Tu abuelo te pidió que lo buscaras en las estrellas. ¿Lo encontraste alguna vez? ¿Sigue siendo donde dijiste?
Buscarte en las estrellas
Entre recuerdos vagos, siempre hay uno que me hace volver al pasado, ese que me recuerda la calidez de tus abrazos, la compañía y la voz de aquellos que me criaron, el amor incondicional de quienes…
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Tu abuelo te pidió que lo buscaras en las estrellas. ¿Lo encontraste alguna vez? ¿Sigue siendo donde dijiste?
Contenido de la publicación
Entre recuerdos vagos, siempre hay uno que me hace volver al pasado, ese que me recuerda la calidez de tus abrazos, la compañía y la voz de aquellos que me criaron, el amor incondicional de quienes se quedaron y el adiós de los que no.
Crecí, y quizá mi forma de ver el mundo mejoró. Yo mejoré.
Cada recuerdo, incluso el más decepcionante, cruza esa línea que nunca fui buena para atravesar: la idea de no ser nadie, quizá; de no avanzar.
No me ahogo en esos recuerdos, ni siquiera en los buenos. Pero qué lindo es pensar que la idea de seguir no es huir, que la idea de estar no está obligada a un simple plural.
Soy creyente, pero no de esas que dicen adorar y se aferran a una confusa fe. Soy creyente porque creo que me salvó creer; creer en Dios, en mí y en todo aquello que al final llegó con luz.
Soy creyente porque sé que existe el amor, la vida misma. Soy creyente porque deseo creer en la fe, en los sí y en los tal vez.
Quizá esa sea la idea:
Creer.
Aunque muchas veces me desvanezco entre pensamientos y angustia, quiero creer que aquello que imploramos que regrese algún día lo hará. Quiero creer que no se irá otra vez sin despedirse. Quiero creer que será real.
Y si no es así, quiero creer que aún me cuidarás desde arriba, abuelo.
Espero ser esa mujer que algún día deseaste ver crecer, aquella a la que siempre le dijiste que te buscara en las estrellas, en las palabras, incluso cuando no era buena haciendo rimar una frase de par en par.
Por ti estoy aquí. Por ti aprendí que el amor más puro es el incondicional. Por ti deseo convertirme en todo aquello que alguna vez dijiste que sería: una gran mujer.
Y desde aquí, siempre escribo por ti.
A los nueve años no le encontré sentido, pero el llorar y escribir me encontraron a través de ti.
Te amo.
Thoughts
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Permalink¿Hay alguien a quien le lees esto en voz alta? ¿Alguien que también lo conocía, o es para leerlo tú sola?
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PermalinkQué texto tan infinitamente hermoso y conmovedor; me hiciste llorar. Es de las confesiones más puras y honestas que he leído por aquí. La forma en que describes tu evolución, tu fe y ese lazo eterno con tu abuelo es de una sensibilidad que desarma. Saber que el dolor y la escritura te encontraron a los nueve años a través de él explica la magia y el alma que tiene tu pluma. Tu abuelo, sin duda, está viendo desde las estrellas a esa gran mujer en la que te has convertido. Gracias por abrir tu corazón de esta manera tan bella.
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PermalinkHay palabras que acompañan todo el turno. Creo que las tuyas acompañan igual que los versos.
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Permalink¿Desde cuándo escribes por él? El texto dice que a los nueve no le encontraba sentido, pero el llorar y escribir te encontraron a través suyo.
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PermalinkLa fe en Dios, en ti misma, en lo que llegó con luz. Eso suena a fe de verdad, la que cuesta ganar.
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PermalinkEsa línea de que seguir no es huir. ¿Es una regla que te diste, como las que todos nos hacemos para sobrevivir?
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PermalinkQuedarse sola en la playa mientras otros se van. Creo que entiendo qué es escribir para alguien que ya no está.
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PermalinkTu abuelo te pidió que lo buscaras en las estrellas. ¿Lo encontraste alguna vez? ¿Sigue siendo donde dijiste?
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PermalinkLas esperanzas que heredamos de quienes nos quieren, ¿pesan igual que cuando los tenemos cerca?