¿Por qué tres lunas en particular? ¿tiene algún motivo o fue la primera cosa que se te pasó por la cabeza cuando empezaste el capítulo?
BLOODSTAR CAPITULO/CHAPTER 3
hola chicos, aqui el capitulo 3 de mi intento literario. Espero y les guste
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¿Por qué tres lunas en particular? ¿tiene algún motivo o fue la primera cosa que se te pasó por la cabeza cuando empezaste el capítulo?
Contenido de la discusión
Capítulo 3: El tablero comienza a moverse
Peter abrió lentamente los ojos.
Lo primero que vio fue el cielo.
Un cielo extraño.
Tres lunas brillaban suspendidas sobre él, rodeadas por incontables estrellas que parecían moverse lentamente, como si estuvieran vivas.
Peter se incorporó confundido.
—¿Sigo vivo...?
Miró a su alrededor.
No reconocía aquel lugar.
Ante él se extendía un enorme valle cubierto de hierba plateada que se mecía con una brisa suave. A lo lejos podían verse montañas flotando sobre el horizonte y enormes cascadas que caían hacia el vacío para desaparecer entre nubes oscuras.
No había ciudades.
No había personas.
No había rastros del mundo que conocía.
Solo silencio.
—Esto no puede ser mi casa...
Peter avanzó unos pasos observando el paisaje.
El suelo parecía real.
Podía sentir el viento.
Podía escuchar el agua.
Incluso podía percibir el aroma de las flores que crecían entre la hierba.
Todo parecía demasiado auténtico para ser un sueño.
Entonces escuchó algo.
Un crujido.
Al girarse encontró una criatura observándolo.
Era un enorme lobo blanco.
Su pelaje parecía formado por nieve y luz de luna.
Sus ojos dorados permanecían fijos sobre él.
Peter se quedó inmóvil.
El lobo lo observó durante unos segundos.
Luego comenzó a caminar.
Tras unos metros se detuvo y giró la cabeza.
Como si le indicara que lo siguiera.
—¿Quieres mostrarme algo?
El lobo continuó avanzando.
Peter dudó unos instantes.
Pero al no tener mejores opciones decidió seguirlo.
Mientras caminaban, el paisaje comenzó a cambiar.
Las praderas dieron paso a antiguos bosques.
Árboles gigantescos se elevaban hacia el cielo.
Sus ramas parecían sostener las estrellas.
Entre ellas podían verse extrañas criaturas observándolo desde la distancia.
Ciervos con cuernos de cristal.
Aves hechas de fuego azul.
Serpientes luminosas que se deslizaban entre las raíces.
Ninguna mostraba hostilidad.
Era como si todas supieran quién era.
Y lo estuvieran esperando.
Mientras avanzaba, una voz resonó en el viento.
—Sigue caminando...
Peter se detuvo.
Miró alrededor.
No había nadie.
—¿Quién dijo eso?
No obtuvo respuesta.
Solo silencio.
El lobo continuó avanzando.
Y Peter volvió a seguirlo.
Pasaron varios minutos.
O quizás varias horas.
Era imposible saberlo.
El tiempo parecía comportarse de forma diferente allí.
Entonces una segunda voz surgió entre los árboles.
Más profunda.
Más antigua.
—El heredero finalmente ha llegado.
Peter volvió a mirar a su alrededor.
—¿Quiénes son?
Las hojas comenzaron a moverse.
La brisa se volvió más intensa.
Y una tercera voz respondió.
—Aún no es momento de responder.
Sigue adelante.
Peter frunció el ceño.
Aquello comenzaba a incomodarlo.
Pero la curiosidad era más fuerte.
Continuó caminando.
Hasta que finalmente el bosque desapareció.
Frente a él apareció una inmensa construcción de piedra negra.
Antigua.
Colosal.
Parecía un templo olvidado por el tiempo.
Columnas gigantes sostenían un techo parcialmente derrumbado.
Runas doradas brillaban sobre las paredes.
Y sentado sobre los restos de un antiguo trono se encontraba un hombre.
Cabello oscuro.
Ojos color carmesí.
Una capa negra descansaba sobre sus hombros.
A pesar de estar sentado, transmitía una presencia imponente.
El lobo blanco se acercó a él y se recostó a sus pies.
El hombre sonrió ligeramente.
—Llegas tarde, mocoso.
Peter levantó una ceja.
—¿Perdón?
—Te hemos estado esperando durante generaciones.
—¿Nosotros?
El hombre soltó una pequeña risa.
—Supongo que las presentaciones son necesarias.
Se puso de pie.
La diferencia de tamaño era notable.
Parecía un guerrero nacido para liderar ejércitos.
—Mi nombre es Darius Bloodstar.
Y tú...
Eres mucho más parecido a Klaus de lo que esperaba.
Peter se quedó inmóvil.
Al escuchar aquel apellido sintió que el corazón se le detenía por un instante.
—¿Bloodstar?
Darius sonrió.
—Así es.
Después de todo...
Somos familia.
Darius observó a Peter durante varios segundos.
No parecía analizar su fuerza.
Ni su apariencia.
Era como si estuviera observando algo mucho más profundo.
Algo que ni siquiera Peter podía comprender.
—Así que eres tú...
Peter frunció el ceño.
—¿Me conoces?
—Más de lo que imaginas.
Darius descendió lentamente de los restos del trono.
Cada paso resonaba en las antiguas ruinas.
—Aunque debo admitir que esperaba que fueras más alto.
Peter parpadeó.
—¿Eso es lo primero que vas a decirme?
—Por supuesto.
—¿Por qué?
—Porque todos los Bloodstar terminan siendo gigantes.
Peter suspiró.
—Definitivamente esto es un sueño.
Darius soltó una carcajada.
—No exactamente.
—¿Qué significa eso?
El antiguo emperador levantó la mirada hacia las tres lunas.
—Este lugar existe entre los límites de la vida y la muerte.
Entre la memoria y el tiempo.
Entre lo que fue...
Y lo que será.
Peter sintió un escalofrío.
Aquella explicación no respondió absolutamente nada.
—Eso no aclara nada.
—Lo sé.
—Entonces explícate mejor.
—No.
—¿No?
—No tenemos tiempo.
Peter comenzó a perder la paciencia.
—Entonces dime por qué estoy aquí.
La expresión de Darius se volvió seria.
Por primera vez desde que apareció.
—Porque despertaste algo que no debía existir.
El ambiente cambió.
Incluso el viento pareció detenerse.
—¿Te refieres a Behemoth?
Darius no respondió inmediatamente.
—Así que ya conoces ese nombre.
—Lo escuché durante mi transformación.
—Eso es peor de lo que pensaba.
Peter sintió que aquellas palabras no eran precisamente alentadoras.
—¿Qué es Behemoth?
—Una respuesta que todavía no estás preparado para escuchar.
—Todos dicen lo mismo.
—Porque es verdad.
Peter apretó los puños.
—Estoy cansado de que todos hablen en acertijos.
—Y aun así sigues aquí escuchándome.
Peter no tuvo respuesta para eso.
Darius sonrió ligeramente.
—Tal como pensé.
Durante unos segundos ambos permanecieron en silencio.
Entonces el antiguo emperador señaló el enorme templo detrás de él.
—Dime algo, Peter.
—¿Qué?
—¿Qué viste cuando derrotaste a Wolfend?
Peter bajó la mirada.
Recordó las almas de los licántropos.
Recordó el dolor.
Recordó la despedida.
Recordó cómo todos marcharon juntos hacia el más allá.
—Vi guerreros que nunca quisieron luchar.
Darius asintió.
—¿Y qué sentiste?
—Tristeza.
—¿Solo tristeza?
Peter negó lentamente.
—También rabia.
—¿Contra quién?
—Contra quienes los obligaron a vivir así.
Darius sonrió.
Esta vez con orgullo.
—Bien.
Peter levantó una ceja.
—¿Bien?
—Muchos habrían respondido "satisfacción por la victoria".
Otros habrían dicho "orgullo".
Algunos incluso "felicidad".
Pero tú hablaste de ellos.
No de ti.
Peter guardó silencio.
Darius cruzó los brazos.
—Ahora entiendo por qué Klaus apostó todo por ti.
Al escuchar el nombre de su abuelo, Peter sintió un nudo en la garganta.
—¿Conociste a mi abuelo?
La sonrisa de Darius se volvió nostálgica.
—Lo vi crecer.
Lo entrené.
Luché a su lado.
Y una vez le salvé la vida.
Peter abrió los ojos sorprendido.
—Entonces...
—Sí.
Lo conocí mejor de lo que él mismo se conocía.
Por primera vez desde que llegó a aquel lugar, Peter sintió una emoción diferente.
No miedo.
No confusión.
Sino esperanza.
Tal vez aquellas personas realmente tenían respuestas.
Darius observó el cielo durante unos instantes.
Luego habló.
—Ven.
—¿A dónde?
—Al siguiente lugar.
Peter frunció el ceño.
—¿Siguiente lugar?
—Si crees que yo soy problemático...
Entonces una ligera sonrisa apareció en su rostro.
—Espera a conocer a Sigma.
En ese instante, las ruinas comenzaron a desmoronarse.
Las tres lunas desaparecieron.
El suelo se cubrió de grietas luminosas.
Y el mundo entero comenzó a transformarse.
—Agárrate, mocoso.
Porque el segundo emperador tiene bastante peor carácter que yo.
Las ruinas desaparecieron.
El cielo se fragmentó como si estuviera hecho de cristal.
Millones de grietas recorrieron el horizonte.
Peter sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Durante un instante no existió arriba ni abajo.
No existió el tiempo.
No existió el espacio.
Solo un inmenso vacío.
Entonces...
Una explosión sacudió todo.
BOOOOOM.
Peter abrió los ojos.
Se encontraba de pie en medio de un campo de batalla.
El viento soplaba con violencia.
Miles de espadas rotas sobresalían del suelo.
Armaduras destruidas descansaban entre montañas de piedra negra.
A lo lejos podían verse dragones gigantes petrificados por el paso de los siglos.
El cielo era rojo.
Como si hubiera sido teñido por la sangre de incontables guerras.
—¿Qué demonios es este lugar?
—El lugar donde terminó una era.
Peter se giró.
La voz provenía detrás de él.
Sentado sobre una enorme roca se encontraba un hombre.
Cabello gris plateado.
Ojos dorados.
Una enorme cicatriz atravesaba su rostro.
Su armadura estaba dañada.
Pero aun así transmitía una sensación aplastante.
Como si estuviera observando a un ejército entero y no a una sola persona.
Peter sintió inmediatamente la diferencia.
Darius irradiaba autoridad.
Pero aquel hombre...
Parecía una guerra hecha persona.
—Así que tú eres Peter.
Peter se cruzó de brazos.
—Déjame adivinar.
¿Sigma?
—Veo que Darius habló demasiado.
—No habló casi nada.
—Entonces hizo un buen trabajo.
Peter suspiró.
—Ustedes tienen un serio problema para responder preguntas.
—Y tú tienes un serio problema para hacer demasiadas.
Peter no pudo evitar recordar a Klaus.
Aquella forma de responder.
Aquella tranquilidad.
Aquella firmeza.
Era extrañamente familiar.
Sigma descendió de la roca.
Cada paso parecía hacer vibrar el campo de batalla.
—Déjame verte.
Peter arqueó una ceja.
—¿Verme?
—Quiero comprobar algo.
Sigma se detuvo frente a él.
Lo observó de arriba abajo.
Durante varios segundos.
Demasiados segundos.
Hasta que finalmente habló.
—Horrible.
—¿Qué?
—Tu postura es horrible.
Peter quedó congelado.
—¿Eso es lo primero que notas?
—También tu respiración.
—¿Mi respiración?
—Terrible.
—¿Terrible?
—Y tu control de energía es incluso peor.
Peter comenzó a molestarse.
—Derroté a Wolfend.
—Sobreviviste a Wolfend.
No es lo mismo.
El comentario golpeó más fuerte de lo esperado.
Porque en el fondo...
Peter sabía que era verdad.
Sigma continuó.
—Ganaste gracias a un poder que ni siquiera comprendes.
No gracias a tu habilidad.
Peter guardó silencio.
—Si vuelves a luchar mañana contra alguien de tu mismo nivel...
Morirás.
La sinceridad de aquellas palabras fue brutal.
Sin adornos.
Sin suavizarlas.
Solo la verdad.
Sigma levantó una mano.
Y señaló el horizonte.
Allí.
A kilómetros de distancia.
Una montaña gigantesca atravesaba las nubes.
En su cima podía verse una estructura dorada.
Un enorme sello brillaba sobre ella.
Incluso desde aquella distancia podía percibirse su poder.
—Ese es tu próximo destino.
Peter observó la montaña.
—¿El Sello del Dragón?
Sigma asintió.
—Allí encontrarás algo que te pertenece.
—¿Qué exactamente?
—Si te lo digo perderá la gracia.
Peter puso los ojos en blanco.
—Empiezo a entender por qué Satán se burla de todo.
Sigma soltó una pequeña risa.
Sorprendentemente sincera.
—Ahora entiendo por qué Klaus te apreciaba tanto.
Peter se quedó inmóvil.
—¿También conociste a mi abuelo?
Sigma sonrió.
Por primera vez.
Y aquella sonrisa tenía algo de orgullo.
—Lo vi derrotar a un dragón con una cuchara.
Peter parpadeó.
—¿Qué?
—Una cuchara.
—Eso no tiene sentido.
—Exactamente lo mismo le dije yo.
Por primera vez desde que llegó a aquel extraño lugar...
Peter se rió.
Y Sigma también.
Pero la risa desapareció rápidamente.
Porque el cielo rojo comenzó a oscurecerse.
Una sombra inmensa cubrió el campo de batalla.
Sigma levantó la vista.
Y su expresión cambió.
—Parece que llegó tu última visita.
Peter sintió un escalofrío.
—¿Vlad?
Por primera vez.
Desde que había aparecido.
Sigma mostró algo parecido a preocupación.
—Sí.
Vlad.
Y créeme...
De los tres...
Es el que menos se parece a un ser humano.
El campo de batalla comenzó a desaparecer.
Y una oscuridad infinita comenzó a envolverlo todo.
La oscuridad devoró el campo de batalla.
Las montañas desaparecieron.
Las espadas enterradas se desintegraron.
El cielo rojo dejó de existir.
Todo fue tragado por un vacío absoluto.
Peter intentó distinguir algo a su alrededor.
Pero no había nada.
Ni suelo.
Ni horizonte.
Ni estrellas.
Ni siquiera podía sentir el viento.
Era como si hubiera sido expulsado de la realidad.
—¿Qué es este lugar...?
Su propia voz sonó extraña.
Distorsionada.
Lejana.
Como si el vacío estuviera absorbiendo cada sonido.
Entonces sintió algo.
Una presencia.
No era como la de Wolfend.
No era como la de Shiro.
Ni siquiera se parecía a la de Satán.
Era diferente.
Mucho más antigua.
Mucho más profunda.
Peter sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Por primera vez desde que obtuvo el poder de Bloodstar...
Su instinto le estaba diciendo que tuviera cuidado.
Mucho cuidado.
Entonces una luz apareció.
Pequeña.
Lejana.
Parecía una estrella.
Luego otra.
Y otra.
Y otra más.
Miles de luces comenzaron a surgir en la oscuridad.
Peter observó atentamente.
Y comprendió algo aterrador.
No eran estrellas.
Eran ojos.
Millones de ojos observándolo desde la inmensidad del vacío.
Algunos eran dorados.
Otros rojos.
Otros completamente negros.
Todos estaban mirando únicamente a Peter.
Como si evaluaran su existencia.
Como si estuvieran juzgándolo.
Peter sintió que la presión aumentaba.
Su respiración se volvió pesada.
Su corazón comenzó a acelerarse.
Y entonces una voz resonó.
No desde una dirección específica.
Sino desde todas partes al mismo tiempo.
—Así que tú eres el heredero...
Peter apretó los puños.
—¿Vlad?
Hubo silencio.
Luego la oscuridad comenzó a moverse.
Los millones de ojos desaparecieron.
Y una figura emergió lentamente del vacío.
Vestía un largo abrigo negro.
Su cabello era completamente blanco.
Sus ojos...
No tenían pupilas.
Parecían dos galaxias oscuras girando sobre sí mismas.
Peter sintió algo imposible.
Miedo.
No el miedo a morir.
No el miedo a perder.
Era algo más profundo.
Era el mismo sentimiento que experimenta un hombre cuando contempla el océano y comprende lo insignificante que es.
Vlad observó a Peter durante unos segundos.
Y luego habló.
—No.
Peter frunció el ceño.
—¿No qué?
—No eres lo que esperaba.
El silencio volvió a extenderse.
—¿Eso es bueno o malo?
—Aún no lo sé.
Peter comenzaba a entender por qué Sigma parecía preocupado.
Aquella conversación era incómoda.
Vlad no actuaba como una persona.
Ni siquiera parecía pensar como una.
Era como hablar con una fuerza de la naturaleza.
O con una antigua ley de la existencia.
Entonces Vlad levantó la vista.
Mirando algo que Peter no podía ver.
—El tiempo se está acelerando.
Peter sintió una mala sensación.
—¿Qué significa eso?
—Significa que el mundo está despertando.
El vacío tembló.
Por primera vez desde que llegó allí.
Vlad mostró una emoción.
Preocupación.
—Los Dioses Antiguos ya se movieron.
Los Emperadores comenzarán a hacerlo.
Los Reyes también.
Las Bestias Primordiales han comenzado a abrir los ojos.
Y aquello que duerme bajo las raíces del mundo...
Ha escuchado tu nombre.
Peter sintió un escalofrío.
—No sé de qué estás hablando.
—Precisamente.
Ese es el problema.
El vacío volvió a temblar.
Esta vez con más fuerza.
Como si algo gigantesco se hubiera movido en algún lugar imposible de alcanzar.
Incluso Vlad guardó silencio durante unos segundos.
Luego volvió a mirar a Peter.
—Escúchame bien, Peter Bloodstar.
Por primera vez.
Su voz sonó verdaderamente seria.
—La Facción de los Dioses Antiguos cree que eres una amenaza.
Están equivocados.
Peter permaneció inmóvil.
—¿Qué?
Vlad dio un paso hacia él.
Los millones de ojos volvieron a abrirse en la oscuridad.
Observándolos.
Esperando.
Juzgando.
Entonces Vlad pronunció unas palabras que hicieron que el vacío entero pareciera congelarse.
—Porque tú no eres la amenaza.
Eres la advertencia.
Y aquello que viene detrás de ti...
Es lo que debería asustarlos.
El vacío quedó en silencio.
Ni siquiera aquellos millones de ojos parecían moverse.
Peter permaneció inmóvil.
Todavía procesando aquellas palabras.
—¿Advertencia?
Vlad no respondió de inmediato.
Sus ojos, semejantes a galaxias oscuras, permanecían fijos sobre él.
—Cuando una tormenta se aproxima, el trueno no es la tormenta.
Es el anuncio.
Peter frunció el ceño.
—Sigues hablando en acertijos.
—Y tú sigues esperando respuestas simples.
—Porque soy humano.
—Por ahora.
Aquellas dos palabras hicieron que el ambiente se volviera más pesado.
Por ahora.
No sonaban precisamente tranquilizadoras.
Peter decidió ignorarlo.
—Entonces dime algo directamente.
¿Quiénes son los Sabios Emperadores?
Por primera vez, Vlad sonrió.
No era una sonrisa amable.
Era la sonrisa de alguien que recordaba una guerra olvidada.
—Los últimos gobernantes de una era que debió desaparecer hace mucho tiempo.
—Eso tampoco responde nada.
—Responderá suficiente.
El vacío comenzó a transformarse.
Imágenes aparecieron alrededor de ellos.
Como espejos flotando en la oscuridad.
Peter observó.
Vio imperios enteros.
Montañas destruidas.
Océanos partiéndose.
Dragones del tamaño de ciudades.
Titanes caminando entre tormentas.
Y hombres.
Hombres capaces de enfrentarlos.
—Hace mucho tiempo existieron doce emperadores.
Doce gobernantes.
Doce monstruos.
Cada uno dominaba una fuerza capaz de cambiar el mundo.
Peter observaba las imágenes.
Era imposible apartar la mirada.
—¿Y qué ocurrió con ellos?
—Lo mismo que ocurre con todo.
Desaparecieron.
Las imágenes comenzaron a romperse.
Una por una.
Hasta que solo quedó una.
Un enorme dragón dorado.
Dormido.
Encadenado.
Sellado.
Incluso observarlo producía una sensación extraña.
Como si estuviera contemplando algo prohibido.
—Ese...
Peter sintió cómo su corazón se aceleraba.
—¿Es el dragón del que habló Sigma?
Vlad asintió.
—El Sello del Dragón.
—¿Qué hay dentro?
—Una herencia.
—¿De quién?
—De tu sangre.
Peter guardó silencio.
Vlad continuó.
—Cada emperador dejó algo atrás.
Un legado.
Un fragmento de su poder.
Una prueba.
Una voluntad.
Aquellos que no son dignos mueren intentándolo.
Peter soltó una pequeña risa.
—Entonces supongo que debo prepararme.
—No.
Peter levantó una ceja.
—¿No?
—Debes temer.
Aquella respuesta fue tan inesperada que incluso Peter se quedó callado.
Vlad dio un paso hacia él.
—Los valientes sobreviven algunas batallas.
Los prudentes sobreviven guerras.
Pero aquellos que dejan de sentir miedo...
Mueren jóvenes.
El vacío volvió a temblar.
Esta vez con violencia.
Como si algo estuviera rompiéndose.
Vlad levantó la vista.
—Se acabó.
Peter sintió que algo lo estaba arrastrando.
—¿Qué está pasando?
—Estás despertando.
El mundo comenzó a fragmentarse.
Los millones de ojos desaparecieron.
La oscuridad se resquebrajó.
Todo empezó a desmoronarse.
—¡Espera!
Vlad lo observó por última vez.
—Una última cosa, Peter Bloodstar.
—¿Qué?
Por primera vez desde que apareció.
La expresión de Vlad mostró algo parecido a la preocupación.
—No confíes en todo lo que veas.
Peter sintió un escalofrío.
—¿Qué significa eso?
Vlad dirigió la mirada hacia algún punto lejano.
Como si estuviera observando a alguien.
O a algo.
Entonces pronunció unas últimas palabras.
—Porque una de las piezas ya está cerca de ti.
Y aún no sabes si será tu mayor aliada...
O la causa de tu ruina.
El mundo se hizo añicos.
La oscuridad desapareció.
Y Peter abrió los ojos de golpe.
Una voz femenina resonó cerca de él.
—Finalmente despertaste.
Peter giró la cabeza.
Y encontró a Shiro sentada junto a su cama.
Observándolo con una tranquila sonrisa.
—Dormiste tres días, Peter.
Y por alguna razón...
Las últimas palabras de Vlad volvieron a resonar dentro de su cabeza.
"Una de las piezas ya está cerca de ti."
Mientras observaba a Shiro.
Por primera vez sintió una extraña inquietud.
Peter abrió los ojos de golpe.
La habitación seguía allí.
Las paredes.
La ventana.
La luz del sol entrando por las cortinas.
Era real.
Por primera vez desde que abandonó aquel extraño sueño.
Y sentado junto a su cama estaba alguien observándolo.
Shiro.
—Finalmente despertaste.
Peter tardó unos segundos en reaccionar.
Entonces se incorporó de golpe.
—¡SHIRO!
La joven lo observó tranquilamente.
—Buenos días.
—¿Qué haces aquí?
—Cuidando de ti.
—No es eso a lo que me refiero.
Peter se llevó una mano a la cabeza.
—Déjame reformular la pregunta.
¿Por qué estás en mi casa?
Shiro permaneció en silencio unos segundos.
Como si estuviera decidiendo cuánto debía decir.
—Porque quería ver con mis propios ojos a la persona que tiene al mundo entero en alerta.
Peter sintió cómo las palabras de Vlad volvían a resonar en su mente.
"Una de las piezas ya está cerca de ti."
Su expresión se volvió seria.
—¿Qué sabes exactamente sobre mí?
Shiro sonrió.
—Más de lo que imaginas.
—Eso no responde mi pregunta.
—Lo sé.
—Entonces responde.
La sonrisa desapareció.
Por primera vez desde que despertó.
Shiro parecía completamente seria.
—Peter.
¿Recuerdas la carta?
Peter sintió que el ambiente se volvía más pesado.
—Sí.
—Entonces ya sabes quién te está buscando.
—La Facción de los Dioses Antiguos.
—Correcto.
—¿Y qué tiene que ver eso contigo?
Hubo unos segundos de silencio.
Luego Shiro respondió.
Sin vacilar.
—Yo pertenezco a la Facción.
La habitación quedó completamente en silencio.
Peter no dijo nada.
Ni siquiera parpadeó.
Satán tampoco habló.
Durante unos instantes nadie se movió.
Finalmente Peter rompió el silencio.
—Así que viniste a matarme.
—No.
—¿No?
—Si hubiera querido hacerlo, lo habría hecho hace tres días.
Peter permaneció observándola.
Intentando encontrar alguna mentira.
Alguna intención oculta.
Pero no encontró nada.
Shiro continuó.
—Te encontré inconsciente sobre aquel edificio.
—Entonces fuiste tú quien me trajo.
—Sí.
—¿Y no aprovechaste para atacarme?
—No.
—¿Por qué?
Shiro desvió la mirada hacia la ventana.
—Porque antes necesitaba respuestas.
Satán habló dentro de la mente de Peter.
—Relájate, Bloodstar.
Peter no respondió.
—Lo digo en serio.
No siento intención asesina.
Peter siguió observando a Shiro.
—Eso no significa que podamos confiar en ella.
—Nunca dije que debíamos hacerlo.
Pero tampoco podemos permitirnos ignorarla.
Peter respiró profundamente.
Satán tenía razón.
No estaban en condiciones de luchar.
No todavía.
Volvió a mirar a Shiro.
—Entonces dime quién eres realmente.
La joven guardó silencio durante unos segundos.
Y finalmente habló.
—Mi verdadero nombre es Shiro Houzuki.
Y también soy una de las Siete Deidades.
Peter sintió un escalofrío.
—¿Una diosa?
—Así es.
Shiro sostuvo su mirada.
—Soy la Reina del Vacío.
Por primera vez desde que despertó.
Peter pudo sentirlo claramente.
Aquella presencia.
Aquella presión.
Aquella inmensidad.
Era exactamente la misma sensación que había percibido cuando ella entró al salón de clases.
Y ahora comprendía por qué.
Ella nunca había sido una estudiante normal.
Nunca lo fue.
—Entonces la carta era cierta.
Los dioses realmente quieren matarme.
Shiro negó lentamente.
—No todos.
—Pero sí la mayoría.
—Sí.
Peter apoyó la espalda contra la pared.
—Genial.
Cada vez mejora más.
Shiro dejó escapar una pequeña sonrisa.
—Créeme.
Todavía no has escuchado la peor parte.
Peter levantó una ceja.
—¿Hay algo peor?
—Mucho peor.
Los líderes de la Facción ya conocen tu existencia.
Y después de lo ocurrido con Wolfend...
Ahora saben que eres incluso más peligroso de lo que imaginaban.
Peter permaneció en silencio.
—Entonces dime algo.
¿Por qué sigues aquí?
Shiro bajó la mirada.
Y por primera vez...
La tristeza apareció en sus ojos.
—Porque necesito tu ayuda.
Peter notó el cambio inmediatamente.
—¿Para qué?
Shiro cerró los ojos durante unos segundos.
Como si le costara pronunciar las siguientes palabras.
—Para destruir la Facción.
Peter se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Quiero acabar con ellos.
—¿Por qué?
Las manos de Shiro se cerraron lentamente.
—Porque asesinaron a mi madre.
La habitación quedó en silencio.
—Mi madre fue una de las Deidades de la Facción.
Una de las más respetadas.
Pero cometió un pecado.
Peter la observó atentamente.
—¿Qué pecado?
Una lágrima descendió lentamente por el rostro de Shiro.
—Quiso vivir como una persona normal.
Quiso tener una familia.
Quiso tener una hija.
Quiso ser feliz.
Y por eso la condenaron.
Peter sintió cómo algo se removía dentro de él.
Aquella historia sonaba demasiado familiar.
Demasiado injusta.
—Los líderes de la Facción...
Indra y Asura.
La maldijeron.
Esperaron años.
Y cuando mi poder alcanzó cierto nivel...
La maldición se activó.
Shiro apretó los dientes.
—Ellos la mataron.
Peter guardó silencio.
Por primera vez comprendió que aquella tristeza era real.
Que aquellas lágrimas no eran una actuación.
—Por eso estoy aquí.
No para pedir tu poder.
No para robarlo.
Sino para pedir tu ayuda.
Peter bajó la mirada.
Recordó a Darius.
Recordó a Sigma.
Recordó a Vlad.
Recordó el Sello del Dragón.
Y recordó una verdad que todos le habían repetido.
Todavía era demasiado débil.
Finalmente levantó la cabeza.
—Tuve un sueño.
Shiro lo observó confundida.
—¿Un sueño?
—Vi a mis ancestros.
Y me dejaron claro algo.
Peter cerró lentamente el puño.
—Lo que viene será mucho peor que Wolfend.
Mucho peor que la Facción.
Y con la fuerza que tengo ahora...
No podré detenerlo.
La habitación quedó en silencio.
—Necesito volverme más fuerte.
Mucho más fuerte.
Y para hacerlo...
Primero tendré que encontrar algo que me dejaron los Bloodstar.
El Sello del Dragón.
Peter guardó silencio durante unos segundos.
Las palabras de Shiro seguían resonando en su cabeza.
La muerte de su madre.
La traición de la Facción.
Los planes de los dioses.
Y el sueño que acababa de tener con sus ancestros.
Todo parecía apuntar hacia la misma dirección.
—Segundo, no podré hacerlo solo —dijo finalmente—. Creo que a eso se refería mi ancestro cuando me habló.
Shiro lo observó con atención.
—Entonces... ¿eso significa que me ayudarás?
Peter levantó la mirada.
—Tenemos el mismo objetivo.
Shiro parpadeó.
—¿Así que aceptas?
—No veo por qué no.
Entonces dirigió su atención hacia otro lugar.
—¿Qué opinas, Satán?
Una pequeña carcajada resonó en su mente.
—Por supuesto. Esto hará las cosas mucho más divertidas.
Shiro soltó una ligera sonrisa.
—Respecto a lo que dijo tu ancestro... ¿solo seremos nosotros dos?
Peter apoyó la barbilla sobre una mano.
—Lo dudo.
—¿Por qué?
—Porque si lo que vi en ese sueño es cierto, lo que viene será demasiado grande para dos personas.
Satán intervino.
—Además, algo me dice que muy pronto llegarán personajes inesperados.
—¿Aliados o problemas? —preguntó Peter.
—A veces son lo mismo.
Peter suspiró.
—Genial.
Durante unos segundos el silencio llenó la sala.
Hasta que Peter habló nuevamente.
—Pero aún falta discutir algo importante.
—¿De qué se trata? —preguntó Shiro.
Peter se deslizó lentamente por el sofá.
—Tengo hambre.
Shiro lo observó unos segundos.
—...
—...
—Después de todo eso, ¿eso es lo único que te preocupa?
—Llevo dos días inconsciente.
—Buen punto.
Satán comenzó a reír.
—Por fin dijo algo inteligente.
—Oye.
—Tenías dos opciones: salvar el mundo o comer.
—Y elegí la correcta.
—No puedo discutir esa lógica.
Shiro negó con la cabeza mientras ocultaba una pequeña sonrisa.
—No te preocupes. Preparé la cena.
Peter abrió los ojos.
—¿En serio?
—Sí.
—Shiro...
—¿Qué?
—Acabas de convertirte oficialmente en mi persona favorita.
—Qué fácil eres de comprar.
—Tengo prioridades.
Momentos después.
La mesa del comedor estaba llena.
Peter comía como si hubiera regresado de una guerra.
Lo cual técnicamente era cierto.
Mientras tanto, Shiro observaba la escena en silencio.
Por primera vez en mucho tiempo.
No estaba rodeada de dioses.
No estaba rodeada de soldados.
No estaba rodeada de asesinos.
Solo estaba cenando.
Como una adolescente normal.
Y aquello le resultaba extrañamente agradable.
Las horas continuaron avanzando.
Intercambiaron historias.
Anécdotas vergonzosas.
Recuerdos felices.
Momentos dolorosos.
Incluso Satán terminó participando en varias conversaciones.
Aunque la mayoría de ellas consistían en presumir cosas que había hecho siglos atrás.
Por primera vez desde la muerte de su madre.
Shiro se encontró riendo de verdad.
No una sonrisa falsa.
No una sonrisa diplomática.
No una sonrisa para ocultar tristeza.
Una risa real.
Y eso la tomó por sorpresa.
Quizás más que cualquier batalla.
Cuando la noche finalmente cayó, Peter la acompañó hasta el pasillo de las habitaciones.
—¿Estás segura de que no tienes dónde quedarte?
—Mi supuesto hogar está dentro de la sede de la Facción.
—Entonces eso responde mi pregunta.
Shiro bajó ligeramente la mirada.
—¿De verdad vas a dejar que me quede aquí?
—Claro.
—¿Aunque vine con la intención de matarte?
Peter se encogió de hombros.
—Pero no lo hiciste.
—...
—Además me contaste la verdad.
Y para mí eso vale más que cualquier promesa.
Shiro lo observó unos segundos.
Pensó que Peter era ingenuo.
Ridículamente ingenuo.
Pero también comprendió algo.
Era la primera persona que confiaba en ella sin esperar nada a cambio.
—Gracias.
—No hay de qué.
Ambos se retiraron a descansar.
Sin saber que aquella noche el mundo entero ya había comenzado a moverse.
Muy lejos de allí.
En los continentes Bestial, Divino, Mágico y Solar.
Los emperadores habían abandonado sus tronos por unos instantes.
Todos habían sentido la misma presencia.
El mismo poder.
La misma anomalía.
Bloodstar.
Y tras largas deliberaciones.
Tomaron una decisión.
Algunos deseaban reclutarlo.
Otros deseaban controlarlo.
Y algunos simplemente querían verlo muerto.
Por ello enviaron representantes.
Guerreros.
Herederos.
Prodigios.
Piezas cuidadosamente seleccionadas.
Porque una nueva partida acababa de comenzar.
Y Peter Bloodstar se había convertido en el premio más codiciado del tablero.
Dos días después.
La mañana regresó a la casa Bloodstar.
Peter despertó sintiéndose mucho mejor.
Shiro también parecía haber recuperado energías.
Ambos se prepararon para regresar a la escuela.
Se ducharon.
Desayunaron.
Y caminaron juntos hacia el instituto.
A simple vista parecía una mañana normal.
Pero ninguno de los dos ignoraba la realidad.
El mundo ya los estaba observando.
Y muy pronto comenzaría a actuar.
Peter tomó asiento mientras acomodaba sus cuadernos.
Apenas habían pasado unos minutos desde que llegó cuando Alexander apareció junto a su pupitre con una expresión extrañamente emocionada.
—Hey Peter, ¿ya oíste las nuevas noticias?
Peter levantó una ceja.
—No, no oí nada. ¿De qué se trata?
—Al parecer tendremos nuevos estudiantes.
—¿Y eso es noticia?
—Normalmente no.
Alexander se acercó un poco más.
—Pero todos entrarán directamente a la Clase S.
Peter parpadeó.
Eso sí era raro.
La Clase S era considerada la mejor clase del instituto.
Los estudiantes transferidos normalmente debían pasar pruebas especiales para ingresar.
—¿Todos entrarán aquí?
—Eso dijeron.
—Interesante...
En ese momento la voz de Satán resonó dentro de su mente.
—No parece una coincidencia, Bloodstar.
Peter mantuvo una expresión tranquila.
—Estoy pensando exactamente lo mismo.
—La Reina del Vacío tenía razón.
—Los emperadores ya comenzaron a moverse.
Peter observó discretamente a Shiro.
Ella también parecía haber llegado a la misma conclusión.
Durante unos segundos sus miradas se cruzaron.
Y ambos entendieron el mensaje.
Mantener la calma.
No revelar nada.
No llamar la atención.
—Después de todo —continuó Satán—, las Lágrimas Reproductoras fueron destruidas demasiado tarde.
—Lo sé.
Peter recordó aquellas criaturas que Shiro había eliminado poco antes de encontrarlo inconsciente.
Si alguna había sobrevivido lo suficiente para transmitir información...
Los distintos continentes ya tendrían una descripción aproximada de su poder.
—Mis ancestros tenían razón.
—¿Sobre qué?
—El destino ya empezó a mover sus piezas.
Satán soltó una pequeña risa.
—Entonces asegúrate de mover las tuyas mejor que ellos.
Antes de que Peter pudiera responder, la puerta del aula se abrió.
El profesor entró llevando varias carpetas bajo el brazo.
—Muy bien, todos a sus asientos.
Las conversaciones se apagaron inmediatamente.
—Como algunos ya sabrán, hoy tenemos varios estudiantes nuevos.
La clase comenzó a murmurar emocionada.
—Espero que los reciban adecuadamente.
Dicho eso, el profesor señaló la puerta.
—Pueden pasar.
La puerta se abrió.
Cinco estudiantes entraron al aula.
Y durante un instante...
El aire pareció volverse ligeramente más pesado.
Peter observó atentamente.
Satán también.
Shiro entrecerró los ojos.
Ninguno de ellos necesitó hablar.
Podían sentirlo.
Aquellos jóvenes no eran estudiantes comunes.
Uno por uno comenzaron a presentarse.
—Buenos días. Mi nombre es Shizuna Burne.
Una joven de cabello rojizo inclinó ligeramente la cabeza.
A su lado, otra chica prácticamente idéntica dio un paso al frente.
—Buenos días. Mi nombre es Koneko Burne.
Las dos sonrieron al mismo tiempo.
—Somos gemelas. Esperamos llevarnos bien con todos.
La clase reaccionó de inmediato.
Los murmullos volvieron a llenar el salón.
El siguiente en avanzar fue un muchacho alto de cabello grisáceo.
—Mi nombre es Hashta Vánagandr.
Peter sintió algo extraño al escuchar aquel apellido.
Por alguna razón...
Le resultaba familiar.
Muy familiar.
—Espero que podamos llevarnos bien.
Después avanzó una chica de cabello oscuro.
—Buenos días a todos. Mi nombre es Haruka.
Finalmente una joven de cabello plateado sonrió elegantemente.
—Soy María. Espero que nos llevemos bien, compañeros.
Una vez terminadas las presentaciones, el profesor asintió satisfecho.
—Perfecto.
Cerró una de las carpetas.
—Aunque todavía falta algo importante.
Los estudiantes se miraron confundidos.
Entonces el profesor señaló directamente a Peter.
—Peter.
—¿Sí?
—Quiero que les muestres la escuela.
Peter suspiró.
—Otra vez...
Algunas risas recorrieron el aula.
—Te lo encargo.
—De acuerdo, profesor.
—Excelente.
El profesor sonrió.
—Entonces eso será durante el almuerzo.
Peter volvió a sentarse.
Pero mientras el resto de la clase retomaba la normalidad...
Su mente seguía analizando.
Cinco estudiantes.
Cinco presencias extrañas.
Cinco llegadas exactamente después del incidente de Wolfend.
No.
Definitivamente no era una coincidencia.
Y algo le decía que aquel recorrido por la escuela sería mucho más importante de lo que parecía.
Las clases continuaron con normalidad después de las presentaciones. Peter cumplió con el encargo del profesor y les mostró cada rincón de la escuela a los nuevos estudiantes. Los pasillos estaban llenos de conversaciones, risas y curiosidad. El edificio era enorme, por lo que el recorrido tomó casi toda la hora libre.
Cuando llegaron a la azotea para almorzar, Peter sonrió con naturalidad.
—Este suele ser mi lugar favorito de toda la escuela. Aquí casi siempre almuerzo.
Haruka observó el paisaje con entusiasmo.
—Ahora entiendo por qué.
Mária se apoyó sobre la baranda.
—La vista es preciosa.
Las gemelas Burne comenzaron a discutir por quién había encontrado primero un buen lugar para sentarse, mientras Alexander intentaba convencerlas de compartir el espacio.
Peter solo soltó una pequeña risa.
Por un instante...
Todo parecía completamente normal.
Nadie habría imaginado que varias de las personas sentadas alrededor de aquella mesa habían sido enviadas por los seres más poderosos del mundo.
Mientras todos conversaban, Shiro observó discretamente a Peter.
No dijo una sola palabra.
Pero una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
"Hace apenas unos días... estaba completamente solo."
"Y ahora..."
"El destino ya empezó a mover las piezas."
La campana anunció el final del descanso y todos regresaron a clases.
...
Al terminar la jornada, los estudiantes abandonaban el edificio poco a poco.
Peter caminaba junto a Alexander mientras discutían sobre quién había comido más durante el almuerzo.
Las gemelas seguían peleando entre ellas.
Haruka observaba todo con curiosidad.
Mária caminaba en silencio.
Shiro permanecía unos pasos detrás de Peter.
Y, a varios metros de distancia...
Un joven de cabello oscuro los observaba sin ser visto.
Hashta Vánagandr.
No apartaba la mirada de Peter.
El viento agitó lentamente su cabello mientras cerraba los ojos durante unos segundos.
"Padre..."
"Así que él..."
"Él es el hombre contra el que libraste tu última batalla."
Abrió nuevamente los ojos.
En ellos no había odio.
Tampoco deseos de venganza.
Solo una inmensa curiosidad.
Una curiosidad nacida del respeto.
"Quiero descubrir..."
"Qué fue lo que viste en él."
"Qué clase de guerrero fue capaz de derrotar al último jefe del Clan Vánagandr."
Hashta dio media vuelta y comenzó a alejarse.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Espero que estés a la altura de la historia que dejó mi padre...
La brisa volvió a recorrer el patio de la academia.
Sin que Peter lo supiera...
Uno de los herederos del legado de Fenrir acababa de fijar sus ojos sobre él.
Y aquella sería la primera de muchas batallas...
No para decidir quién era el más fuerte.
Sino para descubrir qué significa ser un verdadero guerrero.
Thoughts
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Permalink¿Cómo imaginas estos mundos? ¿Ya tenías planeado todo lo del lobo y las montañas, o va saliendo mientras escribes?
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PermalinkEso del lobo que indica con la cabeza para que lo sigas. Qué detalle tan simple pero capaz me quedo dándole vueltas a qué onda eso.
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Permalink¿Por qué tres lunas en particular? ¿tiene algún motivo o fue la primera cosa que se te pasó por la cabeza cuando empezaste el capítulo?
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