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Capítulo 15: compañeros (2)

NicolasPeanl
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-Entonces... -dice Kwon en voz baja.

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-Entonces... -dice Kwon en voz baja.

-¿Sí?

-¿Esto es una oferta para convertirme en tu subordinado?

-Mmm...

Levanto la mirada hacia el cielo y lo pienso durante unos segundos.

-Algo así.

Kwon guarda silencio durante un rato.

-Acepto -responde finalmente-. Pero no esperes demasiada educación de mi parte. Crecí en barrios bajos.

-No busco educación.

Lo miro directamente a los ojos.

-Busco habilidad y alguien en quien pueda confiar.

Hago una breve pausa.

-¿Sos de confianza?

Siento cómo traga saliva.

-Hombre... apenas te conozco.

Desvía la mirada por un instante.

-¿Puedo responderte más adelante?

Lo observo con sorpresa.

Luego no puedo contenerme.

-¡JAJAJAJAJA!

Kwon frunce el ceño, sin comprender qué me causa tanta gracia.

Vaya.

Mirá a quién tenemos acá.

Alguien honesto.

La mayoría habría respondido que sí sin pensarlo, solo para conseguir mi aprobación. Habrían jurado lealtad eterna y prometido que jamás me traicionarían.

Todo eso sin conocerme.

Pero Kwon no.

Él no confiaba en mí.

Y tampoco esperaba que yo confiara en él.

Por ahora, eso era mucho más valioso que una promesa vacía.

-Está bien -digo, todavía sonriendo-. Podés responderme más adelante.

Kwon me mira con cautela.

-¿Eso significa que igual me vas a aceptar?

-Significa que voy a observarte.

Me pongo de pie.

-La confianza no se pide. Se demuestra.

Le extiendo la mano.

Kwon mira mi palma durante unos segundos antes de aceptarla.

Tiro de él y lo ayudo a levantarse.

Apenas logra mantenerse en pie. Sus piernas tiemblan y todavía tiene el rostro hinchado por los golpes.

-Primera lección -digo.

-¿Ya empezamos?

-Nunca insultes a alguien antes de saber si podés derrotarlo.

Kwon me mira con odio.

-Eso no es una lección. Es una amenaza.

-Aprendés rápido.

Por primera vez, una sonrisa leve aparece en su rostro.

No era amistosa.

Pero tampoco parecía completamente hostil.

-Entonces... ¿qué hacemos ahora?

Empiezo a caminar hacia la salida del callejón.

-Primero vamos a conseguirte un arma que no pertenezca a una cocina.

Kwon mira el cuchillo que todavía sostiene.

-No subestimes este cuchillo. Ya hizo bastante trabajo.

-Ese es precisamente el problema.

Guarda el arma dentro de su chaqueta y comienza a seguirme.

-¿Y después?

Pienso en el próximo piso.

En los despertados apareciendo antes de tiempo.

En el cronograma acelerándose.

-Después voy a averiguar si el Demonio Despiadado era realmente tan talentoso como lo recordaba.

-¿Qué demonio?

Continúo caminando.

-Nada que necesites saber todavía.

Detrás de mí, Kwon suspira.

-Sos bastante raro.

-Y vos hablás demasiado.

-Pensé que eso ya lo habías corregido a golpes.

-Parece que voy a necesitar una segunda sesión.

Kwon guarda silencio de inmediato.

Mientras seguimos caminando, el nuevo teléfono comienza a vibrar dentro de mi bolsillo.

Me detengo un instante y observo la pantalla.

Un número desconocido.

Todavía no me acostumbro a utilizar estos aparatos.

Acepto la llamada.

-¿Sí?

-Señor Kim Cheonro -responde la voz del secretario-. Ya está todo preparado.

Kwon me mira de reojo mientras continúa caminando a mi lado.

-Puede dirigirse al número cuarenta y dos de Seongsu-ro, en el distrito de Seongdong. Un funcionario lo estará esperando en la entrada del edificio para entregarle las llaves de su nueva residencia.

-Entendido.

-Los documentos de identidad, el dinero y el resto de las solicitudes que realizó también se encontrarán allí.

-Gracias.

Corto la llamada.

Kwon me observa con cierta curiosidad.

-¿Quién era?

-El secretario del presidente.

Se queda quieto durante un segundo.

-¿El secretario de qué presidente?

-Del país.

Su mirada cambia lentamente.

-¿Acabás de hablar por teléfono con alguien de la oficina presidencial?

-Sí.

-¿Y por qué demonios te está regalando una casa?

-No es un regalo.

Guardo el teléfono.

-Es parte de un acuerdo.

Kwon parece querer hacer más preguntas, pero recuerda el estado de su rostro y decide guardar silencio.

Buena decisión.

-Acompañame -le ordeno.

-¿Tengo opción?

Lo miro.

-No.

-Eso suponía.

Quince minutos después llegamos a la dirección indicada.

El edificio se encuentra en una zona residencial relativamente tranquila. Tiene unos diez pisos, paredes claras y amplios ventanales. No parece lujoso, pero está en mucho mejores condiciones que la mayoría de los lugares que había visto durante el día.

En la entrada nos espera un hombre vestido con traje oscuro.

Al verme, endereza la postura.

-Bienvenido, señor Kim Cheonro.

Inclina ligeramente la cabeza.

-Mi nombre es Choi Minsuk. Me encargaré de mostrarle su nueva residencia y entregarle todo lo solicitado por la oficina presidencial.

-Gracias. Guíeme, por favor.

El hombre dirige una mirada breve hacia Kwon.

Su ojo hinchado, el labio partido y las manchas de sangre seca probablemente no causaban una buena primera impresión.

-¿El joven lo acompaña?

-Sí.

-Entiendo.

No pregunta nada más.

Nos conduce hacia el interior.

El vestíbulo está vacío. Probablemente la mayoría de los residentes todavía permanece encerrada en sus hogares después de los acontecimientos del día.

Choi presiona un botón y las puertas metálicas del ascensor se abren.

Entro.

Kwon se queda afuera, mirando el interior con desconfianza.

-¿Qué hacés? -pregunto.

-Nada.

-Entonces entrá.

-No me gustan estas cajas.

-Es un ascensor.

-Sigue siendo una caja que sube.

Lo observo en silencio.

Kwon suspira y finalmente entra.

Las puertas se cierran.

Durante el ascenso, Choi Minsuk mantiene una expresión completamente profesional, aunque ocasionalmente observa la espada que llevo y el rostro golpeado de Kwon.

-El apartamento se encuentra en el octavo piso -explica-. Dispone de tres habitaciones, dos baños, cocina, sala de estar y un pequeño espacio de entrenamiento.

-¿Espacio de entrenamiento?

-La oficina consideró que podría necesitarlo.

El presidente había entendido rápido.

Bien.

-También reforzamos las cerraduras y colocamos un sistema privado de seguridad. Solo usted y las personas que autorice podrán acceder.

El ascensor se detiene.

Choi nos guía hasta una puerta ubicada al final del pasillo.

Introduce una llave, abre y se aparta.

-Este será su nuevo hogar.

Entro lentamente.

La sala es amplia.

Hay muebles nuevos, una mesa, un sofá y grandes ventanas desde las cuales puede verse una parte considerable de la ciudad.

Todo está demasiado limpio.

Demasiado ordenado.

Demasiado silencioso.

No parece un hogar.

Todavía no.

Sobre la mesa principal hay varias carpetas, una tarjeta bancaria, dinero en efectivo, otro teléfono y un pequeño juego de llaves.

Choi señala los documentos.

-Aquí encontrará su nueva identificación, registro de residencia, información bancaria y una cuenta creada bajo supervisión gubernamental.

Tomo la primera carpeta.

En el documento aparece el rostro de Kim Cheonro.

Nombre: Kim Cheonro.
Edad: veinte años.
Nacionalidad: surcoreana.

El resto de la información parece haber sido fabricada para llenar los espacios vacíos de su vida.

O de mi vida.

Todavía no estaba seguro.

-La cuenta dispone de cincuenta millones de wones como fondo inicial -continúa Choi-. Los gastos relacionados con su preparación para la Torre podrán solicitarse por separado, siempre que sean razonables.

Kwon deja escapar un silbido.

-¿Cincuenta millones?

-¿Es mucho? -pregunto.

Los tres me miran.

Kwon es el primero en hablar.

-¿Viviste debajo de una piedra?

Pienso en los más de mil años que pasé dentro de la Torre.

-Algo parecido.

Choi decide ignorar la conversación.

-También encontrará una línea directa con la oficina presidencial y los datos de contacto del equipo que comenzará a investigar a los despertados.

Asiento.

-¿Y el orfanato?

-La ayuda ya fue autorizada. Mañana recibirán alimentos, medicamentos y fondos de emergencia. Se asignará seguridad discreta en los alrededores.

Relajo un poco los hombros.

Eunji estaría protegida.

Al menos por ahora.

-Buen trabajo.

-Es parte del acuerdo, señor Kim.

Choi me entrega las llaves.

-¿Necesita algo más?

Miro el apartamento.

Luego a Kwon.

Su ropa estaba quemada, su rostro destruido y todavía llevaba un cuchillo de cocina escondido bajo la chaqueta.

-Sí.

Kwon entrecierra los ojos.

-¿Qué?

-Necesito ropa, comida y equipo de entrenamiento para dos personas.

Choi anota la solicitud.

-Lo tendremos preparado mañana.

-También armas.

El hombre levanta la mirada.

-¿Qué tipo de armas?

Señalo a Kwon.

-Cuchillos.

Kwon sonríe por primera vez desde que entramos.

-Buenos cuchillos.

-Y resistentes -agrego-. Va a romper varios durante el entrenamiento.

Su sonrisa desaparece.

-¿Qué clase de entrenamiento pensás hacerme?

Miro el espacio vacío al fondo de la vivienda.

-Uno que consiga que sobrevivas al segundo piso.

Choi guarda su libreta.

-Entonces me retiraré.

Se inclina y se dirige hacia la puerta.

Antes de salir, se detiene.

-Señor Kim, el presidente solicitó que mantenga el teléfono encendido en todo momento.

-Lo intentaré.

El funcionario parece preocupado por mi respuesta, pero finalmente se marcha.

La puerta se cierra.

Kwon y yo quedamos solos.

Durante unos segundos, observamos el apartamento en silencio.

-Entonces... -dice-. ¿También voy a vivir acá?

-Por ahora.

-¿Y tengo una habitación?

-Si demostrás que sos de confianza.

-¿Dónde duermo mientras tanto?

Señalo el sofá.

Kwon mira el mueble.

Después me mira a mí.

-Sos un jefe bastante miserable.

-Hace una hora querías apuñalarme con un cuchillo de cocina.

-Eso ya quedó en el pasado.

-Fue hace una hora.

-Soy una persona que sabe avanzar.

Ignoro su comentario y me acerco a la ventana.

La ciudad se extiende frente a mí, cubierta de luces.

Por primera vez desde que regresé, tenía documentos.

Dinero.

Una vivienda.

Una línea directa con el gobierno.

Y un posible compañero para el siguiente piso.

No era demasiado.

Pero era un comienzo.

-Descansá -le digo a Kwon-. Mañana empezamos.

-¿Empezamos qué?

Giro hacia él.

-A convertirte en alguien útil.

La expresión de Kwon se endurece.

-Ya soy útil.

Miro su cuchillo de cocina.

-Mañana veremos si eso es cierto.

**

Cuando desperté a la mañana siguiente, miré la hora.

Las seis en punto.

La luz del amanecer apenas comenzaba a filtrarse entre las cortinas.

Kwon seguía durmiendo en el sofá, atravesado entre los almohadones, con una pierna colgando y la manta tirada en el suelo. Parecía haber luchado durante toda la noche contra el mueble y perdido miserablemente.

Lo primero que hice fue abrir las cortinas de par en par.

La luz del sol inundó la habitación.

-Es hora de entrenar -dije, elevando un poco la voz.

No obtuve respuesta.

Kwon ni siquiera se movió.

Nunca me consideré una persona especialmente paciente.

Busqué a mi alrededor y encontré un palo de madera entre el equipo que habían enviado durante la noche.

Lo tomé.

Después golpeé la rodilla de Kwon.

-¡HAAH! -gritó mientras se incorporaba de golpe-. ¡¿Quién mierda...?!

Ignoré su reacción.

-Es hora de entrenar -repetí con exactamente el mismo tono.

Kwon levantó la mirada hacia mí, todavía confundido.

Después observó la habitación.

El sofá.

El palo en mi mano.

Y finalmente pareció recordar dónde estaba y con quién había aceptado entrenar.

La rabia de su rostro desapareció rápidamente.

-Son las seis de la mañana... -murmuró.

-Lo sé.

-El sol ni siquiera terminó de salir.

-Entonces ya estamos perdiendo tiempo.

Kwon abrió la boca, quizá para insultarme, pero debió recordar la conversación de la noche anterior.

No salió ningún sonido.

Buena decisión.

Se levantó con dificultad y comenzó a cambiarse. Las heridas del día anterior todavía le causaban dolor; podía notarlo por la rigidez de sus movimientos y por la forma en que evitaba apoyar demasiado peso sobre un costado.

-¿No pensás dejar que me recupere? -preguntó mientras se colocaba una camiseta limpia.

-Un enemigo no va a esperar a que dejes de sentir dolor.

-Vos no sos mi enemigo.

-Durante el entrenamiento, sí.

Kwon se quedó quieto.

-Eso suena bastante preocupante.

Dejé el palo de madera sobre mi hombro.

-Tu problema principal no es la velocidad ni la fuerza.

-¿Entonces cuál es?

-Creés que sos más hábil de lo que realmente sos.

Su expresión se endureció.

-Ayer derroté a un despertado con un cuchillo de cocina.

-Ayer derrotaste a un idiota que lanzaba fuego sin saber pelear.

-Sigue siendo una victoria.

-También sobrevivir a una caída desde un primer piso es una victoria. No significa que estés preparado para saltar desde el décimo.

Kwon terminó de ajustar su ropa y me miró con fastidio.

-Está bien. ¿Qué querés que haga?

Señalé el espacio de entrenamiento.

Durante la noche habían dejado varias armas de madera, pesas, colchonetas y muñecos articulados. No era un lugar demasiado grande, pero sería suficiente para comenzar.

-Atacame.

Kwon miró el palo que sostenía.

-¿Con qué?

Tomé uno de los cuchillos de entrenamiento y se lo arrojé.

Lo atrapó por reflejo.

-Con eso.

Observó el filo de madera.

-¿Y vos vas a usar el palo?

-No.

Dejé caer mi arma al suelo.

-No voy a utilizar nada.

Kwon frunció el ceño.

-¿Me estás subestimando?

-Sí.

La respuesta pareció ofenderlo más que cualquier provocación.

Apretó el cuchillo.

-Después no te quejes.

Adoptó una postura baja.

No estaba mal.

La pierna derecha atrás.

El cuerpo ligeramente inclinado.

El cuchillo oculto junto al antebrazo para dificultar la lectura del ataque.

Para alguien sin entrenamiento formal, sus instintos eran excelentes.

Pero todavía eran solo instintos.

-Cuando quieras -dije.

Kwon avanzó.

Rápido para una persona común.

Lento para mí.

Desvió ligeramente el hombro y dirigió el cuchillo hacia mis costillas. No buscaba herirme de gravedad; pretendía obligarme a retroceder y enlazar un segundo ataque.

Di medio paso hacia un costado.

Su arma pasó frente a mi ropa.

Le toqué la muñeca con dos dedos.

El cuchillo salió despedido.

Antes de que alcanzara a reaccionar, golpeé suavemente la parte posterior de su rodilla.

Kwon cayó al suelo.

El entrenamiento había durado menos de dos segundos.

Permaneció arrodillado, mirando el cuchillo que había aterrizado varios metros más allá.

-Otra vez -ordené.

Kwon apretó los dientes.

Recogió el arma y volvió a colocarse frente a mí.

Esta vez no atacó enseguida.

Me observó.

Bien.

Al menos era capaz de aprender después de una derrota.

-¿Qué mirás? -pregunté.

-Estoy intentando descubrir cómo lo hiciste.

-No vas a verlo concentrándote en mis manos.

Sus ojos descendieron hacia mis pies.

Mejor.

-Otra vez.

Atacó.

Volvió a caer.

-Otra vez.

Cayó por tercera vez.

Después por cuarta.

A la décima, su respiración ya era pesada.

A la vigésima, el sudor cubría su rostro.

A la trigésima, dejó de lanzar ataques desesperados y comenzó a estudiar la distancia antes de acercarse.

Eso era lo que buscaba.

No quería enseñarle técnicas todavía.

Primero tenía que destruir sus malos hábitos.

-¿Cuánto tiempo vamos a seguir haciendo esto? -preguntó desde el suelo.

-Hasta que consigas tocarme.

Kwon levantó la cabeza.

-¿Y si no lo consigo?

-No desayunás.

Sus ojos se abrieron.

-Eso es abuso.

-Eso es motivación.

Tomó nuevamente el cuchillo.

Esta vez se levantó mucho más rápido.

Así transcurrió toda la mañana.

Kwon intentó una y otra vez tocarme, aunque fuera apenas rozar un cabello o la tela de mi ropa.

No lo consiguió.

Al principio atacaba con velocidad.

Después con engaños.

Más tarde intentó cambiar el ritmo, ocultar sus movimientos y aprovechar el cansancio.

Nada funcionó.

Cuando empecé a aburrirme, levanté una mano.

-Es suficiente por hoy.

Kwon permaneció inclinado hacia adelante, con las manos apoyadas sobre las rodillas.

-¿Cómo...? -preguntó entre respiraciones entrecortadas.

Supongo que todavía no podía aceptar que, después de pasar toda la mañana atacándome, no hubiera conseguido tocarme ni una sola vez.

-Sos demasiado predecible -respondí con honestidad-. Tenés buenos instintos, pero te falta experiencia en combate.

Kwon apretó los dientes.

-Eso es porque sos un despertado...

El descontento era evidente en su voz.

Negué lentamente.

-Estás equivocado.

Lo miré directamente.

-Incluso sin estadísticas, no podrías derrotarme.

Un malestar apareció en sus ojos.

No era solo enojo.

Era frustración.

Probablemente había pasado toda su vida creyendo que tenía talento. Y lo tenía. Más que la mayoría.

Pero el talento de un joven no podía compararse con siglos de experiencia acumulada.

-No pongas esa cara -continué-. Que hoy no puedas tocarme no significa que nunca vayas a conseguirlo.

Kwon levantó la mirada.

-¿Cuánto tiempo tardaría?

Pensé durante un momento.

-Si entrenás seriamente, varios años.

Su expresión se endureció.

-¿Y el segundo piso no abre dentro de unas semanas?

-Exactamente.

-Entonces estamos bastante jodidos.

-Vos, sobre todo.

Kwon me miró con odio.

-Vamos a comer -dije con tranquilidad.

-¿Qué vamos a comer?

Me observó con extrañeza.

-Ni siquiera te vi hacer compras.

Me quedé en silencio.

Tenía razón.

No había comprado comida.

Tampoco sabía qué había en la cocina ni cómo funcionaban la mayoría de los electrodomésticos de aquella época.

Entonces recordé algo.

En estos años ya existían los restaurantes.

Y el servicio de entrega.

-Vamos a comer afuera -decidí-. ¿Tenés dinero?

Kwon me miró como si hubiera dicho algo absurdo.

-¿Vos me estás preguntando si tengo dinero?

-Sí.

-Ayer estaba peleando con un cuchillo de cocina y escapando de los bomberos.

-Eso no responde mi pregunta.

Kwon revisó sus bolsillos.

Sacó unas pocas monedas, un billete arrugado y un recibo viejo.

-Tengo suficiente para una bebida.

Asentí.

-Entonces pagás la bebida.

-¿Y vos?

Saqué la tarjeta que me había entregado el gobierno.

Kwon la observó en silencio.

-¿Cuánto dinero tenés ahí?

-No lo sé exactamente.

-¿Cómo que no sabés?

-El funcionario dijo algo sobre cincuenta millones de wones.

Kwon dejó de respirar por un instante.

-¿Cincuenta millones?

-Eso dijo.

-¿Y me preguntaste si yo tenía dinero?

-Quería saber si podías contribuir.

Se llevó una mano al rostro.

-Sos la persona más extraña que conocí en mi vida.

-Apenas me conocés desde ayer.

-Y ya es suficiente.

Salimos del apartamento.

Mientras caminábamos por la calle, noté que muchas tiendas permanecían cerradas. Algunas tenían las ventanas cubiertas con tablas y otras habían colocado carteles anunciando que no abrirían hasta nuevo aviso.

La ciudad estaba recuperando el orden, pero el miedo seguía presente.

Finalmente encontramos un pequeño restaurante que continuaba funcionando.

Había poca gente dentro.

Algunos clientes observaban las noticias en una televisión colgada sobre la pared. Otros hablaban en voz baja sobre los despertados y el anuncio del sistema.

Nos sentamos en una mesa apartada.

Una mujer se acercó y dejó dos menús frente a nosotros.

Miré las páginas.

Había fotografías de comida y palabras que apenas recordaba.

Kwon ya había elegido.

-Quiero carne, arroz, sopa y todo lo que entre en la mesa.

La mujer lo miró sorprendida.

-¿Todo?

-Entrené toda la mañana.

Señaló mi dirección.

-Por culpa de este monstruo.

La mujer me miró.

-Lo mismo para mí -dije.

Kwon giró rápidamente.

-¿También vas a pedir todo?

-Necesito recuperar energía.

-Pero ni siquiera estás cansado.

-Porque sé respirar correctamente.

Kwon apretó los dientes.

Cuando la mujer se alejó, apoyó los brazos sobre la mesa.

-Entonces, ¿qué sigue después de comer?

-Entrenamiento físico.

-¿Lo de esta mañana no era entrenamiento físico?

-Eso era una evaluación.

Su rostro perdió color.

-¿Y qué evaluaste?

-Que estás peor de lo que recordaba.

Kwon frunció el ceño.

-¿Peor de lo que recordabas?

Me quedé quieto.

Las palabras habían salido con demasiada naturalidad.

Durante un instante, sentí una presión extraña alrededor del espacio.

No llegó a detenerse.

Pero fue suficiente para advertirme.

El sistema estaba escuchando.

-Peor de lo que esperaba -corregí con tranquilidad.

La presión desapareció.

Kwon continuó observándome.

-Sos raro incluso cuando mentís.

-Comé cuando llegue la comida.

-Eso no responde nada.

-No tenía intención de responder.

Kwon suspiró y se recostó contra la silla.

Afuera, el cielo seguía azul.

Pero ahora sabía algo más.

No solo estaba prohibido decir que era un regresor.

Incluso ciertas frases descuidadas podían acercarme demasiado al límite.

Tendría que medir mejor mis palabras.

Especialmente frente a alguien tan curioso como Kwon.


Thoughts

  • solo_curioseo

    ¿Dónde aprendió a pelear así? No es solo velocidad, es que parece que anticipa exactamente lo que Kwon va a hacer. Se nota a años luz de diferencia.

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  • quiza_me_equivoco

    Capaz me equivoco, pero algo no cierra. Este tipo dice que necesita gente de confianza pero él no confía en nadie. O capaz que solo está siendo práctico y yo estoy viendo cosas.

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  • idea1908

    Eso me pasó en el club. Pensás que la sabés y después llega alguien que te muestra que no. Kwon debe estar pasándola mal, pero al menos tiene a alguien que le enseña de verdad.

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  • cuatrocafes

    Hay algo que me estresa. El protagonista es claramente superior, pero no porque sea más fuerte. Es porque sabe leer a la gente. Kwon no tiene idea de quién es realmente.

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  • Elena_V

    Kwon es brutalmente honesto. Prefiere un «no sé» a mentir para quedar bien. Me acordé de gente así, que se juegan diciendo la verdad aunque le cueste.

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