Si supieras todo lo que siento por ti, entenderías por qué sigo aquí.
Entenderías por qué, incluso después de todo, todavía existe una parte de mí que no ha aprendido a soltarte.
No es que no vea las cosas que me hicieron daño.
Las veo.
Las recuerdo.
Sé que hubo momentos en los que debí alejarme y elegir mi tranquilidad.
Pero el corazón no siempre entiende de razones.
A veces sabe que algo duele y aun así sigue queriendo.
Y eso es lo que me pasa contigo.
Porque no puedo explicar fácilmente todo lo que significas para mí.
No son solamente los recuerdos.
No son solamente las conversaciones, las risas o los momentos que compartimos.
Es todo lo que sentí mientras estabas en mi vida.
La manera en que llegaste a ocupar un espacio que no sabía que alguien podía ocupar.
La forma en que una simple conversación contigo podía cambiar completamente mi día.
Por eso sigo aquí.
No porque no tenga orgullo.
No porque no sepa irme.
Sino porque todavía hay sentimientos que no desaparecen solamente porque las cosas se hayan complicado.
Pero también estoy aprendiendo algo importante:
Querer a alguien no significa quedarse para siempre en el mismo lugar.
A veces puedes amar profundamente y aun así entender que necesitas avanzar.
Y quizá algún día llegue ese momento para mí.
El día en que pueda recordar todo lo que sentí sin necesitar que vuelvas.
El día en que pueda agradecer lo vivido sin preguntarme qué habría pasado si hubiéramos hecho las cosas diferente.
Por ahora, si alguna vez te preguntas por qué sigo aquí, la respuesta es sencilla:
Porque si pudieras ver todo lo que siento por ti, entenderías que no ha sido fácil simplemente dejar de querer.
Pero también estoy aprendiendo que algún día tendré que elegir entre seguir esperando o empezar a elegirme a mí.
Y cuando llegue ese día, espero tener la fuerza suficiente para hacer lo segundo.