De donde vendrán
estas ganas de caminar,
a donde iré a parar mis pisadas,
huellas clavadas en el alma.
No tengo engranajes ni tornillos,
pero roto tengo el manómetro,
aguja indicando un intenso rojo,
la presión de la vida se escapa por mis ojos.
Como un soldado cascanueces de papel,
me embosca el viento del ayer,
hoja seca esperando a jubilarse,
fin de la estación del ser.
No se a que puerto volveré
ni de donde partí el mástil,
se rasgaron mis velas,
este candelabro ya no mantiene el curso.
Mis alas de antes de nacer se quebraron,
capullo que nunca maduro,
fruto de luto, juguete roto del árbol,
las ramas y raíces que abrazaran mi cuello.