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Ricardo y Rosa Sensible

Rulo1948
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Ricardo, un joven que había cumplido hacía unos días la mayoría de edad, quería tener sexo y conocer los placeres de la carne. Le habían dado la dirección de Rosa, una mujer de cerca de 40 años, muy…

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Ricardo, un joven que había cumplido hacía unos días la mayoría de edad, quería tener sexo y conocer los placeres de la carne. Le habían dado la dirección de Rosa, una mujer de cerca de 40 años, muy hermosa, que complacería al joven. El joven llegó a la casa de Rosa y le dijo a qué venía. La mujer le dijo:

—Bueno, voy a complacerte. Para empezar, te desnudas, igual que yo.

Y ambos se desnudaron. Ricardo se quedó petrificado por un instante al ver a Rosa, una mujer hecha y derecha, segura de sí misma y con un cuerpo impactante. Rosa sonrió con picardía y ternura, le tomó suavemente las manos y le dijo:

—Tranquilo, Ricardo... Acá no hay apuro. Estás a punto de aprender que el verdadero placer no es solo llegar al final, sino disfrutar cada segundo del camino. Lo primero que tienes que aprender es a bajar al pozo, satisfacer a una mujer chupando su vagina, besándola, mordisqueando sus labios y chupándole el clítoris.

Rosa lo guio y Ricardo hizo todo lo que ella le decía. La mujer comenzó a sentir placer y tuvo un abundante orgasmo en la boca de Ricardo, el cual gustoso saboreó. Rosa, con la respiración entrecortada, le acarició el pelo y le dijo:

—Nada mal para ser tu primera vez batiendo el pozo, Ricardo... Se nota que sos un excelente alumno. Ahora que aprendiste cómo complacer a una mujer, bueno, tu verga está parada de nuevo. Ahora me tienes que introducir por la vagina y acabar adentro mío.

Ricardo no esperó mucho, penetró a Rosa y cumplió con el pedido. Guiado por la calidez de Rosa, se acomodó y se deslizó dentro de ella. Aceleró los empujes dejándose llevar hasta que, con un gemido sordo, acabó bien adentro. Quedó apoyado sobre su pecho y dijo que estaba encantado, pero le pidió a Rosa que quería penetrarla por el ano. Rosa se rió y le dijo:

—Bueno, pero con lubricante.

Rosa tomó lubricante, se puso en su ano y untó la verga de Ricardo.

—Adelante, muchacho. Prueba por atrás.

Ricardo tragó saliva, se acomodó detrás de ella y, con paciencia, comenzó a presionar. El lubricante hizo su trabajo y logró penetrarla por completo. Se movió con un vaivén constante hasta que la intensidad se apoderó de él, aceleró el ritmo y culminó una vez más. Rosa se giró despacio y le dijo:

—Bueno, Ricardo... Te felicito. Te graduaste con honores.

Luego le pidió:

—Bueno, quiero que me chupes de nuevo mi vagina, que me la chupes con todas tus ganas.

Ricardo no dudó ni un segundo. Volviendo al pozo, comenzó a besar y chupar su vagina con devoción. Rosa entrelazó las manos en el pelo del joven y, entre gemidos profundos, alcanzó un nuevo orgasmo. Al terminar, Rosa tomó la verga de Ricardo y se la empezó a chupar nuevamente.

—Te voy a sacar hasta la última gota de leche, Ricardo.

Mientras lo hacía, ella se masturbaba. Tuvo un orgasmo mientras la leche de Ricardo entraba en su boca y ella la tragaba.

Ricardo quedó completamente exhausto, apoyado contra el respaldo de la cama. Con la respiración pausada y una sensación de plenitud absoluta, sintió que esa noche no solo había cumplido su deseo, sino que había atravesado una verdadera iniciación. Rosa se acomodó a su lado, apoyando la cabeza en su hombro mientras trazaba suaves círculos sobre el pecho del joven. La calma de la madrugada envolvió la habitación mientras Ricardo la abrazaba por la cintura, guardando en la memoria cada detalle de esa experiencia inolvidable.