Bajo la luz cálida de una bombilla parpadeante, he sido abrazada.
Mis brazos están entumidos, ligados, no saben que hacer.
Aún no he comprendido porqué me abrazaste, algo dentro de mí intenta buscar razones para merecer tal gesto.
— Te amo. — dices con una sonrisa
Mi cuerpo tiembla y es en él donde algo nuevo intenta detener el entumecimiento en mis brazos... tus manos.
Tus manos, tan cálidas como una manta, acarician mi espalda, mi cara se enrojece y pronto el calor se ha vuelto parte de mi piel nueva.
Lágrimas brotan, rodeando mis mejillas calientes para derramarse sobre mis manos.
Aún si mi cuerpo ha cambiado, tus manos no se detienen, no anhelan cambiarme, tampoco transformarme, nunca desaparecen.
Mis brazos, valientes de reconocer el calor, han decidido corresponder el abrazo.
Mi corazón se derrite, mis brazos aprietan y la duda se esfuma.
— Yo también te amo.