¿Por qué mi piel está tan arraigada a la existencia de alguien más?
Alientos cálidos nacen cual plegarias de un corazón incompleto y hambriento.
Incesante ardor proveniente de mis poros. Embriagada, busco hielos que se derriten contra mis brazos.
El ardor no se detiene, incesante, las yemas de mis dedos tiemblan al intentar arrastrar una de las almohadas contra mi pecho.
Mi corazón salta, retumba, baila.
Para luego detenerse por completo y escuchar nuevamente al cuerpo necesitado.
El silencio se hace presente en el cuarto, la almohada es insuficiente, vacía, sin alma...
¿Por qué no puedo aliviarme?
Un dolor intenso recorre mi espalda, clava sus uñas y mi piel palpita junto a la emoción de sentirme acompañada.
Más no hay nadie realmente y la emoción se desvanece.
Hundo mi rostro en el colchón procurando dejar de escuchar aquel malestar.
Mis alientos se condensan hasta ahogarme introduciéndose en mi nariz.
Una vez más, me he intoxicado.
Tociendo notas amargas, voces se hacen presentes, miradas que me juzgan por estar infectada a la par de volver a sentir el control una vez más luego de sentirme perdida... he caído en la exageración.