Lo que te dijo el quedo en tus palabras: somos sucios, impuros, ajenos a nosotros. Y al final escribes que las lagrimas son tanto ajenas como tuyas.
Un maquinista me conto algo en un turno de noche y despues no me hablo mas del asunto en todo el viaje, y yo lo anduve cargando hasta que bajamos en Santos. De eso se un poco, de quedarse con las palabras de otro encima.