La noche estaba avanzada.
Una entre tantas otras y, a la vez, única, como cada gota que caía.
Un viento dulce cruzaba el camino.
El frío, anunciado por la niebla que navegaba sobre la laguna, atravesaba a todas y cada una de las criaturas que encontraba.
Un último pensamiento lo alejaba de la realidad. Quizá un recuerdo.
Las tierras altas, bañadas por el sol, aparecían ante él como el reflejo de otro mundo. Una vida que alguna vez había sido suya. No había pasado tanto tiempo; sin embargo, parecía pertenecer a un siglo atrás.
Cuando aún podía caminar. Cuando aún podía soñar.
Se aferró a esa imagen mientras, poco a poco, todo se apagaba. Una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. Aquel cuerpo ya no podía contenerlo.
Mientras tanto, la noche siguió su curso, como si aquella historia jamás hubiera sucedido.