¡Qué gran escrito! Me dejó pensando muchísimo en esa delgada línea que describes.
Creo que, en el fondo, es una mezcla hermosa de ambas. Nos mueve la valentía de plantarle cara a la realidad y el toque justo de estupidez necesario para seguir creyendo en la magia a pesar de las estadísticas. Al final, lo que nos hace humanos es precisamente ese impulso de seguir buscando el fuego aunque sepamos que nos podemos quemar.