Tengo un sentimiento y un anhelo
ambos tan cálidos y son solo míos,
lluvia de fondas con chicha en cacho,
empanadas fritas y de horno, de pino y queso.
Frente a un bracero y unas goteras,
escucho la lluvia y el freír de unas sopaipillas,
con manjar o con pebre acompañando la mesa,
se decoran de gastronomía mis memorias.
Huevos revueltos en paila,
pan tostado en una lata sobre la estufa,
mantequilla amarilla y de campo al desayunar,
Té con miel de ulmo y café con azúcar.
Como corceles corren a mi plato hondo,
esos fideos, verduras, longanizas y porotos,
almuerzo de invierno trayendo calor a mi cuerpo,
con una sola carrera no basta para saciar mi apetito.
Con su delantal a cuadros domesticaba la cocina,
mi abuela y sus queridas recetas,
dejando recuerdos en mi vida,
cada vez que vuelvo al sur de sus memorias.