no sé, por un lado Lionkai me da pena, pero tampoco está mal que la reina busque a alguien con un plan real
Aethelgard - capitulo 4
Cuarto capitulo de Aethelgard, un lugar místico y lejano. Disfrútenlo
In groups
Pensamiento
no sé, por un lado Lionkai me da pena, pero tampoco está mal que la reina busque a alguien con un plan real
Contenido de la discusión
Cap 4. El encuentro de los héroes
El castillo de la reina Candoriana era una fortaleza grande, inexpugnable y rodeada por un anillo de agua. Con colinas y montañas provistas de unos cuarteles, torres de observación y frondosos bosques que servían como un punto estratégico defensivo en caso de un ataque.
Por si fuera poco, había también una docena de estatuas gigantes de león adornando el largo puente de piedra por donde se paseaban los propios y visitantes, para llegar al enorme puente levadizo. Este resguardaba detras suyo un gran portón metálico unido a una amplia muralla de piedra caliza blanca, llena de almenas.
El león dorado rampante de Candora figuraba en docenas de estandartes azules colgados sobre los muros. Arqueros bien armados y lanceros eran los encargados de custodiar la entrada.
Bajo el manto de su capucha marrón, Lionkai avanzaba. Protegiéndose del intenso sol que golpeaba. Numerosos grupos de jinetes Candorianos iban y venian del castillo. Estos caballeros de brillante armadura de placas eran los defensores del reino y su mayor orgullo. Los hombres de armas y las compañías de lanceros caminaban entre las destacadas caballerias. Había, igualmente, personas de porte noble y ropas muy elegantes. Caminando por aquel puente. No faltaban los mercaderes, los artesanos de renombre y uno que otro plebeyo en busca de audiencia con su majestad.
En el interior de aquella imponente estructura de muros lisos y torres altas de seguro encontraria a la reina. Antes que nada, Lionkai debía presentar sus respetos hacia ella.
Los guardias del portón vieron a Lionkai como un plebeyo más así que lo dejaron pasar, junto con otros súbditos de semblante decadente y mirada suplicante.
Adentro la cosa no fue tan diferente. Una gran fila de súplicas, quejas y sugerencias inundaban el largo pasillo que daba a la cámara del trono. Lugar donde la reina, Samira Reikon atendía y convivia con su pueblo.
—La bruja Agarthis es la culpable, mi reina—. Le decía un hombre que aseguraba ser medium y que a su lado tenía un loro encerrado en un jaula.
Samira era una bella mujer de cabellos marrones tirando a amarillo, ojos grises y un porte elegante, que destacaba entre el resto de las personas en el salón.
Las butacas estaban atestadas de gente, todos hablaban al mismo tiempo mientras aquel sujeto intentaba que sus advertencias se oyeran.
—Crea lo que le digo, su majestad. Reina Samira Reikon de Candora. Usted sabe, al igual que yo y que mi loro bonito, que la culpable de los ataques al campesinado es ni más ni menos que la bruja Agarthis. La antigua institutriz del castillo.
Las palabras del hombre provocaban diversas reacciones entre el púlpito. Las opiniones de estos, sin embargo, se perdían entre tanta bulla.
Samira se alto del escándalo y con un gesto de sus manos hizo que los asistentes se silenciaran. Tras acomodar la espalda sobre la superficie suave de su trono, Samira le dedico al hombre una mirada despectiva diciéndole:—Eso ya lo se. Lo que todavía no se es que hace usted aquí.
El hombre, cuál charlatán, le respondió muy sonriente:—Le traigo la solución, mi reina—. Samira arqueo una ceja. Se le veia cansada de oír tanta palabrería.
—Tomaré a este loro en la jaula y lo sacrificare para que el maleficio de Agarthis se anule—. Fue en ese momento que Samira se enfado y con una furia controlada dijo—Aquí no vas a sacrificar a ese animal. Ni más faltaba!—. El hombre se sintió intimidado. Había sacado de sus casillas a una mujer con suficiente poder para destruirlo.
—Suficiente hemos tenido con el sufrimiento de los pobres campesinos por su ganado perdido como para que ahora venga usted y sacrifique un loro para, según usted! Anular la magia que se supone que Agarthis ha lanzado sobre mi reino. Pues no! No señor! Quiero que en este preciso momento se vaya de mi salón y de mi castillo sino quiere que lo mande a sacrificar a usted!
El supuesto medium no pudo objetar ante la enfadada reina. La orden estaba dada y los guardias no tardaron en acercarse y retirarlo de la sala, sujetándolo de los brazos. El pequeño loro, mientras tanto, fue tomado por uno de los mayordomos y retirado para ser puesto a salvó.
—envien el loro al reino Kalendriano. La familia Alarcón de seguro estarán encantados de recibirlo—el público en las butacas aplaudió a la reina y está volvió a acomodarse sobre su trono en lo que ordenaba le trajeran una bebida para refrescarse. El elaborado vestido que traía le provocaba mucho calor. Por desgracia no podía desnudarse como de costumbre, delante de tanta gente. Para ellos debía seguir siendo la imponente reina Samira. Así lo habría querido su marido. Tanta presión la atosigaba. Haciendole llevar sus manos a la cabeza.
El púrpito siguió hablando. Sus voces sonaban mezcladas y confusas. Luego de aquel incidente con el charlatán y el loro le tocó el turno a Lionkai. Este avanzo silencioso al centro del salón.
La sola aparición del extraño joven encapuchado provoco el silencio inmediato de los asistentes. Estos se sintieron intrigados por el joven. Incluso Samira pareció interesarse en el muchacho frente a ella. Nunca antes lo había visto.
Lion permanecio inmóvil y callado. Esperando el momento en que la reina le autorizará hablar. Intrigada por su nuevo visitante, Samira se inclino hacia adelante con las piernas cruzadas y una mano sosteniendo su menton.
Bajo la capucha, los ojos verdes de Lionkai eran visibles, reflejando cierta incertidumbre. Jamás había estado en presencia de una reina. Estaría preparado para tal desafío?
Samira Reikon, con un tono amable pero que denotaba la gran autoridad otorgada a ella por el destino, le pregunto al joven extranjero—Bienvenido, joven. Digame. Quien es? Y que motivo lo ha traído a mi reino?—. Lionkai no vaciló y con firmeza y decisión le respondió. —Su majestad, he venido a matar a la bestia que atormenta a su pueblo.
La reina volvió a arquear la ceja. El público en las butacas puso cara de asombro, murmuraron entre ellos e incluso no dudaron en mostrar su incredulidad.
—A ver si entendi—dijo Samira, echándose el cabello por debajo de la corona hacia atrás.—Dices que has venido a matar al monstruo que durante años ha atormentado a mi pueblo? Eso dices?—Lionkai trago saliva, luego asintió. La capucha ocultaba su profunda inseguridad. Habría dado lo que fuera por regresar al templo y olvidarse de todo aquello. Pero tenía un compromiso y debía cumplirlo. Su honor de guerrero se lo exigía.
El público pareció tomar en serio las afirmaciones del valiente joven. Parecía estar hablando muy en serio.
—Sabes lo que estás diciendo?—. Pregunto la reina Samira. Incrédula y estupefacta.—Ni mis mejores soldados, ni los mercenarios han podido derrotar a la feroz bestia. Y eso que estos eran los mejores guerreros de su clase.
—Las clases no importan tanto, reina Samira—contesto Lion con plena certeza.—lo que más importa durante una batalla es la habilidad—. Con esa afirmación, Lionkai pareció ganarse el respeto de los presentes. Incluida la propia reina.
—Fui entrenado desde pequeño por lo monjes de un templo marcial en la isla de Koneida. Si algo puedo asegurarle, majestad, es que la habilidad en una pelea puede superar incluso al más fuerte de los rivales.
Samira se sorprendió. El joven delante de ella se veía muy confiado y más que seguro en sus propias habilidades de combate.
—Me impresionas. Tu...
—Lionkai. Me llamo Lionkai.
—Si, claro. Lionkai. Mira Lionkai. Me halaga que creas que puedes derrotar tu solo a la bruja y a su bestia pero... deberías de ser más realista. Este tipo de luchas no se ganan con patadas y volteretas. Sin ofender—. Lionkai se mantuvo firme y callado mientras la escuchaba.
—lo que yo necesito es alguien que sea capaz de coordinar un ataque eficiente. Que haga sucumbir a la bestia y que deje a la bruja Agarthis desprotegida para que desista de seguir haciendonos daño. Lionkai, perdóname. Pero para mí, tu luces igual que el resto de charlatanes que han venido ante mi presencia. Ofreciendo una solución mágica a mi problema. De hecho. Viste al sujeto que mandé sacar? El que quería sacrificar a un loro? Pues como ese tipo ha habido muchos que se han presentado con la loca idea de que son super guerreros; capaces de cualquier proeza, por más extraordinaria que está sea.
Lionkai sintio venirse su corazón abajo. Por primera vez en su vida alguien lo había rechazado y eso lo destrozaba por dentro.
—En verdad lo siento. Pero no estoy buscando a un héroe. Lo que yo busco son soluciones realistas. No héroes! Sino soluciones. En verdad lo siento, Lion.
El joven encapuchado comprendio y sin dar más largo al asunto se retiró. Mientras las personas en el púlpito lo veían marcharse. Sintiendo como si su única oportunidad de salvarse se estuviera marchando junto con el joven encapuchado. Samira sintió lastima por el chico. Pero no podía darse el lujo de seguir con juegos. La presión la estaba matando. Sino hallaba una solución factible pronto, la reina tendria la desgracia de sucumbir a la locura. Cosa que ya estaba ocurriendo.
Por las noches, Samira Reikon se encerraba en sus bellos aposentos y ahí, entre las cortinas de seda y sabanas de algodón, comenzaba a llorar desconsolada y sin reparo. Implorando clemencia y llamando el nombre de su esposo desaparecido para que este viniera a ayudarla. La reina gemia, lloriqueaba como una niña y se lamentaba mientras imaginaba a la bruja Agarthis muy feliz en su escondite. Quizá riéndose de ella por el mal que le causaba. Poco a poco, Samira perdería la cordura. Era algo que ella no podía soportar. Por más que quisiera.
Lion mientras tanto yacia sentado en lo alto de una colina. Desde la cual podia verse el castillo. Se preguntaba si los maestros del templo habían hecho bien en elegirlo para una tarea tan importante.
A lo mejor ellos estaban equivocados. Ni como saberlo. Lionkai solo podía quedarse en su lugar. Viendo el tiempo pasar lento, mientras el sueño comenzaba a vencerlo.
La mañana siguiente llegó sin que Lion se diera cuenta. En lo plano de la colina, Lionkai dormía tranquilo cuando, de pronto, un sonido abrupto lo despertó.
Se trataba de la caravana de jinetes Kalendrianos. Era fácil identificarlos pues su estandarte rojizo ondeaba en lo alto sobre sus cabezas. Una gran aguila lanzandose en picada sobre su presa. Con las alas extendidas y las garras abiertas e inclinadas en dirección a su presa. Lion se sentó para ver pasar a la caravana.
Aquellos eran caballeros similares a los de Candora, pero con ciertos detalles que diferenciaban sus armaduras de acero bruñido. Ellos portaban lanzas cónicas cuál púas de puercoespin y bajo su mando estaba un joven caballero de ropas elegantes y un semblante sereno y orgulloso.
Lionkai sintió algo de curiosidad así que se dispuso hacer lo necesario para ingresar al castillo y ver de que trataba aquel acontecimiento.
La reina Samira Reikon recibió a los visitantes en el salón de sesiones. Rodeado de butacas llenas de gentes y un numeroso grupo de guardias armados con picas y cascos puntiagudos.
—Sean bienvenidos, hijos mios—. Dijo Samira, dirigiéndose a sus retoños.
Los principes, Benicio y Camila Reikon, eran como dos gotas de agua. Cabellos rubios oscuros como el de su madre. Los ojos negros de su padre y un rostro que los hacia parecer la misma persona. La única diferencia entre ellos era lo largo que tenían el cabello. Benicio lo tenía un poco más corto que su hermana Camila.
Acompañándolos estaban, Sir Diego Alarcón, heredero de la casa Alarcón de Kalendria y su amiga, Joani Bensamin. Una prominente maga del reino elfico de Herbolaria.
La reina Samira Reikon presento sus respetos al joven Diego Alarcón y su compañera elfa. Estos dieron una cordial reverencia como respuesta. Lionkai estaba entre el púlpito. Observando todo con unos ojos verdes, fijos y estudiosos.
—Querida madre—. Empezó el principe Benicio.—Nuestro amigo, Diego Alejandro Alarcón, ha ofrecido prestarnos sus conocimientos para ayudar con nuestra noble causa.
—Si, madre—Intervino Camila.—Como sabes, Sir Diego es un excelente estratega, quien ha demostrado su valor en varias misiones exitosas, tanto en su tierra natal como en el reino elfico de Herbolaria.
—Por supuesto—afirmo la reina Samira.—Tengo entendido que usted es un excelente estratega militar, Sir Alarcón. Muchos de los generales con quiénes hable previamente me dieron unas excelentes referencias en cuanto a su trabajo. Dicen que es el mejor planificando estrategias.
—Majestad—. Dijo Diego, dirigiéndose con respeto a la reina.—Yo solo utilizo los conocimientos y el talento que la madre luna me dio. Samira Reikon se mostró más que complacida al ver su humildad.
Diego era un hombre joven de alrededor de unos veintitres años. Tenía pelo castaño oscuro, ojos marrones y un porte elegante y distinguido que le encantaba a las damiselas. Lejos de ser un gran espadachín, la mayor virtud de Diego no era otra que su intelecto y pericia para trazar planes más que perfectos. Algo que a muchos de los estrategas les tomaba años conseguir.
—Soy un humilde servidor de los más necesitados. Ese es mi verdadero don, majestad—. Las palabras de Sir Diego Alarcón eran bien recibidas por los pobladores. Se sentían valorados y defendidos por el noble caballero de los ojos marrones.
—Veo que lo acompaña alguien, Sir Diego Alarcón. Sería tan amable de presentarme a su compañera?
—Por supuesto, majestad. Le presento a Joani Bensamin. Distinguida maga del reino Herbolario y sobrina de Lord Galidor Bensamin, dirigente del consejo parlamentario de aquella nación.
—Majestad—pronuncio Joani con una reverencia. Ella tenía el cabello rubio corto. Orejas que terminaban en punta y una silueta adaptada a
sus dieciocho años. Su vestimenta elegante pero sencilla reflejaba su naturaleza salvaje y a la vez educada. Cómo una especie de mezcla entre la civilización y los parajes silvestres de su tierra: Herbolaria
Samira sentía una fuerte conexión con esos entornos así que Joani le caería bastante bien.
—madre, mi hermana Camila y yo hemos traído al caballero Alarcón para que nos ayude con la bruja Agarthis y con su bestia.
—Si, madre. Mi hermano y yo creemos que Sir Diego Alarcón, con sus conocimientos estratégicos, puede sernos de mucha ayuda para derrotar a esas alimañas.
—No lo dudo, hijos mios. No lo dudo—la reina Samira Reikon tenía un buen presentimiento respecto a Diego Alarcón y su amiga. Ellos, por su parte, se mostraban muy confiados y listos para la acción.
Lion veía todo desde las butacas. Bajo la capucha marrón se asomaban unos ojos esmeraldas tristones que veian con impotencia la escena.
Que serían ellos, y no el, quienes se encargarían de salvar a aquel reino necesitado.
Pasaron todos a una recamara más privada. Ni siquiera la guardia tenía permiso de estar ahí. La reina Samira entro primero. Seguida de sus dos retoños y luego entraron Sir Alarcón y la chica elfa de Herbolaria, Joani.
Llegaron a una mesa que tenía un enorme mapa dibujado sobre papiro. Sir Diego, acostumbrado a llevar siempre sus propios instrumentos, saco del pliegue de su chaqueta una fina pluma blanca. Un tintero y un sencillo cuaderno de anotaciones. El mapa desplegado ante sus ojos le ofrecía una mirada detallada del reino de Candora y de las demas tierras aledañas. Diego entonces se puso a trabajar.
Con mucha paciencia y escrutinio, Diego Alarcón estudio los puntos claves donde se había avistado a la gran bestia. Habia recolectado previamente la información necesaria sobre aquel monstruo y sus características. Diego entonces procedió a estudiar los posibles puntos débiles de la criatura para asi encontrar la opción más factible en que pudiera ser derrotado.
Por lo general, los Armadillosaurios contaban con una fuerte coraza natural que los mantenía a salvó de otros depredadores en su entorno.
Esto podía ser visto como un desafío imposible para la mayoría de los tácticos. Pero Diego no era igual que el resto. Donde otros se congelaban y daban por terminada su misión, Diego Alarcón entraba y buscaba una segunda alternativa mucho más razonable y eficiente. A veces solo había que usar un poco de ingenio y calculo para lograr cosas extraordinarias.
La elfa Joani lo observaba en silencio. Esperando que la magia del estratega se hiciera presente en ese momento. Los gemelos Reikon Benicio y Camila Reikon hacían lo mismo.
En su libreta, Diego trazo los pasos de su plan, en cuanto movía pequeñas piezas de madera que estaban puestas sobre el mapa. Su estrategia era la siguiente:
Fase 1: El Reconocimiento y la Trampa Geográfica.
Diego sabia que la caballería y los proyectiles eran inútiles contra una placa ósea gruesa. Por lo tanto, el primer paso era anular la movilidad del enorme Armadillosaurio.
Diego no pelearía en una llanura abierta. Atraería al Armadillosaurio hacia un desfiladero estrecho, un cañón o una zona de terreno blando y un poco pantanoso.
Si la infame criatura intentaba rodar o cargar contra sus tropas, el terreno estrecho limitaba sus ángulos de escape, y el barro detendria su impulso, atrapando su enorme peso.
Fase 2: Control del Clima y Visibilidad. Entrada de Joani a la acción.
En lugar de pedirle a la maga que lance rayos directos que rebotarían en la gran coraza, Diego utilizaría sus poderes para alterar las condiciones del entorno.
Diego ordenaría a la maga provocar una lluvia torrencial localizada justo en la zona de la trampa para convertir el suelo en un lodazal espeso, esto acabaria hundiendo las pesadas patas de la gran bestia.
Justo antes del ataque, la elfa generaría una densa niebla fría. Las criaturas grandes suelen depender de la vista o el olfato; la niebla y la lluvia fuerte saturarían sus sentidos, dejándolo desorientado.
Fase 3: Hostigamiento y Desgaste.
Los arqueros no dispararian al cuerpo. Diego entendia que disparar a la coraza era desperdiciar flechas.
Los arqueros se posicionarían en lo alto de las laderas del desfiladero (completamente a salvo).
Sus órdenes serían apuntar exclusivamente a los ojos, las articulaciones de las patas o el envés blando de su cuello cuando la criatura levantara la cabeza por la frustración. El objetivo no era solo matarlo aquí, sino hacer que este se defendiera y se cansara.
Fase 4: El Golpe de Gracia.
La caballería ligera no cargaría de frente. Diego Alarcón los mantendría en reserva, ocultos tras la niebla. Una vez que el Armadillosaurio esté atrapado en el lodo, cegado por la niebla y herido en sus puntos mas débiles por las flechas, perderia la capacidad de girar rápido.
Los jinetes Kalendrianos aparecerían por los flancos o por la retaguardia, utilizando lanzas de caballería; apuntadas a los huecos entre las placas de su armadura y derribándolo por completo al desestabilizar las cuatro patas que están hundidas.
Al final de la jornada, Diego Alarcón habría derrotado al Armadillosaurio sin sufrir una sola baja. La bestia habría caído por su propio peso y furia, víctima de un plan donde la magia ablandó el escenario, las flechas quitaron la vista, y la caballería ejecutó el golpe final sobre un gran objetivo estático.
El plan era brillante. Digno de un estratega de su clase. Tanto la reina como sus hijos estaban más que de acuerdo con este plan. Joani solo sonrió. Su bella sonrisa lo decía todo.
Habiendo trazado el plan de acción, Alarcón puso la pluma sobre la mesa y espero. Sus dos manos estaban abiertas sobre el papel y tenía una mirada perspicaz al mismo tiempo que sus oidos escuchaban latidos provenientes del otro lado de la puerta. Cómo si alguien los estuviera escuchando.
De seguro no era un espía. Los espías podian controlar bastante bien sus latidos. Era parte de su entrenamiento para evitar ser detectados por un oído tan agudo como el de Alarcón. Debía de tratarse de alguien más. Alguien mucho más amigable y confiable para ellos.
Thoughts
-
PermalinkLa forma en que Diego visualiza todo es increíble... casi puedo ver al Armadillosaurio hundiendo sus patas en el barro.
-
Permalinkpero quién es el que está escuchando detrás de la puerta? la forma en que lo escribiste me tiene intrigado
-
Permalinkesa línea de Lionkai donde siente que le se le viene el corazón abajo... va a estar en mi cabeza toda la semana. está tan bien.
-
Permalinkno sé, por un lado Lionkai me da pena, pero tampoco está mal que la reina busque a alguien con un plan real
-
Permalinkespera, si Diego es tan genio con la estrategia, cómo es que nadie en todo el reino había pensado en un plan así?
Related discussions
-
Pastorela Mexicana
Una historia donde el verdadero mal no llega de afuera... sino que nace del corazón de los hombres.
-
El título es , siglos de dolor
Espero que les guste este libro que estoy haciendo , espero buenas críticas , ante todos angel caído
-
Segunda parte.
Pronto será la tercera parte
-
tercera parte.
Pronto será la cuarta parte
- HAMBRUNA Editado a partir de una historieta de O. Mejía
-
La hija del alfa y el principe vampiro
Dos reinos enemigos firman una tregua obligando a sus herederos a convivir, pero alguien intenta iniciar una nueva guerra.
-
El amor esta muerto... o tal vez no?
Una pequeña intro de mi ;)
-
Toda historia, como toda vida tiene su presentación
Una pequeña frase que refleja un poco del vacío que estuve viviendo en estos ultimos años