Que nuestro amor y nuestras ganas de estar juntos nunca tengan final.
Que aunque pasen los años, sigamos encontrando razones para elegirnos.
Que nunca dejemos que la rutina nos haga olvidar todo aquello que nos hizo enamorarnos.
Que sigamos disfrutando de las conversaciones que duran horas, de las risas por cosas que solamente nosotros entendemos y de esos momentos sencillos que terminan convirtiéndose en los recuerdos más bonitos.
Quiero que, cuando lleguen los días difíciles, recordemos por qué decidimos quedarnos.
Que aprendamos a hablar en lugar de alejarnos.
A escucharnos en lugar de suponer.
A perdonarnos cuando nos equivoquemos y a aprender de aquello que pueda hacernos daño.
Porque no quiero un amor que solamente exista mientras todo sea perfecto.
Quiero uno que también sepa atravesar los días complicados sin perder las ganas de seguir construyendo.
Quiero que podamos cambiar, crecer y descubrir nuevas versiones de nosotros sin dejar de reconocernos en el camino.
Y sobre todo, quiero que nunca se nos olvide que estar juntos no debería ser una obligación.
Debería seguir siendo una elección.
La elección de dos personas que, incluso después de conocer sus defectos, sus días malos y sus partes más difíciles, todavía encuentran en el otro un lugar donde quieren quedarse.
Ojalá nuestro amor no tenga fecha de caducidad.
Ojalá las ganas de compartir la vida nunca se nos terminen.
Y que cuando miremos hacia atrás después de muchos años, podamos decir:
“Qué bonito que, entre tantas personas y tantos caminos posibles, todavía nos seguimos eligiendo.”