigante caía desde un acantilado oculto, enviando columnas de rocío que brillaban como diamantes bajo el sol. Y en el corazón mismo de la selva, una niebla espesa y plateada ocultaba lo que parecía ser el secreto más profundo de todo el lugar.
El viento soplaba suavemente, haciendo bailar las hojas gigantes. Insectos que brillaban con luz propia cruzaban el aire como pequeñas estrellas caídas, y mariposas del tamaño de la mano de Aoi desplegaban alas de tonos iridiscentes entre flores enormes. Todo respiraba. Todo parecía tener su propio latido.
Aoi bajó despacio del lomo de Fern, y se quedó allí, inmóvil, dejando que esa inmensidad lo envolviera.
—Es... hermoso —dijo finalmente, con voz suave.
Lyn alzó el vuelo de inmediato, dando círculos amplios entre las ramas superiores, llena de alegría. Regulus también se elevó, fascinado por tener tanto espacio abierto donde moverse libremente. Puddle saltó al suelo y rebotó entre la hierba alta, absorbiendo gotas de rocío que brillaban como perlas. Incluso Fern se veía más vivo: olfateó profundamente el aire, girando las orejas hacia cada sonido nuevo, reconociendo miles de presencias ocultas entre la vegetación.
Aoi abrió el mapa. Estaba casi completamente en blanco: solo un círculo muy pequeño alrededor de su posición aparecía iluminado.
Zona explorada: 0,02 %
Soltó una risita llena de emoción.
—Parece que empezamos de cero otra vez —dijo mirando a sus compañeros—. Pero creo que este lugar nos va a gustar mucho.
No había ciudades, ni caminos trazados, ni señales de otros jugadores. Solo la selva infinita, llena de misterios, criaturas nunca vistas y desafíos que aún nadie había imaginado. Con la brisa moviendo suavemente su ropa, Aoi dio el primer paso hacia la espesura. El Tercer Piso acababa de abrirle las puertas.