No es la mentira del otro la que nos destruye, sino nuestra adicción a esa mentira.
—"La hipocresía, ejercida con constancia, se ha vuelto parte común de nuestro entorno. Tanto que esperamos, en tal punto, recibir un poco de ella: esperamos consejos falsos, halagos y motivación mediocre, gestada en un pensamiento hipócrita y desatada por personas acostumbradas a mentir para aparentar.
Pero ese no es el verdadero problema. El verdadero problema es depender emocionalmente de eso para estar bien. Aun sabiendo que la verdad, aunque venga en abundancia de palabras de sus bocas, no es verídica. Ahí estamos, sumidos: esclavos de una opinión sin valor, presos de un consejo vacío de sentimientos, pero terriblemente acostumbrados al (falso) calor de ese sentimiento."