Lygus creó un mundo simulado con el fin de concentrar una cantidad inmensa de odio y dar luz a un dios que pusiera fin a La Erudición que tanto detestaba, sumiendo al universo en un caos que se extendería hasta el fin de los tiempos.
Pero se sorprendió al ver que sus creaciones, que habían desarrollado una voluntad incesante, dijeron "no" ante ese destino abominable.
Se les prometió una "Era Nova", un paraíso eterno como recompensa de tanto sufrimiento y dolor. Y aunque la Era Nova era Destrucción, crearon una profecía autocumplida en la que sería un mañana cuyo sol iluminaría la oscuridad y los presentaría al resto del cosmos.
Todo iniciado por una orácula de nombre Trispios, quien no lograba ver más que tragedia y no escuchaba más que silencio de sus dioses. Dio el primer paso y se lanzó al abismo: tomó la yesca de la Senda y se partió en miles de pedazos para servir de guías atemporales a los demás héroes que emprenderían una odisea que definiría el destino del universo. Motivada no por odio, sino por valentía y esperanza.
Y dentro del odio, el latido de cada uno de esos héroes resonó tan fuerte que creó un corazón del mundo, uno que crecería hasta convertirse en la representación de algo capaz de combatir el odio de Lygus. Un poder que rompería el destino impuesto por los dioses más grandes, que haría que las creaciones de ese científico loco y rencoroso lo refutaran y conmovieran su corazón helado y duro.
El amor.