14 de octubre del 2020
Todo en sus ojos se veía colorido, movido y mágico. Los colores se plasmaban como fragancias en en el aire y todos los aromas paseaban de un lado para otro mientras los pájaros cantaban a su alrededor. Dentro del bosque nadie la encontraría, pero le gustaba ver el fluir del agua del Río y los peces saltar buscando algo de aire y comida. Los caracoles venían e iban como si el tiempo no se acabara para ellos, y quizá ese era el encanto. Ver como ella siempre tenía que ir y venir haciendo cosas pero los animales y las plantas simplemente vivían y estaban ahí, existiendo pese a todo. Atravesaban vientos, fríos y calor y si morían.. sólo morían aunque le diese tristeza la idea.
Vio una flor pequeña asomarse entre la maleza y se dedicó a verla, le habló un poco y le sonreía como si fuese la única ahí. Estaba algo decaída, y la pequeña Agatha quería ayudar intentando contarle chistes y bromas que eran muy-muy torpes pero pensó que servirían.
Y lo hizo.
La flor se levantó frente a ella, sana como si estuviese recién naciendo. Y ella sonrió, pensando que había hecho un buen trabajo.