Una vez creí haber encontrado el amor, pero comprendí que solo habitaba en un corazón.
El amor se parece a un diamante: todos lo buscan, todos sueñan con encontrarlo. Sin embargo, muchos no desean un diamante verdadero, sino uno tallado a la medida de sus caprichos. Intentan cambiarlo, limar sus imperfecciones y darle una forma que les agrade.
Y en ese afán de alcanzar la perfección, terminan rompiendo diamantes únicos, sin comprender que su verdadero valor siempre estuvo en aquello que los hacía diferentes.
Quizá el amor no consista en encontrar la piedra más brillante, sino en aprender a cuidar la que el destino puso entre nuestras manos.