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  • ME GUSTAN LOS POLICÍAS "DUROS DE MATAR" 1

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Contenido de la publicación

Escribe halgo...

Mientras escribo estas palabras tengo frente a mí un hombre con camisa rosada no tan sucia, brilla con el sol de las diez, y en su mano porta una enorme maleta de viaje como tesoro de pirata.

Mira el tráfico con ojos de don Quijote, y la gente le teme porque un día decidió dormir en la calle y que la ciudad fuera su baño V.I.P. privado.

Cuando todos dirán que está loco, yo diré que alucina, en la más hermosa de las desconexiones, a mi alrededor existen en este momento cuarenta personas y solo a él le veo paz, la paz del descalzo parado en el pasto del andén, donde caga tu perro tóxico e iracundo porque se parece a ti, es tu cocofante, cómprale premios.

El loco no se ha movido, mira exactamente hacia el sur, lo que me hace ver la cuadra torcida, chueca, quizá el pasto está más cómodo de lo que se ve, quizá pasó mala noche y solo quiere que la maleta descanse también y sienta el pasto.

No la suelta ni un segundo, con su mano la posee, se nota que es importante para él en medio de todo. Cuando se aleja arrastrándola con las ruedas que todavía sirven, noto que lleva ropas dentro de ella, pues la cremallera está dañada en dos partes, creando dos especies de ojos que me observan desde sus sucias inmundicias, pertenencias orinadas.

Es mejor que los indigentes empujen tesoros y no perritos, me alegra verlo, y él se alegra de que yo no esconda el computador, ni suba las ventanas de mi auto; al contrario, le sonrío como si yo fuera el más loco en esta escena tan bella que, cuando la lea mañana con la ayuda de una enfermera artificial, me transportará a este pasado tan maravilloso, de letras, locos asoleados y laptops viejos sin seguro.


Aquí retomo el escrito debido a que por andar contemplando locos parqueado en una ciudad que te dice prohibido parquear en cada esquina, me iban a inmovilizar el carro, que aun con el motor encendido cuenta como mal parqueado.

La microcontroladora, administradora del conjunto frente al que parqueé, me observó con su ojo compuesto por cámaras HD 4K, y me confundió con un residente del conjunto que se negó a pagar la "zona azul" que te cobra por minuto por cometer el delito de parquear tu vehículo frente a tu propia casa.

Vieja triple hijueputa que hizo que estas letras me costaran casi medio millón de pesos, por fortuna, el policía instrumentalizado, era negro y humano, le supliqué y me escuchó, porque de otro modo hubiera tenido que devolverme a pie, o peor, con una maleta llena de mis pertenencias orinadas y mi computador de medio millón de dólares.

Para los que les gusta el stalkeo el número de parte es ###### la placa de mi carro es ##### pueden revisar en el portal web del RUNT, para confirmar mi versión.

La jeta de la idiota administradora del espacio público ya la grabé en mi alma y en mi cámara GO-PRO.


Es cruel hablar de una escuela nocturna, es tan cruel como tildar de oscura la Edad Media, escribo esto y siento que es muy difícil no convertirme en otra sombra de las que persigo.

Me desconecté de Colombia, como cuando la colmena colapsa, y dejan llorando al pobre apicultor, que las desorientaba macabramente al transportarlas en camiones a "trabajar", a polinizar cultivos "limpios de pesticidas", pero rodeados de una pared de gases de destrucción masiva.

No le bastaba con robarse su miel hasta la "justa" medida necesaria para crear una "escasez diabólica" que solo causa estrés a la pobre madre, que quiere repartir las golosinas del "botín" aunque sea con los más pequeños.

La zootecnia debe desaparecer de la faz de la tierra, el que quiera carne que mate su propia vaca, el que quiera pollo que desnuque sus propias "mascotas", qué pensará tu perro al verte comer carne mientras él come la mierda más aburrida del mundo para que coma "concentrado" y no se distraiga.

Mundo te odio en secreto, no al policía que hace su trabajo y su intención es únicamente sobrevivir a las balas de las ciudades más violentas del planeta.

Yo sé que el cabo que me puso el amable comparendo, daría su vida por mí, con las botas siempre puestas.

Los felicito por dejarse instrumentalizar por microcontroladoras administradoras del espacio "público" que ni siquiera confían a ti su propia seguridad, sigan usando el sentido común y cometan todos los errores posibles en sus comparendos para que el ciudadano pueda ganar al "comparecer" ante una autoridad de verdad.

Si no estuviera en mi carro, me tocaría arrastrar mis cosas en una maleta con dos ojos y dormir por las calles feliz y libre por fin para siempre:

subanse por el culo su sociedad de mierda...

Libertario Flyer +MaSldito hijuputas!

Dios la maldiga por poner al policía en contra del ciudadano, ahora sí, en honor a mi sargento que no me inmovilizó, en un barrio más pobre igual de prohibido para un "burgués" como yo en coche, le escribí este cuento:

La sombra

Se mudó de casa para empezar de nuevo, pero su sombra se negó a cruzar la puerta del nuevo apartamento.

Para esa sombra la luz era una de sus necesidades básicas.

¿Cómo iba a verme en medio de tanta oscuridad?

Nadie la echaba de menos dentro de la casa a oscuras.

Nadie se alarmaría si de pronto apareciera en el techo a medianoche.

Al fin y al cabo, no era más que otra sombra escondida en la oscuridad.


El policía descarga el arma.

Retira el cargador.

Comprueba la recámara.

Deja la corredera abierta, como una mandíbula que acaba de perder un diente.

Duda.

Vuelve a poner el proveedor.

Lo empuja con la palma hasta escuchar el pequeño clac de la obediencia.

Tira de la corredera.

Tic-tic.

La pistola vuelve a estar viva y alerta.

La mantiene siempre apuntando al suelo desde los buenos viejos tiempos de cadete.

La Biblia permanece debajo de la almohada, inservible, como un salvavidas para náufragos que ya aprendieron a domar los tiburones.

López espera el plomo final.

Pero nada le llegará hoy, como siempre, como cuando finge ser lúcido ante el psiquiatra.

La muerte, que durante tantos años tuvo la cortesía de buscarlo, parece haberse cansado de su dirección evasiva.

Es otra de sus paranoias viejas, diría el doctor azul.

Es una herencia que deja la milicia de patrullar de "pato" en la moto oficial.

La moto nunca descansa, como siempre, con la llave puesta, el tanque lleno, los espejos limpios y esa paciencia metálica de las máquinas que han visto demasiados hombres caer.

Por sus retrovisores han desfilado valientes, corruptos y santos con fondo de ciudad en reversa.

A todos les queda la misma cara cuando escuchan la sirena, seguida por los disparos.

López sospecha que las medallas son simplemente una manera elegante de decirle a un hombre que casi murió "oficialmente", y los ciudadanos lo odian porque se sube al andén con la moto y a veces huye en contravía, lo que le costaría una enorme multa a la municipalidad, sin hablar del mal ejemplo al conducir su motocicleta como veneco desbocado.

Desde el último atentado no enciende ni una luz.

Nunca pone bombillos, de hecho ni los compra, se ha hecho a sí mismo murciélago y man.

Sólo en casa se sumerge en la penumbra de una iglesia abandonada donde el polvo no incomoda porque no se ve.

Tampoco duerme en su cama.

Sin embargo, las almohadas y la lavandería del domingo se disfrazan de él, como un señuelo para sicarios novatos.

Duerme dos horas dentro del clóset.

A las tres suena la alarma: cambio de guardia, es la hora del relevo.

Se para detrás de la puerta y fuma un cigarro.

El frío revólver vigila la ventana, mientras él vigila la puerta por el diminuto ojito cada doce minutos.

La ventana los observa mientras cambia de "cama".

Ha instalado una tabla para caerles desde el techo.

«El columpio».

Lo llama así con un cariño extraño, casi maternal.

No le duele la nariz.

Pero sabe que mañana se verá fea.

Al limpiarse descubre que aquello no era sangre.

Era piel raspada.

Se le olvidó comprar micropore.

Desde que decidió morir con las botas ya no le encomiendan misiones macabras.

Los ñeros lo miran a los ojos y se calman.

Ni siquiera hace falta sacar el arma.

Es una lástima.

Para eso entrenó.

Para eso fue a tanto polígono.

Para matar al malo.

Para eso pasó tantas tardes desarmando, limpiando y engrasando una máquina cuyo único talento era convertir hombres feos en cadáveres hermosos.

¿Para qué mantener despierta una bestia que nadie quiere desafiar?

A las tres y media recuerda el aguardiente.

Su última oportunidad.

Si llega con tufo, o le hacen de nuevo la prueba de alcoholemia lo devuelven.

El subteniente agudo y sagaz lo olfatea como perro, puede detectar una gota de licor en su sangre a diez metros.

Por eso López posee la colección más absurda de su apartamento polvoriento y podrido:

perfumes.

Lociones.

Un pequeño arsenal de frascos elegantes alineados en la oscuridad.

Sabe algo:

Las mujeres no solamente se enamoran del uniforme.

También se enamoran de lo que les dejas cuando no estás.

En la esquina un taxi se detiene sospechosamente.

López le arroja la colilla con todas sus fuerzas de sus dedos.

No pretende matarlo con ella.

Ni siquiera pretende acertarle.

Solo quiere demostrarle a su pistola que él sólito no tiene puntería.

La gata negra del conjunto de enfrente lo observa.

Luego desaparece debajo de un carro.

López mira a un lado.

Mira al otro.

Practica una caída.

Una caída limpia.

Una caída que le permita disparar mientras cae sobreviviendo.

La brisa llega primero.

Le roba el humo de la boca.

López se deja caer imaginariamente.

Durante un instante queda suspendido entre la gravedad y la costumbre de dormir colgado del techo en el columpio.

Luego aterriza sobre la moto una y otra vez hasta que cae.

Perfecto.

Y resbala en sus sueños recuperándose acurrucado en un callejón, la moto por poco se cae de la pata.

Avanza un poco, se detiene y orina de afán por primera vez en esta nueva calle.

Es su marca de la suerte en las pesadillas rutinarias.

Cuatro puntos exteriores cardinales que proteger.

Un ritual aprendido de los perros, orinar en el sueño, para despertar más rápido aunque meado.

Los vecinos no le dicen nada pues lo vieron llegar tambaleando, callado y triste en la moto de la estación y uniformado sin decoro.

Está dibujando fronteras invisibles de orina alrededor de su casa nueva.

Casa que ya prematuramente, no considera suya, mucha ventana, mucho murmullo, mucho taxi lento pasando, mucho gato chismoso debajo de los carros. #

Thoughts

  • CapituloTrasCapitulo

    Che, López me tiene enganchada: duerme en el clóset, deja las almohadas de señuelo, junta perfumes para que no le huelan el aguardiente y practica caídas desde la moto. Apuesto a que la tabla del columpio es lo que lo salva o lo que lo hunde cuando por fin vengan por él. ¿López sigue en otro texto o se queda en esta noche?

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  • renglontorcido

    Se te quedó el Añadir un Título de la plantilla y arriba el Escribe halgo, y la neta le queda perfecto a un texto escrito parqueado en zona azul.

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  • egreso_o_muero

    Para mí el señor de la maleta y López son el mismo cuento: uno duerme en el pasto con su ropa adentro, el otro en un clóset con perfumes. Los dos arman su casa donde nadie los ve.

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  • RaulF23

    Medio millón de pesos por pararse a mirar a un señor con una maleta. Caro el cuento, pero salió.

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  • tercerIntento

    Ve, que el policía no te inmovilizó el carro y termina con cuento dedicado. Eso es lo más colombiano que he visto esta semana.

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  • Ovid

    La coleccion de perfumes de Lopez en ese apartamento a oscuras es lo que mas me va a durar de todo esto. Empieza como truco para que el subteniente no le huela el aguardiente y termina siendo otra cosa. Apuesto a que cada frasco tiene detras a alguien que ya no esta, y por eso no bota ninguno. Ojala sigas escribiendo a Lopez!

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  • nombredeusuario

    Voto negativo, porque es UN PUTO CUENTO DENTRO DE OTRO CUENTO

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  • nombredeusuario

    es basura

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