CAPÍTULO 13:
ESCENA 1
LUGAR: Pasillo trasero y trastienda del prostíbulo "El Cisne de Plata". ESCENARIO: El ambiente está cargado de tensión. La música de piano del salón principal se ahoga bajo el estruendo de los pesados pasos militares. El pasillo trasero es estrecho, iluminado apenas por un candil de aceite colgado en la pared de ladrillo visto.
El CAPITÁN TOMÁS permanece agazapado en la penumbra tras una cortina de terciopelo. Sostiene una daga de remate en la mano derecha. El Teniente al mando de la patrulla avanza con el sable desenvainado, apartando los biombos con violencia.
(Tomás actúa con la precisión de un cazador: sale de las sombras, le cubre la boca al oficial con la mano izquierda para ahogar su grito y le hunde la daga en la garganta con un movimiento limpio. El cuerpo del teniente se desploma con un chasquido ahogado sobre la alfombra).
CAPITÁN TOMÁS: (Limpiando la hoja en la casaca del oficial, en un susurro urgente) ¡Cúbranse! Venía con tres soldados más en el patio interior.
(En ese instante, la puerta del patio se abre de golpe. Dos guardias ven el cuerpo de su superior en el suelo y desenvainan los sables con un grito de alarma).
GUARDIA 1: (Gritando hacia la calle) ¡Traición! ¡El teniente cayó! ¡Están adentro!
(Juana Correa reacciona al instante: efectúa un disparo con su pistola de chispa que impacta en el pecho del primer guardia. El estruendo del disparo retumba en toda la casona, desatando el caos absoluto en el prostíbulo: gritos de mujeres, copas rompiéndose y clientes huyendo en estampida hacia la calle).
MADEMOISELLE CHANTAL: (Apareciendo por la puerta lateral, tomándole el brazo al Padre Faustino) ¡Por ahí no! ¡La guardia de la esquina ya cortó la salida hacia la aduana! ¡A la trampa de carbón del sótano!
CAPITÁN TOMÁS: (Disparando sobre el segundo soldado mientras cargan al Padre Faustino) ¡Corran! ¡Nos van a cercar la manzana!
(El grupo se precipita por la trampilla del suelo justo cuando una docena de soldados de la Jefatura echa abajo la puerta principal. La persecución se despliega frenéticamente por los tejados y los callejones del barrio del puerto. Bajo una llovizna helada, esquivando las descargas de fusilería que rebotan en el empedrado, Tomás, Juana y el Padre Faustino logran perderse en la oscuridad de la zona franca gracias a los callejones ciegos que Mademoiselle Chantal conoce a la perfección).