Estaba al borde de la cama, despertando de una noche de insomnio, no había dormido por el malestar que sentía, mis pestañas estaban pegados a mis ojos y tenía residuos de lágrimas secas.
/Espera, eso sonó muy dramático pero recuerdo que fue así/
Julieta, de cuatro años, estatura de un duende entra al cuarto corriendo queriendo jugar. SIendo las 5:20 a.m. lo único que deseaba era dormir una hora más para poder recuperarme.
Inclina su cabeza mirándome con dulzura y extrañeza. Seguida de una voz tan delicada e inocente.
- ¿Tía, estás triste?
- No, Juli, ¿por qué lo dices?
- Te estás agarrando los ojos.
Mirándola le dije
- Sí, me corté el dedo y dueleee. Ya se me va a pasar.
No podía decirle que estaba pasando por un breakup.
De repente en segundos, su voz cambió a una más pausada.
- Tía, ya no llores. Abrázate como mariposa, así, mira.
Procede a cruzar sus brazos y autoabrazarse.
Me quedé impactada como una niña tan pequeña sabía eso.
- ¡Verdad, Juli!, tengo que abrazarme, me había olvidado.
Recordé que era un acto de autorgulación cuando uno está llorando.
- Sí, no hagas más"chuchuros", tía.
De la nada comencé a reír, le toqué su cabecita y asentí mientras dejaba de llorar.
- Está bien, Juli.
No sé qué son "chuchuros", creo que es hora de aprender su lenguaje.
Respiré y me dije mientras me lavaba la cara "no más chuchuros, Mel".