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ARIAL 1 CAPITULO A

isabelladublan
Pensamiento

Pensamiento

LauraLetras

Toda la comida ella callada mientras los demás hablan, y después nos enteramos de que esa misma mujer le ganó una partida al sultán y le quitó al hermano con un papel sellado. Me encantó ese salto. Me quedé pensando que la reina apostó más a la arrogancia

Toda la comida ella callada mientras los demás hablan, y después nos enteramos de que esa misma mujer le ganó una partida al sultán y le quitó al hermano con un papel sellado. Me encantó ese salto. Me quedé pensando que la reina apostó más a la arrogancia de Alain que al tablero: él pone las condiciones convencido de que no puede perder, y ella solo espera. Apuesto a que Joad se entera de la apuesta en el peor momento, y que la revancha sin apuestas no va a ser tan inocente.

Contenido de la publicación

Una vez instalados, varios de los sirvientes de Alain acudieron de inmediato para atendernos y asegurarse de que no nos faltara nada.

Cuando llegó la hora de la comida, todos conversaban animadamente alrededor de la mesa. Joad hablaba de sus inventos, Henry intervenía de vez en cuando y Alain parecía disfrutar de la compañía de sus invitados.

Todos hablaban, menos yo.

Me limité a escuchar la conversación, manteniéndome al margen hasta que Alain se volvió hacia mí.

—Majestad, dime, ¿cómo te has sentido con el invento de mi hermano? Ya me contó todo lo que tuvo que hacer. Por lo que sé, fue todo un éxito y se ha hablado muchísimo de ello.

Al escuchar su pregunta, esbocé una pequeña sonrisa.

—El invento de tu hermano es maravilloso. Créeme, soy quien más agradecida está con él. Ha conseguido algo que ni siquiera la medicina había podido hacer por mí: devolverme la visión por completo. Tu hermano es el mejor inventor que ha tenido mi reino.

Mis palabras reflejaban una gratitud que difícilmente podía expresar de otra manera.

Joad había desarrollado un lente capaz de devolverme la visión. Sin embargo, su invento iba mucho más allá de eso. Aquel lente poseía capacidades extraordinarias, muy superiores a las de un ojo humano normal.

Y, aunque todos parecían maravillados por sus posibilidades, yo tenía motivos más personales para considerarlo uno de los inventos más extraordinarios que había conocido.

orgulloso que estaba de él.

—Lo sé. Siempre ha sido muy inteligente. Si no te lo hubieras llevado contigo, quizá hoy no sería el gran inventor que es.

Joad le dedicó una sonrisa, aunque no pude evitar notar que el comentario de su hermano parecía llenarlo de orgullo.

El resto de la comida transcurrió tranquilamente entre conversaciones y risas. Después, Alain se ofreció a mostrarnos su hogar. Todos aceptamos y lo seguimos durante el recorrido, mientras nos enseñaba distintos rincones de su morada.

En uno de esos momentos, se volvió hacia mí con una sonrisa traviesa.

—Bueno, Majestad, espero que esta vez vuelvas a concederme una partida de ajedrez. Créeme, desde la última vez he estado practicando muchísimo. Y, bueno, esta vez será solo por diversión. No habrá apuestas de por medio.

Lo miré, divertida por su comentario, y no pude evitar reírme.

Alain se unió a mis risas, y por un instante la conversación consiguió que me olvidara de todo lo demás.

Recordaba perfectamente la última vez que había jugado al ajedrez con el sultán de Majari.

Habían pasado cinco años desde entonces.

En aquella ocasión, había viajado hasta su reino con la intención de negociar ciertos tratados. Necesitábamos sus recursos para conseguir que varios negocios prosperaran, pero Alain se negaba rotundamente a negociar con nadie.

Y yo no estaba dispuesta a regresar con las manos vacías.

Así que decidí presentarme personalmente en su reino, aun sabiendo que las mujeres con poder, incluso las reinas, no eran precisamente bien recibidas allí.

Durante mi visita, descubrí que al sultán le apasionaba el ajedrez. Aquello me pareció una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar.

Lo reté a una partida.

Alain no sabía quién era yo ni de dónde venía, por lo que aceptó con una facilidad que, en aquel momento, me resultó casi divertida. A juzgar por su expresión, estaba convencido de que ganaría sin demasiado esfuerzo.

Todavía podía recordar sus palabras.

—Bueno, vamos a hacer esto interesante. Si tú, que dices ser reina, consigues ganarme, puedes pedirme lo que quieras. Te daré lo que desees. Pero, si gano yo, tendrás que entregarme la mitad de tu reino y aceptar mi mano en compromiso.

Hizo una pausa y me observó con una sonrisa arrogante.

—Eres muy bella, no voy a negarlo. Así que ¿qué dices?

Lo miré sin perder la calma.

—Acepto. Pero, si gano, has dicho que me darás lo que yo quiera, ¿verdad?

Alain soltó una pequeña risa, convencido de que no tenía nada que temer.

—Lo que sea. No importa.

—De acuerdo. Si gano, te pediré lo que quiera.

El sultán llamó a uno de sus sirvientes y ordenó que prepararan un documento para dejar constancia de nuestra apuesta. Después, estampó su sello en el papel con el anillo que llevaba en la mano.

Y así comenzó nuestra partida.

Fue una contienda larga. Ambos jugamos con cuidado, estudiando cada movimiento y tratando de anticiparnos a las intenciones del otro.

Pero, al final, gané yo.

Alain se quedó mirando el tablero, incapaz de creer lo que acababa de suceder. Durante unos instantes, pareció que ni siquiera encontraba palabras para expresar su incredulidad.

Finalmente, levantó la mirada hacia mí.

—Bien. Cumpliré mi palabra. ¿Qué deseas, mujer?

Sonreí.

—Quiero aquello que más amas en este reino.

Su expresión cambió de inmediato.

—¿Cómo has dicho?

—Lo que has escuchado. Quiero aquello que más amas.

Por primera vez desde que lo había conocido, el sultán parecía verdaderamente desesperado.

—No, por favor. Cualquier cosa menos eso. Puedes pedirme incluso mi reino entero, pero no me pidas eso.

Incliné ligeramente la cabeza, fingiendo considerar sus palabras.

—¿Acaso el sultán de Majari no cumple sus promesas? ¿Ni siquiera cuando se trata de una apuesta que él mismo ha propuesto?

Alain apretó la mandíbula. Sabía que yo tenía razón. Había establecido las condiciones, había sellado el documento y había aceptado mi propuesta sin siquiera imaginar que podía perder.

Finalmente, ordenó que prepararan los documentos que necesitaba para obtener los recursos de su reino. Los firmó y me los entregó con una expresión que parecía reflejar todo el sufrimiento del mundo.

—Toma. Esto es lo que querías, ¿no?

Recibí los documentos y los observé brevemente.

—Los aceptaré como garantía.

Alain levantó la mirada, desconfiado.

Entonces lo miré directamente a los ojos y pronuncié las palabras que terminaron de hundir sus esperanzas.

—Pero, si tu hermano no está en mi avión dentro de dos horas, te expondré públicamente. Así que tú decides, sultán.

El rostro de Alain perdió el poco color que le quedaba.

Con todo el dolor de su corazón, el sultán de Majari tuvo que entregar a su hermano a la reina.

Cuando vi a Joad, se acercó rápidamente a mí.

—¡Majestad! ¡Que Alá la bendiga!

—A ti también, joven príncipe —respondí con una pequeña sonrisa.

Joad parecía tener muchas cosas en la cabeza. Se acercó un poco más y comenzó a hablarme con cierta inquietud.

—Sabe, mi hermano me ha hecho empacar las maletas. Me dijo que usted tiene algo para mí, pero… no sé. No lo veo muy convencido. Lo noto triste.

Lo observé durante unos instantes. Era evidente que la actitud de Alain lo había preocupado, y no me sorprendía. Después de todo, Joad no sabía lo que había sucedido entre su hermano y yo, ni mucho menos que su partida había sido consecuencia de una apuesta.

—No te preocupes. En Krazonia vas a estar muy bien, te lo aseguro —le respondí con tranquilidad—. Henry te hará compañía y, cuando lleguemos, te explicará cómo funciona todo.

Joad me miró, todavía con cierta incertidumbre, como si quisiera hacerme más preguntas, pero no terminara de decidirse a pronunciarlas

Desde que sabia que tenia que negociar con había investigado que su hermano era lo que mas amaba en el mundo

Thoughts

  • TeoSanabria

    Un hermano grande que prefiere perder el reino antes que al menor. Cuando me vine a la capital a los diecisiete, mi mamá me hizo la valija sin decir nada y en todo el camino a la terminal no me habló. Alain mandando a Joad a empacar sin contarle por qué tiene esa misma cara. Apuesto a que Joad lo entiende recién cuando ya esté lejos.

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  • LauraLetras

    Toda la comida ella callada mientras los demás hablan, y después nos enteramos de que esa misma mujer le ganó una partida al sultán y le quitó al hermano con un papel sellado. Me encantó ese salto. Me quedé pensando que la reina apostó más a la arrogancia de Alain que al tablero: él pone las condiciones convencido de que no puede perder, y ella solo espera. Apuesto a que Joad se entera de la apuesta en el peor momento, y que la revancha sin apuestas no va a ser tan inocente.

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Una vez instalados, varios de los sirvientes de Alain acudieron de inmediato para atendernos y asegurarse de que no nos faltara nada.

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