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Desde que las ochocientas veintiséis lunas, se regentaron en todos los dignificados firmamentos, y así, los veintitrés espacios de solariegos perennes pudieron emerger desde el matiz de las cosas más amadas. Y ahí se embebieron de amor por amor, y fueron entregados regalos en forma de planetas flores, y fueron pintados por cuatro artistas eso que tanto conmovía a la majestad perpetua de tus noches y las mías, en sus lienzos coronados. Fueron, entonces ya creados, desde la más dulce ternura, desde el más fragante honor, un títere y una muñeca; un caos y orden, que ya, tan pequeños como iguales, apenas cabían en la palma de una mano, y que quisieron dignificar la vida misma con regalos en forma de planetas flores; pues cada uno vivía en cada flor, y danzaba en ellos con un ruego dignificado; demiurgos por iguales. Con la felicidad desde la cuál, vestían de nubes y tafetán, también, admitieron verse en el espejo desde el que las aguas fueron eso que, ante lo que por el cosmos mismo y para el cosmos mismo, regentaba a toda esta Sinfonía Universal desde esas flores que estaban hechas con magno ejemplo de bienaventuranza.
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Contempla este cielo nocturno, en cada estación ya los faroles se abren paso entre el cosmos más amado, cada escenario, cada honor ejemplificado con ese, un eje de ternura sobre mis frentes. Soy después de todo, tú. En ella se regenta una majestad de esas, que son las estaciones amadas en las que jugamos todos, y, que visten el eco de mi propia regencia, ante de todo lo frágil, lo que se concentra como los planetas flores; alrededor; en lo que ya los que vivimos. Más allá de la ansiedad que se teje en nuestro cosmos, en nuestro universo de universos, los demiurgos pastan ante en lo que está más allá de nosotros dos. Y así y sólo así; sobreviene la majestad de mis seres más amados como esas cuatro de cuatro aves que dignificaron lo conciso ante lo rebelde, pintadas por las ochocientas nueve veces puestas de luminaria de la Luna y por el rostro del Sol mismo. Eso que hemos predicado, tú y yo, yo tú. Somos uno mismo, hija de la madre noche, bruja de las estaciones, esa que cambia conforme el tiempo se abre paso en eso que se viven en el yo, y yo, después de todo soy tú y tú eres el yo más amado. De ti he emergido, desde tus cosenos, tu escarcha, tu amor a tiempo entre la destreza del instante en el que optas por brindarme tu cielo. Ahora bríndame lo que esa muñeca y ese títere de caos y de orden me orilla a que las regencias más dignificadas por la bruma del tiempo, se detengan en este campo de rosales, que como nunca antes se abrieron espacios entre nuestros piececillos alados. Abre los ojos y el corazón, y mira, ya tus propias centrales de cosmos que se abren paso entre todo lo que esos cantantes mesiánicos, a pesar que están allí, y cantan el río de la vida; visten desde M’or Droanao, hasta Anémona; lo que yo también tendiéndole, y tendiéndote, como mi luz de bengala a cada ser con la que abro esta noche. Y más allá de lo que vistes con este angelado corazón junto al tuyo, nuestros corazones quizá se dicen y dan una bienvenida. La imaginación más amada, somos después de todo, el receptáculo de un enjambre de corazones. Entonces las cuatro avecillas abren el poderío y el decoro de esa noche en la que, el títere y la muñeca, tan diminutos como iguales, juegan de manera emblemática para reír y llorar de felicidad con cada estación que frecuentamos, sobrevenidos desde el paseado de las cosas más rebeldes y las más amadas, tejidas con oro, mirra y tafetán. Este es un páramo, es un valle y es un bosque de tierno esplendor nacarado con el cielo de los árboles. Dignificado es su ejemplo, y allí me vistes con un abrigo de matiz de alegría, de templanza, de compasión y de esperanza en el que ese cielo de tus cabellos capta los irises que reflejan la magnificencia de la mañana hecha noche. Esa en la que ambos encontramos, de manos a manos, tomadas como el puente hacia el terreno más amado de eso que contemplamos curiosos y celosos al mismo tiempo. Estación tras estación, las estaciones de los árboles caen y recaen de modo tan elegante, que nuestros versos son repartimos en las sonrisas, de ese, cada ejemplo más allá de los regalos que nos entregan ellos antes, con una sonrisa en su boca y su ser; se proyecta entre nosotros como una luz iluminada. Como una ternura dignificada, en este festival de luces que son alimentadas por luciérnagas, que son esos deseos que pedimos y que se nos dan con honor y ternura. Y el títere y la muñeca, orden y caos, regenta mis propiedades de poesía y su hechura de versos, y tus pasos entre mis pasos, y tú, como ejemplo de vuelos ante el vuelo de las cosas más amadas; en el cada uno, se colman los matices de esas flores planetas que son nuestras creaciones, de luz de dulce cuna. Y ya, así y sólo así, estación tras estación, contemplamos lo que es esa, la regencia de la vida, y se proyecta más allá de la beldad que se entreabre en cada una de las dimensiones y, en cada una de las costuras y en cada uno de los Theneder, de nuestras propias historias. Así y solo así, se abren paso ante el todo y la nada de esto, que es esto, que es el mayor poema conocido; ese que es nada más que el arte del todo conciso con el que, Vez-Azinthrú y Po-Agarinthiann, versan los ríos de la vida hacia lo magno, más allá de eso pintado por las acuarelas de ese amor que sienten todos por todos, eso ya esculpido, eso ya vestido, eso ya arqueado por cada una de las luciérnagas de los deseos que pedimos ser; desde el farol principal en el que vemos la creación misma de esto que es; encaminado a la regencia más amada. Cada uno degusta manjares, degusta cada abrigo de su propia procedencia, todo lo que cada ser, en cada estancia, en cada secuencia, de esas cinco estaciones, de matices añiles, amarillos, naranjas, verdes, violetas, amarronados, y de fragante nevada hermosura, se tejen, ya por ambos que ya entregan regalos que fueron, después de todo, esos planetas flores que tanto amamos, ante la mismísima luz de la Luna, que soy tú, y que, también, eres yo, vestidos de noches iluminadas en la que el arte y la misericordia, el encanto y la vigilia del honor submarino, se abrieron paso en nuestras manos; como las estrellas que contemplamos con todos, en un festival de luces de paraguas, de lluvia, de heraldos y honor ante el amor de lo más amado por ti y por mí.
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Agradecimientos
Cuando en el cuándo, en las diversas formas en las que construí mi cosmogénesis, siempre imaginé que estuviesen presentes un títere y una muñeca de agradable porte, y por supuesto, de agradable ver, con abrigos de sueños y de confianza misma; que me animaron a escribir, aparte de los primeros bosquejos de todo el espacio más amado que tenía en mente; tejí poco a poco, a poco, a lo largo de estos años, diversos fragmentos de historias, leyendas, cuentos y canciones. Pero, hablar sobre el origen de todo esto, es preciso explicar, que todo lo que está mayormente ejemplificado aquí, fueron matices de distintos cuadros de artistas, música y demás lugares, que en los que varios pasan un paseo en un día de campo tras trasladarse mundos por mundos, y nada más. Estos visten ya juegos y sonrisas con cada escenario distinto que pasan en cada ser conciso y consciente: todo esto, por supuesto, proyectado desde una atmosfera con tenues matices de sidéreos escenarios, en los que, se cuentan las leyendas, historias, narraciones y tantas canciones que cada ser y cada estar; que visten más que sus propios sueños, si no sus sonrisas perdidas, son ese cancionero hecho ya por mí, y en la que proyecto; esas tan amadas y llamadas: la promesa de las fábulas perdidas; esas halladas por ese mismo caos y orden que fueron rompecabezas de luz de todas las lunas más amadas posibles y los misteriosos rostros de soles agraciados que se abren siempre vestidos de brumas submarinas.
24 de octubre de 2026
Autómatas de la Aurora
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Thoughts
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PermalinkMira nomás, este mundo ya tiene cinco estaciones y nombres propios regados por todos lados. Tarde o temprano va a pedir que alguien cuente lo que pasa dentro de una sola de esas flores planetas.
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PermalinkCon tanto cosmos, de lo que una se agarra es del títere y la muñeca que caben en la palma de una mano. Me suena a dos juguetes que existieron de verdad antes que toda la cosmogonía.
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