En el ámbito laboral, es común encontrarse con procesos de selección que no logran desarrollarse de manera objetiva y respetuosa, derivando en contrataciones fallidas que dejan una profunda reflexión. En muchas ocasiones, durante estas etapas se reciben comentarios inadecuados y ofensivos que cuestionan de forma inapropiada aspectos personales del postulante, tal como la frase: “¿usted no ha tenido problemas por ser así?”. Este tipo de expresiones no solo carecen de fundamento profesional, sino que generan un ambiente de desconfianza y vulnerabilidad para quien busca una oportunidad.
Un aspecto especialmente preocupante ocurre cuando, ante referencias o comentarios sobre situaciones pasadas relacionadas con agresiones físicas o psicológicas en puestos anteriores, algunas organizaciones asumen una postura definitiva: consideran a la persona como “no grata” o no apta, sin dar espacio a conocer el contexto real de lo sucedido. Esta postura implica que no se brinda ninguna posibilidad de explicación, ni de demostrar que se han realizado cambios, aprendizajes o procesos personales que permitan superar lo ocurrido.
De esta forma, se niega no solo una oportunidad de trabajo, sino también la posibilidad real de superación: ni respecto al evento pasado, ni en el ámbito profesional. Las personas merecen ser evaluadas por su capacidad actual, su disposición al cambio y sus competencias, no ser etiquetadas permanentemente por situaciones anteriores sin darles la oportunidad de mostrar que pueden actuar de manera responsable y respetuosa en un nuevo entorno laboral.