Que alguien lo escuche. Todo el poema es oscuro, pero el final... bueno, el final suena como esperanza disfrazada de desesperación. O al revés. No sé.
Antes del Olvido.
Cuando el tiempo se rompe y el universo responde solo con silencio, lo único que queda es una esperanza imposible. Un viaje a través de la soledad, la memoria y el olvido, donde una sola luz podría cambiarlo todo... o llegar demasiado tarde.
In groups
Pensamiento
Que alguien lo escuche. Todo el poema es oscuro, pero el final... bueno, el final suena como esperanza disfrazada de desesperación. O al revés. No sé.
Contenido de la discusión
No sé cuánto llevo perdido.
Hace tanto que el tiempo dejó de existir para mí que ya no puedo distinguir un instante de una eternidad. Se quebró entre mis dedos como ceniza antigua y el viento se llevó hasta el último fragmento. Desde entonces camino sin rumbo, atravesando una inmensidad sin nombre donde cada paso parece borrar la huella del anterior.
El frío ya no pertenece al mundo.
No viene de la noche ni desciende desde el cielo. Vive dentro de mí. Habita los rincones más profundos de mi alma y avanza despacio, apagando uno a uno los recuerdos que alguna vez me sostuvieron. Ha borrado rostros, fragmentado voces, desvanecido promesas. Los nombres que amé se han convertido en ecos distantes, tan lejanos que a veces dudo si existieron alguna vez o si fueron sueños inventados para soportar la soledad.
Levanto la mirada porque es lo único que aún me queda.
Sobre mí, las estrellas arden con una belleza tan inmensa como indiferente. Permanecen intactas mientras yo me desmorono en silencio. Parecen ojos antiguos observando mi lenta desaparición desde el otro extremo de la eternidad. Son testigos de mi caída, pero ninguna se inclina para escuchar.
Entonces grito.
Grito con todo lo que queda de mí.
Con la desesperación del náufrago que ve apagarse el último faro. Con el instinto desesperado de quien se niega a desaparecer. Con los restos de una esperanza herida que todavía se aferra a la vida.
Pero el universo es demasiado vasto.
Mi voz atraviesa este vacío apenas un instante antes de romperse. El vacío la devora. Ninguna respuesta regresa. Ningún eco vuelve para demostrarme que sigo existiendo.
Nadie sabe que estoy aquí.
Nadie pronuncia mi nombre.
Nadie espera mi regreso.
Es como si hubiera sido arrancado de la historia, borrado de cada memoria, condenado a convertirme en una ausencia tan absoluta que nadie alcanzará a notar que alguna vez estuvo presente.
Y el silencio...
El silencio permanece.
Inmenso.
Paciente.
Eterno.
Susurrándome una y otra vez que estoy solo.
Que siempre lo he estado.
Que siempre lo estaré.
A veces olvido quién fui.
Los años —o lo que sea que exista en lugar de ellos— cubren mi pasado con una niebla cada vez más espesa. Me pregunto si alguna vez pertenecí a algún lugar. Si existió un hogar esperándome al final del camino. Si alguna boca pronunció mi nombre con cariño. O si nací destinado a vagar entre sombras, persiguiendo una promesa imposible que jamás fue real.
Cada día que no amanece consume una parte de mí.
Como una llama exhausta luchando contra una tormenta interminable.
Y aun así, en algún rincón casi extinguido de mi pecho, sobrevive una última súplica.
Si todavía queda una luz para mí, que sea una estrella.
Una sola.
No una constelación.
No un milagro.
Solo una estrella capaz de atravesar la noche infinita y encontrar el rincón olvidado donde me estoy apagando.
Que rompa la oscuridad.
Que alcance mis ojos antes de que se cierren.
Que me permita verla una sola vez.
No para salvarme.
No para cambiar mi destino.
Sino para recordarme quién fui.
Para recordarme que una vez tuve un nombre.
Que una vez tuve una voz.
Un hogar.
Un corazón.
Que conocí el amor.
Y que, durante un breve e irrepetible instante, también fui amado.
Porque ya no me quedan fuerzas para seguir llamando.
Y mi esperanza apenas respira entre las cenizas.
Solo queda este último grito.
Silencioso.
Roto.
Perdido entre galaxias indiferentes.
Y mientras se aleja hacia los abismos del infinito, mientras la eternidad lo arrastra hacia lugares donde ninguna memoria sobrevive, todavía conservo un deseo imposible:
Que alguien lo escuche.
Que alguien, en algún lugar más allá de la noche, responda.
Y que esa respuesta alcance mi alma antes de que desaparezca la última chispa de quien fui.
Antes de que me convierta por completo en el olvido.
Thoughts
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PermalinkSe quebró entre mis dedos como ceniza antigua. La forma en que describís el tiempo que se desmorona, tan frío. Eso mete.
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PermalinkLevanto la mirada porque es lo único que aún me queda, eso. Ese acto de seguir mirando cuando no queda nada más, eso es lo que pega.
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Permalink¿Por qué una sola estrella y no más? Me pregunto si la estrella es testigo de todo esto o si es la última esperanza. O quizá las dos cosas.
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PermalinkQue alguien lo escuche. Todo el poema es oscuro, pero el final... bueno, el final suena como esperanza disfrazada de desesperación. O al revés. No sé.
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