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A QUIEN NO SABÍA LEER Él escribía poemas para ella, verso…

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A QUIEN NO SABÍA LEER

Él escribía poemas para ella,

verso a verso,

como quien cose el corazón

con hilo de tinta.

Pero ella nunca los leía.

—No me gustan tus poemas —decía—.

Son demasiadas palabras.

Entonces él dejó de escribir.

Pasaron los días.

Hasta que conoció a alguien

que no sabía leer.

Una tarde, con vergüenza,

él le preguntó:

—¿Quieres escuchar un poema?

Ella sonrió.

—No sé leer —respondió—,

pero me encanta que me leas.

Y él entendió la ironía:

había escrito para alguien

que podía leer sus letras

pero jamás quiso leer su corazón;

y terminó leyendo su corazón

a alguien que jamás pudo leer sus letras.

Desde entonces escribió diferente.

Ya no escribía para ser leído.

Escribía para ser sentido.

Porque comprendió que

no siempre quien sabe leer entiende,

ni quien no sabe leer deja de comprender.

Y aquella noche, mientras leía su último poema,

ella cerró los ojos.

No entendió cada palabra.

Pero sonrió.

Y él pensó:

“Quizá eso sea la poesía:

encontrar a alguien que no entienda tus versos,

pero sí entienda por qué los escribiste.”

Thoughts

  • DCA_de_oficina

    Que la primera ni se haya dado cuenta de cuándo él dejó de escribir es lo que más me pesa del poema.

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A QUIEN NO SABÍA LEER Él escribía poemas para ella, verso a verso, como quien cose el corazón con hilo de tinta. Pero ella nunca los leía. —No me gustan tus poemas —decía—. Son demasiadas palabras. Entonces él dejó de escribir. Pasaron los días. Hasta que conoció a alguien que no sabía leer. Una tarde, con vergüenza, él le preguntó: —¿Quieres escuchar un poema? Ella sonrió. —No sé leer —respondió—, pero me encanta que me leas. Y él entendió la ironía: había escrito para alguien que podía leer…