Me quedé con Melanie diciendo que no al café de un desconocido y yéndose rápido, sin dejar de sonreír. Para ser alguien que se tapa la cara por un grito, tiene los límites bastante claros, y Antonio queda como el más perdido de los dos, che.
Capítulo 1: El matiz del cielo
Pensamiento
Me quedé con Melanie diciendo que no al café de un desconocido y yéndose rápido, sin dejar de sonreír. Para ser alguien que se tapa la cara por un grito, tiene los límites bastante claros, y Antonio queda como el más perdido de los dos, che.
Contenido de la publicación
El sol comenzaba a bajar y la brisa de la tarde traía esa tranquilidad que tanto buscaba. Iba caminando despacio, disfrutando del paisaje, cuando noté que a unos pasos detrás de mí venía una chica. Traía su teléfono en la mano y venía grabando absolutamente todo a su paso. Me pareció un gesto muy bonito, lleno de ternura.
Decidí sentarme en el borde de la banqueta para contemplar el atardecer con más comodidad. Para mi sorpresa, ella también se sentó a un par de metros de mí. No dije nada. En ese momento solo quería estar en silencio, era mi momento de paz... aunque pronto me di cuenta de que para ella significaba exactamente lo mismo.
De pronto, rompió el silencio:
—Está hermoso todo lo que he visto hoy... Ojalá el atardecer se ponga igual de increíble —dijo con una sonrisa serena.
Justo en ese instante, los primeros destellos dorados comenzaron a abrirse paso entre las nubes. La chica no pudo contener la emoción: dejó escapar un pequeño grito de asombro y dijo que era lo más bonito que había visto en todo el día. Al darse cuenta de su propia reacción, se cubrió el rostro mientras sus mejillas se teñían de un rojo encendido. Solo la quedé viendo, contagiado por su entusiasmo inocente.
Volví la mirada hacia el horizonte. El cielo pasó de un amarillo cálido a un naranja profundo y envolvente. A mi lado, ella volvió a alzar su cámara para registrar cada tono.
—Amo grabar —comentó de pronto, como si hubiera leído exactamente lo que estaba pensando—. Lo hago desde que era muy pequeña.
Saber que para ella esos videos serían hermosos recuerdos guardados con el paso de los años me pareció un detalle sumamente tierno.
—Por cierto, qué mala educación la mía —dijo volviéndose hacia mí—. Soy Melanie.
—Un gusto, Melanie. Soy Antonio —respondí.
A pocos pasos había una pequeña cafetería. Notando el aire fresco de la tarde, le pregunté si le apetecía un café.
Melanie me miró, sonrió con cautela y negó amablemente:
—No, gracias... Podemos hablar un rato, pero eso de aceptar cosas de un desconocido, como que no —respondió entre risas.
—Está bien, no te preocupes, lo entiendo —le contesté riendo por su honestidad.
—Bueno, me retiro. Fue un gusto verte, ¡bye, chico!
La vi alejarse a paso ligero, sin sospechar que el destino tenía planes para nosotros.
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El sol comenzaba a bajar y la brisa de la tarde traía esa tranquilidad que tanto buscaba. Iba caminando despacio, disfrutando del paisaje, cuando noté que a unos pasos detrás de mí venía una chica.…