10
Provisiones
43 días de la pandemia
Sonya, junto a Jax y Johnny, paseaban por las calles de Los Ángeles. El lugar que antes vibraba con luces y estrellas, ahora estaba lúgubre y apagado.
–Jamás creí visitar una ciudad fantasma. – comentó Johnny – He visto películas de terror menos inquietantes que esto. Ya parece Guerra de los Mundos. –
–Recuerden que esta es una misión de recolección, por lo que debemos evitar a los infectados lo más posible. – dijo Sonya recargando su rifle. –
–Lo importante es tener los ojos bien abiertos. – dijo Jax con el arma lista. –
–Entiendo. Ser sigilosos como ratones – dijo el actor avanzando. –
Al caminar cerca de un camión de transporte de utensilios de cocina, el actor terminó estrellándose contra una caja, haciendo caer todos los sartenes y ollas. Esto provocó un ruido tan fuerte, que hizo eco en una parte de la ciudad. Hubo silencio por un momento. Pero luego, lentamente se escucharon sonidos guturales revelando a los infectados de la zona, que habían sido atraídos por el sonido metálico.
–¡Pero que sigiloso fuiste, Cage! – dijo Jax con un gran tono de sarcasmo. –
–Tenemos que movernos, ¡ya! – dijo la General. –
Ese momento inoportuno obligó a los tres guerreros a huir de la zona, que iba llenándose de infectados poco a poco.
***
No sabían por cuanto tiempo habían corrido, pero lograron perder a los zombis de vista. Los tres estaban jadeando y reposando en los vehículos abandonados.
–Ten más cuidado la próxima vez, Johnny. – regañó Sonya. –
–Está bien, mamacita, tendré más cuidado. Aunque unas cuantas nalgadas no me vendrían mal. – dijo el actor, levantando las manos. –
El equipo estaba dispuesto a retomar la misión, cuando una ráfaga fuerte golpeó sus caras. Esto no era normal, ni siquiera era otoño.
En eso, una figura familiar los saludó desde uno de los postes de luz.
–Cuanto tiempo sin vernos… –
Lo reconocieron al instante.
–Tú… – dijo Sonya levantando ligeramente la voz. –
–¿Ese es Kabal? – dijo Johnny reconociendo al hombre deforme de la máscara. –
Jax y Sonya apuntaron con sus rifles al intruso, pero este levantó las manos y dijo:
–Alto al fuego, no vine a causarles problemas. –
A alta velocidad se bajó del poste y se acercó al equipo.
–Solo estaba explorando la zona. Me sorprende ver gente viva en este lugar luego de la evacuación. –
Jax y Sonya bajaron las armas, pero aun así se mantuvieron precavidos.
–¿Cómo podemos confiar en ti, si eres del Dragón Negro? – dijo Sonya seriamente. –
–Digamos que… abandoné la pandilla, y ahora soy completamente independiente. – se movió a alta velocidad encima de un camión de transporte, sacando de una de las cajas un paquete de galletas de mantequilla – Bienvenidos al apocalipsis zombi, donde las leyes y el orden empiezan a valer un carajo. Disfruten su estadía. –
Con esto, el ex-miembro del Dragón Negro le lanzó la caja de galletas a Johnny Cage, haciendo que esté la atrapara en el aire. Ese gesto era una señal de sus intenciones. Los dos soldados bajaron sus rifles y miraron a Kabal.
–Hemos bajado a la superficie por suministros. – afirmó Sonya. –
–Si quieren eso, por suerte hay un supermercado a unas 5 calles de aquí. Aunque… Los zombis serian la última de mis preocupaciones en este lugar. –
–¿De qué hablas, Kabal? – dijo Jax. –
–Oye, explica eso, cara de depredador. – exigió Johnny. –
–Es la misma razón por la que dejé el Dragón Negro. Kano es el problema. – dijo Kabal sin más. –
–Kano… – Sonya tenía los ojos bien abiertos. –
–Desde que la gente se fue de esta ciudad, Kano transformó las calles de Los Ángeles en su patio de juegos. Saqueos, terrorismo, todo sin que nadie lo detenga… Yo que tú, andaría con cuidado con ese sujeto. –
Con esto, Kabal se fue del lugar a toda velocidad, dejando a los tres guerreros solos.
–Lo que nos faltaba… – dijo Johnny mirando el cielo – Pasamos del Amanecer de los Muertos, a Terminator. –
–Kano… ese bastardo… –Sonya apretó el arma que sujetaba en sus brazos. –
Jax la tomó del hombro y dijo:
–Recuerda el motivo de nuestra misión. Vamos. –
Con esto, se fueron a la tienda abandonada, siguiendo las instrucciones que les dio Kabal.
***
Los tres llegaron al supermercado más cercano. Una enorme tienda con varios productos a la vista, que, en días de gloria, servía para atraer a los clientes con envases llamativos y bocadillos de sabores variados. Sonya miró a Johnny y dijo:
–Es el lugar. Trae la camioneta que dejamos. –
–Siempre y cuando no sea yo quien cargue las compras. –
El actor iba de camino por el vehículo blindado. Pero antes de hacerlo, unos disparos en el aire obligaron al equipo a refugiarse. Y ahí los vieron. Dos de los miembros del Dragón Negro, Kira y Kobra, estaban encima de un tejado disparando a quien sea que entre al supermercado, ya que ellos querían las provisiones.
–¿Les di? – preguntó Kobra. –
–Esa lluvia de balas debió haberlos hecho correr como gallinas sin cabeza. – comentó Kira. –
–Justo teníamos que toparnos con esos bastardos. – dijo Sonya, dándose cuenta de la situación. –
–Parece que si va a haber un tiroteo después de todo. – comentó Jax. –
Con esto comenzó una lluvia de balas cerca de la gran tienda. El equipo de Fuerzas Especiales contra los de la armada del Dragón Negro en menor escala.
–Mierda. Esto ya es demasiado absurdo. ¿Cuándo acabamos en una película de gánster? – dijo Johnny mirando a sus compañeros. –
–Mientras ellos estén arriba, tienen ventaja de visión. Debemos subir donde están ellos. – sugirió Jax. –
–Debemos generar una pantalla de humo. Pero no traje mis bombas antidisturbios. –
Los soldados miraron los objetos que tenían en el suelo: Varias botellas de refresco, un paquete de mentas y detergente en polvo.
–Tal vez podamos improvisar una. – dijo el soldado de brazos mecánicos. –
Mientras tanto en el tejado.
–Dales entre los ojos, Kobra. – dijo Kira. –
–¿Qué crees que hago? – dijo Kobra. –
Mientras el tiroteo continuaba, Jax, Sonya y Johnny agarraron primero tres botellas, para amarrarlas con cinta aislante, y luego, colocó debajo el detergente en polvo, e introdujo las mentas dentro.
La soldado lanzó las botellas por los aires, llegando a la altura de los reclutas del Dragón Negro. Y con un disparo certero, les hizo un agujero derramando el líquido endulzado encima del detergente y las mentas, creando una explosión de espuma colorida que bloqueaba la vista de los criminales.
–¡¿Qué mierda es esto?! – exclamó Kobra. –
–No veo nada – dijo Kira. –
–Es ahora o nunca, ¡vamos! – exclamó Sonya. –
Salieron de su refugio, para correr directo al tejado.
Mientras los criminales intentaron recuperar la visión, los guerreros lograron moverse a su destino con éxito.
Kira finalmente logró ver, para percatarse con el ceño fruncido que sus enemigos ya no estaban.
–¡Escaparon como cucarachas! – dijo Kira levantando la voz – Debemos encontrarlos y romperle las malditas piernas para… –
Pero la mujer no pudo terminar su frase, ya que había recibido un disparo en la cabeza.
El miembro del Dragón Negro, miró con sus ojos extendidos la cabeza abierta de su compañera y parte de su cerebro esparcido en el suelo.
Antes de que pudiera reaccionar, el criminal recibió un disparo en la pierna. Dejándolo arrodillado en el piso sangrando, mientras veía a la portadora del arma asesina acercándose.
Sonya y sus aliados estaban cara a cara delante del artista marcial herido. Kobra mostraba los dientes, decidido a no derrumbarse delante de sus enemigos.
–Es mejor que empieces a hablar, bastardo. – dijo Sonya firmemente. –
Ella agarró violentamente al hombre de la ropa y dijo con voz autoritaria:
–¿Dónde está Kano? –
–Sonya, nena, ¿no se suponía que íbamos por suministros? – dijo Johnny a la soldado. –
–Si Kano anda suelto en la ciudad, no habrá suministros que encontrar. Además… tengo algunas cuentas pendientes con ese bastardo. – argumentó la militar. –
–Si el Dragón Negro anda aterrorizando la ciudad, va a ser más complicado cumplir la misión – dijo Jax mirando sus alrededores –. Aunque no apoyo la venganza personal. –
–¿Quieres tu respuesta? aquí la tienes – dijo Kobra con una sonrisa arrogante, para luego escupirle en la cara a la soldado. –
Sonya frunció el ceño, sabiendo que sería complicado hacerlo hablar.
El actor divisó a lo lejos a una horda de infectados que se acercaba y mirando a Sonya dijo con una gran sonrisa:
–Creo que tengo una idea. –
Le susurró algo a Sonya, y luego a Jax. Los dos soldados se miraron con las cejas levantadas, pero accedieron al plan de Johnny.
Con esto, la General sacó de su guante la cuerda que normalmente usaba para sujetarse de las paredes, y lo amarró alrededor de Kobra. Luego de eso, el Mayor lo colocó boca abajo, dejándolo colgado de la orilla.
Johnny agarró un sartén y una olla que había en el techo, y los estrelló de manera repetida, haciendo un fuerte sonido metálico que llamó la atención de los infectados.
–¡Zombis! ¡Vengan! ¡La cena está servida! –
Los seres al escuchar el ruido se acercaron, mientras Jax empezó a bajar al recluta lentamente.
Kobra estaba temblando, notando como los infectados empezaron a rodearlo.
–Si yo fuera tú, empezaría a hablar. – dijo Sonya a Kobra. –
–¡¿Qué están haciendo?! – dijo el criminal, ya con la voz quebrada al ver a esos seres putrefactos. –
–Amenos que quieras ser comida para zombis, será mejor que empieces a cantar, niño. – dijo Johnny. –
–Y será mejor que lo hagas ¡ahora! – remarcó Jax, continuando bajando la cuerda. –
Mientras más cerca estaba del piso, más zombis aparecían, rodeando al criminal colgado, como leones hambrientos en un coliseo.
Mientras sudor frío recorría la frente de Kobra, miró con los ojos bien abiertos a la cantidad de infectados que abrían sus bocas, listos para morder.
Cuando sintió cerca la mandíbula de uno de ellos, el instinto de supervivencia le gano a la lealtad al Dragón Negro y gritó:
–¡Está bien, hablaré! ¡Hablaré! –
Antes de que lograra morderlo, Jax lo levantó rápidamente. Estando cerca de ser comido.
Al estar en el tejado, Kobra se encontraba temblando.
–¿Vas a decirnos donde esta Kano? – preguntó Sonya. –
–Está en el Centro Comercial Diamante, en la plaza principal, ahí Kano tiene su escondite, ¡Pero por favor, no quiero ser comido por jodidos zombis…! –
Tras obtener la información, los soldados dejaron amarrado al criminal en un ducto de ventilación, y bajaron rápidamente para iniciar su recorrido. No sin que antes Johnny Cage se pusiera a lado de Kobra y le metiera una de las galletas de mantequilla en la boca:
–Buen chico. – dijo el actor dándole unas palmaditas en la cabeza. –
El guerrero se retiró del lugar, siguiendo a sus compañeros.
***
Antes de llegar al centro comercial, Jax creó un mini terremoto con la fuerza de sus brazos, para desestabilizar a los zombis y así tener más brecha para escapar.
Al estar en el lugar deseado, lo que antes era un gran centro comercial repleto de personas y luces, era un sitio desolado, con las estructuras medio destruidas, y ventanas rotas.
Johnny miró el sitio y dijo:
–Solía venir aquí los fines de semana a tomar un café o a buscar citas… –
–Lo recuperaremos, cuando termine esta pandemia. – dijo Jax, tomando a Johnny del hombro. –
–Tenemos que movernos. – dijo Sonya. –
Con esto, el equipo entró al gran edificio y avanzó con cautela. Evitando a los zombis del exterior. Al entrar lograron notar un logo familiar, en los barandales había una tela negra con el símbolo de una daga en el centro y dos dragones occidentales al costado.
–Eso apesta al Dragón Negro… – dijo Jax reconociendo su símbolo. –
–Y justo tenía que ser en mi lugar favorito. – dijo Johnny mirando sus alrededores.
–Mantengan los ojos abiertos. Pueden haber guardias vigilando el lugar… – dijo Sonya a su equipo. –
***
Cuando miraron las tiendas una por una, Sonya levantó una ceja, ya que no veía a nadie.
–Este lugar debería estar repleto de soldados del Dragón Negro… – comentó la soldado. –
Pero mientras más se adentraban al lugar, un fuerte coro de gritos de euforia dominaba el aire. Los guerreros se acercaron sigilosamente, solo para descubrir un escenario insólito:
Los soldados del Dragón Negro estaban cómo espectadores, aplaudiendo y clamando por sangre. Habían cientos de civiles con las manos amarradas a sus espaldas, con los ojos llenos de terror, y temblando. En el centro de todo, había una enorme fosa repleta de infectados, gruñendo y soltando sonidos guturales. Y en una esquina se encontraba él…
Kano estaba encima de un trono improvisado, apilado por cientos de muebles rotos. El criminal levantó la mano y dijo:
–Tiren a otro. –
Los soldados que custodiaban a los prisioneros, tomaron a un hombre y lo arrastraron a la orilla.
–No, por favor no… tengo dos hijos pequeños, de seguro ellos me están esperando… –
Pero las súplicas no sirvieron de nada. Lo lanzaron a la fosa de una patada.
El hombre cayó, y los infectados inmediatamente se abalanzaron contra él. Los zombis despedazaron al pobre sujeto, la víctima solo podía soltar gritos de dolor y suplicas que se iban apagando, al mismo tiempo que su vida, mientras la sangre y las tripas volaban en el aire dentro de esa fosa.
Los criminales gritaron de entusiasmo ante esa muestra de carnicería. Kano agarró una pierna de pollo y se llevó un pedazo a la boca, importándole poco los modales o la higiene.
–Esto ya es jodidamente retorcido, hasta para él… – comentó Jax, mirando la escena. –
–Y justo en la pista de patinaje, ¿en serio ese Terminator de segunda mano no se cansa de arruinar mis cosas favoritas? –
Sonya se quedó de piedra, mirando como ese hombre había sido devorado por la fosa llena de infectados. Y luego miró fijamente al monstruo que estaba sentado en ese trono, viendo esa catástrofe cómo si fuera un espectáculo retorcido.
Ella frunció el ceño, dispuesta a dispararle a Kano, pero Jax la detuvo. Ya que un disparo así llamaría la atención de los demás soldados, y podrían visualizar su posición. Tenían que armar un plan.
Debian llamar la atención de todo el mundo. Necesitaban algo grande. Aunque abandonado, estaban en un centro comercial. Y por ende, los sistemas eléctricos aún funcionaban sin personal.
Decidieron activar la alarma de incendios en una de las tiendas. Jax sacó de su bolsillo un encendedor que normalmente traía para fumar, pero como el bozal que tenía se lo impedía, decidió darle otro uso.
Sonya agarró el aparato, y envolvió una blusa de algodón que encontró de una tienda de ropa en un palo de escoba del armario del conserje. Le prendió fuego, y en una tienda de conveniencia, alzaron la vara en llamas en uno de los sensores, activando la alarma.
Retumbando un pitido tan fuerte, que llamó la atención de los soldados. Quienes fueron a investigar el origen del incendio. Cuando los criminales fueron a averiguar el motivo de la falsa alarma, ya habían caído en la trampa.
Los tres guerreros cerraron las rejas de las tiendas rápidamente, y les pusieron candado. Los reclutas del Dragón Negro intentaron escapar, pero no lo lograron. Golpearon las puertas metálicas con ira, exigiendo salir.
Con el área limpia, Sonya y su equipo se dirigieron a la sala del trono.
Kano se encontraba mirando a los lados, con una ceja levantada:
–¿Por qué tardarán tanto? – dijo el mercenario con el ceño fruncido. –
–No te molestes en levantarte, Kano. – dijo una voz que él conocía. –
Miró a Sonya apuntándolo con un rifle directo a la cabeza. Kano tenía una enorme sonrisa en su cara, al reconocer a sus tres viejos enemigos:
–Miren quien tenemos aquí. Es bueno verte, Sonya, querida. ¿Cómo se encuentran tus viejos camaradas?, ¿disfrutando en familia? – preguntó con sarcasmo. –
Esa burla descarada hizo rechinar los dientes a la rubia, pero debía mantenerse concentrada.
–Y miren eso… – el criminal soltó varias carcajadas al ver a Jax – Ese bozal te queda tan… bien, Mayor Briggs. Tal como me esperaría de un jodido perro del ejército, ¿Quieres que te compre una correa también? –
Jax permaneció tranquilo, ya que sabía lo que intentaba Kano.
–Oye, Terminator, ¡el que hace los chistes soy yo! – dijo Johnny Cage. –
–¿Qué harás, Cage? ¿Demandarme por derechos de autor? Solo miren alrededor, ¿creen que les tengo miedo? –
Este bajó de su trono lentamente:
–Esto es un jodido apocalipsis. Ya no existen reglas o agencias que me detengan… Este ahora es mi territorio, ¡soy el rey del mundo! –
Sonya no lo soportó más, y le disparó. Pero el mercenario, quien ya había anticipado ese movimiento, usó su ojo láser para desviar la bala. Comenzando una batalla mano a mano.
Sonya le daba unas patadas en la cara, con una precisión digna de un entrenamiento militar. Luego de eso, el mercenario le devolvía el golpe con un puñetazo en el estómago y un rodillazo en la cara. Jax le dio un buen golpe en la cara de Kano, pero este intentó contraatacar con su ojo láser. Sin embargo, los brazos lo protegían. Johnny aprovechó eso para darle un golpe bajo directamente en su entrepierna, y luego darle un rodillazo en la espalda.
El mercenario, pese al dolor, no se rendiría. Por lo que le dio una patada a Johnny en la cara. Sonya aprovechó el descuido para agarrarlo con el cable en el cuello, atrapando al líder del Dragón Negro. Y Jax usó el agarre de su compañera para darle una serie de puñetazos. Sin embargo, él logró liberarse con su ojo láser, y agarrando el cable que lo retenía, le dio un latigazo con este a la rubia, y le propinó unos buenos golpes al soldado de brazos de acero.
Johnny se abalanzó contra Kano, con su patada envuelta en un brillo verde. El criminal agarró el pie del actor y lo lanzó lejos contra una pared.
Los cuatro estaban sangrando, con moretones y respirando pesadamente.
–Esto… se acaba. Aquí y ahora… – dijo Kano, escupiendo un diente roto al piso, dejando una pequeña mancha de sangre en el proceso. –
Los dos se miraron fijamente, sabían que un último golpe lo decidiría todo.
El criminal corrió directamente a la rubia. La soldado esperó el momento oportuno, y le dio una patada tan potente, que hizo que su enemigo mortal perdiera el equilibrio. Sonya sonrió, ya que estaba en la posición donde ella quería. Justo el mercenario retrocedió por inercia en la fosa de los infectados, haciendo que Kano cayera al vacío.
Al aterrizar con un golpe seco, miró con sus ojos abiertos como los cientos de zombis se abalanzaban contra él. Ni siquiera le dio tiempo de reaccionar o pedir ayuda.
Los seres putrefactos empezaron a clavar sus dientes en su carne, y de paso, destrozarle su ojo biónico. El criminal intentó luchar desesperadamente por escapar mientras gritaba:
–¡Aléjense! ¡Saquen sus repugnantes manos de encima! –
Lo último que se escuchó de Kano, fue un grito desgarrador, antes de que los infectados empezaran a descuartizarlo. Haciendo volar su sangre y órganos.
Sonya miró con impotencia la escena. Aunque fue su idea mandarlo a esa fosa, veía con sus ojos bien abiertos la brutal carnicería. No quedando prácticamente nada de él, salvo su ojo cibernético.
La soldado solo soltó un suspiro, había cumplido su venganza, pero… sintió un extraño vacío en el pecho. Claramente no disfrutó de aquella carnicería como pensó que lo haría.
Jax la tomó del hombro y dijo:
–Tenemos que irnos… –
Ella cerró los ojos, y se dio media vuelta para decir:
–Vamos a salvar a los civiles y conseguir las provisiones. –
Poniéndose manos a la obra.
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