Durante seis años, Sabatar pasó de vivir en la calle a formar parte de una familia. El 25 de abril de 2020, María Luna decidió alimentarlo; con el tiempo, aquella ayuda se convirtió en adopción y en una oportunidad para vivir mejor. Años después, Rodrigo encontraría en él una amistad que nunca imaginó perder tan pronto.
Al principio, Sabatar conoció la dureza de crecer en la calle. La decisión de María cambió su destino: comenzó dándole comida y, después, lo acogió en casa. Su vida dejó de depender de lo que encontrara afuera y empezó a formar parte de un hogar, rodeado de cuidados y compañía.
Más adelante, Rodrigo conoció a Sabatar. En la familia había otra mascota territorial, que recibía buena parte de la atención. A Rodrigo le dolía que Sabatar quedara relegado y, quizá por esa sensibilidad, ambos congeniaron. La compañía cotidiana se convirtió en confianza, hasta que el perro ocupó un lugar especial en su vida.
Con los años, Rodrigo notó que Sabatar envejecía y necesitaba más cuidados. Decidió trabajar y guardar parte de su primer sueldo para comprarle algo a su mascota favorita. Quería devolverle, de alguna manera, el cariño que había recibido.
La noticia llegó cuando Rodrigo estaba en el trabajo. Su madre le comunicó que Sabatar había fallecido por causas desconocidas. Rodrigo pensó que la edad pudo haber influido, aunque no hubo una explicación confirmada. De pronto, la rutina se convirtió en ausencia.
Durante dos noches, Rodrigo lloró su pérdida. No despedía solamente a un perro, sino a un amigo que había acompañado una parte importante de su vida. El dinero que esperaba usar para comprarle algo quedó unido a un deseo que ya no podría cumplir. Con el tiempo, la tristeza comenzó a ceder, pero el recuerdo permaneció.
Sabatar no pudo contar su historia, pero dejó una huella en quienes lo cuidaron. María le dio una oportunidad al alimentarlo; Rodrigo encontró en él una amistad que creció con los años. Su partida le recordó que la vida es efímera y que la muerte forma parte del camino de todos. De Sabatar quedó algo más duradero que su presencia: el cariño y el recuerdo de un amigo irreemplazable.