¿Quién era esa mujer que le hablaba en el otro lugar? ¿Una diosa?
CAPÍTULO 3: LA ESPADA DEL ELEGIDO
Los tres iniciaron la marcha entre las verdes praderas. Primero caminaron por el pasto y luego llegaron a una carretera hecha de tierra. A los lados de esta había vacas comiendo pasto y otras siendo…
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¿Quién era esa mujer que le hablaba en el otro lugar? ¿Una diosa?
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Los tres iniciaron la marcha entre las verdes praderas. Primero caminaron por el pasto y luego
llegaron a una carretera hecha de tierra. A los lados de esta había vacas comiendo pasto y
otras siendo ordeñadas por personas; también había ovejas en las colinas y conejos
escondidos en algunos matorrales. Era muy bello y tranquilo comparado con Lino Blanco.
Carrozas cargadas de verduras y frutas pasaban mientras ellos caminaban.
—¿Para dónde vamos?— preguntó Yuan—
—A un pueblo llamado Zetex, un pueblo cercano a la capital del reino, lo que lo convierte en
un lugar de paso obligatorio para los que quieren ir hacia allá. No es grande, pero sí muy
concurrido. La mayoría de campesinos venden sus productos ahí o, si tienen la oportunidad,
los llevan a la capital para obtener mejores precios.
—¿Cuántas personas viven ahí?— preguntó Ark—
—No muchas, creo que unas treinta mil—
—Eso triplica a las personas que viven en La Hoja Marchita—
—Es obvio, ¿no? Este pueblo tiene conexión con ciudades importantes y las vías hacia ellas.
Es normal que inviertan más en algo que beneficia al Reino, no como ese pueblo suyo que se
encuentra metido en las profundidades del infierno. Ningún comerciante quiere ir allá, a
nadie le importa ese lugar; por eso no entiendo por qué fuimos tan estúpidos de aceptar esa
misión—
Se notaba la frustración y tristeza de Raen.
—Ni siquiera yo, un espadachín diestro en el ataque rápido y directo, fui capaz de defender a
mis amigos del poder de ese bosque. Sin duda los respeto por haber vivido tanto tiempo en
ese lugar olvidado sin perder la cordura….—
—Con el tiempo te acostumbras a sus atrocidades— dijo Ark—
Pobre Raen, lo había perdido todo en una simple aventura, que más podía hacer sino iniciar
de nuevo con dos desconocidos que lo ayudaron a sobrevivir. No les debía nada, es más,
fácilmente podría echarles la culpa y odiarlos el resto de su vida, pero ellos irradiaban un
ambiente tan tranquilo que lo hizo olvidar de todas sus ideas de venganza. Ahora solo tenía
una cosa en mente, honrar la mentalidad de su hermano ayudando a estos tipos en lo que
necesiten.
***
La llegada al pueblo fue llena de sorpresas para Ark y Yuan; en su pueblo, que era siempre
solitario, no se comparaba en nada con Zetex, que se mantenía en continuo movimiento:
carrozas por aquí, gente por allá, caballos, guardias… Los locales brillaban resplandecientes
y limpios. contaban además con letreros y objetos que ayudaban a reconocer sus mercancías.
—Sorprendidos, ¿no? La Hoja Marchita jamás se comparara a este lugar—
—Mira, Ark— Yuan ignora a Raen—, una calavera de un Varuk, con que así se ven—.
Señala un cráneo de unos 130 centímetros, con cuencas grandes proporcionales a su tamaño;
estas eran anchas y poco altas. Su cráneo caía en punta hacia adelante, con una mandíbula
del tamaño suficiente para quitar de un mordisco el torso de una persona.
—Pensé que se verían más geniales, me decepciona un poco— contestó Ark—
—Sí, la verdad pensé que se verían más macabras, con lo complicado que es matar a uno,
pero mira, esta parte del cráneo está agrietada; tuvieron que darle un fuerte golpe para hacerle
eso, con lo duro que es—
Una persona sale de la tienda y los mira observando su calavera.
—Hola, muchachos, ¿qué buscan? Tengo muy buenos implementos de caza para vender, lo
suficientemente buenos como para matar a este pequeño monstruo de aquí— le da unos
golpes a la cabeza—
—No tenemos dinero— dijo Ark—
—Oh, ya veo. No toquen el cráneo entonces y, cuando puedan, lárguense— dijo en un tono
de discriminación—
Los tres deciden irse, sin voltear a mirar al hombre.
—Los comerciantes de Zetex no pierden el tiempo con gente sin dinero— explicó Raen—.
Podrán parecer amables, pero en el instante en que se enteren de que no puedes comprar sus
mercancías, te tratarán como una mierda—
Siguieron caminando por una calle que los llevaba hacia el centro y, entre más avanzaban,
más personas había y las tiendas empezaban a hacerse más; un caballo golpea entonces a
Yuan—
—Oye, fíjate por dónde vas, idiota— dice el jinete—
Cuando este se alejó, Raen les habla:
—Deben de fijarse en no estorbar a nadie. Este pueblo es muy visitado y sus calles no son
muy grandes, así que anden con cuidado—
Al cabo de un rato más caminando, unos niños llegaron y empezaron a hablar con ellos.
—Señores, por favor, ayúdenos. Nuestra madre está muy enferma y necesitamos dinero. ¿No
podría usted regalarnos una monedita, al menos de bronce?— su voz era de gran súplica,
capaz de romper a cualquier ser—
—No nos crean idiotas, a otro perro con ese hueso, lárguense— repuso Ark con autoridad—
—Malditos estúpidos— les sacan el dedo y se alejan mientras se ríen—
—Al menos ustedes no se dejan llevar por las emociones— habló Raen—. Por aquí habrá
mucha gente que los intentará engañar—
En el centro del pueblo se podía ver el gran comercio que traía a la gente, muchas tiendas
ofrecían alimentos y productos variados, además de un gran ruido generado por la multitud
del lugar. La gente se apretaba unas con otras, insultos y gritos llenaban la plaza del pueblo.
Los tres se sentaron en una banca al frente de las tiendas, justo al lado de unas tabernas.
—Bueno, ¿ahora qué haremos? No tenemos prácticamente nada— dijo Ark cómicamente—
—Hay múltiples opciones: primero, podrían meterse al ejército; tienen un cuartel en este
pueblo, ya que es un lugar estratégico para el Rey. Segundo, pueden seguir siendo cazadores,
aunque no les veo mucho futuro en este pueblo, puesto que la mayoría de las carnes vienen de
las haciendas vacunas. Tercero, pueden acompañarme a hacer misiones como aventureros—
dijo Raen—
—Agradecemos tu invitación, pero no, gracias. Los aventureros son gente estúpida, que se la
pasan yendo de aquí para allá, tentando a la suerte, hasta el punto de que esta algún día los
mata— contestó —
—Qué forma tan vil de ver nuestro trabajo— Raen se había desilusionado tras escuchar a
Ark—. Pero nos estás infravalorando; nosotros ayudamos a las personas que buscan nuestros
servicios, aceptamos misiones, exploramos, inventamos y hacemos que este mundo sea un
lugar mejor—
—En pocas palabras, son vagos que no saben qué hacer con sus vidas—
—También puedes decir eso….—
Ark había frenado el discurso inspirador de Raen con unas simples palabras.
—Pero bueno, ¿al menos podrían acompañarme a cancelar la misión que aceptamos con mi
grupo?
—Sí, ¿por qué no? Al menos así conocemos un poco más este pueblo y vemos al hombre que
te condenó jajajaja—
—No te burles que todavía me duele.
***
El lugar al que llegaron era una carnicería, la cual estaba llena de gente hambrienta, que se
empujaba entre sí para poder llegar al mostrador y pedir una porción. Ellos tuvieron que
hacer lo mismo que los demás: empujaron a las personas hacia los lados e incluso llegaron a
hacer caer a algunas, ganándose unos insultos en el proceso.
Cuando llegaron al mostrador, Raen empezó a discutir con los que atendían para que lo
dejaran ver al jefe; ellos simplemente no le pusieron cuidado, tenían demasiada gente que
atender como para perder su tiempo con ellos.
—Si no vas a pedir nada, lárgate, estás estorbando— dijo alguien de la multitud—
—Te lo pido por favor, fuimos los aventureros que contrataron para traer la carne de
Cuipotuy—
El hombre lo observó como diciendo: “¿Acaso eres tú el que mandaron por eso?”
—Pase, el jefe está en el fondo— Los dejó pasar más bien para deshacerse de ellos que
creyendo que eran los aventureros.
Los tres atravesaron el mostrador y caminaron dentro del local. Aquí no había nada más que
carne y charcos de sangre. Hombres y mujeres tenían delantales blancos manchados de un
color rojo oscuro; estas personas estaban realizando cortes a la carne y colocándola en
ganchos.
—¿Raen? Vaya, no creí que fueran a regresar tan rápido—
Un tipo joven, untado de sangre, le había hablado mientras sajaba un trozo de carne.
—¿Cómo estás, Gildardo?— preguntó Raen—. Busco a tu padre, ¿se encuentra aquí?
—Lo siento mucho, él ahora está hablando con unos comerciantes que van a llevar su carne a
la capital— Gildardo ahora estaba afilando su cuchillo—. ¿Qué te trae por acá? ¿Ya trajiste el
encargo que te pedimos?
—Hablando de eso… se nos complicó un poco, la verdad. Mis compañeros murieron y fui el
único que sobrevivió— su rostro se puso triste al recordar lo que sucedió—
—Lamento escuchar eso, supongo que no trajiste nada, ¿verdad?—
—No, perdí todo al entrar al bosque—
—¡Incluso los animales que te dimos!— Gildardo se había enojado tras escuchar esto—
—Ya cálmate, Gildardo, te lo pagaré, lo prometo—
—Mi padre te va a matar cuando se entere— suspira—. Yo le dije que tu grupo no iba a ser
capaz de completar el trabajo, pero no; quería ahorrar dinero y no contratar a un grupo más
acorde para entrar a Lino Blanco— Gildardo voltea a ver a Ark y Yuan—. ¿Quiénes son
estos?
—Son unos cazadores que me ayudaron a salir de ese lugar, les debo mi vida—
—Pues yo creo que nos debes más a nosotros; echaste a perder cinco animales de carga y dos
de transporte, sin mencionar que también mataste a Isma, el profeta que te dimos para que no
se te complicara tanto—
—No debimos subestimar ese bosque, es muy peligroso y no todos pueden sobrevivir en sus
tierras—
Gildardo se echa al hombro un gran trozo de carne y lo lleva hacia una mesa de metal al
frente del mostrador. La gente se alegra al ver tanta carne.
—Vas a tener que mirar cómo pagarnos— él comienza a cortar carne y a entregarla a las
personas por pascales—. Sabes, si no tienes dinero, puedo ayudarlos en eso; nuestros
surtidores de carne de res nos han reportado múltiples ataques de algunos hombres en el
camino. Tú eres un espadachín experimentado, no creo que sea un problema para ti. Si acabas
con ellos, te perdonaré la deuda de dos burros; ya después miras cómo consigues el resto—
Raen le agradece amablemente por su consideración y sale de la carnicería junto a sus dos
compañeros, que se habían desconectado totalmente de la conversación, pues sus rostros
estaban babeando por la carne y estaban intentando robar un trozo de ésta sin que nadie los
mire.
Jalando de sus túnicas los saco.
—Fiu, al menos no salió tan mal como esperaba— dijo Raen limpiando el sudor de su frente
mientras caminaban—
—Veo que tienes trabajo que hacer— habló Ark— Además esta carne se ve rica.
Ark muestra un trozo de carne en su mano
—¿Cómo la sacaste del mostrador? En fin ¿Como que tengo? Querrás decir tenemos, ¿luego
no me piensan ayudar?
Raen se veía un poco irritado por la actitud de Ark; si él no le hubiera salvado la vida,
probablemente lo hubiera insultado. Después de todo, los tres habían pasado los últimos diez
días juntos intentando sobrevivir, eso sin duda tenía que haber formado un vínculo entre
ellos, ¿no? En fin, Raen sí lo sentía de esa forma.
—Aunque quisiéramos ayudarte, ni siquiera tenemos armas ni dinero para comprarlas—
—Por eso no se preocupen, en medio de la batalla conseguirán lo que necesitan; además,
ustedes ni siquiera saben nada acerca de este pueblo ni del mundo fuera de Lino Blanco, me
necesitan—
Estas palabras convencieron a ambos, que se miraron y discutieron sin que Raen los viera.
“El hombre tiene un punto, ni siquiera sabemos nada del reino, hemos pasado toda nuestra
vida en ese bosque” “Tienes razón Yuan, deberíamos de sacrificar un poco de nuestra
dignidad y ayudarle en sus misiones como aventurero” “Tu eres el único que los odia, a mi
me caen bien” “Son solo vagos” “Nos estamos saliendo del tema ¿Aceptamos o no?” “Si, yo
te apoyo”
—Hemos llegado a una conclusión— habló Yuan—, y es que te ayudaremos siempre y
cuando nos respaldes en este lugar—
—Trato hecho, mis camaradas—
Raen era muy amigable y buena gente; si conocieras solo su parte desconfiada y fría,
pensarías que es un hombre solitario, sin amistad ni sentimientos, pero era todo lo contrario,
si tenía un espíritu de fraternidad capaz de ayudar a los suyos.
—Pero antes de comenzar nuestra primera misión, vamos a descansar un poco; mis pies ya no
aguantan más después de tanta caminata. Conozco un buen lugar para pasar el día—
***
Los tres caminaron por un rato hasta una posada. El interior de esta era triste y sin vida; nadie
hablaba ni interactuaba con los demás y, si lo hacían, hablaban rápido y entre susurros.
—Señorita, ya volví— dijo Raen a la recepcionista—
—Hola, Raen— dijo con una sonrisa—. Es un gusto tenerte por aquí. ¿Cómo te fue en tu
trabajo en el Bosque de Lino Blanco? ¿Conseguiste lo que necesitabas?— su voz era tierna y
considerada—
—No quisiera hablar de eso—
—Oh— la chica notó su inconformidad al instante—. Lo siento. ¿Quieres una habitación?
También puedo ir contigo para que desahogues tus penas….—
—Aprecio tu propuesta, pero creo que no será posible; tengo que compartir la habitación con
estos chicos—
—Entiendo— asintió triste—. Espero que tengas una buena tarde— la chica le pasa la
llave—
—Muchas gracias, Carmencita—
Los tres subieron por las escaleras hacia la habitación. El lugar no era de mucha clase pero
tampoco estaba sucio y descuidado, se notaba el aseo en el lugar.
—Veo que tienes una buena relación con la chica, ¿eh?— Yuan le da un codazo en las
costillas—
—Está hasta bonita la pelada, pero se ve muy joven. ¿Cuántos años tiene?— Ark también se
entromete en la conversación—
—No responderé a eso— dijo Raen con las dos manos atrás de la cabeza—
—¿Qué le hiciste? Se ve que te quiere. ¿Viste cómo se puso triste cuando rechazó su
compañía, Ark?
—Sí, se desilusionó por completo, deberías de aceptar su propuesta y dejarnos la habitación
solo a nosotros— contestó—
—Solo les voy a decir que la salvé de la muerte y no me voy acostar con ella, estoy muy
cansado como para complacer a una mujer—
—No te creo; sí nosotros te salvamos de la muerte y no nos miras así— dijo Yuan
guiñando—
—Esto es completamente diferente— gritó—
—Relájate, tampoco es como que pateemos por ese lado—
La habitación era amplia; contaba con dos camas, un sofá y un armario para guardar tanto
armas como ropa. Era un buen lugar, demasiado bueno como para poder pagarlo en la
situación en la que estaban.
—Oye, ¿cómo pagaste esto?— preguntó Yuan mirando la habitación—
—La madre de la chica es la dueña de la posada— Raen se tira hacia la cama—. Como
agradecimiento por salvar a su hija, me deja quedar gratis en este lugar tres días por mes.
Buenas noches, chicos, descansen—
—¿Qué? Pero si son las cuatro de la tarde— Repuso Yuan—
Los tres se quedaron el resto del día y de la noche en la posada.
Ark y Yuan la pasaron con mucho aburrimiento, no había nada que hacer en ese lugar, por
ende, se la pasaron jugando con sus cuchillos, aventandolos de un lado para otro, hasta que se
cansaron y se durmieron. Parecían niños la verdad.
En la mañana del siguiente día, los tres bajaron al comedor del lugar. Casi no había nadie, así
que no tuvieron complicaciones en buscar un lugar para sentarse. La chica de la recepción les
trajo comida a los tres.
—Hola, Raen, te traje el desayuno— la chica sonreía mientras bajaba el plato de comida
hacia la mesa—. También le traje a tus amigos— habló como si los odiara—
La comida que le había traído a Raen parecía ser de la realeza: presas de pollo, ensalada,
manzanas, una limonada y un gran trozo de pan. En cambio, lo que les sirvió a Ark y Yuan ni
siquiera parecía comestible: un arroz que sabía a queso, unos huevos revueltos con espinaca,
que tenían más espinaca que huevo, un chocolate frío y un pan duro.
—Gracias, preciosa— dijo Raen—
—Gracias— contestaron Ark y Yuan sin motivación—
Raen comía con ganas; ¿quién no?, si lo que le sirvieron se veía irresistiblemente delicioso,
completamente distinto a lo que trataban de comerse Ark y Yuan. Se veía el esfuerzo en sus
rostros, cómo intentaban mandar la comida dentro de sus cuerpos.
“Creador mío, ayúdanos”.
—¿Acaso no tienen hambre? Coman, está delicioso—
—Dilo por ti— contestó Yuan—, a nosotros ni comida nos dieron—
—No debe de saber tan mal— Raen estira su cuchara y agarra un poco de huevo con arroz—.
A ver— cuando se la llevó a la boca y lo saboreó, sintió náuseas y ganas de vomitar; con
esfuerzo se contuvo—. Veo que no está tan bueno— siguió comiendo de lo suyo—
Cuando acabaron de comer, Carmencita recogió sus platos. Los de Raen los tomó muy
cariñosamente, incluso limpió algunos restos de comida que habían quedado en su boca; en
cambio, para Ark y Yuan los tomó con desprecio y mirándolos con arrogancia.
—Hmph— dijo cuando los tomó y se fue—
Raen se quedó recostado en la silla, lleno por el desayuno que había comido.
—Ah, qué rico. Bueno, es momento de partir—
De un salto se levanta y camina hacia la salida. Ark y Yuan lo acompañan.
—¿Para dónde vas, Raen?— pregunta Carmencita—
—Tengo que hacer unas cosas que me encargaron, vuelvo en la noche—
—Aquí te espero— lo despide con una sonrisa—
Los tres habían salido de la posada. Raen estaba lleno y satisfecho, sus compañeros en
cambio, parecían haber salido de una morgue donde vieron muertos recobrar vida; pálidos y
sin ganas de seguir.
—Este consejo les doy, chicos: cásense con alguien que los trate como Carmencita—
—Sí…— respondieron ambos—
***
Tres horas permanecieron caminando hacia las afueras de Zetex; habían tomado la vía que los
llevaba hacia las veredas donde estaban las fincas ganaderas o de producción agrícola. La
vista era muy bella; podías observar todo lo que había a tu alrededor: las colinas, las fincas
cercanas, incluso el pueblo de Zetex a lo lejos.
—Mirando el entorno, es muy complicado que te roben cuando tienes visión de una gran
área— analizó Ark—
—Eso mismo estaba mirando; para completar un buen robo deben atacar por la noche, pero
ninguna caravana llevaría sus mercancías en la noche— Raen estaba dando su punto de vista
mientras tenía una mano en su mentón—
—Puede que tengan cómplices entre los que dirigen la caravana— opina Yuan—
—Es una posibilidad, pero me dijeron que matara a los que roban, no que buscara cómo
actuaban—
Se hicieron a un lado, pues una carroza estaba pasando.
—¿Dónde te esconderías si quisieras pasar desapercibido?— se preguntaba Raen—
—Pues a ver, nosotros no sabemos mucho de bandidos, pero si ellos actúan de la misma
forma que los animales, yo diría que se esconderían en un lugar fácil de defender o donde
nadie espere que estés—
Yuan parecía seguro de lo que decía, y esa seguridad en su tono de voz hizo que Raen sintiera
que su opinión sí era válida.
—Tiene sentido, solo que el único lugar que se me ocurre está a un día de aquí, en la arboleda
camino a la capital de esta provincia, y dudo que un lugar tan lejano de estas fincas sea un
buen sitio para hacer sus operaciones sin que sean descubiertos, mínimo los tiene que ver
caminando hacia su campamento y deben de saber cuando y donde parten las caravanas—
—A menos que, vuelvo y digo, tengan cómplices en las haciendas que les informen cuándo
parten estas y que los protejan con alguna clase de sobornos, para no ser delatados—
Raen volvió a poner sus manos en el mentón.
—Puede que sea así, aunque es muy temprano para hacer este tipo de conclusiones; por el
momento, exploremos este lugar—
Todo el día se la pasaron buscando y preguntando acerca de los tipos que atacaban a los
fincaríos que transportaban vacas hacia Zetex, obteniendo solo un poco de información. Un
jinete de caballo les dijo que esos tipos no tenían piedad; atacaban y mataban a todos los que
transportaban las vacas y se llevaban estos animales a plena luz del día. Él había sobrevivido
a uno de esos ataques haciéndose el muerto. Contó además que eran muy buenos luchadores
y que entre sus filas había un Profeta Santo de la Divinidad capaz de matar a cualquiera con
un solo corte de luz.
Esta información les benefició demasiado; ahora conocían la fuerza de sus presas y quiénes
conformaban sus líneas, así podían idear una buena estrategia en el momento en que los
fueran a enfrentar. Aunque era un poco aterrador pensar que un grupo de bandidos fuera
capaz de atacarte a cualquier hora del día sin que tú pudieras hacer nada. Esto convertía la
misión en un trabajo poco convencional o al menos, no para un solo aventurero. Lo cual
quería decir una cosa; los de Zetex no tenían idea de cuál era la fuerza de su enemigo
La noche llegó, por lo que tuvieron que apartarse de la carretera con el propósito de dormir
encima del pastizal.
Con algunas hierbas secas hicieron una tenue fogata para calentar unos huevos que
encontraron.
—Oye, Raen— dice Ark en medio de la poca luz—. Dijiste que tú eras un espadachín diestro
en el ataque directo y rápido, ¿no es así?
—Así es— contesta—
—¿Aprendiste eso viajando o alguien te enseñó?
—Para ser uno joven que no le gustan los aventureros, te ves interesado en sus vidas—
Ark se queda callado y aparta su vista para no generar más tensión entre ambos.
—Fue mi hermano Tenedito quien me enseñó. Él había entrenado en el ejército para ser
arquero, pero luego de algunos conflictos que tuvo allí se salió y decidió convertirse en
aventurero. Como no tenía habilidades en combate cercano y necesitaba a alguien que lo
defendiera, decidió enseñarme a mí cómo manejar este estilo de pelea. No soy muy bueno,
pero sí mejor que la mayoría—
Raen se había puesto un poco melancólico.— Tuve un buen hermano que no fui capaz de
proteger—
—Ya veo—
La fogata se había apagado y los tres se acostaron boca arriba observando el cielo. Era
hermoso, lleno de estrellas y colores; estaban viendo su galaxia. Ark sonrió al cielo antes de
quedarse dormido.
Se ve muy tierno, ¿no, Escritor?
Tienes razón, creador mío, aunque están bien pendejos, me caen mal.
Tú solo sigue escribiendo.
Ta bien.
***
Al día siguiente continuaron caminando por todas las veredas aledañas, sin poder encontrar
nada que los encaminará hacia sus enemigos. Ni siquiera las personas quisieron colaborarles
más; a quienes les hablaban se asustaban por la sola mención de estos tipos y salían huyendo
o no querían mencionar el tema.
—¿Pero qué les pasa? Solo queremos ayudarles y actúan como si fuéramos ellos— decía
Raen tras ver las actitudes de las personas—
—Deben de tener miedo, tuvieron que haberlos amenazado— le contestó Ark—. Si seguimos
hablando de esto, muy pronto se correrá un rumor de un trío de hombres que están
preguntando mucho por estos delincuentes, y cuando eso llegue a oídos de esos tipos,
estaremos en peligro y perderemos nuestro factor sorpresa—
—Tienes razón, ¿pero entonces cómo los encontramos?—
Una pregunta válida. No sabían dónde estaban y, si buscaban alguna pista por medio de los
campesinos de la región, generaban cierta tensión entre los habitantes de la zona. Necesitaban
encontrar información ajena a las personas para así tener algo que los encaminará hacia ellos.
—¿Y si los esperamos?— dijo Yuan—
—No, tengo una mejor idea. ¿Y si hacemos que vengan a matarnos?—
Raen estaba excéntrico por esta idea.
—¿A qué te refieres con eso, Ark?—
—Veámoslo de esta forma: necesitamos saber dónde están, pero ellos no se muestran ante
nosotros. Sabemos que ellos matan a todos los que intentan robar, así que son despiadados. Si
decimos que los vamos a matar y creamos rumores de nuestra gran fuerza, sí o sí tendrán que
buscar quiénes somos y se revelarán ante nosotros. Es ahí donde tenemos que aprovechar la
situación y capturar a alguien que nos lleve hacia su base—
Raen y Yuan lo escuchaban atentamente.
—Suena a un buen plan. Bien, esto es lo que haremos: a todas las personas a las que les
preguntemos acerca de estas personas les diremos directamente que venimos a hacer justicia
por parte del ejército. Así generamos cierta seguridad y esparciremos rápidamente nuestra
presencia en la región—
—Eso hará que vengan hacia nosotros y será más fácil encontrarlos—
Dicho y hecho. A las siguientes personas que encontraban les decían explícitamente que
venían a acabar con estos tipos por el caos que habían formado y la falta de carne en el
pueblo de Zetex. Mencionaron que eran guerreros de alto calibre con grandes habilidades en
la puntería.
Como olvidar la cara de las primeras personas a las que le mencionaron esto. Ellos se habían
colado en una fiesta de cumpleaños en una de las fincas. Las fiestas aquí eran completamente
diferentes a las de la ciudad: había carne de cerdo por doquiera, la mayoría de las mujeres
estaban en la cocina preparando el almuerzo y los hombres estaban sentados en sillas hechas
de madera y cuero de vaca. Todos estaban tomando chicha, incluso había músicos cantando
situaciones cotidianas de la vida. Niños jugando a perseguir las gallinas, perros gigantescos
siendo tiernos con los bebés. Sin duda la vida ajena en el campo era mil veces mejor que los
de la ciudad, aquí sí se veía alegría en las personas, pese a sufrir las mismas calamidades o
incluso peores que las de la ciudad.
A nadie les pareció importar los tres nuevos invitados, solo siguieron bebiendo y comiendo la
carne que las mujeres les servían, incluso a ellos les ofrecieron con una sonrisa en el rostro.
Fácilmente se conectaron con el ambiente e interactuaron con la mayoría de personas de la
fiesta.
Este era el cumpleaños número 17 del hijo mayor del dueño de la finca, uno de los tantos
fincarios de esta zona.
Todos los de la vereda eran una familia muy unida, no por lazos de sangre, sino por la
hermandad de generaciones, sus padres, abuelos y bisabuelos, habían sido amigos casi
hermanos, por eso, la mayoría de los habitantes de la región, se veían a cada uno como
familia. Era uno de los mejores lugares para empezar a esparcir el rumor.
—Escuchen todos— gritó Raen después de haber pasado una hora conociendo a las
personas— Se que ustedes han tenido problemas con unos bandidos que roban sus ganados e
incluso han llegado a robar sus cosechas—
Todos empezaron a mirar a Raen con curiosidad.
—Yo y mis compañeros venimos a liberarlos de esa fuerza amenazadora que a matado a
decenas de ustedes—
—Ya estas borracho, cállate mejor— Le gritó un anciano— No es buena idea amenazar a
quienes tienen en las manos nuestras vidas. ¿De quién es él?—
Esta última pregunta es una forma sútil de preguntar quienes eran tus padres o abuelos.
—Yo soy de ustedes y estoy dispuesto ayudarles—
Raen agarra una botella vacía y la arroja hacia arriba, para luego lanzar su espada y cortar la
botella en el aire. Una muestra muy vaga de poder, pero que sorprendió a las personas de la
fiesta.
Después de eso todas las chicas jóvenes de la fiesta empezaron a hablar y coquetear con
Raen, para ellas, él era un buen partido para enamorar. Como decían sus madres, consiguete
un hombre fuerte para que te ayude en las labores del campo, y para ellas, lo que acababa de
demostrar Raen, era fuerza y precisión. Que estupidas. Ark y Yuan mientras tanto, se
quedaron observando como sombras las habilidades de coquetería que poseía Raen.
Cuando la fiesta estaba llegando a su fin, los hombres mayores y líderes de familia se
acercaron a este trío de aventureros.
—¿Ustedes enserio pueden derrotar a esos bandidos?— Fue lo primero que les dijeron. Ellos
al parecer, tenían miedo y rabia acumulada en sus almas.
—Si nosotros podemos— contestó Raen con autoridad. A cada lado de él había dos chicas
preciosas. — Se nos encargó acabar con aquellos que hacen sufrir a los humildes trabajadores
que sustentan el pueblo de Zetex—
Las chicas alrededor de Raen lo miran con más amor, él estaba actuando como un príncipe
protector para sus familias.
—Si ese es el caso por favor les ruego, destruyan aquellos que mataron a los nuestros—
***
Este pequeño encuentro hizo que en menos de dos días todos los campesinos de la zona
hablarán de los tres tipos que matarían a estos bandidos. Obviamente exagerando las fuerzas
de Ark, Yuan y Raen, diciendo que eran grandes espadachines, guerreros formidables que
dominaban todos los estilos de combate e incluso podían contrarrestar oraciones de alto nivel
con sus habilidades. Prácticamente, eran tres bestias con sed de sangre.
—Bueno, creo que lo hicimos bien— dijo Raen exhausto mientras caía encima de los
pastizales—
—Demasiado bien— contestó Ark—. Si piensan que somos así de poderosos, no vendrán
pocos para asesinarnos—
—¿Y qué pasa? ¿Acaso ustedes no se criaron en Lino Blanco? Debe de ser fácil lidiar con
ellos—
Yuan lo mira de cierta manera, irritado.
—Tu despreocupación nos puede costar caro—
—Relájense, amigos. Cuando el momento llegue, yo los defenderé—
—No pudiste con un simple bosque, ya vas a poder con unos bandidos salvajes— dijo Ark
burlonamente—
—Eso fue un golpe bajo. El bosque atacó muy rápido, no me dejó tiempo de reacción, cuando
por fin entendía lo que pasaba ya estábamos de un suceso a otro. Aquí estamos en mi terreno
y sé qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo—
—Sí, cómo no—
—Ustedes aprendieron a sobrevivir entre bestias, yo a jugar sucio en medio de combates.
Tengo la ventaja de ganar—
—Tssp— reprochó Ark—
El siguiente día llegó junto a los frutos de su trabajo. Yuan, que siempre tenía sus sentidos
agudos buscando su presa o estudiando el terreno para que ningún animal lo volviera a
emboscar, se dio cuenta de que cuatro hombres los habían estado siguiendo a la distancia.
Incluso, se percató de que dos se habían escondido en algún lugar de las praderas. Los
bandidos habían mordido el anzuelo.
Yuan le contó entre susurros a Ark y este, a su vez, le contó a Raen, que recibió estas palabras
con una alegría en su rostro.
Siguieron caminando como si no los hubieran visto, aunque Ark y Yuan los estaban
monitoreando a la distancia. Se dieron cuenta de que los dos que todavía los estaban
siguiendo se habían desviado por un paso de herradura que llevaba hacia las fincas más
alejadas de la región, y los que habían permanecido escondidos no pudieron seguir
manteniendo su anonimato y fueron pillados escondidos debajo de unas alcantarillas que
llevaban el agua de los cultivos, ya que alcanzaron a divisar un pedazo de sus ropas antes de
que entraran.
Los bandidos
A lo lejos, dos hombres escondidos dentro de una alcantarilla al lado de un canal de riego
observaban a tres hombres sumamente peligrosos, según los rumores de los campesinos de la
región.
Ellos todavía no habían descubierto su cuartel de operaciones y, de hecho, estaban muy lejos
de encontrarlo, pero por miedo a que pudieran hacer algo, mandaron a cuatro personas a
vigilarlos.
—Tengo hambre, jefe—
Dijo un tipo recostado entre las paredes redondas de la alcantarilla.
—Ya los otros dos van a traer algo de comer— el hombre lo voltea a ver—. ¿Qué estás
haciendo? Ponte a vigilar más bien—
—Desde aquí no tengo un punto de vista claro de esos tipos—
El jefe suspira y mueve su cabeza de lado a lado, desaprobando la actitud de su subordinado.
Después vuelve a su posición, pero al mirar de nuevo a los tipos solo ve a dos.
—Carajo, solo veo a dos. ¿Dónde estará el tercero? Noryu, mira si no está atrás de nosotros—
Unos sonidos, como de persona ahogándose, suenan detrás de él.
—¿Noryu?—
El jefe voltea a ver y ve a Noryu con su mano en la garganta, la cual está llena de sangre. El
hombre se pone sumamente tenso, por lo que se queda quieto y no hace ningún ruido. Tras
comprobar que su atacante se alejó, sale corriendo del lugar sin importar a quiénes debía
vigilar.
Ark, Yuan y Raen
Escondido, acostado boca abajo en los canales de riego, Ark levanta su cabeza para poder
respirar y ve a su presa salir corriendo desesperado. Su plan había funcionado. Minutos
después llegaron Raen y Yuan.
—¿Qué pasó? ¿Funcionó?— preguntó Raen emocionado—
—Sí— Ark tenía todo el frente de su cuerpo mojado y su cabello tenía un poco de barro, al
igual que su rostro—. El tipo salió corriendo, probablemente hacia la guarida. Es momento de
que seamos nosotros quienes los sigamos—
—Lo hicimos excelente, ya es nuestro turno de atacar a esos miserables—
—Pero tenemos que actuar rápido; alcancé a escuchar que los otros dos hombres que habían
estado con ellos fueron a buscar algo de comer. Ya deben de estar por volver—
—Pues, ¿qué estamos esperando? Vamos—
Los tres comenzaron a seguir al pobre hombre, que ni se esmeró por saber si lo perseguían. Él
solo corría por su vida, tan estúpidamente que hasta se caía entre los pastizales. Toda la noche
lo siguieron; este tipo sí que tenía resistencia, era un punto a su favor. A la madrugada
llegaron a las arboledas que Raen creyó que no deberían de estar allí.
—Vaya, con que sí estaban acá— dijo Raen cuando se percató de que habían llegado—
—Ya llevamos dieciocho horas corriendo, deberíamos descansar un poco— dijo Yuan, al
borde del colapso—
—¿Dónde está el espíritu de guerrero, Yuan? Los grandes no se hicieron grandes rindiéndose,
sino que siguieron adelante en los momentos de flaqueza—
—Yo ahora no quiero ser grande, solo quiero descansar—
Siguieron corriendo, pero esta vez Ark y Yuan lo hicieron saltando de árbol en árbol para
ahorrar fuerzas. Raen los observaba desde abajo.
—Estos tipos sí que están llenos de sorpresas—
Una hora más tarde, cuando el sol empezaba a salir, se divisó en las lejanías un campamento
de unas veinte personas. El hombre que huía se veía tan feliz de observar tan de cerca la
seguridad de su perímetro que sus ojos empezaron a humedecerse, pero eso no duró mucho.
Ark saltó desde un árbol hacia él y con su cuchillo lo apuñaló por la espalda.
—¡Ahhhh!—
Alcanzó a decir casi sin aire, porque además de todo lo que corrió, Ark había perforado su
pulmón. Estiró su mano para alcanzar lo que nunca iba a tener y murió mirando el
campamento. Ark entonces arrastró el cadáver hasta cierto punto, para que luego Yuan y
Raen lo ayudaran.
Ya más lejos del campamento, enterraron el cuerpo del hombre, obviamente luego de haber
arrebatado todas sus pertenencias de valor, al igual que su arma, que era un mazo de piedra y
chuzos, el cual se quedó Yuan. El hombre solo contaba con dos pascales de bronce y uno de
plata. Jugaron piedra, papel o tijera para ver quién se quedaba con el de plata. Ganó Yuan.
—Muchachos, hoy la suerte está de mi lado— dijo con ojos avariciosos mientras tomaba el
pascal y lo guardaba entre los bolsillos de su túnica de asesino—
—Nah, pinche suertudote— dijo Raen—
—Bueno, ya sabemos dónde están. ¿Algún plan para atacarlos?— preguntó Ark—
—Relájate, hombre. Vamos a descansar primero y ya en la tarde, cuando tengamos más
fuerza, miramos qué hacemos—
—Es que puede que los otros tipos ya hayan visto el cadáver y estén viniendo a toda prisa
hacia acá—
—Eso puede ser un problema, pero no conseguiremos nada atacándolos en el estado en que
estamos—
—Tienes razón, vamos a descansar entonces—
Ark empezó a treparse a un árbol; Yuan también lo hizo.
—¿Qué hacen?— preguntó Raen, consternado—
—Es mejor dormir en las alturas, así tenemos ventaja de visión y estaremos escondidos entre
las hojas—
Raen también inició a escalar tras escuchar las ventajas que Ark había mencionado. Los tres
estaban en árboles distintos, listos para dormir. Raen, que no se había acostumbrado a dormir
en las alturas —ya que cuando lo hizo en Lino Blanco no había dormido, sino que se quedó
despierto por miedo a morir—, no tenía experiencia en esto, haciendo que se cayera del árbol.
Las ramas amortiguaron su caída, pero de todas maneras caer desde ocho metros de altura
siempre hacía daño.
—¿Qué pasó, Raen?— preguntó Ark preocupado— ¿Había algún animal en el árbol?—
—Malparido, me caí cuando dormía—
—¡Jajajajaja, qué pendejo!— se rió Yuan—
—Dormiré mejor en el suelo— dijo Raen, dolido—
—Camúflate con algo para que no te vean los animales—
—¡Esto no es Lino Blanco, idiotas!— les gritó sin hacer caso—
La tarde llegó y el sol empezaba a esconderse. Ark y Yuan bajaron cada uno de su árbol,
notablemente reconfortados; el sueño reparador había hecho su trabajo. Raen todavía estaba
profundamente dormido. Ark tuvo que despertarlo propinándole unas patadas en las costillas.
—Despiértate, ya es hora—
—¿Ah? ¿Eh?—
—Ya es momento de iniciar—
Raen se estiró mientras permanecía acostado y luego se levantó para rascarse el trasero.
—Bueno, vamos— bosteza—
—Antes que nada, necesitamos un plan. Dijiste que lo elaborarías después de levantarnos—
—Cierto. Pues a ver, ellos cuentan con guerreros que sí saben pelear cuando agarran a su
enemigo por sorpresa. Más allá de eso no sabemos. Además cuentan con un profeta santo de
la divinidad. De él es de quien nos debemos preocupar. Si él nos ataca primero, tenemos las
de perder, así que tiene que ser nuestra primera víctima. Después de matarlo ya sería fácil
deshacernos de los demás, creo yo—
—Suena bien. Entonces nosotros dos estaremos acechando en las alturas de los árboles
esperando a que ese profeta aparezca. El problema es que no sabemos cómo es—
—De eso no se preocupen. Casi siempre todos visten igual; llevan una túnica parecida a las
suyas, pero sin esa capucha picuda que ustedes tienen. Él es un divino, por ende debe vestir
con algunas alhajas religiosas o algo por el estilo. Ya ustedes miran. Yo, mientras tanto,
esperaré a que ustedes ataquen primero. Después entraré sin más y eliminaré a los que vea
más fuertes. Entre la confusión del campamento haremos buenos estragos—
—Listo, ya está. Vamos a hacerlo tal cual, esperemos que salga bien— dijo Yuan—
***
El campamento no era muy grande, pero sí estaba vigilado. Tres hombres con armaduras
ligeras y espadas caminaban rodeándolo, mientras un cuarto monitoreaba el interior. El lugar
contaba con diez tiendas, formando dos columnas de cinco tiendas cada una. No se veía
ningún lugar central o de reunión. Además, contaban con caballos amarrados a los árboles
cercanos. No había rastro del profeta divino ni de muchas personas.
—Qué raro, todavía no sale la luna como para que ya se estén yendo a dormir— dijo Ark
entre los árboles—
—Probablemente estén haciendo algo— contestó Yuan desde una rama del mismo árbol—
—Tienes razón. Deberíamos esperar a ver si llegan o aprovechar y asesinar a los que están
aquí—
Ark saltó a otro árbol y quedó cerca de donde Raen estaba escondido. Le tiró unas ramas para
llamar su atención. Raen lo miró confundido. Ark procedió a hacerle algunas señas
comunicando la falta de hombres en el campamento e incitando un ataque repentino,
aprovechando la escasez de soldados. Raen no entendió absolutamente nada.
—Carajo, que ataquemos— habló un poco fuerte—
—¿Eh? No, matemos primero al profeta—
—No hay nadie en el campamento, solo esos cuatro que ves—
Hicieron ruido suficiente para que uno de los vigilantes se acercara curioso hacia ellos.
Cuando los vio discutiendo, intentó gritar para informar a sus compañeros y ganar tiempo,
pero antes de que diera el primer grito o hiciera su primer movimiento, la espada de Raen ya
le había cortado el cuello. Fue un movimiento rápido y sin generar ningún sonido.
—Vaya, me sorprendes, Raen— dijo Ark desde el árbol, quieto y agachado—. Ojalá hubieras
hecho lo mismo en Lino Blanco—
—Ah, otra vez con lo mismo, ya supéralo, amigo—
Ark saltó hacia otro árbol donde Yuan tenía visión sobre él. Le hizo las mismas señales que le
había hecho a Raen, y esta vez Yuan las entendió de inmediato. Cada uno se ubicó en una
posición cercana a los bandidos y, en un parpadeo, mataron a sus víctimas tras saltar de los
árboles. Ark lo hizo a su manera: un corte en la garganta. Yuan fue violento: aplastó el cráneo
de su víctima. Solo quedaba uno, que fue eliminado por Raen atravesándolo el corazón por la
espalda.
—Bueno, fue muy fácil. La verdad me esperaba algo más peligroso— dijo Raen, poniendo su
espada en el hombro— ¿Nos vamos o esperamos?—
Ark miró en todas direcciones, analizando el terreno.
—Tenemos las de ganar si nos preparamos para emboscarlos, nosotros podemos ubicarnos
entre los árboles para matar y huir, el terreno se presta para eso— dijo Ark—
—Bien, eso me gusta— Raen enfundó su espada—. Prepararé el terreno con mis cositas—
Raen levantó con el pie la espada del hombre que acababa de asesinar, la tomó con su mano
derecha y se la lanzó a Ark, que la atrapó.
—Ustedes prepárense a su manera—
Dos horas después, cuando el sol ya no estaba y en su lugar lo reemplazaba la mitad de la
grandeza del astro nocturno, el resto de los bandidos llegó con ganado. Al parecer, habían ido
a atacar otra caravana.
—¿Dónde están los guardias?— preguntó quién parecía ser el jefe—
Sus compañeros estaban aterrados, tartamudeando sin poder conjugar ninguna palabra. Sus
miradas estaban fijadas en un árbol donde colgaban los cuatro compañeros asesinados.
—Maldita sea, revisen el campamento, exploren el lugar. Necesitamos saber quiénes y
cuántos hicieron esto—
Quien gritó tenía el aspecto tal como Raen había descrito al profeta divino: una túnica mágica
de color oscuro, alhajas en las orejas y un collar en el cuello. Su cabello no era tan largo, pero
estaba bien peinado para ser un bandido.
—Míralo, es él. A la palma de nuestra mano— habló Yuan entre los árboles—
Ark no esperó a que Yuan terminara de hablar. Ya se había abalanzado hacia su presa. Su
pose en el aire lo hacía ver imponente; su mano derecha estirada hacia atrás sujetando la
espada, su capucha con pico afilado cubriendo su rostro. El color rojo vinotinto de su túnica
lo hacía pasar desapercibido en la oscuridad.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, realizó un corte horizontal que cercenó la cabeza del
profeta. Luego saltó hacia los árboles y desapareció.
Todos se asustaron por el ataque tan rápido y repentino. Nadie había visto nada, solo la
cabeza de su líder caer.
—Estos chicos sí que me sorprenden… bueno, llegó mi momento—
Raen salió de su escondite, desenvainó su espada, cortó las cuerdas que sujetaban a los
caballos y los hizo huir. Los animales llevaban piedras amarradas que empezaron a arrastrar
al galopar, produciendo el sonido de muchas personas corriendo.
—¡Nos atacan!— gritó un hombre—
Raen entró en acción y comenzó a matar uno tras otro. Ark y Yuan lo apoyaban desde la
oscuridad, saltando y matando de árbol en árbol. Los bandidos asustados, solo veían dos
sombras asesinando a los suyos de par en par.
—¡Tienen un profeta oscuro en sus filas! ¡Estén alertas de lo que haya en los árboles!— gritó
un hombre—
Seguidamente, Yuan lo mató de un golpe en la cabeza.
Los bandidos se tranquilizaron y comenzaron a seguir las sombras. Cada vez que una los
atacaba, repelían el ataque con sus armas, pero no podían contraatacar, pues estas
desaparecían nuevamente entre la arboleda.
Raen empezó a tener dificultades: ya no caían de un solo golpe, sino que sus contrincantes
bloqueaban y contrarrestaban, para luego hacer contraataques brutales que le causaban
heridas.
—Es momento de soltar mi arma secreta—
Raen sacó una bolsa llena de piedritas redondas y la arrojó hacia arriba. Luego la perforó en
el aire con un cuchillo envuelto en fuego. Cientos de esferas ardientes comenzaron a caer
sobre el campamento.
—¿Qué es esto?—
Al parecer, esas esferas no se veían poderosas, pero si relucientes, lo que causaba que los
bandidos se desconcentraran y cuando alguien tocaba una de ellas, Ark o Yuan caían sobre él
y lo mataban.
—¡No toquen esas cosas o morirán!—
El caos volvió a reinar en todo el campamento, los bandidos volvían a caer fácilmente por la
espada de Raen y los ataques rápidos de Yuan y Ark. Viendo lo que sucedía, parecía que iban
a ganar.
Hasta que un hombre de cabello y barba largos salió de una tienda. Vestía una túnica blanca
con delineados dorados y portaba un bastón de roble con una piedra amarilla incrustada.
—Oh, tierra santa, ayuda a tus siervos limpiando a sus enemigos de este lugar—
Un brillo resplandeciente destruyó todas las esferas. El era el Profeta Santo de la Divinidad
—Al parecer ese es el el profeta que debíamos matar— dijo Ark tras verlo—
—Yo me encargo— añadió—. Tú ayuda a Raen—
Yuan salta hacia otro árbol obedeciendo a Ark, mientras él vuelve a arremeter contra ese
profeta que apareció de la nada, con la misma pose con la que asesinó al anterior.
Este tipo lo vio de reojo y, con un movimiento, logró esquivar el corte de Ark, quien intentó
conectar otro tras ver que falló el primero, pero nuevamente se lo esquivaron, abriendo una
brecha de tiempo suficiente para que el profeta estirara su mano y, con su poder cargado de
luz, golpeara a Ark, quien cayó a unos metros de distancia.
—Carajo, leyó mis movimientos— pensó Ark mientras se levantaba y se ponía en posición
de combate.
Tras ver esto, el profeta se preparó para recibir otro ataque.
—Creo que no es momento de atacar—
Ark se perdió entre los árboles.
Después de eso, el profeta dejó de prestarle atención y se concentró en ayudar a sus
compañeros, que caían por la mano de los atacantes. Observó el entorno y se percató de la
presencia de Yuan y Ark entre los árboles; se dio cuenta de que eran ellos quienes causaban
mayores bajas, debido a que cuando sus compañeros atacaban a Raen, dejaban de proteger
sus cuerpos, y era ahí donde las sombras causaban estragos.
—Como el cielo nos mira entre las alturas, pido que este lugar que pisan mis pies sea parte de
mi poder.
¡Control de entorno, defiéndeme!— Recito el profeta
Todo el campamento empezó a ser iluminado por una luz amarilla. A primera vista parecía
que no pasaba nada, pero cuando Ark o Yuan atacaban a uno de los suyos, un ente de luz con
armadura y espada aparecía de la nada y bloqueaba cualquier ataque, para luego
desvanecerse.
—Con que este es el poder de un profeta de oraciones santas— dijo Ark mientras se movía
entre los árboles para atacar—
—Muchachos, necesito que me ayuden un poco, ya no tengo más trucos bajo la manga—
Raen se encontraba bloqueando y esquivando varios ataques de los bandidos.
—Yuan, colaborale; yo los apoyo desde las sombras. Debo matar a ese profeta si queremos
ganar—
La oración del profeta no se quedaba solo ahí; a veces, cuando uno de estos entes aparecía
para bloquear un ataque, rápidamente surgía otro y hacía un contraataque, hiriendo en algunas
partes a Raen, aunque poco a Yuan, ya que le gustaba utilizar una armadura debajo de su
túnica de color mostaza.
En el caso de Ark, sucedía lo mismo, impidiéndole matar a alguien.
“No está sirviendo de nada; si seguimos así, muy pronto matarán a Raen o a Yuan. Tengo que
eliminar a ese profeta si queremos triunfar” Pensó Ark
Y así decidió atacar nuevamente.
El profeta no parecía prestarle atención; estaba enfocado en observar a sus compañeros. Era
el momento ideal para alguien que solo sabe acechar a sus presas.
—Perfecto—
Ark atacó otra vez, pero una figura de luz apareció y bloqueó su ataque. Luego otra apareció
y lo atacó. Ark logró esquivar ese golpe, pero siguieron apareciendo más figuras que lo
atacaban sin darle tiempo de retirarse.
—Es una lástima que personas tan habilidosas como ustedes estén a favor de un reino tan
precario como lo es Ahet Mit—
Ark seguía bloqueando con su espada los ataques de las figuras de luz.
—Si es necesario eliminar a quien sea para que esto funcione, lo haré, el nuevo cambio debe
de ser ahora o nunca—
El profeta cerró los ojos.
—Poder santo que me abraza entre los suyos, hoy te ruego que, con tu grandeza, acabes con
una feroz mordida a todo enemigo que esté en mi contra—
Una luz blanca empezó a formar un dragón detrás de él.
—¡Dragón blanco, arremete!—
El profeta abrió los ojos y el dragón atacó con todo a Ark, que no pudo hacer nada más que
cubrirse, pero eso no bastó: todo su ser desapareció de la faz de la tierra.
—¡Ark!— gritó Yuan tras ver a su amigo ser desintegrado—
Ark ya no se encontraba en el reino de los mortales; ante él se alzaba la majestuosidad de un
cielo deshabitado.
A lo lejos vio una espada enterrada en una especie de altar. De allí se desprendía una energía
mística que recorría todo el lugar. Ark intentó acercarse, pero la energía era tanta que ya no
podía resistirla.
Cada paso que daba le drena energía de su ser. Entonces, una voz de mujer empezó a
hablarle.
—Miren quién llegó. ¿Qué haces aquí? ¿Al fin te dignaste a seguir tu destino?—
Ark no respondía; creía que estaba delirando.
—Quién diría que la mayor escoria de este Reino sería el elegido, el más vil y olvidado de los
hombres, mírate, dando todas tus fuerzas solo para mantenerte de pie, débil como todo
hombre—
Ark continuó caminando, cubriendo su rostro del poder que la espada desprendía. No sabía
qué estaba pasando, pero sentía que debía tomar esa arma.
—Cuando el creador dijo que eras tú, dudé un poco. Creí que morirías antes de los diez.
Aquel niño cuya madre murió protegiéndolo y cuyo padre murió por traición… ni siquiera
sabes quién eres o de dónde viniste, cuidado por mundanos, crecido entre marranos. Solo
causabas risa en el vasto infierno y tristeza en el cielo. Otro más destinado a crecer en La
Hoja Marchita, la casa de los desterrados.
—El creador tenía razón: ningún elegido puede escapar de su llamado incluso si no es digno
de sostener un buen legado—
—No sé de qué me hablas. Creo que te confundes, no soy nadie—
—Exacto, no eres nada ni nadie… y, sin embargo, el creador te escogió. Sin merecerlo, sin
preguntarlo—
Ark, con sus últimas fuerzas, sube a rastras el altar y se para enfrente de la espada. Toda la
habitación empieza a brillar; símbolos se iluminan a sus lados y el altar se enciende con un
fuego resplandeciente. La espada comienza a dar pulsos de energía que llaman la atención de
Ark, quien la toma y, en ese momento, sus venas empiezan a brillar de un color rojizo, al
igual que sus ojos. Todo el poder de la habitación empieza a dirigirse hacia él; más energía
surge de las nubes y de las alturas.
—Llegó la hora— dijo la voz del creador omnipotente—
En ese instante, Ark cae inconsciente.
Thoughts
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PermalinkLas praderas verdes, las vacas, las frutas en carroza. Todo tan tranquilo después del horror del bosque. Pero no durará, en Zetex vuelve la acción.
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PermalinkHay algo en cómo Raen se culpa que me quedó pegado. Dice que fue estúpido aceptar la misión, pero eso no es verdad. Pasó algo más grande que su decisión, algo que no controló. Ahora está viajando con dos personas que lo sacaron vivo del infierno. Eso no es fracaso, es un viaje recién comenzado.
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PermalinkMe encanta cuando un personaje pierde todo y tiene que vivir con extraños que se vuelven amigos. Es como un personaje que leo, se quedó sin nada y luego descubrió que no estaba solo. Raen tiene eso ahora con Yuan y Ark. Aunque no lo vea, ellos ya son su salvación, no solo del bosque sino de quedarse solo con su culpa.
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PermalinkZetex suena como un respiro antes de que todo se rompa. Estoy segura de que después pasará algo grave.
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Permalink¿Zetex es donde pasan las cosas o es solo una parada? Porque si la Hoja Marchita era un infierno y La Espada del Elegido está en el título, algo va a pasarle a Raen en ese pueblo. El profeta, la mujer en el otro plano, todo apunta ahí.
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PermalinkMe interesa mucho esta dinámica entre los tres. Raen perdió todo en La Hoja Marchita pero se está rearmando con Ark y Yuan. Aunque siga culpándose, está aprendiendo que sobrevivir solo después de un trauma así no es posible. La parte de que el bosque destruyó su pasado pero lo conectó con dos desconocidos, eso es lo que me atrapa. ¿Cuándo Raen deja de odiarse a sí mismo y entiende que necesita a estos dos?
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PermalinkEntonces Raen va a Zetex a buscar información sobre la espada. Creo que el profeta y la mujer que vio en otro plano le van a dar respuestas en ese pueblo. Yuan y Ark van con él, así que todavía no es el fin de su viaje junto.
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PermalinkMi abuela dice que ese muchacho nació bajo maldición. Espero que no sea cierto.
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Permalink¿Quién era esa mujer que le hablaba en el otro lugar? ¿Una diosa?
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PermalinkPasó mis cuarenta páginas. Esa batalla fue seria.