Otra noche frente al amor,
otro vaso en el velador,
luz iluminado mi cuarto,
despertando un soneto siniestro.
mate tantas esperanzas,
que se descarrila mi balanza,
mis manos están salpicadas,
huellas de una persona amada.
de las velas solo queda el fondo,
mis cerillas se ahogaron,
mi luz se ahorco en aquel blanco árbol,
la maldición del candelabro.
en el día solo duermo
aun que suene enfermo,
este trabajo de llevar mi cuerpo,
quiero enterrarlo bajo un recuerdo.
no seré inmortal ni deseo serlo,
pero eterno se hace este sufrimiento,
olvide cuando comencé con esto,
solo se que no puedo detenerlo.