En la madrugada me pasa esto. Reconozco esa parte de mí en los momentos quietos del pasillo.
ANTES DE OLVIDARME Sin permiso
- Sí. Nunca me fui. Vos dejaste de venir.
In groups
Pensamiento
En la madrugada me pasa esto. Reconozco esa parte de mí en los momentos quietos del pasillo.
Contenido de la publicación
TODAVIA ACA
Aquella tarde había salido a caminar sin un destino concreto. El parque estaba tranquilo. Algunas personas corrían, otras paseaban perros y, a lo lejos, un grupo de chicos jugaba alrededor de un árbol.
Caminé sin mirar demasiado. Por primera vez en mucho tiempo no tenía apuro.
Me senté en un banco.
Había algo extraño en ese lugar. Quizás era la luz entre las hojas, el sonido de los pájaros o simplemente esa sensación que aparece cuando uno se queda demasiado tiempo en silencio.
Entonces lo vi.
Estaba sentado en el pasto, unos metros más adelante.
Tenía las piernas cruzadas, las zapatillas llenas de tierra y una rama entre las manos con la que dibujaba algo sobre el suelo.
No parecía estar esperando a nadie.
Hasta que levantó la mirada.
Y me reconocí.
No de inmediato. Primero reconocí la forma de mirar. Después la manera de inclinar la cabeza cuando algo le daba curiosidad.
Era yo.
O, mejor dicho, era quien había sido antes de aprender a apurarme.
Nos quedamos mirándonos unos segundos.
Él sonrió.
- ¿Te acordás de mí?
- Sí. Nunca me fui. Vos dejaste de venir.
(Ríen)
-Pensé que te había olvidado.
- No. Me encontrarás cada vez que te reís sin darte cuenta. Cada vez que caminas descalzo. Cada vez que mirás la lluvia sin apurarte. No aparezco seguido. Pero sigo viviendo en esos momentos.
- ¿Estás enojado conmigo?
- Enojado no es la palabra. Estoy un poco sorprendido.
- ¿Por qué?
- Porque cuando era chico pensaba que los adultos hacían lo que querían. Y después te vi pedir permiso para ser vos.
(Silencio)
- Esa dolió.
- A mí también.
- ¿Qué pensabas que iba a ser de grande?
- No me importaba mucho el trabajo. Pensaba que ibas a seguir haciendo preguntas. Que ibas a tener tiempo para mirar hormigas. Que ibas a seguir inventando historias. Nunca imaginé que ibas a mirar tantas pantallas.
- Hay cosas que no entendías. Había que pagar cuentas. Había responsabilidades.
- Lo sé. No te estoy pidiendo que vuelvas a tener ocho años. Te estoy preguntando…
¿En qué momento dejaste de creer que jugar también era una forma de pensar?
- Creo que empecé a sentir culpa. Como si disfrutar fuera perder el tiempo.
- Qué raro. Yo aprendía jugando. Vos ahora aprendés sufriendo.
(Silencio largo)
- ¿Te decepcioné?
- No. Solo creo que trabajás demasiado para demostrar que valés. Y cuando eras chico… nunca necesitabas demostrar nada para que alguien quisiera jugar con vos.
- ¿Qué extrañás de mí?
- Que hacías preguntas imposibles. Una vez estuviste media tarde preguntándote si los árboles sentían cosquillas cuando había viento. Ahora querés respuestas antes de terminar la pregunta.
- ¿Y vos qué extrañás del mundo?
- Que los grandes todavía crean que todo tiene que servir para algo. Yo pensaba que mirar las nubes ya era suficiente.
- ¿Hay algo que quieras pedirme?
- Sí. No me lleves a Disney. No me compres juguetes. No me digas que todo va a salir bien. Llevame con vos cuando conozcas personas nuevas. Dejame hacer preguntas incómodas. Dejame sorprenderme. Dejame volver a confiar un poco más rápido que vos. Haceme parte de vos. No me escondas
- ¿No tenés miedo de que nos lastimen otra vez?
- Sí. Pero también tengo miedo de que, por protegernos, dejemos de vivir. Y ese miedo es más grande.
(Sonido de pajaritos)
- ¿Sabés qué me da vergüenza? A veces siento que ya no sé jugar.
- No. Lo que no sabés… es jugar sin sentir que alguien te está mirando.
(Silencio)
- Si pudieras dejarme una sola frase para cuando vuelva a olvidarme de vos… ¿cuál sería?
- No crezcas tanto… que después no puedas agacharte a mirar una flor.
Nos quedamos en silencio.
El viento movió las ramas sobre nuestras cabezas
y algunas hojas cayeron despacio, como si el otoño también supiera despedirse.
Cuando volví a mirarlo, ya no estaba.
No lo busqué.
Había algo en mí que sabía dónde encontrarlo.
Thoughts
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Permalink¿En qué momento uno decide que ya pasó y puede volver a no hacer nada sin culpa? Porque quisiera saber cuándo, para anotarme en esa clase.
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PermalinkMe enamoré de tu niño. El que pregunta sobre cosquillas de árboles. Quiero que gane esta vez. ¿Qué hace falta para volver a jugar contigo?
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PermalinkLeer en el balcón de noche es lo único donde no tengo que correr. Esta conversación duele: reconozco los dos en mí, el que corre y el que se queda.
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PermalinkSigo historias que no termino de tanto correr. Ese sentimiento de culpa por disfrutar está tan dentro de mí. Algunas noches leo una historia sin tener que ir a otro lado. Solo eso me falta.
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Permalink¿Esto se lo podría leer a mi abuela por las noches? Ella entiende lo de olvidarse de uno mismo.
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PermalinkEmocionante, real, y tan intimo
Felicitaciones! (Tengo lágrimas en los ojos y me está costando escribir)
Un abrazo a los dos!😉
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PermalinkEn la madrugada me pasa esto. Reconozco esa parte de mí en los momentos quietos del pasillo.